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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2018

Carrera nica en Carabineros y FF.AA.!

Maximiliano Rodrguez
Rebelin


La revelacin de los crudos videos del operativo policial que termin con la vida del joven mapuche Camilo Catrillanca deriv finalmente en la remocin por parte del gobierno del Director General de Carabineros Hermes Soto.

La serie de hechos gatillados por la muerte de Catrillanca ha desnudado la profunda crisis por la que atraviesa el sistema de dominacin burgus vigente en Chile. Ha configurado tambin un cuadro de insospechadas consecuencias. Gran parte de las tendencias y la institucionalidad por las que discurra el ejercicio de la dominacin del gran capital podran estar, efectivamente, jugndose en esta coyuntura.

El paso del tiempo ha permitido conocer mayores detalles, develando la profundidad y dialctica de la crisis. Precisamente uno de los que marc su desenvolvimiento se refiere al rechazo del general Soto a presentar su renuncia ante la peticin hecha desde La Moneda, obligando al presidente Piera a recurrir al uso de sus facultades constitucionales para removerlo del cargo.

El margen de maniobra, sin duda, se le haba estrechado al gobierno. Soto era la ltima lnea de proteccin que separaba al ministro Chadwick de la escalada de la crisis hacia las esferas ms altas del poder civil burgus. No por nada el ex ministro de los gobiernos de la Concertacin, secretario general de la OEA y actual senador socialista Jos Miguel Insulza se apresuraba en salir a desmarcarse de los que pedan la salida de Soto y Chadwick. Esto de andar pidiendo cabezas todos los das lo que est haciendo es desestabilizar la seguridad pblica del pas, declaraba. Son palabras que vienen de alguien que conoce bien cmo se maneja la poltica interior del Estado y las necesidades de la seguridad interna del pas.

Lo paradjico de la situacin -y a contrapelo de las caricaturas que se levantan desde la oposicin burguesa en el parlamento, y de las cuales incluso sectores de la izquierda fuera de este se hacen parte- es que la administracin de Piera ha hecho todo lo que un gobierno tiene al alcance en un rgimen democrtico-burgus.

Es cierto que en un comienzo el manejo poltico-comunicacional fue torpe, especialmente en las personas del intendente Luis Mayol y la ministra vocera de gobierno Cecilia Prez. Hecho del cual trataron de sacar provecho oportunista y demaggicamente las fuerzas polticas burguesas de la vereda del frente, montando el circo de la interpelacin al ministro Chadwick por la diputada Nuyado.

Sin embargo, ya tomadas las riendas de la situacin despus de conocerse los hechos, el gobierno determin un derrotero que deriv en la renuncia del intendente Mayol, querellas, destitucin de generales y altos mandos de Carabineros. De hecho, el ltimo acto del hoy ex General Director Hermes Soto fue cursar, a peticin del gobierno, la renuncia de 10 generales, algo indito en el perodo de administracin civil del capitalismo chileno.

Qu ms se le podra pedir a un gobierno -del signo que sea- que acta en el marco de la legalidad burguesa? Podra hacer algo distinto? Esta es la razn de fondo que explica la esterilidad poltica que todo el progresismo burgus, incluso su expresin ms radical del Frente Amplio y sus patrulleros ciudadanos, ha mostrado en toda la coyuntura. Sin banderas que enarbolar seriamente, queda relegado a la impotencia y el ridculo.

Y la verdad dicha sea de paso, en estricto rigor la vinculacin de Chadwick y Ubilla, e incluso del mismo general Soto, en los hechos que derivaron en la muerte de Camilo Catrillanca no se compara con la responsabilidad, por ejemplo, del ex subsecretario de Bachelet Mahmud Aleuy en el montaje de la Operacin Huracn llevada a cabo en el marco de la accin de los aparatos represivos sobre el pueblo mapuche.

El problema es otro. Va ms all de las visiones maniqueas y de la danza de personajes entre los distintos cargos de la institucionalidad burguesa hoy cuestionados.

Naturaleza, aspectos y lo que se juega en la crisis

La dimensin de la crisis burguesa que trgicamente ha salido a flote con el asesinato del joven mapuche es la autonomizacin con respecto al resto de los poderes del Estado que desde hace un tiempo exhiben las fuerzas represivas en la Araucana. Es la necesidad profunda de los intereses nucleados en torno a la gran explotacin forestal que ha convertido a Carabineros en prcticamente una guardia privada de las empresas del rubro, so pena incluso de pasar a llevar descaradamente las reglas mnimas del Estado de Derecho. Es una verdadera guardia pretoriana al servicio del gran capital actuante en el Wallmapu, cuya funcin no es sino instalar un estado de hostigamiento y amedrentamiento permanente hacia el pueblo mapuche que quiebre su determinacin de lucha.

Esta autonoma, sin embargo, no surgi de la nada. Es una respuesta a la radicalizacin y extensin que ha cobrado la causa mapuche y las estrategias puestas en juego: sabotaje econmico y recuperacin de tierras. Cont adems con el beneplcito de los sucesivos gobiernos democrticos y la colaboracin de otros poderes del Estado, especialmente el judicial a travs de los fiscales de la zona.

El problema, sin embargo, es que tal autonoma del actuar represivo conspira contra eventuales salidas burguesas de ms largo aliento, como la que precisamente intenta poner en prctica el actual gobierno con el denominado Plan Araucana, iniciativa que lidera el ministro Alfredo Moreno. Es como si los dos grandes engranajes de la dominacin clasista, la coercin y el consenso, actuasen descoordinadamente, corriendo por carriles distintos y entrando en colisin entre s.

Es cierto que hoy la represin en el Wallmapu es necesaria para preservar los intereses del gran capital. Ningn gobierno burgus puede renunciar a ella en el estado actual de la zona, pero hay formas y formas de llevarla a cabo. Estas se encuentran fundamentalmente en funcin de los objetivos estratgicos que se hayan trazado previamente.

Por ello, y a diferencia de las caricaturas que se comnmente hacen, la poltica que el gobierno de Piera trata de llevar a cabo no es una que se sustente exclusivamente en una escalada represiva en la zona. El apaciguamiento del Wallmapu, en el plan del gobierno, no parte de la premisa de la derrota militar del pueblo mapuche. Hay definitivamente otra visin. La cuestin militar es, sin duda, parte integral de su plan, pero seguramente est concebida ms bien para mantener a raya las expresiones ms radicales y ganar tiempo para la articulacin y cosecha de los primeros frutos de su plan de desarrollo econmico-social para la zona.

As, la actual crisis es, por un lado, una crisis entre instituciones del Estado. En este caso, entre el ejecutivo y Carabineros, la cual tuvo como expresin sintomtica la decisin de Hermes Soto de no presentar su renuncia al cargo de Director General ante la peticin del gobierno.

En este mbito, est en cuestin y se juega la potestad del poder civil burgus como conductor efectivo (Clausewitz) -o sea, aquel que fija los objetivos estratgicos y la modalidad de accin- de las fuerzas represivas del Estado.

Es tambin, por otro lado, una crisis profunda al interior de la institucin de Carabineros. En efecto, esta ya se encontraba profundamente cuestionada por los casos de fraude que se haban detectado en su interior y la falsificacin de pruebas en el contexto de la Operacin Huracn que estall en el gobierno anterior.

El general Soto apareca as como el hombre del gobierno, nombrado apenas asumido este, para llevar a cabo una importante reestructuracin de la institucin. Naturalmente una accin de tamaa envergadura no puede llevarse a cabo sin que se ponga en tensin el equilibrio entre los distintos grupos de poder al interior de Carabineros. Estas disputas internas fueron las que precisamente afloraron con la filtracin -a travs del diputado comunista Hugo Gutirrez- de la hoja de vida funcionaria de Soto, que consignaba una falta completamente menor, y hasta anecdtica a estas alturas, en comparacin con las acusaciones que hoy se le formulan a su antecesor, Bruno Villalobos, por su responsabilidad en hechos de violacin a los derechos humanos, y por las cuales la justicia ha decidido procesarlo. Cabe recordar que Villalobos haba sido nombrado Director General por la presidenta Bachelet.

En este sentido, Soto nunca pudo afirmarse como cabeza de la institucin que supuestamente diriga. La revelacin los videos lo tomaron por sorpresa, cuando precisamente vena asegurando que no haba registros audiovisuales del operativo. Qued en evidencia que al interior de Carabineros le mentan.

Su misma asuncin estuvo acompaada del llamado a retiro de generales que seguramente ocupaban mejores posiciones de poder que l para acceder al cargo. Despus, con la muerte de Catrillanca, se vio obligado a dar de baja a funcionarios involucrados directamente en los hechos y pedirles la renuncia a altos mandos por la responsabilidad que les caba. Y finalmente, volvi a cursar el retiro de generales. El gobierno debe haber comprendido que su situacin al interior de Carabineros no quedaba en buen pie. Por ms que fuera una persona en la cual confiar, su cada era inevitable.

Su remocin es una demostracin de autoridad -ms bien simblica a estas alturas- del gobierno, pero sobre todo una medida de resguardo ante el eventual ridculo al que podra exponerse el ejecutivo en futuras situaciones como estas al no contar con informacin fidedigna producto de la falta de ascendencia de los altos mandos sobre la institucin.

Lo que se est jugando entonces en Carabineros es la conformacin de los equilibrios internos de poder, el grupo de personas que estar a la cabeza y, sobre todo, la institucionalidad que lo regir en las prximas dcadas.

Consecuencias

Las consecuencias que traer la actual coyuntura son en gran medida imprevisibles.

En lo inmediato, si la crisis siguiera escalando hasta llegar al crculo de confianza del presidente, podra marcar el fin anticipado del gobierno. El pierismo perdera credibilidad y confianza a ojos del gran capital, quedando sin sustento poltico-social para encarar los desafos que el sistema de dominacin enfrenta. En otras palabras, no sera la fraccin burguesa llamada a aglutinar en torno a ella los intereses del capital para interlocutar con el resto de los actores sociales. En estos meses se pondr a prueba la verdadera capacidad poltica del pierismo en este aspecto.

Por otra parte, las sucesivas purgas a las que se ha visto expuesto el alto mando de Carabineros en el ltimo tiempo no pueden sino generar inquietud al interior de la institucin. Si la situacin de la Araucana sigue tal cual est hoy, e incluso si cobra nuevos bros, como parece estar sucediendo, la necesidad de represin se har an ms patente para doblegar y disciplinar al pueblo mapuche.

Sin embargo, esto pondra al generalato en una situacin altamente compleja. Por un lado, el poder civil burgus le encomienda la represin del pueblo mapuche; pero por otro, le quita el piso poltico, dejando expuesto a sus miembros a seguir la suerte de la serie de generales y altos mandos que han sido removidos de sus cargos a raz de la muerte de Catrillanca.

Ya no resulta tan fcil lavarse las manos y descargar la responsabilidad en excesos individuales de la tropa y bajos mandos, a los cuales se les puede dar fcilmente de baja. Ahora, en cambio, han quedado truncadas importantes y prometedoras carreras.

Dicha situacin no puede sino generar que el generalato y altos mandos, en activo y en retiro, empiecen a mirar con buenos ojos y prestar odos a personajes que prometen, y estn dispuestos, a avalar sin empacho alguno el actuar represivo de Carabineros en la zona. Sera este uno de los elementos de ascendencia sobre los aparatos represivos a un bloque que materialice una eventual salida por la derecha a la actual crisis general de la dominacin burguesa.

Una nueva institucionalidad de los aparatos represivos, qu hacer?

La crisis de Carabineros es una fisura importante en el esquema de dominacin e institucionalidad burguesa actualmente vigente en Chile, la cual hay que saber horadar pensando en los intereses de las clases trabajadoras y luchas populares.

Como sostenamos, a partir de ahora se empezar a fraguar una nueva institucionalidad para Carabineros, o al menos quedar instalada su necesidad.

La institucionalidad de Carabineros, como las de las Fuerzas Armadas, es anacrnica. Internamente es un rgimen de castas. En la prctica son dos cuerpos en uno, que siguen carreras distintas. Por una parte, est la suboficialidad, para quien estn vetadas las altas posiciones en la institucin; y por otra, est la oficialidad, la cual es formada y accede a los puestos de mando.

Esto es algo con lo que hay que acabar exigiendo una carrera nica, tanto en Carabineros como en las FF.AA. Es una reivindicacin democrtica elemental que debera estar en el programa mnimo de la izquierda para el presente perodo.

Dicha reivindicacin no apunta a cambiar el carcter burgus del cuerpo de Carabineros, que indefectiblemente lo seguir siendo. De hecho, es imposible cambiar su carcter si el poder entero del capital no se encuentra cuestionado. No es la situacin actual. La burguesa es y ser por el momento la duea y seora de los destinos de la sociedad chilena.

En este contexto, es una forma de ir permeando a los cuerpos represivos del Estado, de tender un puente entre estos y las luchas populares. Es una reivindicacin destinada a hacer reflexionar a la tropa, que siembra la inquietud en las comisaras y cuarteles.

Qu sucedera si maana, en cada choque con las fuerzas represivas, trabajadores, pobladores, estudiantes levantaran tal reivindicacin? Acaso la suboficialidad no empezara a dirigir su mirada no ya al enemigo que tiene al frente en la calle, sino al que tiene internamente en las comisaras y cuarteles? El cual adems es el que ha venido metiendo las manos hasta los codos en los fondos pblicos y el primero en esconder la cabeza cual avestruz en la responsabilidad que le compete en los crmenes contra el pueblo, deslindndola valientemente en la tropa, y que adems ser el primero en echarse a los brazos de las peores expresiones polticas de la burguesa.

 www.puntofinalblog.cl

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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