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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2018

Las errticas polticas de seguridad y la sobrerrepresentacin del malo

Andrs Arredondo
IPC


Puede decirse que en Medelln siempre ocurren hechos curiosos, por decir lo menos, alrededor de los temas de seguridad. Se presentan estadsticas que niegan la realidad, se alan bandas criminales y fuerza pblica para perseguir capos (lo de Escobar no es el nico caso), ha habido momentos en que las estructuras armadas han demostrado tener tanto poder como para detener el transporte pblico casi por completo, o para producir estrambticas situaciones a las que es difcil dar crdito, como la mercantilizacin del dolor vuelto coto de caza de empresas tursticas, entre otros muchos ejemplos.

Como el tema de seguridad resulta tan central e importante en la agenda de ciudad, su tratamiento es permanente desde todos los sectores, incluyendo el mbito pblico y privado, as como la academia y la prensa. Se afirma incluso que no es posible acceder a un puesto de representacin poltica si el aspirante no demuestra un sesudo conocimiento de los entresijos de la seguridad pblica de la ciudad.

Todo ello puede parecer normal, por ms que a muchos la temtica les produzca repulsin. El problema reside en que las descripciones de lo que sucede en el tema se empecinan en mirar solo aspectos especficos de cada fenmeno, en especial en lo que tiene que ver con el funcionamiento de las bandas criminales (respecto de las cuales la institucionalidad cambia el acrnimo, la sigla o el nominativo de uso con frecuencia irritante), as como sus orgenes, naturaleza y arraigo territorial.

La Alcalda, por ejemplo, acaba de anunciar que existen 3.300 personas adscritas a algunas de las estructuras criminales que operan en la ciudad y en el Valle de Aburr, y afirma adems que ello representa un poco ms del 40 % de los grupos delincuenciales conocidos en el pas. Como tambin se sabe, desde la lgica convencional de la seguridad pblica, que muchos denominan securitista, se privilegia el uso de la fuerza y la persecucin de los delincuentes, lo que condensa la respuesta institucional frente al crimen. Esa ecuacin articula el panorama de la realidad de la seguridad y los derechos humanos, con sus caractersticas crceles atestadas, los informes permanentes sobre capturas o enfrentamientos, as como las mencionadas estadsticas en las que los homicidios crecen, aunque, curiosamente, suelen aparecer a la baja.

Esto indica que el enfoque que se propone desde lo institucional pone en el centro la seguridad como prctica que generara, por contigidad, la pretendida tutela, promocin y defensa de los derechos humanos, lo cual se revela en la prctica como un resultado fallido dadas las trasgresiones a la vida y a los dems derechos evidentes en la actualidad. Lo deseable es entonces que se establezca justo la lgica contraria, esto es, la seguridad de los derechos humanos como sinnimo del logro de los mismos a partir de una accin afirmativa y clara.

No obstante, existe un flanco de la problemtica no menos importante y que en ltimas podra aportar una descripcin ms precisa y sensata. Se trata de entender las lgicas de naturalizacin social de muchas de aquellas conductas delincuenciales, adems de alcanzar una capacidad ms precisa en la descripcin del rostro real de quienes agencian y se lucran de dichas estructuras. En apariencia la apuesta oficial parece centrarse en expedir 3.300 rdenes de captura y con ello erradicar el problema. Sin embargo, tal propsito sera una mera ilusin, no slo porque ello no acabara con la problemtica sino porque esas mismas estrategias de lucha contra el crimen se han encargado de nutrir sin cesar la idea de que la delincuencia comienza y termina con el delincuente, o que a este slo lo mueven intereses malvolos o propios de sus negras almas.

Si se observa el volante con los rostros de los ms buscados por la polica, se comprobar que parecen ser un solo rostro, no solo porque casi todos son hombres jvenes, provenientes de barrios populares, con poca o nula escolaridad y de rasgos fsicos que los hacen parecerse hasta en el peinado. En ese contexto cabe preguntarse Qu efectos puede causar a largo plazo la sobrerrepresentacin del malo como sinnimo de joven? Y adems A quin encubre esa sobrerrepresentacin?

Segn el relato que nos dejan las descripciones cotidianas, el crimen se extiende por el tejido urbano como una mancha oscura que no deja de expandirse y diversificarse, sin embargo esa imagen de crecimiento plano y horizontal impide advertir que existe otro crecimiento hacia arriba dado que las empresas criminales son altamente funcionales a las prcticas legales o formales. As, la corrupcin de la que tanto se habla no pasa de ser un espectro irreconocible y amorfo, mientras que el rostro del delincuente no lo es. Es el de un hombre joven y pobre, es decir el de un excluido social.


Fuente original: http://www.ipc.org.co/agenciadeprensa/index.php/2018/12/18/las-erraticas-politicas-de-seguridad-y-la-sobrerrepresentacion-del-malo/?fbclid=IwAR2lckPvpwUEIvFgYXr4lUUf_S3t--yE1dOJkgaJYWz0urcfwqZ9WMpfvVM



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