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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2018

Las amenazas del imperio
Ah viene el lobo?

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Un viejo cuento advierte que, tras muchos avisos falsos, nadie cree en una nueva advertencia. Que tendemos a naturalizar la amenaza y con ello nos desmovilizamos y quedamos vulnerables. Que la moraleja es no ir por la vida vociferando peligros porque, cuando finalmente aparezcan, seremos presa de nuestros descreimiento. Por eso, toda lucha que se precie de organizada cuenta con inteligencia, contraespionaje y centinelas. Nadie, en sus cinco sentidos, se sienta a esperar lo que dice el enemigo para, entonces, tomar medidas defensivas. Los pueblos, tambin, han aprendido de sus derrotas.

Donald Trump, entre sus mltiples patologas imperiales, ha profundizado la tctica guerrera de vociferar, sin pudor pero con impunidad, amenazas sistemticas a los cuatro vientos. Tiene destinatarios en todos los puntos cardinales y en todos los rincones del planeta. Bravuconea, aqu y all, con la soltura que le da cierto histrionismo de mercado junto a los manuales mediticos que le proveen sus socios y sus cmplices adyacentes. Una y otra vez, en le tele, en la radio, en la prensa, en las redes sociales directamente o por interpsita persona. La cosa es tirar rfagas de amenazas cargadas con el tufo mercantil de su alma mater belicista y su incontinencia de ego. Todo junto es, de hecho, una forma de la guerra que es, siempre, primero econmica y luego todo lo dems.

Ninguna de las amenazas imperiales es ingenua, aislada o simple advertencia. Cada palabra, cada gesto con sus nfasis y direcciones es parte de un despliegue de batalla cargada de sentido destructivo. Cargada con la moral del opresor que se dirige al mundo henchido de autoritarismo guerrerista y mercantil que se desliza sobre la lgica de los negocios blicos del imperio. Y aunque eche mano de mascaradas demaggicas que manosean conceptos humanitarios, democrticos o mesinicos el mensaje crudo y duro no es otro distinto al inters del saqueo de riquezas naturales, esclavizacin de la mano de obra y abatimiento de la dignidad de los oprimidos. Lo hemos visto miles de veces.

En la cadena de amenazas que el imperio dirige contra los pueblos, se incuba una filosofa de la destruccin diseada para martillar la conciencia social. Para derrotarnos de antemano, para hacernos sucumbir por el engao y por el miedo. Es una semitica del invasor que pretende instalar en la cabeza de los pueblos amenazados, la impotencia, la desesperacin y la resignacin agradecida. No se trata slo de asustarnos, se trata de que le demos la razn; de que le aplaudamos y de que adoptemos como herencia para nuestros hijos, la mansedumbre servil a los intereses imperiales. Y lo hagamos de manera duradera y rentable.

Es la parte psicolgica de las guerras actuales ideadas por el capitalismo que anhela dominar al mundo ahorrando dinero o alcanzando sus objetivos a bajo costo. Pero es la guerra misma desplegndose sistemticamente pero disfrazada de advertencia pura. Disfrazada de palabrero bravucn o de evangelio justiciero. No se privan de hacer gestos compungidos preocupados por la libertad, preocupados por la justicia o preocupados por los derechos humanos. No economizan en desplegar sus batallones de predicadores que con tono acadmico, con tono sacerdotal, con tono leguleyo repiten y fortalecen los enunciados invasores preparados meticulosamente por los laboratorios de guerra psicolgica creados exprofeso. Muchos de ellos disfrazados de noticieros, agencias de noticias o lderes de opinin.

Esa es la historia, contada de manera sinttica y esquemtica, se ha repetido una y otra vez hasta el hartazgo como protocolo de las antesalas invasoras. Pero ninguna de esas ofensivas viaja sola, siempre se acompaa con un decreto que acusa a los pueblos de amenaza; siempre cuenta con una sancin econmica, un castigo poltico y una metralla de vociferaciones descalificadoras, insidias, calumniascontra los pueblos, sus lderes y sus luchas. Todo eso es parte de una guerra de invasin operando en los frentes objetivos y subjetivos. No nos engaemos es la lucha de clases en sus escala imperial. Ah viene el lobo? A veces llega disfrazado como deuda externa.

Una y otra vez hemos dicho y ratificado, en frentes muy diversos, que la mejor defensa es el ataque. Que no debemos creer ni un tantito as en el imperio. Que no podemos basar nuestras acciones en los decires y haceres imperiales y que es imprescindible desplegar nuestras mejores tcticas y estrategias en todo el espectro de las hiptesis de guerra si no queremos incurrir en los errores de otro tiempo y en los costos dolorossimos que ya los pueblos han pagado por sus desventajas y sus asimetras a la hora de la lucha.

La sola existencia de los imperios es razn tica suficiente para organizar nuestra defensa. No esperemos a que los bravucones fijen fecha y modo de atacarnos. No tenemos por qu creerles, en sus mtodos ni en sus tiempos, ni tenemos tiempo que perder cuando sabemos, bien que los sabemos, cmo querrn infiltrarnos sus anti-valores, sus armas y su lgica de la muerte. Tenemos una historia de resistencia y victorias extraordinarias pero tenemos tambin flancos dbiles y tareas no cumplidas. Destacan las debilidades en materia de Comunicacin y Cultura como frentes de fragilidad que de no resolver con urgencia pueden ser errores suicidas.

El lobo ha estado ah siempre. Es falso que estemos en etapa slo de amenazas, la guerra esta en desarrollo y eso modifica todos los escenarios en tierra, aire, mares y cerebros. Nos asiste el derecho histrico fundamental de defendernos con todo lo que tenemos y todo lo que consigamos; con la solidaridad internacionalista, con uas y con dientes. Lo nico que no podemos ni debemos hacer es ser ingenuos, quedarnos de brazos cruzados, confiar en en lo que el enemigo dice y desperdiciar la oportunidad de la autocrtica. Ahora o nunca nuestras deficiencias deben ser superadas, fraternalmente y en clave de lucha, sin des unirnos, sin debilitarnos, sin autocomplacencias, sin demoras y sin miedo. Frente al imperio la nico que podemos perder son nuestras cadenas. Un mundo nuevo esta por ser ganado, esta vez, sin amos y sin clases sociales. Nada menos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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