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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2018

Entrevista a Iaki Gil de San Vicente sobre el actual momento poltico en Euskal Herria
"Nadie, ninguna organizacin, puede negar el derecho a crear algo nuevo"

Andoni Baserrigorri
Boltxe


Han transcurrido ya prcticamente ocho aos desde el famoso cambio de rumbo de la Izquierda Abertzale, una de las referencias de lucha para construir una patria socialista en el corazn de la vieja Europa. En este tiempo solo podemos constatar que el viraje hacia el reformismo y la socialdemocracia ha sido definitivamente asentado.

Sortu ha quedado consolidado como un partido (frente al modo movimiento que era la forma histrica de organizarse en el MLNV) que hace bandera del conglomerado ideolgico que va desde el eurocomunismo hasta la socialdemocracia ms rancia. El MLNV fue sencillamente liquidado y los antao movimientos populares atraviesan una crisis de la que no parecen poder salir de momento.

Son bastantes las voces que en pblico analizan crticamente estas derivas y ciertos colectivos como Boltxe, el Movimiento pro-Amnista y contra la Represin, Ikasle Abertzaleak o la Sare Antifaxista aparecen de momento como parapetos crticos contra este tsunami reformista y stress ideolgico que asola a la Izquierda Abertzale. Hemos conversado con Iaki sobre estas cuestiones y las perspectivas de futuro.

Andoni Baserrigorri: Iaki, pensamos que ms que derrota policial asistimos hace ocho aos a una especie de golpe de estado del sector ms reformista y liquidacionista de la IA Piensas que acertamos en nuestro anlisis?

Iaki Gil de San Vicente: Es importante aclarar que no ha habido derrota policial por ningn lado, que ha sido ETA la que ha decidido disolverse. En su larga historia, esta organizacin sufri golpes tremendos que acababan casi con toda su direccin, pero siempre se recompuso debido, fundamentalmente, a que ETA no era solo una organizacin, sino que a la vez era un fenmeno social profundo. La organizacin era golpeada, pero en cuanto fenmeno histrico, era raizal, estaba arraigada en lo ms hondo de la compleja conciencia nacional de amplias franjas de pueblo, en menor medida de la pequea burguesa, y nada en la burguesa. Una de sus races era asumir el derecho del pueblo vasco a resistirse a los ataques de los Estados espaol y francs, sentimiento innegable materializado en mltiples formas de resistencia, siendo la lucha armada una de ellas.

Son conocidas las palabras de Argala distinguiendo entre ETA como fenmeno y ETA como organizacin. La totalidad de la primera la historia del pueblo oprimido nacional y socialmente englobaba como parte a la segunda la historia de la organizacin, pero esta segunda no poda englobar a la primera. Ms an, bien analizada la lucha de resistencia vasca, ETA era solo parte de un fenmeno ms largo en la historia, como hemos dicho arriba. Por ejemplo, la memoria militar del pueblo exista antes que ETA y ella fue la que, expresndose mediante la praxis anarquista, traspas a ETA las armas que guardaba como un tesoro porque saba que, a la postre y en el momento decisivo, un pueblo desarmado es un pueblo indefenso y por tanto, vencido. Sin embargo, ETA se ha desarmado as misma, lo que, a nuestro entender supone una auto-derrota poltica.

La tesis de la derrota policial busca extender el desarme material hasta lograr el desarme de la memoria, de la moral y tica del derecho a la Rebelin. El capitalismo y su forma poltica, o sea el Estado y las fuerzas autonomistas y regionalistas, necesitan hacer creer el cuento de la derrota policial por tres razones: ocultar que sigue viva la causa histrica de su problema con Euskal Herria pese a la autodesaparicin de ETA; demostrar que existe paz y normalidad democrtica para, as, acelerar la desintegracin definitiva de la nacin vasca trabajadora pulverizndola en simple fuerza de trabajo explotable, objeto pasivo en manos de la burguesa; y demostrar que no tiene sentido ninguna lucha no tolerada ni admitida por su ley, ni la de los pueblos oprimidos, ni la de las mujeres trabajadoras, ni la del proletariado en su generalidad, etc., porque segn aseveran: hemos derrotado hasta la ETA. Es decir, quieren hacernos creer que no hay futuro.

Si el capitalismo consigue imponer la creencia de que ha vencido no solo a ETA como organizacin sino, sobre todo, a ETA como fenmeno social histrico, podr respirar tranquilo. Sus expertos en contrainsurgencia, sus grupos de prospectiva, es decir, los ncleos del Estado que nunca sern controlados por el parlamento soberano, y apenas por los gobiernos de turno, le avisan que el futuro inmediato ser mucho ms duro que el actual porque se estn agudizando todas las contradicciones, lo que obliga al capital a endurecer sus sistemas represivos. Un pueblo trabajador sumido en la amnesia es ms fcil de oprimir. Llegados a este punto, la diferencia entre fenmeno social y organizacin se ampla ms all de ETA porque esta no existe pero ante todo porque la complejidad del capitalismo actual solo puede combatirse desde una izquierda abertzale ms amplia que la oficial, ms amplia no en el sentido electoralista sino en el sentido de movimientos populares, autoorganizacin de contrapoderes, intensificacin y extensin de las luchas, o sea, el independentismo socialista que ya no ETA como fenmeno raizal integrador.

La tesis del golpe de Estado dentro de la izquierda abertzale entendida como fenmeno, incluso ms amplio que el visto sobre ETA como fenmeno social, apenas explica la complejidad de los factores que han llevado a situacin actual. La tesis del golpe de Estado explica solo algunos comportamientos internos ms o menos conocidos que facilitaron que se arrinconase a los sectores que criticaban tanto los mtodos como los contenidos, o mejor dicho, la ausencia de contenidos, la palabrera hueca, el uso de los peligrosos referentes vacos, es decir globos llenos de nada que, por ejemplo, facilitaron a Podemos ocultar su mansedumbre de oveja debajo de una piel de len, trampa que repite cuando le urge engaar a un sector de sus bases.

Pero la tesis del golpe de Estado no explica el grueso de la dinmica de las contradicciones internas y dificultades externas que fue minando la cohesin estratgica desde al menos la mitad de la dcada de los aos 90, cuando se decidi cerrar la fase de la Alternativa KAS y abrir la de la Alternativa Democrtica. Las lagunas ciertas de la Alternativa KAS no fueron corregidas en el sentido revolucionario por la Alternativa Democrtica, sino agrandadas. La creciente represin intensificada desde esos aos dificultaba una apreciacin clara de las grietas que se abran. En el plano estrictamente poltico-institucional y social de clase este agrietamiento apenas perceptible al principio fue facilitado por un conjunto de procesos. Por ejemplo, las ilegalizaciones, cierres, encarcelaciones, juicios y largas condenas desatadas desde entonces, ms los cambios en el sistema capitalista y, por no extendernos, la mejora permanente en la doctrina, sistema y estrategia contrainsurgente del Estado gracias al apoyo del imperialismo muy interesado en acabar con uno de los focos ms potentes en Europa de lucha de clases con contenido radical porque afectaba a la existencia misma de uno de los Estados ms dbiles en su estructura nacional histrica, el espaol, y en menor medida a otro ms slido, el francs Pues bien, toda esta sinergia rpidamente expuesta, da cuenta de muchas de razones que han concluido en la situacin presente. Quedan otras razones que iremos viendo.

Por ltimo, lo que he comentado hasta aqu no es exclusivamente pensamiento mo, es mi versin de un conjunto de reflexiones crticas y autocrticas que se han ido haciendo desde hace aos en la izquierda abertzale como movimiento amplio. La penetracin de la ideologa burguesa es tal que mucha gente interpreta la complejidad objetiva de las contradicciones sociales desde el subjetivismo del individualismo metodolgico, achacando a personas aisladas los errores o los aciertos. Pienso que, como iremos viendo, este sector crtico y autocrtico fue acertando en lo decisivo y errando en lo accesorio.

Qu valoracin haras de estos aos de deriva ideolgica en la Izquierda Abertzale? Piensas que an se puede variar el rumbo ideolgico de la Izquierda Abertzale?

Debemos precisar lo suficiente en qu consiste esa deriva porque la respuesta a las dos preguntas, y a casi toda la entrevista, depende de ello. Empezaremos por la superficie del problema, por sus expresiones ideolgicas, para profundizar luego en algunas de sus causas sociales. Exceptuando documentos especficos, desde finales de los aos 90 o lo mximo desde la ilegalizacin de Batasuna en 2002, pese a esfuerzos puntuales, se fue debilitando paulatinamente el contenido concreto de izquierda radical, insistindose ms en un nacionalismo con contenido social duro, pero no tanto como para no ser asumible por las nuevas expresiones de los llamados nuevos sujetos. Tengamos en cuenta que entonces triunfaban las modas postmodernas, que se aseguraba que por fin el marxismo haba muerto para no resucitar nunca, que lo mismo le suceda a la lucha de clases suplantada por la accin ciudadana movilizada pacficamente para instaurar otro demos, que todo esto y ms surga de la nueva economa inmaterial o economa de la inteligencia o capitalismo cognitivo que ya no funcionaba en base a la plusvala sino a las rentas de los emprendedores, que el imperialismo era cosa del pasado y que ahora era el momento de la gobernanza mundial, etc. Un ejemplo del clima de deriva terica lo tenemos en que en un libro cuasi-oficial sobre el medio siglo de existencia de ETA, publicado en 2007, se cuela de rondn a pie de pgina una versin muy parcial y engaosa sobre la crisis del proletariado como sujeto histrico.

La deriva ideolgica y terica penetraba de mltiples modos porque la lucha en su contra se haba ido apagando antes incluso de los aos dorados de las burbujas en los que aumentaba la deuda popular mientras se desoa a quienes advertan que se aproximaba una crisis pavorosa. Sobre este fondo social objetivo de cambio de fase capitalista desindustrializacin relativa, terciarizacin, financiarizacin, etc., al que volveremos, proliferaban las modas post y la irrupcin de una casta intelectual y universitaria sin ningn contacto con la lucha de clases que fascin con su verborrea, acelerando la confusin y el desconcierto. En la respuesta a la siguiente pregunta nos extenderemos ms en detalle sobre el impacto particular de estos cambios, concretamente sobre los actuales sectores crticos con la nueva estrategia.

Ahora debemos aclarar que la deriva ideolgica no afectaba exclusivamente a la Izquierda Abertzale. Debemos decir incluso que esta resisti bastante ms tiempo que otras fuerzas. Recordemos el famoso desencanto de los aos 80 en el Estado que se ahond todava ms despus de la enorme huelga general del Estado espaol de 1988 que fue el canto del cisne de la oleada de lucha de clases iniciada dos dcadas antes. Por ejemplo, el desplome absoluto del eurocomunismo y la minorizacin o extincin del archipilago de pequeas organizaciones de izquierda revolucionaria que ya haban entrado en agona en los aos 80, recibiendo la estocada con la implosin de la URSS y el triunfalismo imperialista consiguiente. Tenemos el caso de EIA-Euskadiko Ezkerra, por citar otro ejemplo surgido de ETA, que empez a descomponerse mucho antes. No debemos menospreciar nuestros mritos porque se mantuvieron contra viento y marea mucho ms que en otras izquierdas y en condiciones mucho ms duras. Nunca debemos olvidar que el retroceso generalizado de otras fuerzas precedi al nuestro, lo que tambin ayud a desmoralizar a unos y a justificar que otros dijeran que el nico camino posible era abandonar el radicalismo. Ms aun considerando la impresionante represin que se abata sobre la Izquierda Abertzale, que no era solo de brutalidad fsica sino de sofisticada contrainsurgencia que se iba perfeccionando desde el inicial plan ZEN del primer gobierno del PSOE en 1982. La llegada del PP al gobierno ampla la contrainsurgencia ms all de lo que haba hecho el PSOE, teniendo a su favor precisamente los efectos alienadores de las nuevas formas de explotacin capitalista que se ya se haban impuesto definitivamente en a mediados de los aos 90.

Como hemos dicho, la causa de fondo de la deriva ideolgica era, en sntesis, el cambio de fase en el capitalismo. Simplificndolo mucho, del keynesiano y Taylor-fordista durante la poca de los Treinta Gloriosos de 1945 a 1975, y de los diez o quince siguientes de paulatino dominio de la financiarizacin y del capital ficticio, hasta su definitiva instauracin estructural sobre todo en la composicin interna de las clases sociales en lucha, en las dinmicas sociopolticas, culturales, etc., es decir, en las nuevas realidades que influyen en los pueblos desde dentro de sus decisivas contradicciones internas. Sin este trasfondo no entenderamos nada del desplome de las izquierdas correspondientes a la fase periclitada, ni de la prdida de fuerza de la socialdemocracia y del surgimiento en su interior se sectores reformistas-duros, ni de los cambios en la lucha de clases entre una polarizacin de izquierdas y su contraria polarizacin de extrema derecha, neofascistas y fascistas, etc., ni mucho menos las subcrisis y crisis parciales cada vez ms duras que confluyeron, en su sinergia, en la tercera Gran Depresin de 2007 an vigente pese a sus altibajos.

Bajo estas presiones extremas, la direccin de la Izquierda Abertzale de entonces estaba ms preocupada por resolver los agudos problemas de accin poltica ilegalizada sobre los derechos nacionales y sobre la inhumana situacin carcelaria, que, a la vez, dar una respuesta a la crisis apoyando e impulsando decididamente la lucha de clases. Esto segundo s se hizo parcialmente en las huelgas socioeconmicas nacionales y parciales de 2009 y despus, que demostraron la fuerza obrera y popular que mantena, pero no se elabor una alternativa estratgica basada en las tendencias fuertes de las contradicciones del capitalismo. De este modo se inici una separacin interna que terminara rompiendo la unidad dialctica del concepto clave de liberacin nacional de clase que fue una de las decisivas aportaciones de ETA, negada por las tres grandes escisiones de ETA berri-MC, ETAVI-LCR y ETA(pm)-Euskadiko Ezkerra.

La liberacin nacional de clase significa que, si hay acuerdos con la pequea burguesa nacionalista, deben ser tcticos, supeditados a la estrategia que dirige el avance al Estado Socialista Vasco. Y sobre todo significa que la unidad y lucha de contrarios de clase determina las identidades sociales en la nacin vasca, como en toda nacin en el modo de produccin capitalista. Un momento significativo por lo irreversible de la deriva fue el abandono de la alternativa KAS en 1995 para abrir la va de la Alternativa Democrtica : de forma imperceptible se empezaba a legitimar la ideologa democraticista burguesa, aunque se mantenan formalmente algunas de las consignas histricas. Una vez que se acepta el democraticismo burgus, su nuevo contenido interclasista termina desplazando del todo la lucha nacional de clase.

La nueva estrategia rechaza la objetividad de la lucha de clases dentro de la nacin vasca planteando una estrategia muy parecida a las de la reconciliacin nacional, unin nacional, frente amplio de gobierno, etc., en las que tambin se aceptaban algunas formas de luchas obreras y populares siempre que estuvieran sujetas a la prevalencia de la unin sagrada. El Nuevo Estatuto negociado entre EH Bildu y el PNV es un ejemplo, pese a nacer muerto. Hasta ahora, el Estatuto vascongado y la Foralidad navarra han servido para enriquecer a la burguesa empobreciendo al pueblo, segn la teora de la depauperacin, y el capitalismo financiero-especulativo la agranda y agrandar an ms.

El concepto de lucha de liberacin nacional de clase va indisolublemente unido al de Euskal Herria como marco autnomo de lucha de clases. Si se rechaza uno, ms pronto que tarde se rechaza el otro, y viceversa. La prioridad dada al parlamentarismo y al acuerdo con la burguesa autonomista y con otras fuerzas interclasistas y estatalistas que quisieran sumarse implica la supeditacin del pueblo trabajador a tales pactos. Ello exige que indefectiblemente el marco vasco de lucha de clases quede supeditado a la poltica internacional progresista para reformar las instituciones imperialistas sin citar jams el concepto maldito de revolucin. As, el marco autnomo vasco de lucha de clases, imprescindible entre otras cosas para explicar y defender el marco vasco de relaciones laborales, se difumina hasta desaparecer en la poltica internacional del abertzalismo oficial: parlamentarismo absoluto en Madrid y en la Unin Europea, alianza electoral con ERC y BNG, felicitaciones a Obama y Trump, apoyo a la paz en Colombia, loar al Frente Amplio uruguayo, etctera.

Las transformaciones profundas en el capitalismo mundial se expresaban entonces en el creciente ataque de la patronal y de su Estado, con el apoyo de la patronal vasco-espaola, contra el marco vasco de relaciones laborales que garantizaba que el retroceso de las condiciones de vida y trabajo fuera menor aqu que en otros pueblos. En la medida en que se defenda y se defiende ese marco laboral vasco se demuestra la necesidad de sostener en la prctica diaria el marco autnomo de lucha de clases y a la vez la lucha nacional de clase del pueblo trabajador. Constituyen una totalidad inconciliable con el capital financiero-especulativo que exige ciegamente la indefensin absoluta de los pueblos. Este antagonismo fue endurecindose y extendindose desde los aos 80 hasta llegar al paroxismo en 2007, cuando dio un salto an ms salvaje en la destruccin de toda resistencia.

Y cuando ms urgente era ofrecer al pueblo trabajador y a la militancia una explicacin slida de lo que suceda, muy en especial desde la Gran Depresin de 2007, no se hizo, o se hizo poco, mal y tarde. La militancia y el pueblo trabajador en su conjunto vio cmo en muy pocos aos del optimismo cegato de Zapatero en 2008 a la catstrofe desde 2010 se esfumaba en la nada la mitologa del capitalismo bueno, volviendo la realidad cruda que se haba endurecido en el subsuelo social y en la inconsciencia alienada. Una fuerza revolucionaria se mide, entre otras cosas, por su capacidad de marcar lnea sobre todo cuando se inician las crisis estructurales porque es en ellas cuando afloran las inseguridades, dudas y debilidades de las clases explotadas, cuando resurgen los autoritarismos y hasta los fascismos segn los casos, y cuando la burguesa hace esfuerzos titnicos por crear su propia direccin poltica que le saque del atolladero.

Pese a todas sus dificultades, ETA, tanto como movimiento amplio como organizacin, lo logr en los aos 70. Aqu debemos insistir en que en ese amplio movimiento tambin actuaban otras organizaciones salidas de las ETA escindidas y del poderoso movimiento autoorganizado en su rica y diversa complejidad que se expresaba en el conjunto de la clase obrera de aquellos aos sin olvidarnos de las izquierdas de origen estatal, en sectores de la pequea burguesa y muy escasos de la mediana burguesa, que tena en el pueblo trabajador su fuerza ms organizada. El mrito no fue exclusivo de ETA-organizacin, aunque fuera determinante en ciertos momentos decisivos.

El grueso de las izquierdas y reformismos duros que de algn modo impulsaron aquellas prcticas de masas desaparecan pulverizadas por las nuevas formas del capital y por los cambios internacionales. Precisamente esto haca que se multiplicase la responsabilidad de la Izquierda Abertzale como la nica fuerza de masas populares existente, para dar una alternativa revolucionaria a la crisis. La solucin ofrecida fue la nueva estrategia. Lo primero que saltaba a la vista en los documentos oficiales sobre el cambio de estrategia era la desaparicin de todo rigor terico en comparacin a los debates habidos incluso bajo la dictadura, en la clandestinidad.

El contraste era de tal magnitud que, para ocultarlo o justificarlo en el peor de los casos, se recurri a una forma del llamado neo lenguaje que permita que el famoso debate de cambio de estrategia se realizase en el vaco de las grandes palabras huecas, sin soporte crtico sobre la realidad objetiva existente. Dejando de lado muchos de los mtodos que escoraron el debate hacia un lado, lo cierto es que los documentos oficiales eran insustanciales y con una terminologa deudora de las modas ideolgicas del momento.

La deriva consisti por tanto en el deslizamiento rpido desde el anticapitalismo de Herri Batasuna, su defensa del derecho a la resistencia y a la independencia, para concluir en el interclasismo de EH Bildu. Se parta de una tradicin de lucha sustentada en parmetros cuando mnimo anticapitalistas y socialistas en la IV Asamblea de ETA, con los sustanciales avances del socialismo revolucionario y del marxismo tal cual se haban podido elaborar en la poca de la V Asamblea, ms los cruciales aadidos posteriores elaborados gracias al fragor de los debates con el Frente Obrero, con ETA (p-m), con los Comandos Autnomos, etc. Se ha terminado con las felicitaciones de EH Bildu a Donald Trump precedida en el tiempo con la felicitacin a Obama y con su firma en una Declaracin del Congreso espaol loando a las fuerzas represivas, por ejemplo. Los impactos de esta evolucin en las bases son conocidos. Se han reforzado con el abandono de la forma-movimiento y con la aparicin del partido dirigente, que algunos denominan partido-movimiento para intentar cuadrar el crculo.

El argumento central aducido para justificar el giro a la nueva estrategia deca que el Estado haba logrado anular la eficacia de la interrelacin de todas las formas de lucha para ampliar la conciencia independentista, la autoorganizacin popular y el avance electoral abertzale, y que por tanto haba que cambiar de rumbo echando por la borda lo que hiciera falta, lo que impidiese la normalizacin democrtica, la conquista de la paz. Se trataba, en suma de sacar el conflicto de las calles para llevarlo al parlamento.

Obviamente, sigue sin haber garantas democrticas verdaderas para analizar en pblico este argumento en su totalidad. Sin embargo, tras varios aos, los hechos cantan: el independentismo retrocede o cuando menos, se estanca; la autoorganizacin popular justo empieza a reponerse, pero fuera de la oficialidad abertzale; y con respecto al voto abertzale habr que esperar a los resultados de las diferentes elecciones futuras porque nunca hay que fiarse se los sondeos y el subjetivismo a favor o en contra de EH Bildu condiciona muchos las opiniones al respecto.

Hay una intensa campaa de ideologizacin que explica que, en una escala de opcin poltica de izquierda a derecha dividida en 10 casillas, EH Bildu ocupa las tres casillas de la izquierda 1, 2 y 3; que el voto espaol y autonomista ocupa las tres casillas de la derecha 8, 9 y 10, y que el voto a ganar est en el medio 4, 5, 6 y 7, con varios matices del centro. Se trata de ganar votos en 4 y 5, tal vez en 6, aunque se pierdan algunos en 1 y tal vez en 2. No podemos hacer ahora una crtica de la mercado-tecnia electoral, ni de la sociologa en la que pretende legitimarse, ni tampoco en las cesiones polticas que tiene que hacer el abertzalismo oficial para ganar centristas. El mercado del voto suele ser rentable en muchas circunstancias y por eso no sera sorprendente que EH Bildu lograse sumar ms votos de las casillas 4 y 5, y tal vez de 6, que los que perdiese en las casillas 1 y 2. Pero el debate no radica en la cantidad de votos de centro que se compren o que se logren de prestado y que luego habra que devolver, sino en su hipottica calidad poltica para aguantar el endurecimiento de la lucha de liberacin nacional de clase.

Desde mediados del siglo XIX se ha debatido en la izquierda y el reformismo sobre la poltica parlamentario-electoral ms efectiva segn qu objetivos, con cuatro lneas generales:

  1. ninguna eleccin ni parlamentarismo sirven para cambiar el mundo, luego no hay que votar nunca;
  2. algunas elecciones sirven para acumular fuerzas siempre que estn supeditadas a la lucha de clases en la calle, que es la que dirige y garantiza el avance de la liberacin, luego hay que votar selectivamente para fortalecer la lucha de clases;
  3. todas las elecciones sirven para avanzar siempre que la lucha de clases est supeditada a la acumulacin de votos, luego hay que votar siempre pero evitando que la lucha de clases desborde al juego parlamentario que es el decisivo; y
  4. todas las elecciones sirven para avanzar siempre que se paralice la lucha de clases porque espanta votos del centro, luego hay que votar siempre pero sin lucha de clases.

Hasta la nueva estrategia la Izquierda Abertzale se posicionaba por la segunda va, la revolucionaria a nuestro entender, pero ahora se ha lanzado al parlamentarismo absoluto mezclando posiciones de la tercera y cuarta va segn las circunstancias.

Teniendo en cuenta todo lo visto, pienso que es imposible que el conjunto de la Izquierda Abertzale abandone esta estrategia que es de larga duracin, tanta como sea necesaria para construir un bloque histrico capaz de integrar a amplios sectores de la pequea y mediana burguesa autonomista y regionalista, incluso de sectores circundantes a Podemos y a esas franjas que se dicen progresistas, europestas, pacifistas y que en modo alguno cuestionan la opresin nacional ni el capitalismo, sino que solo quieren suprimir lo malo quedndose con lo bueno.

Esta estrategia exige la colaboracin de Sortu, que debe justificarla, preparar la militancia para reforzar EH Bildu, amoldar sus ideas particulares al nivel medio del reformismo de EH Bildu, silenciar las posibles dudas o crticas internas que alguna militancia de base pueda tener, argumentar porqu hay que arrinconar y marginar a los colectivos independentistas y socialistas, etc., que han tomado otro camino que piensan ms efectivo para esos mismos objetivos, al menos en su enunciacin formal.

No niego que existan en Sortu militantes que se definan comunistas, o marxistas; tampoco niego que actos de EH Bildu que van de algn modo contra la identidad nacional de clase del MLNV en su historia sienten mal en sectores de Sortu y/o de LAB, Ernai-Aitzina, etc. Pero en la medida en la que han asumido esa va de largo, de muy largo recorrido, no tienen ms remedio que ceder en lo sustantivo, aunque mantengan e incluso recuperen algunos eslganes anteriores. Pero ms temprano que tarde debern enfrentarse a los hechos: cuando se endurezcan an ms las opresiones, se agudizarn los lmites insuperables del parlamentarismo espaol en Hego Euskal Herria, como ha ocurrido ya con el choque entre EH Bildu y el PNV sobre los presupuestos para 2019 y las ayudas sociales. A pesar de que EH Bildu ha cedido hasta ms all de lo imaginable, al final se ha encontrado al borde del precipicio y se ha echado para atrs. A otro nivel tenemos las tensiones que generan los gaztetxes dentro de EH Bildu y entre sus aliados; en fin, abundan los ejemplos que muestran cmo las alianzas electoralistas e interclasistas son ms temprano que tarde incompatibles con la liberacin nacional de clase.

En realidad, el problema para estos militantes es ms grave porque justo han cedido ante el reformismo aunque sigan sintindose revolucionarios cuando era urgente satisfacer la necesidad perentoria de (re)crear una estrategia apta para luchar contra las nuevas formas de opresin surgidas desde finales del siglo XX y asentadas ya estructuralmente ahora mismo. Una de tantas expresiones de la nueva realidad es la sobreexplotacin, empobrecimiento y precarizacin creciente del pueblo trabajador mientras que, por el lado contrario, se enriquece la burguesa.

Es un cambio de fase en el capitalismo, como iremos viendo, que solo puede ser combatido no volviendo al reformismo del siglo XIX, adaptndolo, sino abriendo nuevos frentes de ataque del pueblo trabajador contra el capitalismo actual y su forma de opresin nacional. Es decir, el debate estratgico que debiera haber hecho el MLNV desde al menos 2007 es el de cmo desarrollar el independentismo socialista en las nuevas formas y contenidos que ha adquirido el marco autnomo de lucha de clases en Euskal Herria. No lo ha hecho porque ha quedado anclada en las ideas anteriores al cambio de fase, ideas atadas al capitalismo keynesiano y a las ideologas que hemos citado arriba. Atrapada la cabeza en los cepos mentales es imposible comprender los cambios en el marco autnomo vasco de lucha de clases: uno de tantos ejemplos es el abismo que se ha abierto entre los sectores conscientes de la juventud trabajadora y EH Bildu.

En este tiempo, sin embargo, no se ha materializado un nuevo colectivo, movimiento o partido que reme en la direccin de recuperar las seas de identidad de la IA A qu piensas que es debida esta orfandad organizativa?

Las lecciones histricas requieren tiempo para que sean asimiladas como tales, y sin ellas es imposible o extremadamente difcil abrir una nueva va de avance. Hemos dicho que el capitalismo, siendo el mismo, ha cambiado desde finales del siglo XX de fase en la forma de acumulacin, lo que implica que tambin lo ha hecho en la forma de produccin y reproduccin. Son cambios que afectan a la totalidad social a escala mundial. Pero hay ms, esta nueva fase no ha logrado abrir una onda larga expansiva, sino que ha ido bajando en diente de sierra poco a poco, de crisis parcial en crisis parcial tras rebotes puntuales, hasta estallar en 2007 en la tercera Gran Depresin que vuelve a agravarse.

Debemos partir de esta realidad para comprender las dificultades que debe superar la reorganizacin de la militancia vieja y nueva, adulta y joven, que no ha aceptado la nueva estrategia. La orfandad terica sostenida desde finales de los aos 90 ha hecho que la militancia crtica adulta est bastante desbordada por la profundidad de los cambios capitalistas, aunque su espritu crtico le debe facilitar salir antes del bache. La militancia crtica joven lo tiene ms fcil porque ya malvive en un contexto que da a da le demuestra que no tiene futuro humano si no lo revoluciona, lo que le lleva a chocar con los dogmas reformistas del tipo que sean : o cede y muere en vida degenerando en un instrumento pasivo del capital, o lucha autoorganizndose en poder juvenil con la correspondiente e imprescindible teora revolucionaria que, al menos, explique cinco procesos.

Uno, las teoras ancladas en el marxismo sovitico se haban agotado desde haca tiempo. Adems, el eurocomunismo entr en barrena cuando el capital lanz su ofensiva mundial mal llamada neoliberalismo y muchos burcratas del partido se plegaron a las rdenes para mantener sus salarios. Luego le siguieron las versiones trotskistas, maostas y dems que se sostenan en la medida en que sobreviviese la URSS y en que China Popular no iniciase su giro al capitalismo controlado por el Partido, que ni siquiera al socialismo de mercado. A la vez, los grandes sindicatos se corporativizaron, sus burocracias se aferraron a los puestos seguros, solo empezaron luchas defensivas del llamado obrero masa mientras que se desentenda de las opresiones del llamado obrero social de la fbrica difusa, por usar esta terminologa. Era el final de una larga fase de interpretacin euroccidental de las luchas mundiales habidas hasta los aos 70, interpretacin realizada desde despachos de partidos y sindicatos, desde aulas y ctedras universitarias, desde medios de prensa ya casi controlada o ya controlada por la industria poltico-meditica una casta intelectual muy alejada de las verdaderas condiciones de vida y trabajo de las clases explotadas que ya reciban los golpes cada vez ms duros del ataque burgus.

Dos, simultneamente a este derrumbe de la izquierda obsoleta se produca una intensa campaa propagandstica a favor de todas las formas del individualismo burgus, un ataque frontal a los valores de solidaridad colectiva y de apoyo mutuo. El ataque al Estado llamado del bienestar (sic) se intensific desde esos momentos en varios frentes: uno bastante efectivo en la despolitizacin de la izquierda radical fue demostrar a lo Foucault que haba desaparecido la centralidad estratgica que realiza el Estado como la forma poltica del capital y que solo existan redes de micro poderes bastante separados entre s. Otro bastante efectivo fue el de la supuesta sociedad post industrial as como la muerte del proletariado, en un marco social ms amplio en el que las modas postmodernistas, postmarxistas, etc., se reforzaban con el reformismo de los significantes vacos de Laclau. Por no extendernos, la demagogia negrista sobre que el imperialismo haba dejado de existir

Tres y sobre todo, la ofensiva ideolgica pareca estar confirmada por la imagen triunfalista con la que el imperialismo ocultaba la realidad. Mientras que las crisis financieras, industriales y/o de servicios no financieras se sucedan una tras otras, la gigantesca manipulacin meditica, el desplome y descrdito creciente del reformismo, el efecto alienante del dinero fcil de los crditos bajos, de las grandes y rpidas ganancias especulativas de alto riesgo ocultaban la sobreexplotacin, el endeudamiento de las clases trabajadoras, la reduccin del salario diferido en forma de pensiones, servicios pblicos, etc. La primera advertencia seria de que algo no marchaba en el triunfalismo imperialista militarizado fue el sbito hundimiento de las bolsas de octubre de 1987, al poco tiempo de iniciarse la contraofensiva del capital a comienzos de los aos 80. La clase obrera industrial clsica fue vencida y los pueblos que se resistan al expolio atacados con saa. Pero estas victorias del capital ocultaban su creciente debilidad interna demostrada en el Viernes Negro de octubre de 1987 y las cada vez ms frecuentes, graves e interrelacionadas crisis que le siguieron hasta 2007. Sin embargo, la engaosa creencia de invulnerabilidad burguesa haba quedado slidamente establecida cuando sectores de la Izquierda Abertzale empezaron a decir que haba que cambiar de estrategia porque la vieja haba fracasado. No eran los nicos que se creyeron esa mentira: tambin se la tragaron los grandes bancos y corporaciones, la FED, el Banco Central Europeo, el Banco de Basilea, el FMI, el Banco Mundial, la OMC y la casta de economistas e intelectuales del sistema.

Cuatro, debemos tambin tener en cuenta que los cambios de fase capitalista son largos y muy convulsos con ritmos desiguales pero combinados a la larga. Junto a los cambios socioeconmicos y sociopolticos se produjeron transformaciones en las dinmicas de las clases sociales, en la jerarqua y tensiones interimperialistas, en el interior de los pases y Estados con largas luchas de clases, etctera. Estas contradicciones en el trnsito a la nueva fase del capital enmarcan las diferencias y similitudes de las negociaciones entre las grandes guerrillas no los grupitos medio desarmados y el imperialismo en varios continentes. Hablamos en plural de guerrillas urbanas, rurales o mixtas, y de imperialismo en singular porque no hay otra forma de explicarlo, aunque no podamos desarrollar aqu ese argumento obvio por dems. Contraviniendo todo rigor lgico se ha intentado argumentar la necesidad de la nueva estrategia mediante una abstraccin y generalizacin abusivas de esas negociones con el imperialismo. Semejante mtodo de reduccin al absurdo de la dialctica de la historia tambin debilita y mucho la capacidad de comprensin por la militancia de lo que realmente es el imperialismo, con efectos negativos sobre el futuro de Euskal Herria.

Y cinco, las diversas formas de devastacin psicopoltica causada por lo anterior ms el propio proceso del cambio de estrategia. Nunca debemos olvidar que la conciencia poltica media se sustenta en mayor o menor grado sobre fuerzas inconscientes y subconscientes, sobre afinidades emocionales y culturales; fuerzas que tienen un contenido poltico no consciente. Por un lado, el ataque capitalista ha golpeado muy duramente la psicologa de masas de la fase keynesiana, reviviendo los miedos y dependencias que impulsan los autoritarismos y neofascismos, la violencia patriarcal, el racismo, etc. Por otro lado, la mundializacin de la ley del valor ha agravado las opresiones nacionales clsicas y creado otras nuevas la opresin de Estados y pueblos formalmente independientes pero saqueados por el capital financiero-especulativo hasta extremos solo imaginados por la reducida minora marxista. Adems, las presiones sutiles o descaradas contra los sectores crticos por parte del abertzalismo oficial las ha habido y las hay tambin afectan al magma de dependencias y relaciones afectivas, psicopolticas, que tienen mucha influencia en la vida cotidiana. Esto explica en parte que bastantes bases y franjas simpatizantes hayan abandonado parcial o totalmente la poltica organizada manteniendo su voto y, cada vez menos, su participacin en movilizaciones de masas. Es una respuesta emocionalmente defensiva para evitar conflictos psicopolticos sobre todo en la cotidianeidad interpersonal precisamente en una sociedad burguesa extremadamente virulenta y agresiva contra el universo de lo afectivo, porque necesita mercantilizarlo y volverlo reaccionario.

Bsicamente, estas son las razones principales por las que los sectores crticos se han encontrado con dificultades para autoorganizarse en su proyecto de reactivar los contenidos revolucionarios del independentismo en la actual fase capitalista. Avanzar en esa autoorganizacin exige interiorizar esos cambios en todos los sentidos.

Piensas que existen mimbres en forma de cuadros, militantes jvenes que podran asumir esa tarea?

S existen; algunos de ellos se fueron formando desde hace varios aos y otros ms recientemente. Pero tambin existen militantes adultos que han aprendido mucho sobre formas de autoorganizacin, de contrapoder, de resistir a la contrainsurgencia y hasta vencerla en batallas parciales, pero de gran transcendencia Una parte del pueblo trabajador tiene an un saber revolucionario acumulado que se resiste a morir bajo las promesas parlamentarias y se resiste por la sencilla razn de que da a da ve que esas promesas son desmentidas por las crecientes injusticias. La juventud crtica cometera un error estratgico si despreciase la militancia conjunta con estas y estos militantes. Aun as, la juventud debe aprender por s misma.

Constatar esta realidad es solo una parte de la respuesta porque quedan otras dos, al menos. La tercera parte ser respondida en la siguiente pregunta que me haces.

Mucha juventud intuye que le han arrancado los derechos de sus padres, que se los han arrancado en la prctica, aunque siguen escritos an sobre el papel. Una parte ms reducida es consciente de ello y lo argumenta con una seriedad terica admirable. El problema al que se enfrentan a la hora de ampliar sus redes es mltiple: carencia de medios y locales, presiones en contra del poder adulto y sobre todo en la universidad y en la precarizacin del trabajo asalariado presiones que golpean con especial contundencia a la juventud femenina.

Pero, y ahora entramos en la segunda parte de la respuesta, este sector concienciado puede extenderse si sabe trabajar, si profundiza y ampla la autoorganizacin y los espacios de contrapoder en todos los sentidos, no solo en los gaztetxes, que son imprescindibles pero que no deben ser los nicos. Ms an, en determinadas situaciones en las que al poder y al reformismo les interese ofrecer una imagen de tolerancia, los gaztetxes pueden terminar siendo un gueto ms o menos permitido por el sistema siempre que no intente extender su proyecto revolucionario a la calle, siempre que no se conecte slidamente o lo haga de manera puntual, con otras reivindicaciones populares, euskaltzales, feministas, ecologistas, etc. Pero antes de fundirse con otras luchas exteriores al gaztetxe, la juventud ha de conocer qu le depara la nueva fase capitalista. Veremos solo cinco de las novedades ms importantes:

Una, ya es sabida, la juventud vive y vivir peor que sus aitas, con menos derechos y libertades, con ms explotacin e inseguridad vivencial. Dos, la institucin familiar correspondiente a la fase keynesiana y Taylor-fordista no puede resolver por ella misma los problemas de la juventud actual, por lo que el problema que se presenta al poder adulto es cada vez ms poltico de alienacin y disciplinarizacin especialmente contra las jvenes. Tres, es la primera vez en la historia capitalista de Euskal Herria en la que la juventud trabajadora se enfrenta al dilema creciente de emigrar econmicamente o malvivir en la penuria de malos salarios, etc., lo que plantea problemas nuevos en todos los sentidos. Cuatro, el abismo que separa a la juventud concienciada con el sistema poltico-sindical reformista adulto se acrecienta y agrava objetivamente porque los esquemas mentales de estas fuerzas son los de la fase capitalista periclitada. Y cinco, se multiplican las presiones contra los sentimientos vascos y su conciencia nacional de clase porque el poder tremendo que va desarrollando el capital financiero-especulativo se refuerza con la nueva ideologa ultra reaccionaria y cosmopolita iudadano del mundo y su lex mercatoria en el sentido de los tiburones burstiles de los mercados financieros desregulados, de la banca en la sombra, etc., lo que unido a lo anterior est creando una problemtica nacional-juvenil incomprensible para el poder adulto, problemtica que abarcar con sus contradicciones a la totalidad social cuando esta juventud se haga adulta.

Sin referencia organizativa, la potencialidad revolucionaria del pueblo trabajador vasco se podra definitivamente perder histricamente ha habido casos como el PCE Se debera dar ya el paso de crear organizacin, de crear movimiento o partido?

Esta pregunta es decisiva, as que debemos responderla sin prisas aclarando varias cosas: los servicios que ha cumplido y cumple el PCE al capitalismo espaol son los que explican su desplome a pesar del fascinante herosmo de su militancia. Al menos, desde mayor de 1937 el PCE asumi la defensa del nacionalismo de la llamada burguesa democrtica espaola, reforzada luego en 1956 con la reconciliacin nacional y en 19771978 con la Constitucin. Esta sumisin prctica es la que le ha hundido, su estalinismo y su eurocomunismo eran justificaciones ideolgicas para explicar su sumisin al capital y al nacionalismo imperialista espaol. A la vez es la que ha impedido que surgieran verdaderas izquierdas revolucionarias, excepcin hecha de colectivos que admiramos.

Mucho ms aleccionadora es la putrefaccin de EIA-Euskadiko-Ezkerra tanto por surgir de ETA como por las fuertes resistencias internas que intentaron evitar la debacle y lograron reconducir gran parte de su militancia a la izquierda pero eso se logr fundamentalmente a que segua existiendo la otra ETA, la militar o de V Asamblea y el conjunto del movimiento de liberacin. El caso de Auzolan, como imposible salida intermedia, es un ejemplo de ello. Por el lado radicalmente antagnico al PCE y a EIA-EE, tenemos otros referentes de lucha armada y poltica como los Comandos Autnomos, Iraultza e Iparretarrak. En otro nivel ms bajo tenemos la impresionante prctica de formas de resistencia, de denuncia y protesta, de huelgas de todo tipo, de creacin de movimientos populares y de colectivos para casi todos los problemas creados por la burguesa o para todos, de autodefensa en todas sus formas incluidas las de destruccin de propiedades burguesas, pero sin atacar a la vida humana. En la larga historia de las varias organizaciones de la Izquierda Abertzale en su sentido amplio y abarcado, y tambin en el restringido a sus siglas oficiales sucesivamente ilegalizadas, se ha producido una lista extensa de textos de diversa vala, pensados y debatidos en condiciones represivas y de asfixia poltica.

He comparado el reformismo ms descarado con varias expresiones de la praxis revolucionaria en su generalidad para mostrar que el potencial emancipador que se sigue expresado en muchas luchas y que late en otras ms tiene una impresionante universidad popular en la que aprender determinadas constantes que se reiteran en su esencia y que deben ser adaptadas a las nuevas realidades, mientras que simultneamente estudiamos problemas nuevos, inexistentes hace treinta aos. Ninguna referencia organizativa puede crearse sin esta dialctica entre lo permanente, lo viejo y lo nuevo porque no es solamente terica sino tambin vivencial, de experiencia vivida, de necesidades y deseos volcados en la militancia pasada y presente, con proyecciones al futuro, y frustrados ms o menos por el giro desconcertante de la nueva estrategia.

En base a lo que he expuesto con mucha rapidez, podemos decir que ya de entrada existen experiencias bsicas. Una de ellas y fundamental es que la creacin de nuevas organizaciones o colectivos es, adems de un derecho incuestionable, tambin una constante que se repite en los momentos de crisis profunda. Con la estabilizacin definitiva del franquismo a comienzos de los aos 50, se produjo la crisis de estrategia de los partidos que esperaban la intervencin aliada despus de 1945. Fue en ese momento cuando se cre Ekin enfrentndose al PNV. Coincidiendo con la crisis de la autarqua y el Plan de Estabilizacin de 1959 y la nueva oleada de luchas en 1961, se cre ETA. La aparicin de nuevas organizaciones ETA berri-MC y ETAVI-LCR se produjo en plena crisis mundial iniciada a finales de los aos 60. En este clima generalizado, en 1971 se crea Iparretarrak rompiendo con el viejo pacifismo. La aparicin deLA IA y luego de ETA (p-m) y ETA (m) durante la crisis socioeconmica y poltica del franquismo. Los debates internos en el independentismo, las ambigedades de la Alternativa KAS, las escisiones en ETA (p-m) por la deriva reformista de su direccin, la continuidad de la crisis del capitalismo y las luchas autnomas, hacen que surjan los Comandos Autnomos y poco despus aparece la organizacin Iraultza que critica a las dems que no prestasen suficiente atencin a las reivindicaciones obreras y populares.

No citamos a la mayora de las organizaciones, solo a las ms conocidas, porque es suficiente para ver que la vivacidad de la izquierda vasca en su sentido amplio se ha sostenido tambin en los aportes de crticas y de experiencias realizadas por nuevas organizaciones que se han ido creando o escindiendo de otras en los momentos de crisis. La misma historia de ETA en general muestra cmo las direcciones terminaban aceptando e integrando parte de crticas realizadas por las nuevas organizaciones surgidas o escindidas de ella, excepcin hecha como es lgico de las cuestiones estratgicas esenciales para los objetivos histricos irrenunciables. La dialctica del conocimiento explica perfectamente por qu se asuman planteamientos novedosos de otras organizaciones, excepto en las cuestiones de identidad de objetivos irrenunciables y de sus correspondientes estrategias.

Este mismo anlisis podramos extenderlo a las consecuencias para la izquierda mundial de las dos grandes depresiones anteriores, viendo cmo a grandes rasgos y dentro del desarrollo desigual y combinado, esas crisis y las oleadas de luchas que se propiciaron con el estallido de las contradicciones, facilitaron la creacin de organizaciones nuevas o que se escindieron de otras ya anquilosadas. Lo que ocurre en la depresin actual es que ahora el capital debe enfrentarse a problemas nuevos, que no existan ni a comienzos ni a mediados del siglo XX, y que aaden dificultades cada vez mayores a los ya de por si crecientes frenos internos a la acumulacin de capital. El debate sobre los lmites del capitalismo surgi antes del marxismo, intensificndose cada vez que la salida de una crisis se haca a costa de echar el baln hacia adelante a patada limpia, es decir por la guerra y/o por otras formas de violencia, posponiendo para un futuro el estallido de nuevas crisis ms devastadoras. Esta es la leccin histrica incuestionable. Y ahora, y de forma cada vez ms alarmante desde 2007, se est intensificando aquel debate iniciado con la economa poltica clsica, liberal, colonialista y premarxista.

La hecatombe de 2007 tambin hizo que surgieran organizaciones nuevas o a partir de grupos anteriores: en el Estado espaol tenemos a Podemos, Ciudadanos, Vox, multitud de colectivos de izquierda en barrios y pueblos, etc.; en las naciones oprimidas otro tanto. La socialdemocracia clsica, el laborismo y el partido demcrata yanqui, por centrarnos en ellos, sufrieron y sufren tensiones con sus alas reformistas duras. Incluso la derecha civilizada alemana, britnica, francesa, por no hablar de la extrema derecha sufre presiones por sus derechas ms derechas. Recientemente tenemos en los chalecos amarillos franceses un ejemplo de libro : el salto en la compleja lucha de clases con la entrada en escena de fracciones de la clase obrera dormidas hasta ahora, que demuestran un dominio excelente de las intercomunicacin horizontal y autoorganizada superando las limitaciones de las clebres mareas en el Estado espaol.

Tambin tenemos otras luchas obreras y populares en Europa silenciadas por la prensa, o que no tienen ms remedio que citar como la irrupcin de la mujer trabajadora, del pensionado, de la juventud, de los movimientos populares de consumidores, las reivindicaciones de la polisexualidad, colectivos antirracistas, de apoyo mutuo, de libertad de expresin, de lucha internacionalista, de cultura crtica, socioecologa y de calidad de vida, etc. Semejante policroma recuerda la exquisitez analtica de Lenin en el Qu hacer?, o de Rosa Luxemburg cuando pulverizaba a quienes decan que la lucha de clases estaba desapareciendo, o la precisin quirrgica de Mao sobre las clases sociales en China Uno de los peores efectos que sobre la militancia abertzale ha tenido la socialdemocratizacin ha sido el desprecio engredo de la teora marxista en general y en este caso en concreto de la organizacin.

Pues bien, esta aparente vuelta nunca se fue de la lucha de clases y a la vez de los neofascismos y fascismos, como su unidad de contrarios, solo se explica mediante la dialctica entre la espontaneidad y las pequeas organizaciones de izquierda que siempre resisten mal que bien, con dificultades, en el interior de la clase trabajadora en los perodos de relativa calma. Esta dialctica se acelera durante las crisis fortaleciendo con frecuencia a las organizaciones revolucionarias que han sabido aguantar en las largas sequas si es que no cometen errores de sectarismo, dirigismo, etc. Durante las sequas sociales es vital no solo conservar la memoria de lucha y resistencia, la dignidad, sino tambin es vital seguir desarrollando la teora porque siempre se deben extraer lecciones de la realidad en movimiento, sobre todo cuando parece que ese movimiento no existe, se ha paralizado y se ha impuesto la quietud, la normalidad democrtica.

Pongamos un ejemplo del valor de la teora: en un debate reciente sali a colacin el papel de la sociologa como instrumento del capital, adems de sus propias limitaciones para comprender los cambios cualitativos y sbitos. Se hablaba de las manipulaciones sociolgicas del PNV-EITB como la del informe de finales de 2017 sobre la supuesta despolitizacin de la sociedad vasca, precisamente cuando se estaba viviendo una recuperacin de las luchas como se vera a los pocos meses. Lo significativo fue que esa supuesta despolitizacin fue aceptada como verdadera por Naiz-Gara, que encima quiso hacernos creer que daba la razn a un vocero de EH Bildu que haba dicho lo mismo poco antes. Una suficiente preparacin terica y sobre todo una vivencia interna en el malestar social creciente, hubiera bastado para descubrir la tramposa manipulacin alienadora del PNV-EITB, pero las y los lectores de Naiz-Gara no tuvieron a su disposicin una crtica tericamente rigurosa de las limitaciones inherentes a la sociologa y de su funcin poltica.

Este ejemplo, que podemos extenderlo al ridculo total de la sociologa y de la casta poltica francesa para siquiera intuir la irrupcin de los chalecos amarillos que tambin se movilizan en Euskal Herria, nos abre la puerta para entrar definitivamente al tema, en donde tambin se ha repetido la constante segn la cual durante las crisis tienden a crearse o escindirse nuevas organizaciones. Dejando intentos fugaces que no llegaron siquiera a tener nombre, terminaron apareciendo colectivos como IBIL, el movimiento popular Amnistia Ta Askatasuna mientras que otros movimientos populares, colectivos y personas reconocan cada vez ms su distanciamiento con respecto al abertzalismo oficial. La decisin de suprimir la gran autonoma de la llamada cuarta pata, los movimientos populares, encorajin el choque ya de por s duro. Los movimientos populares pasaran a ser simples correas de transmisin perdiendo su histrica autonoma que fue uno de los secretos de la gran fuerza de masas del MLNV. Quedaran solo tres patas: sindicato, organizacin juvenil y partido. Ya ha surgido la reflexin sobre si rpida o lentamente, al final el partido terminar dirigiendo al sindicato y a la organizacin juvenil.

Visto lo visto, es por tanto muy comprensible que se aceleren las dinmicas que, segn se comenta, pueden ir confluyendo en una corriente ms amplia que temprano o tarde se autoorganice por su cuenta dentro de la izquierda abertzale en su sentido amplio. Hablando un poco hegelianamente, se dira que su existencia correspondera a una especie de ley histrica confirmadas situaciones similares. Desde esta perspectiva hay que decir que su aparicin, de producirse, no sera negativa para el conjunto de la lucha de liberacin nacional de clase, aclarara posturas, sacara a la luz debates que ahora se mantienen entre silencios y servira para movilizar fuerzas ahora desilusionadas, que permanecen en la pasividad. Nadie, ninguna organizacin, puede negar el derecho a crear algo nuevo, y sera un error garrafal intentar destruirlo con trucos sucios.

Yo no soy nadie para decir cuando tiene que surgir ese colectivo y menos cmo debe hacerlo. Los dirigismos mesinicos han fracasado siempre.

En estos aos de orfandad organizativa se han podido dar casos de iluminados, organizaciones estatales que han ido a Euskal Herria a pescar o incluso sinvergenzas polticos que han creado chiringuitos arrogndose la historia del MLNV si no se crea organizacin Piensas que este tipo de fenmenos podra consolidarse?

Personalmente veo incorrecto que izquierdas que se sienten espaolas y que creen que la nica forma organizativa posible es la sometida al centralismo estatal, tengan o busquen implantacin en las naciones oprimidas por su propio Estado. Pienso que es una ceguera absoluta no haber comprendido an las terribles lecciones del fracaso de la URSS estalinizada a la hora de resolver el agudo problema del nacionalismo imperialista gran-ruso. A pesar del triunfalismo oficial sobre la resolucin de los llamados problemas nacionales, rpidamente se demostr que el fortalecimiento de nacionalismo gran-ruso era necesario para estabilizar el poder de la burocracia y que este fue uno de los detonantes de la implosin de la URSS. Es ilgico mantener contra viento y marea tesis organizativas en lo territorial despus de casi 102 aos del inicio de la revolucin bolchevique que en los primeros aos resolvi magistralmente este asunto, pero fue desbordada luego por el renacer del nacionalismo gran-ruso. Es dogmtico y suicida para esa izquierda querer trasladar mecnicamente la experiencia en s misma contradictoria de un imperio tan diferente a las naciones oprimidas por el Estado espaol, en otra fase capitalista, con una estructura de clases diferente, con medios de comunicacin en tiempo real que no existan entonces

Por lo que yo s, la mayora de las izquierdas revolucionarias espaolas asumen y defienden el derecho de autodeterminacin, aunque son menos las que militan activamente en favor de la independencia socialista de las naciones oprimidas por su Estado. Pero tambin existen, por un lado, colectivos que dicen claramente que ahora no hay que movilizarse por la independencia, que hay que esperar a que adquiera ms fuerza, que hay que esperar a ver si se refuerza o se debilita, para decidir entonces qu postura tomar. Ven la independencia como una reivindicacin ms de un sector de la poblacin, un frente de lucha tctico sin valor estratgico en el que se debe incidir segn las circunstancias puntuales. Creen que lo decisivo es la lucha unitaria en el Estado nacionalmente opresor, la conquista de la Repblica espaola como va para resolver problemas secundarios como el de los derechos nacionales. No comprenden la dialctica del desarrollo desigual y combinado que ahora es, como mnimo, a escala europea; no entienden qu es eso de lucha nacional de clase ni tampoco qu es el marco autnomo de lucha de clases. No comprenden porqu la lucha de clases en Euskal Herria tiene particularidades y singularidades que no existen ni en Espaa ni en Francia.

Por otro lado, existe por ahora una reducida corriente nacionalista de izquierdas que sostiene que los separatismos son reaccionarios, que el Estado socialista espaol ha de ser centralizado. No hablo de las diversas familias del reformismo de Izquierda Unida, del Partido Comunista de Espaa, etc., sino de grupos que se definen comunistas. Tenemos que establecer con todos ellos relaciones fraternales de debate riguroso sobre el socialismo y el comunismo y la estrategia adecuada haciendo especial hincapi en el imperialismo y las opresiones nacionales, y en el Estado como forma poltica del capital.

Existen condiciones sociales que facilitan que sectores de la juventud trabajadora acepten los argumentos sobre la prioridad de la revolucin en el Estado, porque no encuentran argumentos en la Izquierda Abertzale en su conjunto. Aunque en Sortu y en Ernai-Aitzina se aprecia muy recientemente un intento de recuperar cierta imagen y contenido socialista, tenemos que tener en cuenta las ataduras que han aceptado con respecto a EH Bildu arriba comentadas, lo que les frena casi en seco a la hora de explicar el marco autnomo vasco de lucha de clases, la lucha de nacional de clase, la dialctica entre clase obrera y pueblo trabajador, el papel clave del movimiento popular, la autoorganizacin del poder juvenil en gaztetxes, etctera. Lo tienen an peor: no se puede explicar lo que no se practica porque la mejor pedagoga es el ejemplo. Si surge esa organizacin de izquierda abertzale, sin duda ese ser uno de sus campos de acumulacin de fuerzas independentistas.

Adems de esto, s pueden existir intereses para apropiarse de la tradicin y de los logros incuestionables de la Izquierda Abertzale, desvirtundolos. No sera la primera vez. De hecho, esa especie de robo ha sido y sigue siendo un hbito en muchas izquierdas europeas que han intentado apropiarse en su provecho de la heroicidad de las guerras revolucionarias de liberacin nacional en el mal llamado Tercer Mundo. La adoracin casi fetichista de Che, de Mao, de Ho Chi Minh, de Cabral, de Marighella, de Sankara, de Marulanda, de Sendic, y cada vez ms de revolucionarias decisivas, etctera, ha servido para tapar las enormes incapacidades de grupsculos que, para colmo, se creen en el derecho de dictar rdenes a otros pueblos que s luchan. Para algunos de estos grupos sera una baza manipular la historia del MLNV para usarla como aval.

Argala, Txabi Etxebarrieta, la V Asamblea ese tesoro ideolgico No crees que sin referencialidad organizativa pueda perderse o caer en manos de los citados en la anterior pregunta ?

Cabe esa posibilidad, pero hay otros dos problemas realmente graves, a saber: que ese tesoro se pierda definitivamente, o peor, que sea tan edulcorado, tan descafeinado, tan purgado de su fuerza revolucionaria, de su atractivo tico y de su potencial de futuro que al final sirva para justificar un reformismo que se legitime en figuras mitificadas, vaciadas de s mismas. Los tres peligros son ciertos. El primero de ellos, el que t planteas, es el ms fcil de evitar mediante una permanente discusin terica con esas izquierdas. El segundo, borrarlo definitivamente, es la obsesin del capital, y est directamente relacionado con lo visto al principio sobre conseguir que la supuesta derrota policial sea en realidad la extirpacin de las races sociales que hacen de ETA un fenmeno activo polticamente en la memoria popular, aunque ya no exista como organizacin. Una parte de la llamada batalla por el relato, que en s es una dura batalla poltica, busca simplemente destruir todo relato que no cuadre con el nacionalismo espaol ms reaccionario.

La tercera y ltima es la ms peligrosa y a la vez las ms fcil porque no se intenta acabar con toda la historia de sesenta aos, sino lo que se busca en realidad es acabar con los contenidos que siguen siendo vlidos en el presente y lo sern en el futuro. Se individualiza a algunos militantes especialmente apreciados, se les asla y descontextualiza, se rompe la relacin interna entre sus ideas y proyectos polticos con los que entonces existan de modo que no hay apenas posibilidad de contrate y se demuestra despus que el presente ha cambiado cualitativamente, que ya no es la misma sociedad vasca que entonces exista. De este modo, pueden ponerse imgenes de Argala, por ejemplo, en algn peridico incluso con una frase suya que siga impactando emocionalmente, pero se le ha quitado la estrategia de largo alcance, y los objetivos por los que luch pueden ser difuminados hasta volverlos irreconocibles.

En los dos peligros ltimos estn presentes diversos relatos: estamos frente a un mercadillo de cuentacuentos que coinciden en que el pueblo ignore el contenido poltico socialista y comunista de ETA al menos desde su IV Asamblea. Paseemos por el supermercado de las ideologas en general y de los relatos sobre ETA y podremos quedarnos con el que ms nos guste, y cuando nos cansemos de l lo cambiaremos por otro, y por otro

Una ltima pregunta En la reciente feria del libro de Durango el colectivo Boltxe ha presentado un libro que lleva tu firma junto a la de Josemari Lorenzo Espinosa acerca de nacionalismo revolucionario vasco con una portada que no deja lugar a dudas hblanos del libro y de lo que habis tratado de trasmitir.

El libro es una continuacin y extensin del primero ETA. La historia no se rinde y pretende desarrollar cuestiones importantes que en el primero no tenan cabida, adems la editorial Boltxe ha aadido un Apndice escrito por Jon Iurrebaso. En mi caso particular sigo el proceso de las dos escisiones ms fundamentales, la de la Oficina Poltica en 1966 1967 y la de la Direccin en el interior en 1970. Intento mostrar cmo se fueron creando las primeras bases de lo que algunos definimos como marxismo vasco precisamente durante aquellos aos decisivos. Luego vendran otras discusiones y escisiones, seguidas parcialmente en la Introduccin al primer libro, tenan contenidos diferentes porque ya se haba asentado una visin comn muy diferente a la de ETA berri-MC y ETAVI-LCR.

En realidad, una de las causas de estas dos escisiones ya estaba presente en 1964, ao de la IV Asamblea en la que ETA asume un socialismo algo borroso en muchas cosas, pero con un principio interno que explica lo sucedido hasta hoy: en ese ao, en un documento de la organizacin se afirma que lucha por algo inconcebible para el resto de fuerzas polticas: la independencia de un pueblo que quiere construir el socialismo en el centro de Europa. Si lo analizamos bien, toda lucha dirigida a la supresin de la propiedad privada en cualquiera de sus formas, es sentida como inconcebible, como inimaginable por el poseedor de esa propiedad que ha sido arrancada a la comunidad, al pueblo. Euskal Herria es propiedad privada del capital financiero-especulativo, no es propietaria de s misma como nacin trabajadora explotada. Su independencia y la desmercantilizacin de la lengua y cultura vasca, es decir, su supervivencia, solo ser real en la medida en que exista un poder obrero y popular que dirija la recuperacin de la propiedad colectiva. Un ejemplo de todo lo que hemos visto, es que ahora este objetivo histrico que sintetiza en y para Euskal Herria la historia de la humanidad explotada, tambin es visto como inconcebible por sectores de la Izquierda Abertzale.

Bueno, Iaki, gracias por el tiempo dedicado, por tus respuestas y seguimos todas y todos en la pelea eskerrik asko!

Fuente: http://www.boltxe.eus/inaki-gil-de-san-vicente-nadie-ninguna-organizacion-puede-negar-el-derecho-a-crear-algo-nuevo/



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