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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2018

Gaspi

Alfons Cervera
eldiario.es


Llevaba la msica en las tripas, que es ese sitio incgnito donde alguien dice que se esconde el corazn. Era joven, demasiado joven para que la vida lo alcanzara por la espalda, que es la manera que tiene la vida, algunas veces, de convertirse en una puetera emboscada. Cuando fui a vivir a Vilamarxant, Gaspi no haba nacido y lo conoc cuando ya andaba bastante crecido en la msica y en la vida. Yo lo escuchaba como un discpulo nada aventajado. Desde que tena siete aos quise ser msico en Gestalgar. Si ahora tengo la nariz rota es porque a esa edad me ca escaleras abajo en la casa de mi to Vicente Corachn: buscbamos el mtodo Eslava, tropec no s dnde y a rodar por las escaleras como una pelota de trapo. Desde entonces he intentado aprender msica y a tocar la guitarra un milln de veces. Y a lo mximo que llegu, incluso con un profe particular todo un ao, es a pulsar malamente unos pocos acordes de Las cuatro y diez , de Luis Eduardo Aute, y los mismos y con la misma torpeza de House of the rising sun , de los Animals.

Por eso cuando hablaba con Gaspi, lo miraba, lo escuchaba embobado y la envidia cochina me corroa las entraas. Durante un tiempo, con su grupo Strombor Brass Quintet, anduvo pensando en una adaptacin de mi novela La risa del idiota , nunca supe muy bien si para un musical trgico o una pera atronada por el bombeo entusiasta de los trombones que mgicamente manejaba el grupo. Luego, aparc ese instrumento para dedicarse casi a tiempo completo a la direccin. Y digo casi a tiempo completo porque nunca abandon lo que era para l ms importante: sus amigos, su familia, su pueblo de Vilamarxant, que ocup una gran parte de sus mltiples y diferentes compromisos. Era un todoterreno en los territorios siempre complejos del afecto.

Un buen tipo, como decimos que deca Machado de la buena gente.

Un mal da le lleg la enfermedad y lo atrajo hacia ese dolor que era el suyo, pero tambin el de tanta gente que lo quera como algo propio, como ese ser cercano al que te enganchas por si se te pega algo de lo mejor que tiene la condicin humana. Sali casi entero del primer envite y fue entonces cuando empezamos a trabajar juntos en un proyecto hermoso. Yo acababa de publicar Todo lejos , una novela basada en una historia que tuvo lugar en Vilamarxant en los aos setenta, y se nos ocurri que la msica poda acompaar nuestras presentaciones pblicas porque la msica (en este caso, la pop de los aos sesenta) ocupaba amplio espacio en sus pginas. En un plispls se form un revival del grupo local Los Taburos, que amenizaba las verbenas de aquellos aos en el pueblo. Y ah estuvo Gaspi, comandando el grupo, en aquella actuacin genial con Luis Eduardo Aute en la librera Sin Tarima de Madrid. Y desde all, marchaba a dirigir la Orquesta Filarmnica de Marsella, y despus -o a la vez seguramente- la de Quart, y ms despus y al mismo tiempo otras agrupaciones musicales de la misma envergadura. Era un maestro en lo suyo, en ese oficio que, como deca la otra tarde Mara Jos, su compaera de vida y de todo, es un oficio transmisor de emociones como pocos otros.

Digo la otra tarde porque, hace unos das, la Orquesta Sinfnica de la UCAM (Universidad Catlica de Murcia) ofreci un concierto inolvidable en el Palau de la Msica de Valncia, magistralmente dirigido por su amiga Pilar Va. Se trataba de un homenaje a la memoria de Gaspar Sanchis, el amigo Gaspi para su gente, el nombre propio, suyo, en el mundo de la msica. Y tambin se trataba de otro reconocimiento: ahora a la Unidad de Hematologa del Hospital La fe, donde anduvo los ltimos tramos de su vida. Todo el patio de butacas lleno de tanta gente agradecida, de tanta memoria agradecida, de tanto tiempo disfrutando de su bondad personal y de su msica. Tengo aqu al lado mi ltima novela: La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona . Y la dedicatoria: Para Gaspi, que mezclaba como nadie la msica de Mozart y los acordes al rgano de House of the rising sun . Todas estas pginas son para la noble, buena y sagrada memoria que nos dejas.

S que le gustaba leer y sobre todo que le gustaba mucho Mario Benedetti. Por eso cierro estas lneas llenas de gratitud con uno de sus versos que ms quiero: Se aprende todo menos las ausencias. Adu, Gaspi. Hasta siempre. Para siempre.


Artculo publicado originalmente en eldiario.es

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/gaspi/



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