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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2018

Impuestos verdes, chalecos amarillos

Emilio Santiago Muio y Hctor Tejero
Rebelin

La mejor ciencia disponible apunta ya una verdad que negacionistas y tecnoutpicos tendrn cada vez ms difcil rebatir: sin una economa poscrecimiento no habr sostenibilidad


<p>Manifestacin de los chalecos amarillos el pasado 24 de noviembre en los Campos Eliseos, Pars.</p>

Manifestacin de los chalecos amarillos el pasado 24 de noviembre en los Campos Eliseos, Pars. BENOIT TESSIER

La revuelta de los chalecos amarillos en Francia es solo el triler de la pelcula de la crisis ecosocial que lo va a cambiar todo en las prximas dcadas. El siglo XXI se va a caracterizar por un profundo ajuste de cuentas entre la civilizacin moderna y los lmites biofsicos de la Tierra, del que solo estamos viendo sus primeras consecuencias. Desde el inicio de la revolucin industrial, y especialmente durante los ltimos 40 aos, el crecimiento econmico nos ha llevado a una situacin de extralimitacin ecolgica. Hoy da la humanidad necesita un planeta y medio para vivir, cifra que se dispara en ciertas regiones del mundo, como Estados Unidos o las monarquas del golfo prsico, pero tambin en Europa. Esta insostenibilidad tiene dos caras: el agotamiento de recursos finitos e insustituibles y el cambio climtico, exponente ms peligroso de la saturacin de nuestros sumideros ambientales.

Si esta extralimitacin ecolgica tiene un taln de Aquiles son los combustibles lquidos y el sistema de transporte. Nuestras sociedades van a crujir primero por esa costura. Por un lado, vivimos en un hbitat disperso y en una economa deslocalizada hasta el delirio. Por otro lado, el 95% del transporte hoy depende del petrleo, un recurso finito que ya presenta rendimientos decrecientes en su extraccin, y que es el principal responsable del cambio climtico. Por si esto fuera poco, la quema de petrleo tambin tiene un efecto directo en el empeoramiento de nuestra salud. Segn el informe Air Quality in Europe 2017 Report de la Agencia Europea de Medio Ambiente, se calcula que casi 39.000 personas mueren prematuramente cada ao en Espaa debido a la contaminacin del aire, de la cual una buena parte se debe a los coches, especialmente los disel. Sin embargo, aunque no se hable tanto de ello, la primera variable, la de la finitud y el descenso de su rentabilidad energtica, es clave.

SE CALCULA QUE CASI 39.000 PERSONAS MUEREN PREMATURAMENTE CADA AO EN ESPAA DEBIDO A LA CONTAMINACIN DEL AIRE

De hecho, el discurso oficial respecto al disel es reduccionista y solo enfoca una parte del problema real. De los petrleos no convencionales (lquidos derivados de gas natural, petrleos de esquisto extrados mediante fracking ) no se refina disel. Y como el petrleo convencional ya est en declive geolgico, el auge de los no convencionales trae aparejados problemas de suministro. Por tanto, al escndalo del Dieselgate y la creciente, aunque escasa, concienciacin respecto al cambio climtico, tenemos que aadir adems que vamos encaminados hacia horizontes de escasez. Lo que quiz explica por qu se aspira a sustituir el disel con tanta urgencia. Es ms complejo, pero lo explica de manera genial Antonio Turiel en este post . Tambin se hace eco de ello el Financial Times .

Muchas han sido las voces que desde el ecologismo social han extrado una leccin clara de las movilizaciones de los chalecos amarillos: si la transicin ecolgica no es socialmente justa, no ser. Pero qu significa esto ms all del eslogan? Cmo podemos hacer polticas de transicin ecolgica serias y justas y, a la vez que construimos movimiento popular, ganamos elecciones y revalidamos gobiernos?

EN EL CASO CONCRETO DEL SECTOR DEL TRANSPORTE, TENEMOS UN ESTRECHSIMO CUELLO DE BOTELLA: CON LA TECNOLOGA EXISTENTE ACTUALMENTE LA MAYOR PARTE DEL TRANSPORTE NO SE PUEDE ELECTRIFICAR

La transicin ecolgica, si la queremos socialmente justa, presenta un reto maysculo. Esencialmente porque el choque de intereses que siempre marca cualquier cambio social se enreda aqu en un nudo gordiano tecnolgico. De una complejidad tal que la espada de la voluntad poltica solo podr romperlo con rapidez arriesgndose al desastre. Pero aunque no tengamos mucho tiempo hay que deshilar fino y con paciencia estratgica. En el caso concreto del sector del transporte, tenemos un estrechsimo cuello de botella: con la tecnologa existente actualmente la mayor parte del transporte no se puede electrificar. Ni siquiera el parque de automviles privados del mundo se sustituir al 100% porque no hay reservas minerales que puedan soportar mil millones de automviles elctricos (litio, nquel, platino y cobre). Pero este es el problema menor. Menor entre comillas. Es posible imaginar que lo gestionamos cambiando el uso social del coche y con transporte pblico. Aunque esto solo valdra para las grandes ciudades como Madrid o Barcelona: en el mundo rural o en reas metropolitanas extensas de provincia sin infraestructuras de transporte pblico, es un problema enorme. La dificultad es an mayor para el gran transporte de mercancas, maquinaria agrcola, maquinaria pesada de minera, aviacin y en general todo vehculo cuya relacin carga-potencia hace extremadamente difcil, sino imposible, su electrificacin. Al menos en el corto plazo, salvo que interviniera una revolucin tecnolgica profundamente disruptiva, que tendra la tarea casi milagrosa de hacer en pocos aos descubrimientos que se han resistido tras dcadas de investigacin. Y, adems, debera ser capaz de masificarlos y comercializarlos en un tiempo rcord sin verse afectada por ninguna escasez material en los componentes de los nuevos vehculos.

La solucin real pasa por una reordenacin ecolgica del territorio a gran escala, y sin precedentes, que combine transformaciones radicales y muy rpidas en el modelo productivo, en la forma de habitar y en el sistema de transporte. En este ltimo caso, que es el que nos ocupa, algunas posibles lneas de actuacin seran:

1) Relocalizar la produccin y la vida de modo muy intenso: fomentar un urbanismo de contencin que produzca ciudades vivibles a pie, en bicicleta y transporte pblico. Poner en marcha polticas que reviertan el xodo rural y estimulen una repoblacin agroecolgica de los desiertos demogrficos de nuestro pas y lo reequilibren territorialmente.

2) El ferrocarril debe ser el vertebrador social del territorio y el sistema fundamental del transporte de mercancas. Un ferrocarril que sea asequible para todos y no para una minora. Esto en Espaa implica dar la vuelta al modelo de la alta velocidad. El tren que necesitamos no es el AVE; son el cercanas y la media distancia, que llevan sufriendo dcadas de abandono.

3) Tambin sera fundamental repensar el transporte martimo, que es la base del comercio internacional. Cuando pensamos en energas renovables, tendemos a imaginar exclusivamente su empleo elctrico. Pero el uso mecnico tradicional es ms eficiente y tiene mucho futuro. Especialmente en el sector de la navegacin, donde ya existen procesos de innovacin que buscan desplegar una nueva generacin de veleros para las marinas mercantes .

4) Reducir mucho la movilidad privada motorizada (de combustin pero tambin elctrica) para poder priorizar aquella socialmente til: maquinaria agrcola y pesada; flotas de servicios pblicos (transporte, bomberos, ambulancia, polica); sistemas logsticos capilares en entornos dispersos. Esto ltimo es fundamental: imaginemos la distribucin de mercancas en un hbitat rural tan diseminado como el de la cornisa cantbrica. O el mantenimiento y la reparacin de las nuevas infraestructuras de generacin de energa renovables, como campos elicos, que pueden ocupar amplios espacios poco accesibles en regiones despobladas. Si nuestras sociedades tienen que racionar la movilidad motorizada en pos del inters general, estas funciones socialmente imprescindibles debern ocupar el lugar ms alto de la jerarqua.

5) Reducir drsticamente la aviacin, el transporte ms insostenible. Esto tendr graves implicaciones que deben preverse en la industria turstica y en el epicentro del modelo de felicidad neoliberal ofrecido a las clases populares: soportar la precariedad a cambio de un mundo low-cost .

Todas las medidas que hemos planteado son cambios estructurales profundos que requieren al menos un par de dcadas, unos movimientos sociales que inicien una transformacin profunda de nuestro sentido comn de poca, y un Estado capaz de intervenir a nivel nacional, autonmico y municipal en la economa con otras herramientas que no sean solo la monetaria y la fiscal. Es decir, requieren algo as como una economa de guerra ecosocialista.

No hay forma de que todo esto no genere, en sistemas democrticos, una inmensa friccin social y muchsimas resistencias. Y si algo muestra la revuelta de los gilets jaunes es que, en democracias liberales como las europeas, la viabilidad tcnica o econmica de cualquier medida de transicin est necesariamente supeditada a su viabilidad poltica. Y esto vale tanto para los sueos pospolticos de los tecncratas como Macron como, desgraciadamente, para los que se piensen que la necesaria descarbonizacin profunda de nuestras sociedades nos da algo as como la varita mgica de la revolucin ecosocialista. Por esto es necesario que la evidencia cientfica sobre las causas y consecuencias de la crisis ecolgica se convierta en una verdad poltica, capaz de afectarnos socialmente, de posicionarnos polticamente y de cambiar individualmente nuestros hbitos y percepciones. Esto pasa por articular rpidamente un amplio y heterogneo movimiento que va a tener que librar una guerra de posiciones ecosocial en todos los frentes. Disputando, conquistando y defendiendo cualquier nodo de poder a nuestro alcance: en la calle, en las instituciones y en el orden simblico. Va a necesitar generar un ecosistema de organizaciones y estrategias, cuya convivencia no estar exenta de roces pero que, en sus desacuerdos, deben ser capaces de comprender que la tarea a la que se enfrentan es gigantesca y las consecuencias de fracasar terrorficas.

Este movimiento deber ser capaz de generar una simpata mayoritaria aunque seguramente distante y articularla con el apoyo explcito de las minoras militantes. Y adems tendr que evitar que la indiferencia de muchos se acabe sumando a los sectores abiertamente contrarios a una transicin ecolgica socialmente justa. La tarea poltica fundamental hoy es, por tanto, identificar estos grupos, sus necesidades, miedos y deseos y poner en marcha un proyecto ecosocial sincero y responsable, pero suficientemente ilusionante polticamente como para, dadas estas lneas de fractura social, aspirar a ganar.

LA CLAVE DE LOS IMPUESTOS VERDES ES OTRA: SON UNA HERRAMIENTA POLTICAMENTE DEFECTUOSA PORQUE ES COMPLICADO DISEARLOS PARA QUE SEAN FISCALMENTE PROGRESIVOS

Es en este sentido que los impuestos a las emisiones en general, y a los combustibles fsiles en particular, deberan ser una herramienta entre otras muchas del arsenal poltico ecosocial. Solo son centrales en la utopa socioliberal, en la que sutiles intervenciones en el mercado permiten que la mano invisible haga su magia. Dejando a un lado el hecho de que para evitar las peores consecuencias de la crisis ecolgica tendran que ser muy elevados, mucho ms de lo que est sobre la mesa en Francia o en cualquier otro lugar de Europa, la clave de los impuestos verdes es otra: son una herramienta polticamente defectuosa porque, en general, es complicado disearlos para que sean fiscalmente progresivos. Y aun en este caso, es necesario que haya alternativas reales para poder influir en el comportamiento de las clases populares (si a tu barrio no llega el transporte pblico, lo hace con muy baja frecuencia o tarda una eternidad, no podrs dejar de usar el coche). Finalmente, es difcil que los ms ricos se vean suficientemente afectados como para obligarles a variar sus comportamientos, lo que genera una evidente sensacin de injusticia.

Cmo operar en el corto plazo, y con el suficiente pragmatismo para hacerlo de un modo polticamente viable, dentro del marco de las economas capitalistas que hoy sufrimos para que estas comiencen a mutar hacia alternativas sistmicas ms sostenibles y ms justas? Una idea que se est abriendo paso globalmente es la de un nuevo Pacto Ecosocial, lo que en Estados Unidos est liderando Alexandria Ocasio-Cortez bajo el nombre Green New Deal . Este Pacto Ecosocial iniciar la descarbonizacin profunda de la sociedad creando empleos verdes con buenas condiciones laborales en sectores ecolgicamente sostenibles: energas renovables, transporte pblico, aislamiento de edificios, sanidad pblica y cuidados. Es en este proyecto mayor donde debe integrarse la fiscalidad verde, para la cual proponemos algunas ideas:

a) La subida de la carga fiscal ecolgica debe acompaarse por una fuerte subida de la carga fiscal de las grandes fortunas y las grandes empresas. Los ms ricos son los que ms contaminan y deben ser, por tanto, los que ms pagan. Las grandes empresas no son solo las principales responsables histricamente de la contaminacin sino que durante aos han hecho tarea de lobby y financiacin de grupos negacionistas para retrasar la transicin ecolgica. Lo que no se puede tolerar es el modelo Macron: suben carburantes que son primera necesidad para pobres y bajan los impuestos de patrimonio.

b) Para evitar que, aunque progresiva, la carga fiscal verde sea excesiva para las clases populares, tendremos que implementar bonificaciones para los de abajo. Estas pueden venir bajo la forma de una Renta Bsica Universal, de Servicios Bsicos Universales (sanidad, educacin, transporte, vivienda accesible) o bien a travs de subvenciones fiscales y ayudas a bienes y servicios sanos ecolgicamente producidos, tanto de primera necesidad (alimentacin, energa domstica) como aquellos que permitan desarrollarnos cultural, afectiva y fsicamente bajo una premisa de km 0 (educacin, deporte de base, vida comunitaria, sexualidad, ocio, msica, arte y otras pasiones creativas). Esta ltima dimensin tiene una importancia poltica capital: debe abrir brecha a una nueva idea de felicidad desligada de las pautas de consumo vigentes, que aunque socialmente muy arraigadas, son ecolgicamente suicidas.

c) Como defiende Florent Marcellesi, debemos asegurar que cada euro recaudado por la fiscalidad ecolgica se destina a la transicin ecolgica, especialmente a financiar las medidas de fondo de reordenamiento del territorio y el sistema de transporte. Es imprescindible que las clases populares cuenten con alternativas laborales cercanas o de transporte sostenible reales antes de que se vean afectadas por cualquier carga fiscal directa.

d) Debemos ensayar formas igualitarias de limitar nuestra huella de carbono y que no estn basadas en lo que uno pueda permitirse pagar. Bajo el para nada radical Gobierno laborista de Tony Blair se propusieron algunos esquemas de tarjetas digitales de emisiones que ponan un lmite mximo a la contaminacin individual independientemente de los ingresos personales.

Finalmente, un apunte sobre el primero y el ltimo de nuestros problemas. El primero porque es el ms importante y el ltimo por ser el ms difcil de solucionar. La mejor ciencia disponible apunta ya una verdad que negacionistas y tecnoutpicos del ms diverso signo tendrn cada vez ms difcil rebatir: sin una economa poscrecimiento no habr sostenibilidad. Y como el capitalismo es inherentemente expansivo, eso implicar una transformacin sistmica que a mediados de siglo habr dejado atrs nuestro orden econmico tal y como lo hemos conocido. De este hecho cabe derivar muchas interpretaciones polticas posibles. De momento van con ventaja las que como Trump, Bolsonaro o Vox, prefiguran un cierre autoritario alrededor de un supremacismo nacionalista que, a beneficio de las lites, se lance a la lucha mortal por el control de recursos escasos y la externalizacin de los daos ambientales. Nuestra opcin ecosocialista est en el polo opuesto: un nuevo pacto ecosocial resuelto a favor de los de abajo, que se encamine a construir pueblos generosos, cuidadores e internacionalmente solidarios. Con una nueva economa orientada en la senda del decrecimiento energtico y material, que logre avanzar en la sostenibilidad ecolgica, pero asegure tambin una vida digna para toda la poblacin. Esto implicar combinar sustitucin de tecnologas con mercados socialmente contenidos y planificacin democrtica de la produccin y el consumo bajo nuevas formas de propiedad pblica y comunal. Pero tengamos cuidado: tras el fracaso del socialismo real en siglo XX nadie tiene recetas poscapitalistas ni respuestas fciles. Y la transicin ecolgica socialmente justa tendr ms que ver con las victorias concretas de la guerra ecosocial de posiciones en cualquiera de sus frentes, que son siempre humildes, precarias y contradictorias, que con la voluptuosidad discursiva de la gran impugnacin revolucionaria.

 

Hctor Tejero es investigador cientfico y militante de Contra el Diluvio. Emilio Santiago Muio es doctor en Antropologa Social y mster en Antropologa de Orientacin Pblica.

Fuente: https://ctxt.es/es/20181219/Firmas/23530/Emilio-Santiago-Mui%C3%B1o-Hector-Tejero-tribuna-Francia-chalecos-amarillos-ecologismo-sociedad.htm



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