Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2018

El deber de unas instituciones realmente democrticas es el de eximir a sus ciudadanos de la obligacin de ser hroes
Patriotismo constitucional y derecho a la fragilidad

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Roberto Scarpinato, nacido en 1952, es hoy fiscal general del Tribunal de Apelacin de Palermo. Pupilo de los malogrados Falcone y Borsellino, l mismo amenazado de muerte por la mafia, ha dedicado toda su vida profesional a explorar y combatir las complicidades orgnicas entre el crimen organizado y el Estado, complicidades que reconstruy minuciosamente en Il ritorno del Principe (El retorno del Prncipe), obra publicada en 2008 en Italia y silenciada por todos -polticos y periodistas- en una especie de omert cultural muy reveladora. En una larga entrevista que le hizo en francs Anna Rizello en 2012, recogida en la obra de ttulo Le dernier des juges (El ltimo de los jueces), Scarpinato explicaba por qu se haba hecho juez y cul deba ser, en su opinin, el cometido de los Tribunales: Paradjicamente -deca- las instituciones deberan garantizar el derecho a la fragilidad de los individuos, el derecho, en suma, a no renunciar a su propia humanidad.

No es difcil entender la apuesta del valiente juez anti-mafia. El derecho individual a la fragilidad implica dos principios asociados. El primero es el de que ningn Estado democrtico puede apoyar su legitimidad y estabilidad en el herosmoprivado de sus ciudadanos; el de que no puede fundar su existencia en la conviccin de que sus ciudadanos, obligados a elegir entre el bien y el mal, se inclinarn una y otra vez, como ngeles descarnados, por la opcin ms moral. Scarpinato describe Italia como el pas ms moral del mundo porque en l sus habitantes tienen que estar escogiendo en cada momento -en todo momento- entre la virtud y el vicio o, si se prefiere, entre el herosmo y el colaboracionismo. El deber de unas instituciones realmente democrticas es el de eximir a sus ciudadanos de la obligacin de ser hroes, el de garantizar su derecho a ser normalmente dbiles, normalmente cobardes, normalmente egostas, sin que su debilidad, su cobarda y su egosmo les condene a quebrantar la ley para salvar la vida. El Derecho y la democracia estn hechos -deben estar hechos- para proteger la normal vulnerabilidad del hombre normal. La existencia de grandes hroes sin laureles, como la existencia de pequeos bellacos sin maldad, refleja el estrepitoso fracaso del Estado y su connivencia estructural con la injusticia y la desigualdad.

Porque este es el segundo principio sin el cual no hay ningn posible derecho a la fragilidad. Para garantizar el derecho de los ciudadanos a ser normalmente cobardes y dbiles, el Estado debe garantizar las condiciones en las que sea materialmente factible no convertir la vida cotidiana en una gesta moral; es decir, el Estado debe combatir al mismo tiempo el crimen organizado y las desigualdades sociales.

Cuando el Estado, como es el caso de Italia, se enreda promiscuamente en los mimbres mafiosos, su lites corruptas corrompen necesariamente, de arriba abajo, todo el entramado institucional y, peor an, todo el entramado social. En una reciente conferencia muy recomendable, Scarpinato documenta esta relacin de proporcionalidad directa entre los crmenes impunes de los grandes y los crmenes penados de los pequeos, entre la grandilocuencia de la legalidad formal y la sordidez selectiva de la legalidad real, entre la corrupcin, el capitalismo global y la desigualdad, tanto en trminos econmicos cuanto -deriva inevitable- jurdicos y penales. No es una casualidad -dice Scarpinato- que en los pases nrdicos, mucho ms igualitarios, ms de un 80% de la poblacin tenga confianza en la Justicia; ni que ese porcentaje descienda vertiginosamente a un 36% en Italia, a un 13% en Bulgaria y a un nihilista 3% en Mxico. Scarpinato no ofrece datos para Espaa, pero mucho me temo que andaremos mucho ms cerca de Italia que de Noruega.

En la conferencia citada, Scarpinato defiende con entusiasmo y sin esperanza el patriotismo constitucional y lo hace evocando la intervencin del diputado Piero Calamandrei en la sesin de la Asamblea Constituyente del siete de marzo de 1947. Vale la pena reproducir parte de la pieza, tan chocante y hermosa para un espaol de mi edad y tan incomprensible y escandalosa para nuestros sedicentes constitucionalistas patrios. Dice Calamandrei en el acto de fundar la Repblica social italiana: Creo que nuestros descendientes sentirn ms que nosotros, dentro de un siglo, que de nuestra Constituyente naci realmente una nueva historia: y se imaginarn que en nuestra Asamblea, mientras se discuta de la nueva Constitucin republicana, sentados en estos escaos no estbamos nosotros, hombre efmeros cuyos nombres sern borrados y olvidados, sino todo un pueblo de muertos, esos muertos que nosotros conocemos uno a uno, cados en nuestras filas, en las prisiones y en los patbulos, en montes y llanuras, en las estepas rusas y en las arenas africanas, en mares y desiertos, desde Matteotti a Rosselli, desde Amendola a Gramsci, hasta nuestros muchachos partisanos. [] Ellos murieron sin retrica, sin grandes frases, con simplicidad, como si se tratase de un trabajo cotidiano que cumplir: el gran trabajo necesario para devolver a Italia la libertad y la dignidad. () A nosotros nos corresponde una tarea cien veces ms llevadera: la de traducir en leyes claras, estables y honestas su sueo de una sociedad ms justa y ms humana, el sueo de una solidaridad que una a todos los hombres en esta obra de erradicar el dolor. Bastante poco, en realidad, piden nuestros muertos. No debemos traicionarlos.

Es muy bonito que un alto magistrado invoque este discurso fundacional y no slo lo defienda en su prctica profesional sino que est dispuesto incluso a dar la vida por defenderlo. A tenor de esta cita puede entenderse muy bien lo que Scarpinato concibe como patriotismo constitucional; as como no puede dejar de entenderse su sombro pesimismo y su desconsuelo. Combinando los datos que aporta en la mencionada conferencia sobre la relacin entre corrupcin, desigualdad y derecho, su defensa del derecho a la fragilidad como condicin de la democracia y esta memoria viva de los muertos que votaron luchando por la justicia y la igualdad, no puede extraar la conclusin lapidaria que el juez siciliano resume en Il ritorno del Principe: El poder no est en el consejo municipal de Palermo. El poder no est en el Parlamento de la Repblica. El poder est siempre en otro sitio. El Estado es para m la Constitucin y la Constitucin ya no existe. Scarpinato es un patriota constitucional al que han arrebatado la patria.

En Espaa, es evidente, los sedicentes constitucionalistas defienden un acto fundacional muy diferente: acto de desmemoria entre vivos que proyecta su larga sombra sobre nuestra crisis presente. Pero la tesis de -por ejemplo- el jurista Prez Royo es muy semejante en sus conclusiones a la del juez Scarpinato: la Constitucin espaola del 78, redactada por vivos olvidadizos y no por muertos resucitados, tampoco existe ya; la han matado los que la nombran sin parar. Incluso con todas sus limitaciones y pecados originales, poda haber dado mucho ms de s, sobre todo en trminos socio-econmicos, pero tambin a la hora de afrontar los retos territoriales pendientes. En Italia la Constitucin antifascista del 47 la mat la convergencia heptica entre el Estado, la mafia y el neoliberalismo; en Espaa la Constitucin postfranquista de 1978 la ha asesinado la connivencia no menos intestinal entre el Estado, el franquismo y el neoliberalismo. La nica manera de conservarla -la Constitucin del 78- sera reformarla; pero no hay un solo reformista entre los sedicentes constitucionalistas: todos son elitistas radicales antipatriotas que prefieren la violencia, venga de donde venga, la suya propia y la del enemigo, antes que un poco (un poco!) de justicia, democracia y Constitucin.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2018/12/23/patriotismo-constitucional-y-derecho-a-la-fragilidad/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter