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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2018

La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo

ngel Calle Collado
eldiario.es


Me resisto a presentar el ascenso electoral de la ultraderecha como un sntoma o como una coyuntura. La irrupcin de Vox, la eleccin de Bolsonaro o de Trump, el mpetu racista de Salvini o de Orbn son ms bien un oleaje producto de un mar de fondo. Una marea inhspita que viene cobrando fuerza en las ltimas dcadas. La ultraderecha es un producto mediticamente refinado por sectores neoliberales (empresariales, financieros, mediticos) que han alzado su vuelo con alas muy conservadoras, comprometidas con la defensa de un orden y de unos privilegios.

Bolsonaro es hijo del grupo parlamentario de la BBB, como dicen por Brasil: bala, buey y biblia, correspondiendo a tres bancadas parlamentarias que se identifican con quienes medran a la sombra de la militarizacin del pas, la defensora del agronegocio y la proveniente del sector evanglico. Vienen siendo mayora en el Congreso brasileo. No dudaron en apoyar el golpe de Estado frente a Dilma Rousseff. En Brasil, como en otros lugares del mundo, esta ultraderecha se benefici de las promesas no cumplidas y las corruptelas no sealadas por una izquierda cmoda en la cogestin de grandes parcelas del neoliberalismo. Pero sobre todo adquirieron aire con los poderosos grupos mediticos evangelistas y sus aclitos (Iglesia Universal del Reino de Dios, televisiones como Record TV, peridicos, canales en youtube) a los que bombardearon con su subpoltica de los memes: aquella que slo caricaturiza y promueve el odio como fundamento poltico, siguiendo la doctrina Bannon.

De la misma manera, para entender a Trump hay que hablar de lites y de una cultura derechizante reconocida como la Alt-Right: publicaciones en internet como Breitbart, youtubers y canales volcados con la magnificacin de sucesos de inseguridad y la propaganda racista, televisiones como Fox, etc. Compaas elctricas, petroleras y automovilsticas vieron en Trump un camino contrario a Obama y directo para frenar directivas contra el cambio climtico, otras que impidieran el control de emisiones txicas de sus centrales y prospecciones o que pusiera fin a los sobornos en pases que dan el visto bueno a sus negativos impactos ambientales.

Y Vox? Crece alrededor de discursos racistas, denuncias contra la ideologa de gnero o promesas de bajadas de impuestos para empresarios y grandes fortunas. Militancia que, como la de Ciudadanos, proviene de participantes y simpatizantes del ala dura del Partido Popular. Y del ala afortunada de este pas, pues segn encuesta realizada en Octubre pasado, slo uno de cada ocho posibles votantes perciba ms de 800 euros, mientras que los pueblos y barrios de renta ms alta han sido caladero de votos para esta formacin.

Abundan crculos de empresarios comprometidos con la reconquista de Espaa, subalternos algunos a la lgica de la globalizacin que reclama mayor extraccin y ms deprisa de los recursos naturales, a la par que propone limitar ms los derechos sociales. La pujanza en Almera de Vox debe mucho a ese mantra de la necesidad, segn sus apuestas, de que siga fluyendo el dinero derivado de la produccin intensiva bajo plstico y de las canteras de mrmol, a la vez que se demanda superar el olvido histrico que los polticos de Sevilla han manifestado para con esta zona alejada de la capital andaluza. Si Ciudadanos se nutra de parabienes y prstamos del Ibex35, Vox representa un ala menos liberal pero igual de comprometida con un productivismo que no atiende a lmites ambientales (ausente cualquier mencin al tema en sus medidas concretas), tampoco a criterios de justicia sociales.

Se trata de una marea que arrastra y seduce a un electorado descontento y que busca protestar, situarse en una tribu en la que reconocerse, dispuesta a comprar un ideario que someta a otros y otras para beneficio de los mismos. La llamada ultraderecha navega a escala planetaria con tres votos prestados: 1) Protesta contra un orden que nos roba certezas, esencias, las cosas como tienen que ser; 2) Tribu y hooliganismo de masculinidades fuertes, el parado o precario por encima de 40 o quien define su vida a partir de jerarquas diarias y constantes; 3) Voto Cool pues algo hay de novedad en sus memes y sus discursos. Navega desde un descontento real, gente perdida en el mvil y pendiente de empleos muy precarios. Sectores alejados de una lite o de una clase con aspiraciones de clase media que mira a los no tan afortunados o a los sureos (en Estados Unidos, en Espaa o en el Este andaluz) como bastante paletos.

Sigue ese rumbo porque, despus de protestas como el 15M en 2011 o el SaoPaulazo de 2013 en Brasil, las maquinarias encuadrables en la denominada izquierda insisten en pautas verticales, clsicas, poco movilizadoras desde problemas concretos y escasamente propensas a una radicalizacin de la democracia, a una reinvencin de la poltica (lo global, lo pblico) a travs de lo poltico (lo cotidiano, prximo). No cultivan sociedades, se ajustan al juego del mrketing poltico segn sus opciones de ampliar la maquinaria organizativa que controlen.

Cierto: las maquinarias whatsapp (made in Bannon) acentan la guerra de memes por encima de realidades y luchas sociales. Sin articulacin social slo hay entonces agregacin virtual. Y hacer poltica que huya del fascismo social es cultivar otras sociedades, no ilusiones refritas en viejos y verticales modos de hacer. Para eso, y para ir en contra del orden que considera que les expulsa, determinada gente muy descontenta ya tienen una derecha capaz de convencerles de las bondades de un fascismo social: retornar a ciertas esencias, mano dura con cuestiones de libertades o de igualdad de gnero y avanzar de forma impetuosa por el despeadero neoliberal.

Pero esos tres perfiles de voto (protesta contra el establishment refinado, tribu que exige sus privilegios y guerra social de buen rollito) no pueden comprenderse sin las velas y la fuerza con las que sopla el Gran voto productivista: el voto real con el que grandes grupos empresariales descafenan la democracia liberal. Un voto productivista que no duda en mostrarse cnico con las evidencias del vuelco climtico con tal de elevar un poquito ms sus cuentas bancarias.

Los ricos de Vox quieren menos impuestos (sociedades que puedan tributar al 15%, fin del impuesto de sucesiones) y que nadie controle sus actividades productivistas asociadas a una globalizacin insostenible y bajas en emisiones a favor de derechos humanos. Los grandes terratenientes de Brasil quieren la Amazona para plantar ms soja, para patentar biodiversidad y controlar territorios. Los habitantes del cinturn bblico en Estados Unidos quieren que sus empresas de coches se queden en la zona y generen empleo, aunque sea hambre y desolacin ambiental para un maana no tan lejana.

Sin embargo, tanto despropsito no convence a todo el mundo. Dos tercios de la poblacin (mujeres, jvenes menores de 30 aos, migrantes, indgenas) sienten poca simpata o rechazo por sus causas. Pero se puede gobernar cmodamente con el 20% de los votos en tiempos de democracias descafeinadas. Y la cuestin propia de las sociedades lquidas (quin me puede ayudar?), a la que aadira dos asociadas a nuestra interdependencia (dnde estn mis lazos? y quin cuidar de mi casa, de mi planeta?), siguen sin encontrar respuesta para mucha gente. En muchos casos, las personas descontentas no encuentran en las proximidades sociedad, luchas sociales, sindicatos o partidos inclusivos que les acompaen a salir del bache o del aislamiento. El gran padre televisado y autoritario reaparece entonces como una solucin cortoplacista: fascismo social ms suave, pero certero como los aguijones espoleadores de sus memes.

Insisto: nos ponemos a cultivar otra sociedad y otra poltica que atienda a las necesidades sociales y a nuestros lmites ambientales desde una radicalizacin de la democracia?

Fuente: http://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultraderecha-voto-productivista-mundo_6_843125696.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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