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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2018

Un recuerdo de Julio Cortazar en Nicaragua

Ricardo Coronel Kautz
Rebelin


Recuerdo, algunos aos antes de la Revolucin (1976), la primera visita a Nicaragua del gran novelista argentino Julio Cortazar, quien lleg a visitar a Ernesto Cardenal a Solentiname entrando medio clandestino por el lado de Costa Rica llegando por avin al pueblo de los Chiles y yo fui con Ernesto, que haba llegado a nuestra hacienda las Brisas desde Solentiname para ir a recibirlo, en un Jeep medio destartalado que nosotros tenamos en la hacienda a recogerlo al campo de aterrizaje del pueblo de los Chiles. Estuvimos varias horas conversando, Ernesto mi padre y algunos otros que haban llegado con Ernesto, pero me parece recordar que haban otras visitas en las Brisas, estaba Sergio Ramrez, que haba llegado con Cortazar, pues se hizo una gran rueda de personas conversando en que mi padre, el poeta Jos Coronel Urtecho y Cortazar eran los protagonistas. Ernesto haba llegado por la maana en un pequeo bote con motor fuera de borda con Alejandro Guevara, que todava era un chavalo, para llevar a Cortazar y al grupo a Solentiname, pero mi hermano Luis que, ya para entonces era el Administrador de la Hacienda Sta. Fe, en la vega del Rio San Juan y que tena una buena lancha rpida y segura se ofreci para llevar a Julio, quien por su tamao apenas alcanzaba en el bote de Ernesto, remontando parte del Rio Medio Queso, del San Juan y por el, a veces hostil, Gran Lago de Nicaragua hasta la Isla de Mancarrn, una de las 28 islas del archipilago de Solentiname, y donde Ernesto aun hoy, a sus 92 aos, mantiene contacto con la comunidad. Cortazar describe ese viaje en alguno de sus ensayos.

Varios aos despus, ya formando parte del gobierno Revolucionario, tuve la oportunidad de viajar por un da entero, con Julio Cortazar quien haba sido invitado por Sergio Ramrez a Nicaragua. Salimos temprano de Managua hacia el sur del pas, Sergio, Julio y yo en un Jeep asignado a Sergio como miembro de la Junta de Gobierno. Sergio iba en la parte delantera junto al conductor y Julio y yo en la parte trasera. El pobre Julio, que adems de sus sesenta aos, tena unas largusimas piernas apenas alcanzaba en aquel lugar y a pesar del inters de la conversacin de Sergio y de mis intervenciones sobre los planes agrcolas de la Revolucin, Julio mostraba seas de incomodidad, que Sergio yendo adelante no notaba y que yo me di cuenta muy tarde. Despus de viajar hasta el pueblo el Ostional en el extremo sur del departamento de Rivas, en un camino a veces infernal; volvimos muchas horas despus al pueblo de Tola, en donde se celebraba una misa en recuerdo de un guerrillero muerto durante la Revolucin. Despus de la misa fuimos a comer algo y descansar a la casa de la madre del guerrillero. Yo estuve acompaando a Cortazar todo el tiempo ya que Sergio como gran personaje poltico estaba todo el tiempo rodeado de una pequea multitud, y logramos sentarnos en un lugar un poco apartado observando lo que se haba convertido en una especie de pequea fiesta. Yo notaba a Julio muy cansado pero muy interesado en aquella reunin heterognea de personas tpicas de la estratificacin social, ya trastocada por la Revolucin, de un pequeo pueblo de Nicaragua. Al cabo de unos minutos de estar conversando con Cortazar sobre eso, se nos acerc una joven, que me parece recordar que era la viuda del guerrillero revolucionario, y se le present a Cortazar y le comenz a citar prrafos enteros de varias de sus novelas y a comentarle aspectos y detalles diferentes con gran propiedad y casi con la autoridad de un gran crtico literario. Luego de un buen rato que la joven estuvo hablando y se haba retirado y nosotros volvamos a la, para Julio, tortura del Jeep, ste me comentaba que nunca antes, en muchos lugares que haba visitado le haba pasado algo similar y mucho menos en un apartado y pequeo pueblo como Tola; l y por supuesto yo, estbamos admirados de aquella crtica de la obra del gran novelista Julio Cortazar que haba aparecido de la nada. Algn tiempo despus me encontr casualmente con Cortazar, l saliendo con su esposa y yo entrando al Museo de Antropologa e Historia en la Ciudad de Mxico y nos saludamos efusivamente, para envidia de mi amigo Fernando Sequeira quien me acompaaba y algunos visitantes del Museo que lo reconocieron. Fernando se molest porque no se lo present ya que Julio iba de prisa. Aos despus sent mucho la muerte de Julio pues en aquellos das que pas en Nicaragua le haba tomado aprecio y admiracin, menos por su enorme prestigio mundial como gran novelista del llamado boom, que por su transparencia y sencillez personal.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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