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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2018

No siento compasin por los colonos

Gideon Levy
Haaretz

Traduccin del ingls: Mara Landi.


No simpatizo con la gente que se aprovecha de la tragedia. No tengo simpata por los ladrones. No tengo simpata por los colonos. No tengo compasin alguna por los colonos, ni siquiera cuando los golpea una tragedia. Una mujer embarazada result herida y su beb recin nacido muri a causa de las heridas. Qu puede ser peor que eso? Conducir por sus carreteras es aterrador; la oposicin violenta a su presencia est creciendo. Pero no siento ninguna simpata por su tragedia, ni siento compasin ni solidaridad.

Ellos son culpables, no yo, del hecho de que no pueda sentir el ms humano sentido de solidaridad y dolor. No es slo porque son colonos, violadores del derecho internacional y de la justicia universal; no es slo por la violencia de algunos de ellos, y el asentamiento colonial de todos ellos; es tambin el chantaje con el que responden a cada tragedia lo que me impide llorar con ellos. Debajo del velo de la unidad santurrona e hipcrita, y la falsa muestra de dolor nacional por parte de los medios para avanzar en sus propios objetivos comerciales, hay que decir la verdad: su tragedia no es nuestra.

Su tragedia no es nuestra porque ellos se la han infligido a s mismos y a todo el pas. Es cierto que la culpa principal es de los gobiernos que cedieron ante ellos, ya sea con entusiasmo o por debilidad; pero los colonos tampoco pueden ser absueltos de culpa. El extorsionador −y no slo quienes han cedido a la extorsin− tambin tiene la culpa. Pero all estn: generaciones nacidas en tierras robadas, nias y nios criados en una existencia de apartheid, entrenados para pensar que es justicia bblica, y con apoyo del gobierno. Quizs no podemos culpar a quienes estn asentados en tierras usurpadas por sus padres. Pero su tragedia no es la nuestra porque explotan cada tragedia para avanzar en sus objetivos de la manera ms cnica.

Cuando un beb muere, instalan casas rodantes [en tierra palestina]; cuando los soldados mueren defendindolos, no piden perdn a las familias de esos soldados (a pesar de ser culpables de las vidas que han sido segadas): slo presentan demandas para blanquear sus crmenes. Y con estas demandas, crece el apetito de venganza: encarcelar an ms a sus vecinos, destruir sus hogares, matar, arrestar, bloquear caminos y tomar ms venganza. Y si eso no fuera suficiente, sus propias milicias salvajes atacan a la poblacin palestina, lanzan piedras a sus vehculos, prenden fuego sus campos y aterrorizan sus aldeas. No les alcanza con el castigo colectivo impuesto por el ejrcito y el servicio de seguridad Shin Bet, ejercido con crueldad y a menudo criminalmente. La sed de venganza de los colonos nunca se satisface. Cmo es posible identificarse con el dolor de personas que se comportan as?

Es imposible identificarse con su duelo, porque Israel ha decidido no mirar todo lo que se hace all, en la tierra de Judea. Cuando eres capaz de ser indiferente a la ejecucin de un joven con discapacidad mental por parte de los soldados, tambin puedes ser indiferente a la muerte de una mujer embarazada a manos de palestinos. Cuando se ignora los acontecimientos en el campo de refugiados de Tulkarem, tambin se puede ignorar lo que ocurre en el cruce de Givat Assaf. Es ceguera moral ante todo lo que pasa. Yesha no est aqu; ese es el precio que se paga por la falta de inters en lo que ocurre en los territorios y por ignorar la ocupacin, bajo cuyo patrocinio se establecen las colonias. Presupuestos gigantescos se vuelcan all sin despertar la menor oposicin pblica, por lo cual tambin hay indiferencia sobre el destino de los colonos y sus tragedias. El pedazo de tierra que han tomado no le interesa a la mayora de los israeles, que viven en la tierra de la negacin; y ese es el precio.

No tenemos por qu disculparnos por la falta de inters y de empata. Ellos mismos, los colonos, se lo han buscado. Quienes nunca han mostrado el menor inters en el sufrimiento de sus vecinos palestinos (que ellos han causado); quienes predican todo el tiempo que el puo de hierro debe estar siempre apretado para torturarlos an ms, no merecen que simpaticemos con ellos, ni siquiera en su hora de dolor. No me alegro de que sufran, pero no siento compasin por su dolor. El verdadero dolor lo padecen sus vctimas: tanto las que sufren sumisamente como las que toman su suerte en sus manos y tratan de resistir a una realidad violenta de manera violenta, y a veces tambin asesina. Las y los palestinos son las vctimas que merecen compasin y solidaridad.

 

Publicado en Haaretz   el 16/12/18.



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