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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2018

El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Lucidez y nostalgia reaccionaria

Jess Mara Montero Barrado
Rebelin


La novela de un aristcrata

Si queremos qu e todo siga igual, es necesario que todo cambie. Se trata de una frase originaria de la novela El gatopardo*, escrita por Giuseppe Tomasi de Lampedusa y publicada en 1958. Tambin aparece en la pelcula homnima con la que en 1963 Luchino Visconti adapt magistralmente la novela. La frase, en fin, ha sido utilizada en la ciencia poltica como una forma de comportamiento humano en contextos de cambio. Encierra de modo sinttico una de las claves del funcionamiento de las sociedades -en las que su componente dinmico conlleva la simultaneidad de elementos de continuidad y de cambio- y de determinados comportamientos de los individuos dentro de lo que normalmente se denomina oportunismo.

La novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, Prncipe de Lampedusa y Duque de Palma di Montechiaro, es el testimonio de un miembro de la vieja clase aristocrtica en extincin, resignado por lo que est aconteciendo, pero orgulloso de su estirpe y de su condicin. La narracin se centra en la figura de Fabrizio Corbera, prncipe de Salina, principal aristcrata de la isla de Sicilia y directamente vinculado con la casa de los borbones que rein en Npoles y Sicilia hasta 1860, momento en que se suma -resignado, eso s- al proceso de unificacin italiano que culminara diez aos despus. El narrador omnisciente es el alter ego de don Fabrizio, que no es otro que el propio Lampedusa, descendiente directo del personaje histrico Giulio Fabrizio Tomasi, bisabuelo del escritor.

La novela est situada en Sicilia, que hasta 1860 form parte junto con Npoles del reino de las Dos Sicilias, y transcurre en su mayor parte entre 1860 y 1862. La presencia de los camisas rojas de Giuseppe Garibaldi en la isla, bajo el manto del reino de Piamonte, fue el factor decisivo para el levantamiento de parte de la poblacin contra el monarca napolitano y su adhesin a la guerra de unificacin. En 1860 se haba iniciado una nueva fase en el proceso de unificacin de los territorios dispersos que en 1861 dio lugar al reino de Italia, con capital en Turn, y que en 1870 culmin con la conquista de Roma. Los dos ltimos captulos del libro se desarrollan posteriormente: en 1883, ao en que muere el prncipe don Fabrizio, y 1910, momento en que se produce el desenlace de la trama novelesca trazada por el autor. El protagonista principal es el citado don Fabrizio, prncipe de Salina, que se encuentra presente a lo largo de la obra como personaje y prcticamente en toda la narracin.

La nobleza frente a la nueva realidad

La novela tiene entre los personajes principales a Tancredi Falconeri, sobrino del prncipe don Fabrizio. Pese a su militancia dentro del movimiento unificador y ms concretamente en las huestes de Garibaldi, su to siente por l una gran simpata. La suficiente para disculpar como puede sus andanzas polticas, cosa que hasta el propio monarca llega a reprenderle, al principio con sutileza y luego con dureza:

-Salina, ven aqu. Me han dicho que en Palermo andas en malas compaas. Ese sobrino tuyo, Falconeri qu esperas para apretarle las clavijas?

-Pero Majestad, le aseguro que a Tancredi slo le interesan las mujeres y los naipes.

Y el rey perdi la paciencia:

-Salina, Salina, djate de tonteras. El responsable eres t, su tutor. Dile que mire lo que hace. Adis (18).

De la boca de Tancredi sale precisamente la famosa frase, aunque no como una expresin aislada, sino con un claro sentido dentro del contexto histrico que estn viviendo:

Por el rey, s, pero qu rey? Si nosotros no participamos tambin, esos tipos son capaces de encajarnos la repblica. Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie. Me explico? (27).

Tancredi, perteneciente a la nobleza, si bien de una rama colateral y menor a la de su to, es consciente del horizonte que tiene delante para conseguir un hueco de relieve en el rgimen poltico que se est alumbrando y en la nueva sociedad. Por eso se une a las filas garibaldinas, donde confluyen los sectores polticos ms radicalizados del movimiento de unificacin e integrados en gran medida por los sectores populares.

Resulta evidente que Tancredi no es un garibaldino puro, en la medida que est desmarcndose del ideal republicano que el hroe italiano ms popular defiende para su pas. Su actitud es una forma de oportunismo, para lo que utiliza las posibilidades que le ofrecen las fuerzas ms dinmicas del momento y poder de esa manera acomodarse en una situacin nueva y en proceso de crecimiento: el liberalismo poltico, que se expresa desde el nacionalismo, en comunin con las aspiraciones de una clase social en ascenso que no es otra que la burguesa.

Desde el momento en que Tancredi pronuncia la famosa frase, la simpata de don Fabrizio hacia su sobrino empieza a tornarse en admiracin, que el narrador la califica de inteligencia. As aparece en un pasaje de la obra cuando el narrador dice segn l que la actitud de Tancredi supone aquella capacidad para adaptarse con rapidez, aquella perspicacia mundana, aquel dominio innato del matiz que le permita utilizar el lenguaje demaggico en boga (55).

Es tambin oportunismo poltico lo que hace y dice don Fabrizio? De entrada la respuesta ha de ser afirmativa. Posee la inteligencia suficiente para saber leer el momento histrico que est viviendo. Pero difiere del oportunismo de su sobrino no slo por la posicin relevante que ha tenido en la sociedad que est feneciendo, sino tambin por lo que va descubriendo de la que est naciendo, en la que acaba instalndose desde una resignada y prudente distancia.

Amor noble frente amor burgus?

Dentro de la trama no falta la correspondiente historia de amor y que hace de nudo gordiano entre varios personajes. Se basa en el tringulo formado por el propio Tancredi, su prima Concetta y Angelica. Dos muchachas jvenes de distinta condicin y con futuros diferentes. Angelica es la hija de don Calogero, antiguo campesino enriquecido y prototipo de burgus y liberal, que adems es el alcalde de Donafugatta, el pueblo donde la familia Salina pasa los veranos.

Durante una cena en que estn presentes las dos familias, Tancredi queda deslumbrado por la belleza de Angelica. Y es a travs de un episodio que cuenta, cuando en cierta ocasin entr en un convento de Palermo durante una accin militar, cmo el narrador nos presenta la barrera que se interpone entre un Tancredi inmaduro y anticlerical y una Concetta inocente y ferviente catlica.

La ambigedad aparece en su plenitud cuando al da siguiente la familia Salina visita el convento de la beata Corbra, haciendo uso del privilegio que le corresponde. Tancredi desea hacerlo tambin y as lo hace saber:

-To, no podras conseguir que yo tambin entrase? Al fin y al cabo, la mitad de mi sangre es de Salina, y nunca he estado aqu (66).

La peticin encierra, sin embargo, un misterio: entrar en el convento o entrar en la familia a travs del matrimonio con Concetta? Quien le responde, sin embargo, es la prima, que lo hace entre la irona y el rechazo. Es, sin duda, su venganza, dolida por la peripecia contada por su primo la noche anterior y que interpret desde su visin religiosa rigorista. Una postura vengativa que acaba cerrando las puertas de un matrimonio con su primo:

-No le hagas caso, pap, bromea; al menos ya ha conseguido entrar en un convento; que se conforme, pues; no es justo que entre el nuestro (67).

Se inicia entonces un doble distanciamiento. El anmico, de Concetta, y el fsico, de Tancredi, que se ve obligado a ir de nuevo al la guerra. Desde ese momento Tancredi busca en su to la persona que medie con don Calogero para que le comunique su amor hacia Angelica y el deseo de casarse con ella. Cuando su ta Maria Stella, la mujer del prncipe, conoce el contenido de la carta escrita por Tancredi, su reaccin resulta muy sintomtica del cmulo de sensaciones que est viviendo la vieja clase aristocrtica:

Es un traidor, como todos los liberales de su calaa; primero traicion al rey, ahora nos traiciona a nosotros! l, con su cara falsa, con sus palabras llenas de miel y sus actos cargados de veneno! Eso es lo que sucede cuando se trae a casa gente que tiene sangre extraa mezclada con la propia! (74).

En su respuesta el marido, sin embargo, intenta poner un poco de cordura, consciente de los tiempos que se estn viviendo:

Stellucina, ests diciendo demasiadas tonteras; adems no sabes lo que dices (). [Tancredi] no es un traidor: sabe adaptarse a las circunstancias, tanto en poltica como en la vida privada (75).

Es de nuevo el narrador el que pone orden al cmulo de situaciones que se estn dando. Manifiesta en boca y pensamiento del prncipe una clara conciencia de que los cambios que se estn dando suponen prdidas graves, pero no ponen en peligro la existencia como clase. Es la traduccin a la realidad de la frase alusiva a que todo cambie para que todo siga igual:

los grandes intereses del reino (de las Dos Sicilias), los intereses de su clase, sus propios privilegios, haban sufrido, s, graves lesiones, pero los acontecimientos no haban puesto en peligro su supervivencia (83).

Cuando se produce el rito de la entrega de la mano de Angelica por parte de don Calogero, ste, despus de hacer una relacin de sus bienes e informarle de la dote que va a recibir su hija, trasmite a don Fabrizio algo que guardaba como una sorpresa:

tambin los Sedra son nobles.

Una alusin a la tradicional compra de ttulos nobiliarios por parte de la burguesa, que tena como fin lustrar su condicin, pero tan mal vista desde los crculos de la aristocracia. De ah que el narrador, lleno de un evidente desprecio de clase, escriba al respecto:

nos limitaremos a decir que aquella salida herldica de don Calogero le depar al prncipe el incomparable goce esttico de asistir a la encarnacin perfecta de un tipo, y que la risa contenida endulz tanto su boca que lleg a sentir nuseas (97).

La burguesa en el poder

A medida que se van precipitando los acontecimientos polticos, una nueva conversacin entre el prncipe don Fabrizio y su sobrino Tancredi resulta muy reveladora del carcter van tomando. Las piezas del rompecabezas empiezan a encajar y la conocida frase de Tancredi sigue ganando sentido:

-As que vosotros, los garibaldinos, ya no llevis la camisa roja?

() -De qu garibaldinos nos hablas, tiazo? Eso ya pas! (109).

En pleno rumbo dirigido a consolidar la construccin del nuevo estado liberal y unificado, don Fabrizio recibe la propuesta de ser nombrado senador, lo que le trasmite un funcionario piamonts, en cuyo reino se est gestando el ncleo de la nueva Italia. La respuesta del prncipe no deja lugar a dudas:

Escuche, Chevalley: si se hubiera tratado de un nombramiento honorfico, un mero ttulo para poner en la tarjeta de visita, lo habra aceptado con todo gusto (129).

Para ms tarde concluir rotundo:

() pero no puedo aceptar. Soy un representante de la vieja clase y me siento por fuerza comprometido con el rgimen borbnico al que me liga el sentido de la decencia, ya que no el afecto (132).

En este momento el narrador nos muestra a un don Fabrizio que se encuentra a la vez seguro y resignado. Por eso, argumentando su negativa a aceptar el nombramiento de senador, le dice al seor Aimone Chevalley:

hace un momento usted me hablaba de una joven Sicilia que se asoma a las maravillas del mundo moderno; a m, en cambio, me parece ms bien una centenaria a quien pasean en silla de ruedas por la Exposicin Universal de Londres y no comprende nada ni le importan un comino las aceras de Sheffield y las hilanderas de Manchester (129-130).

Una clara muestra de la idea que tiene del mundo concreto en que vive, una Sicilia agraria y atrasada, a la que ve incapaz -ni le interesa- de ponerse a la altura de los avances econmicos que tienen en Inglaterra el epicentro del mundo. Una manifestacin, en fin, de la preeminencia de clase que siente: frente al pueblo, al que desprecia por inmaduro, y frente a la burguesa, a la que desprecia por vulgar.

En la confrontacin entre lo viejo y lo nuevo, don Fabrizio siente un claro apego por su mundo, que, aunque agonizante, lo considera superior desde su condicin de miembro de una clase a la que otorga las mejores virtudes. La seguridad antes referida es tambin orgullo e incluso superioridad moral. No tiene ninguna duda, aunque el narrador deja que lo sepamos a travs de lo que el prncipe piensa para s:

Todo esto pensaba- no debera durar; sin embargo, durar, durar siempre: el siempre humano, desde luego, un siglo, dos siglos; luego ser distinto, pero peor. Nosotros hemos sido los Gatopardos; los leones; quienes ocupen nuestro lugar sern los pequeos chacales, las hienas; y todos, gatopardos, chacales y ovejas seguiremos creyndonos la sal de la tierra (135).

Slo liberalismo y burguesa?

No le falta a la novela una alusin a algo ms nuevo todava que el propio ascenso social de la burguesa y el acceso al poder poltico. Don Fabricio apunta en su conversacin con Chevalley algunos de los nuevos ingredientes sociales y polticos, a los que ven con cierta preocupacin:

Ahora aqu andan diciendo, para acatar lo que han escrito Proudhon y un judo alemn cuyo nombre no recuerdo, que la culpa de que todo vaya mal, aqu y en otras partes, la tiene el feudalismo; es decir, yo, para el caso (134).

El anarquismo y el socialismo que estn entrando en el nuevo escenario, el mismo que Karl Marx, el judo alemn, ya haba anunciado ex aequocon Friedrich Engels en 1848, unos aos antes de iniciarse la guerra de unificacin italiana, con su conocido arranque del opsculo El manifiesto comunista: Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo.

Los ecos del pasado

Lo que va quedando de la novela es todo un canto a la actitud del prncipe, elevada a dignidad, y que el narrador pone en boca de otros personajes. As lo hace con los hermanos Schir, campesinos de la zona, y con Pietrino, un humilde herbolario, que se encuentran temerosos con los acontecimientos y se quejan de las medidas que est tomando el nuevo ayuntamiento y que afectan a sus bolsillos:

Los hermanos Schir y el herbolario ya empezaban a sentir las voracidad del fisco; en un caso haban sido contribuciones extraordinarias y aumento en los impuestos; en el otro (), si no pagaba veinte liras cada ao, no le permitiran seguir vendiendo sus hierbas (139).

Pietrino quiere saber qu piensan los seores y el propio prncipe, dando muestras de ansiedad:

Pero, padre, t que vives entre la nobleza, dime qu piensan los seores de todo este jaleo. Qu dice el prncipe Salina, que es tan fuerte, tan irascible, tan altivo? (140).

Y el padre Pirrone intenta calmar esa ansiedad con un discurso que conoce muy bien, inspirado en lo que el propio don Fabrizio le ha repetido tantas veces, y que pretende que sea inteligible, pero que acaba siendo una verdadera para el herbolario:

Pobrecillo, de tanto leer se ha vuelto loco (141).

El cura, no obstante, tiene muy claro lo que ha representado la aristocracia hasta ese momento, pues no en vano lleva asistiendo espiritualmente al prncipe desde hace muchos aos:

Viven en un mundo propio, que no ha creado Dios directamente, sino ellos mismos a lo largo de muchos siglos de experiencias singulares, entre penas y alegras muy distintas de las nuestras; tienen una memoria colectiva tan privilegiada que se inquietan o se alegran por cosas que a usted y a m nos importan un comino pero que para ellos son fundamentales porque estn relacionadas con ese patrimonio de recuerdos, esperanzas y temores propios de su clase (140).

Todo un canto al servilismo, que corresponde en el caso de Pierrone a un miembro del clero que ha ido secularmente de la mano del poder terrenal y en el de Pietrino a un humilde hombre de campo, dibujado por el narrador como la inocencia personificada de los sbditos:

Pero entonces, padre, se irn todos al infierno! (141).

O, dicho desde otra perspectiva, la alienacin ideolgica de una clase supeditada secularmente a su antagnica, pero a la que no ven como tal. El narrador nos transmite que sienten el peso de los nuevos impuestos, pero no menciona el mundo de relaciones feudales en el que se mezclaban impuestos, diezmos y la gran variedad de rentas feudales que llevaban siglos pagando. Por lo dems, nada nuevo. Esa mentalidad es la que aliment al campesinado vandeano durante la revolucin francesa o al carlismo que en Espaa campe durante un siglo.

En todo caso, el canto a la clase aristocrtica la completa Lampedusa con estas palabras del padre Pirrone:

Pues bien, no le parece a usted que esa humanidad que slo se preocupa por las camisas o por el protocolo es una humanidad feliz y, por tanto, superior? (141).

Todo acab siendo igual

Cuando se produce la muerte del prncipe don Fabrizio el narrador no duda decir, a modo de corolario, que

el ltimo Salina era l, el esculido gigante que en aquel momento estaba agonizando en el balcn de un hotel. Porque un linaje noble slo existe mientras perduran las tradiciones, mientras se mantienen vivos los recuerdos; y l era el nico que tena recuerdos originales, distintos de los que se conservaban en otras familias (176).

Y como toda novela que se ajusta a una estructura al uso del planteamiento, trama y desenlace, una vez muerto tambin Tancredi, las dos mujeres por las que opt se convierten en el centro de la narracin. Una, Angelica, con la serenidad que le da el paso de los aos, es consciente del papel que le toc jugar dentro de un matrimonio sin amor y por intereses. Tpicamente burgus, pero en nada diferente del de la nobleza, pese a los intentos reiterados del narrador por presentarlos como distintos. La otra mujer, Concetta, ya conocedora del desgraciado malentendido que la llev a rechazar el matrimonio con su primo. Y, ante todo, las dos, cmplices a travs de uno de los sobrinos, Fabrizietto, que habra de desfilar por las calles de Salina en honor de los hroes de la nueva Italia:

Un Salina rendir homenaje a Garibaldi: una fusin entre la vieja y la nueva Sicilia (189).

La alianza entre la nobleza y la burguesa, por fin, sellada. Y como smbolo, el ms popular de los hroes de la unificacin italiana. El mismo al que utilizaron al principio para extender la revolucin frente al antiguo rgimen y al que despus abandonaron para hacerla a la medida de la nueva clase. En fin, que todo cambiara para que todo acabara siendo igual.


* G. Tomasi di Lampedusa (1999). El Gatopardo . Madrid, Unidad Editorial.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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