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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2018

Discurso del Premio Nobel de la Paz 2018

Denis Mukwege
Umoya


Nadia Murad y Denis Mukwege reciben el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra la violencia sexual

Oslo 10 de diciembre de 2018

En la noche trgica del 6 de octubre de 1996, unos rebeldes atacaron nuestro hospital de Lemera, en Repblica Democrtica del Congo (RDC). Ms de 30 persona fueron asesinadas. Los pacientes fueron abatidos en su lecho a quemarropa. El personal, que no pudo huir, fue matado a sangre fra. Yo no poda imaginar que aquello no era ms que el comienzo.

Obligados a abandonar Lemera, en 1999 creamos el hospital de Panzi, en Bukavu, donde sigo trabajando como gineclogo-obstetra. La primera paciente ingresada era una vctima de violacin que haba recibido un disparo en sus rganos genitales.

La violencia macabra no conoca lmite alguno. Esta violencia no ha parado nunca. Un da, como otros, el hospital recibi una llamada. Al otro lado del telfono un colega en lgrimas imploraba: Por favor, enviadme rpidamente una ambulancia. Por favor, daos prisa. Enviamos una ambulancia como habitualmente lo hacemos. Dos horas ms tarde, la ambulancia regres. En el interior, una pequea de 18 meses. Sangraba abundantemente y fue llevada inmediatamente a la sala de operaciones. Cuando llegu, las enfermeras estaban anegadas en lgrimas. La vejiga de la beb, su aparato genital, su recto, estaban gravemente daados. Por penetracin de un adulto. Rezamos en silencio: Dios mo, decidnos que lo que vemos no es verdad. Decidnos que se trata de un mal sueo. Decidnos que al despertar todo ir bien. Pero, no se trataba de un mal sueo. Era la realidad. Se ha convertido en nuestra nueva realidad en RDC.

Cuando lleg otro beb, comprend que este problema no poda encontrar solucin en el quirfano; que era preciso batirse contra las causas profundas de estas atrocidades. Me dirig al pueblo de Kavumu para hablar con los hombres: por qu no protegis a vuestros bebs, a vuestras nias, a vuestras mujeres? Dnde estn las autoridades? Con gran sorpresa por mi parte, los del pueblo conocan al sospechoso. Todos le teman porque era miembro del Parlamente provincial y gozaba de un poder absoluto sobre la poblacin. Desde haca varios meses, su milicia aterrorizaba el pueblo entero. Haban instalado el miedo matando a un defensor de los derechos humanos que haba tenido el coraje de denunciar los hechos. El diputado se libr sin consecuencias. Su inmunidad parlamentaria le permita abusar con total impunidad.

A estos dos bebs los siguieron decenas de otros nios violados. Cuando alcanzamos la cifra de 48 vctimas, estbamos desesperados. Con otros defensores de los derechos humanos, alertamos al tribunal militar. Finalmente, estas violaciones fueron perseguidas judicialmente y juzgadas como crmenes contra la humanidad. Las violaciones de bebs en Kavumu cesaron, lo mismo que las llamadas al hospital de Panzi. Pero el futuro psicolgico, sexual y gensico de estos bebs ha quedado hipotecado.

Lo que sucedi en Kavumu, que sigue producindose en numerosos otros lugares, como las violaciones y masacres en Beni o Kasai, ha sido posible por la ausencia de un Estado de derecho, por el derrumbamiento de los valores tradicionales y por el reino de la impunidad, especialmente en las esferas y personas en el poder.

La violacin, las masacres, la tortura, la inseguridad difusa y la flagrante falta de educacin, crean una espiral de violencia sin precedentes. El balance de este caos perverso y organizado ha significado la violacin de cientos de miles de mujeres, ms de 4 millones de personas desplazadas en el interior del pas, la prdida de 6 millones de vidas humanas. Imaginen ustedes el equivalente de toda la poblacin de Dinamarca diezmada. Los guardianes de la paz y los expertos de las Naciones Unidas no han quedado a salvo; varios han encontrado la muerte cuando cumplan su mandato. La Misin de las Naciones Unidas en RDC sigue presente hasta hoy da a fin de que la situacin no degenera todava ms. Se lo agradecemos.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, esta tragedia humana prosigue sin que los responsables de la misma sean perseguidos. Solo la lucha contra la impunidad puede quebrar la espiral de las violencias. Todos tenemos el poder de cambiar el curso de la Historia cuando las convicciones por las que luchamos son justas.

Majestades, Altezas, Excelentsimos seores y seoras, Distinguidos miembros del Comit Nobel, querida Seora Nadia Muran, Seoras y Seores, Amigos de la Paz.

Es en nombre del pueblo congoleo como acepto el premio Nobel de la Paz. Lo dedico a todas las vctimas de las violencias sexuales que se cometen a travs del mundo. Me presento ante ustedes con humildad para llevarles la voz de las vctimas de las violencias sexuales en los conflictos armados y para expresarles las esperanzas de mis compatriotas. Aprovecho la ocasin para agradecer a todos los que durante estos aos han apoyado nuestro combate. Pienso especialmente en las organizaciones e instituciones de pases amigos, en mis colegas, en mi familia y en mi querida esposa Madeleine.

Me llamo Denis Mukwege. Vengo de uno de los pases ms ricos del planeta. Sin embargo, el pueblo de mi pas est entre los ms pobres del mundo. La turbadora realidad es que la abundancia de nuestros recursos naturales oro, coltan, cobalto y otros minerales estratgicos alimenta la guerra, fuente de la extrema violencia y de la pobreza abyecta del Congo.

Nos gustan los hermosos automviles, las joyas, los artilugios. Yo mismo tengo un Smartphone. Estos objetos contienen minerales que se encuentran en mi pas. A menudo son extrados en condiciones inhumanas por muchachos, vctimas de intimidacin y de violencias sexuales. Cuando conduzcan ustedes un coche elctrico, cuando utilicen un Smartphone o admiren sus joyas, reflexionen un instante sobre el coste humano de la fabricacin de esos objetos. En cuanto consumidores, lo menos que podemos hacer es insistir en que esos productos estn fabricados en el respeto de la dignidad humana. Cerrar los ojos ante este drama es ser cmplice. No son solamente los autores de las violencias los que son responsables de sus crmenes; lo son tambin quienes optan por mirar a otro lado.

Mi pas es sistemticamente saqueado con la complicidad de personas que pretenden ser nuestros dirigentes. Saqueado por su poder, por su riqueza y por su gloria. Saqueado a costa de millones de hombres, mujeres y nios inocentes abandonados en una extrema miseria mientras los beneficios de nuestros minerales terminan en las cuentas opacas de una oligarqua depredadora.

Hace ya veinte aos, das tras das, que en el hospital de Panzi yo veo las desgarradoras consecuencias del mal gobierno del pas. Bebs, nias, jvenes muchachas, madres, abuelas, y tambin hombres y muchachos, violados de manera cruel, a veces en pblico y colectivamente, insertando plstico ardiente o introduciendo objetos contundentes en sus partes genitales. Les ahorro a ustedes los detalles.

El pueblo congoleo es humillado, maltratado y masacrado desde hace ms de dos dcadas a la vista y con conocimiento de la comunidad internacional. Hoy, gracias a las nuevas tecnologas de la informacin y comunicacin, ya nadie puede decir: no saba.

Con este premio Nobel de la Paz, llamo al mundo para que sea testigo y les exhorto a ustedes a unirse con nosotros para poner fin a este sufrimiento que avergenza a nuestra comn humanidad.

Los habitantes de mi pas tienen desesperadamente necesidad de paz. Pero: Cmo construir la paz sobre fosas comunes? Cmo construir la paz sin verdad ni reconciliacin? Cmo construir la paz sin justicia y reparacin? En el momento mismo en que les hablo, un informe se est enmoheciendo en el cajn de una oficina de Nueva York. Ha sido redactado tras una investigacin profesional y rigurosa sobre los crmenes de guerra y las violaciones de los derechos humanos perpetrados en el Congo.

Esta investigacin nombra explcitamente vctimas, lugares, fechas, pero elude a los autores. Este Informe del Proyecto Mapping, establecido por el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, describe no menos de 617 crmenes de guerra y contra la humanidad y, quizs incluso, crmenes de genocidio. Qu espera el mundo para que sea tomado en consideracin? No hay paz duradera sin justicia. Ahora bien, la justicia no se negocia. Tengamos la valenta de echar una mirada crtica e imparcial sobre los hechos que desde hace demasiado tiempo hacen estragos en la regin de los Grandes Lagos. Tengamos el coraje de revelar los nombres de los autores de crmenes contra la humanidad para evitar que sigan enlutando esta regin. Tengamos la valenta de reconocer nuestros pasados errores. Tengamos la valenta de decir la verdad y de efectuar el trabajo de la memoria.

Queridos compatriotas congoleos, tengamos el coraje de tomar nuestro destino en nuestras manos. Construyamos la paz, construyamos el futuro de nuestro pas y juntos construyamos un mejor futuro para frica. Nadie lo har en nuestro lugar.

Seoras, seores, amigos de la Paz,

El cuadro que yo les he presentado ofrece una siniestra realidad, pero permtanme que les cuente la historia de Sara. Sara nos fue transferida al hospital en un estado crtico. Su aldea haba sido atacada por un grupo armado que haba masacrado a toda su familia, dejndola sola. Tomada como rehn fue conducida a la selva. Atada a un rbol. Desnuda. Todos los das, Sara sufra violaciones colectivas hasta perder el conocimiento.

El objetivo de estas violaciones como armas de guerra era la destruccin de Sara, de su familia, de su comunidad. En una palabra, destruir el tejido social.

Cuando lleg Sara al hospital, no poda caminar ni tenerse de pi. No poda retener la orina ni las heces. A causa de sus heridas genitales-urinarias y digestivas, con una aadida infeccin, nadie poda imaginar que un da ella sera capaz de volver a ponerse de pi. Sin embargo, cada da que transcurra, el deseo de seguir viviendo brillaba en los ojos de Sara. Cada da, era ella la que animaba al personal sanitario a no perder la esperanza. Cada da, Sara se bata por su supervivencia.

Hoy, Sara es una mujer hermosa, sonriente, fuerte y encantadora. Se ha comprometido a ayudar a las personas supervivientes de una historia similar a la suya. Ha recibido 50 dlares americanos, una ayuda que nuestra casa de trnsito Dorcas acuerda a las mujeres deseosas de reconstruir su vida en el plano socioeconmico. Sara dirige hoy su pequea empresa. Ha comprado un terreno. La Fundacin Panzi la ha ayudado con unas chapas onduladas para el techo. Ha podido construir una casa. Es autnoma y est orgullosa. Su historia muestra que incluso si una situacin es difcil y parece desesperada, con determinacin, siempre hay esperanza al final del tnel. Si una mujer como Sara no se da por vencida, quines somos nosotros para hacerlo?

Todo esto es la historia de Sara. Sara es congolea. Pero hay muchas Saras en Repblica Centroafricana, en Colombia, en Bosnia, en Nyamar, en Irak y en tantos otros pases en el mundo en los que hay conflictos.

En Panzi, nuestro programa de cuidados holsticos, que comprende un apoyo mdico, psicolgico, socioeconmico y jurdico, muestra que, aunque el camino de la curacin sea largo y difcil, las vctimas poseen el potencial para transformar su sufrimiento en poder. Puede convertirse en autoras de un cambio positivo en la sociedad. Es el caso ya citado de la Ciudad de la Alegra, nuestro centro de rehabilitacin en Bukavu, donde las mujeres son apoyadas para que retomen su destino en sus manos. No obstante, ellas no pueden lograrlo solas y nuestra funcin es la de escucharlas, del mismo modo que hoy escuchamos a la Sra. Nadia Murad.

Querida Nadia, tu valenta, tu audacia, tu capacidad para darnos esperanza, son una fuente de inspiracin para el mundo entero y para m personalmente.

El premio Nobel que nos es otorgado hoy no tendr valor real ms que si puede cambiar correctamente la vida de las vctimas de las violencias sexuales en el mundo y llevar la paz a nuestros pases.

As pues, Qu podemos hacer nosotros? Qu pueden hacer ustedes?

En primer lugar, asumir que es nuestra responsabilidad que actuemos todos. Actuar es una eleccin. Actuar:

Para detener la violencia contra las mujeres.
Para crear una masculinidad positiva que promueva la igualdad de sexos, tanto en tiempo de paz como de guerra.
Es una opcin
* Apoyar o no a una mujer
Protegerla o no
Defender o no sus derechos.
Batirse o no a su lado en los pases asolados por conflictos

Es una opcin construir o no la paz en los pases en guerra

Actuar es rechazar la indiferencia. Si hay que hacer la guerra, que sea contra la indiferencia que corroe nuestras sociedades.

En segundo lugar, todos somos deudores ante esas mujeres y sus familias; debemos apropiarnos de su combate; tambin los Estados que deben cesar de acoger a los dirigentes que han tolerado, o peor, que han utilizado la violencia sexual para acceder al poder. Los Estados deben cesar de recibirlos con una alfombra roja y deben, ms bien, trazar una lnea roja contra la utilizacin de la violacin como arma de guerra.

Una lnea roja que sera sinnimo de sanciones econmicas, polticas y de persecucin judicial. Realizar un acto justo no es difcil; es cuestin de voluntad poltica.
En tercer lugar, debemos reconocer los sufrimientos de las supervivientes de todas las violencias sexuales perpetradas contra las mujeres en los conflictos armados y apoyarlas de manera holstica en su proceso de sanacin. Insisto en las reparaciones, en las medidas que les den compensacin y satisfaccin y les permitan comenzar una nueva vida. Se trata de un derecho humano.

Hago un llamamiento a los Estados para que apoyen la iniciativa de la creacin de un Fondo global de reparacin para las vctimas de violencias sexuales en conflictos armados.

En cuarto lugar, en nombre de todas las viudas, de todos los viudos y de los hurfanos de las masacres cometidas en RDC y en nombre de todos los congoleos deseosos de paz, hago un llamamiento a la comunidad internacional para que consideren el Informe del Proyecto Mapping y sus recomendaciones.

Que se haga justicia. Ello permitira al pueblo congoleo que por fin sean llorados sus muertos, hagan su duelo, perdonen a los verdugos, superen sus sufrimientos y miren serenamente hacia el futuro.

Finalmente, tras 20 aos de efusin de sangre, de violaciones y de desplazamientos masivos de poblaciones, el pueblo congoleo espera desesperadamente la aplicacin de la responsabilidad de proteger las poblaciones civiles cuando su gobierno no puede o no quiere hacerlo. Espera avanzar en el camino de una paz duradera. Esta paz pasa por unas elecciones libres, transparentes, crebles y en un clima de apaciguamiento.

Pongmonos a trabajar, pueblo congoleo!. Edifiquemos un Estado en el que el gobierno est al servicio de su poblacin. Un Estado de derecho, emergente, capaz de generan un desarrollo duradero y armonioso, no solamente en RDC sino en toda frica.
Construyamos un Estado en el que todas las acciones polticas, econmicas y sociales se centren en el ser humano y en el que la dignidad de los ciudadanos sea restaurada.

Majestades, Distinguidos miembros del Comit Nobel, Seoras, seores, Amigos de la Paz,
El desafo es claro; est a nuestro alcance. En nombre de las Saras, de las mujeres, hombres y nios del Congo, les lanzo a ustedes un llamamiento urgente de que no nos den solamente el Premio Nobel de la Paz sino que se pongan ustedes de pi y digan todos juntos y en voz alta: Basta ya de violencia en RDC! Ya es demasiado! La Paz, ahora!

Muchas gracias!

Denis Mukwege

Copyright The Nobel Foundation 2018

Traduccin del francs: Ramn Arozarena

Fuente: https://umoya.org/2018/12/16/discurso-de-denis-mukwege-premio-nobel-de-la-paz-2018/



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