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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2018

A perderse entre la urbe
"A uno le toca doble discriminacin por ser indgena y no hablar bien el espaol y no entender el ingls"

Ilka Oliva Corado
Rebelin


Es medio da de un da de julio de verano infernal, los observo por la ventana que da a la calle mientras subo las escaleras de la casa donde trabajo; sus cuerpos baados en sudor, con piocha en mano abren una zanja por todo el lateral de la casa para arreglar una tubera. En la maana haba llegado el dueo de la empresa, un polaco de unos 60 aos, a hacer acto de presencia solamente. Se subi en su pick up de doble traccin de modelo reciente y se fue.

Sirvo dos vasos de agua con hielo y salgo a drselos mientras les pregunto cmo van con el calor. --Usted vive aqu? --me preguntan asombrados al verme latinoamericana. --No, yo trabajo aqu, soy la sirvienta, bueno, soy la niera pero ustedes saben que niera y sirvienta es la misma cosa --les comento mientras les doy los vasos de agua-.

Resultan ser de Guatemala, del occidente, hablan espaol con dificultad; es un to y su sobrino, el to de 35 aos que se vino hace 18 aos y el sobrino de 16 aos que vino hace 6 meses. Colocan los vasos de agua a un costado de la zanja y siguen uno picando con la piocha y el otro paleando.

Veo al sobrino esforzndose con la pala mientras pienso que a esa hora tendra que estar en la escuela, el to me lee los pensamientos y me dice: --Se vino siguiendo a mi hijo que se vino un mes antes que l, se criaron juntos y parecen ua y mugre, pero mi hijo no quiso venirse conmigo y se fue con su mam, entonces ste vino a dar aqu conmigo porque prcticamente yo lo cri, su mam es mam soltera, el pap se vino y se hizo perdidizo y dicen que est en California y que all tiene otra familia, pero ya la otra semana se va con mi hijo porque no pueden vivir separados y adems no aguanta el trajn del trabajo. Para ms vino l a verme y no mi hijo.

--Pero su hijo -le digo-- ha de tener sus razones, usted se fue lejos y estuvo ausente, la presencia fsica no estuvo. --Pero lo llamaba todos los das por telfono y yo trat de estar lo ms cerca de l pero la distancia me lo impidi, si yo hubiera podido viajar otra cosa hubiera sido --contesta Antonio.

Antonio, piel quemada por el sol, est vestido con dos camisas; una playera y otra camisa a cuadros manga larga que le cubre los brazos, tiene puesta una gorra para cubrirse parte del rostro, su pantaln de lona y zapatos de suela gruesa enlolados hasta la altura de la manda del pantaln. Jos, el sobrino est vestido con esas playeras de moda que en Guatemala mataran por tener una, la tiene tambin llena de tierra, el estilo del pantaln tambin vara grandemente con el del to, definitivamente son generaciones distintas.

--Qu dura la vida del pobre, verdad Antonio? --le digo mientras me repeso sobre la pared de la casa sintiendo el calor del verano en la piel-. --Mir, --me dice sin soltar la piocha--, yo me vine de patojo y dej a mi hijo de 6 meses porque quera que no viviera mi misma pobreza, quera que l y mi esposa tuvieran casa, tuvieran agua potable, zapatos, que tuvieran comida en la mesa y por eso me vine. Yo quera que mi hijo fuera a la escuela y que no se quedara bruto como yo, que me toc trabajar desde nio en las fincas con mis paps y mis hermanos.

--Aqu he hecho todo tipo de trabajo, hasta lo que no te imagins, porque a uno le toca doble discriminacin por ser indgena y no hablar bien el espaol y no entender el ingls; en los trabajos de construccin siempre me ha tocado el trabajo duro porque piensan que puro lomo soy, que no me canso, pero me canso y mucho. Y como pude fui mandando dinero para la casa, todas las semanas, todos estos aos; 3 trabajos tengo desde que vine, no paro, yo trabajo de lunes a domingo en lo que sea, soy mil usos: unos das poniendo baos, otros pintando casas, otros arreglando jardines, poniendo pisos, techos, lo que salga y bien matado termino. Y las humillaciones que me hicieron mientras yo trataba de aprender el trabajo! Porque nadie me ense, nadie le quiere ensear a uno el trabajo, yo solito lo fui aprendiendo observando, a puro ojo aprend.

A Antonio le pas lo que le pasa a la mayora de los indocumentados, que piensan que vienen por 1 o 2 aos y terminan quedndose porque al llegar se dan cuenta que no es tan fcil como les haban contado y que para enviar una remesa hay que tener por lo menos 3 trabajos y que para lograr entender un poco el trabajo y aprenderlo y tambin movilizarse tienen que pasar por lo menos 8 aos.

Vivimos en un apartamento 11 de all del pueblo, todos dejamos a nuestras familias all y trabajamos as en conjunto cuando se puede para ayudarnos con la gasolina y que todos tengamos ah aunque sea para una tortilla con algo.

Antonio trabaja en un empresa de construccin de un polaco que solo llega con sus hijos, robustos, bien saludables, a revisar el trabajo que hacen personas indocumentadas como Antonio y su sobrino Jos. Los que hacen el trabajo ms difcil y ms sucio siempre son los latinos indocumentados.

--Mir y les hice casa y no sirvi de nada, --contina Antonio desahogndose-- porque lo que yo no quera pas, se vinieron de todas formas a sufrir aqu como uno. Mi esposa se vino con una prima a trabajar en el corte de verduras y frutas y anda de estado en estado por temporadas, no tiene casa, se va con los jornaleros en grupos y duermen en las fincas en las galeras, 3 semanas aqu, un mes all y as se anda todo el pas. Soy un hombre fracasado, de nada me sirvi venirme.

--Y piensa regresarse?

--No, solo que me deporten, a qu me voy a regresar? Si lo que yo quera se deshizo.

Como Antonio hay miles, la migracin forzada deshace las familias, las rompe de por vida. Tarde o temprano los hijos de los migrantes indocumentados tambin emigran, muchos por su cuenta, otros a dar con sus padres y al llegar que se dan cuenta que no hay lazo que los una y que son personas extraas en realidad; y es as como terminan viviendo en lugares distintos y otros mudndose de estado como el caso del hijo de Antonio.

--Les hice casa! --vuelve a repetir Antonio- y ahora se vino mi hijo y anda all cortando verduras, como si para eso me vine a sacrificar yo --deja la piocha a un lado, toma el vaso de agua y descansa un momento, el sobrino que solo ha estado escuchando cabizbajo tambin se detiene.

--Y cules son tus sueos? --le pregunto al sobrino. --Pues lo mismo que mi to, trabajar duro para que mi hijo pueda ir a la escuela. --Tambin tens hijo? --S contesta con voz tmida. Jos tiene apenas 16 aos.

--Quiero trabajar y que tengan casa --contina-- y que l vaya a la escuela y que termine la universidad. Yo quiero ahorrar un poco para poner un negocio y regresarme.

--Era como te lo haban contado? Nada, la gente le miente a uno, Estados Unidos no es como la gente llega contando.

En Jos se ha repetido la historia de su to Antonio, y as se repiten millones ms, la migracin forzada es eso: un nudo ciego.

Antonio dice que l es el nico que les ha dicho la verdad sobre vivir en Estados Unidos sin documentos pero que la necesidad es grande y que por esa razn gran parte de la juventud de su pueblo ha emigrado y solo se han quedado los abuelos. Porque padres e hijos han agarrado para el norte a perderse entre la urbe. Aqu se pierde todo vos, -me dice Antonio- todo se pierde, uno ni llorar puede ms, hasta de llorar hasta cansando.

Recojo los vasos y los dejo trabajando bajo el sol abrasador del verano estadounidense y regreso a mi trabajo, mientras camino hacia la puerta, se quedan repicando las palabras de Antonio: aqu se pierde todo vos, todo se pierde. Y es verdad.

De historias como la de Antonio y Jos, como la de su esposa y su hijo est lleno este gran establo, donde los indocumentados somos las reses que llevan al matadero.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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