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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2018

Batalla comunicacional: un nuevo escenario en nuestra larga lucha

Pedro Santander
Rebelin


Mucho se habla en estos tiempos de la batalla comunicacional. Independientemente de si se tenemos una definicin ntida del concepto, es evidente que en esta etapa de la dominacin capitalista lo comunicacional juega un rol de primer orden. La derecha siempre intenta cambiar la relacin de fuerzas entre las clases, una manera es el a travs del campo comunicacional. Sabemos que los dispositivos comunicacionales -que incluyen medios tradicionales, redes sociales, comunicadores, periodistas, corporaciones mediticas, matrices de opinin, fake news, etc.- son mtodos y escenarios de lucha que inciden en las correlaciones de fuerza y en la batalla de las ideas que se libra en un contexto de la lucha de clases.

Efectivamente, en las ltimas dcadas hemos sido testigos de cmo la dinmica de lo meditico-comunicacional se han impuesto de modo significativo sobre lo poltico, incidiendo en relaciones de poder, y a veces incluso determinando el vnculo entre poltica y sociedad. Medios y poder parecen hoy ser un mismo campo de anlisis.

Y ahora, en un contexto de (re)instalacin de gobiernos derechistas en pases donde gobernaban fuerzas que con matices y diferentes nfasis cuestionaron al neoliberalismo, podemos observar que el imperialismo encontr en el uso de lo meditico-comunicacional un mecanismo de restauracin conservadora. Aunque, en estricto rigor, se trata de un uso combinado: medios y poder judicial. Hablamos de un media-law fare; es decir, de un nuevo mecanismo de intervencin golpista mediante uso combinado del 3er y 4 Poder para la guerra sucia.

Se usa el poder judicial para perseguir, perjudicar y anular a los adversarios polticos, los casos de Lula en Brasil, Jorge Glas en Ecuador y Cristina Fernndez en Argentina son, en ese sentido, paradigmticos. En paralelo, se emplea a los medios y las redes para legitimar la accin judicial, para desprestigiar a los/las dirigentes y preparar el terreno de la persecucin judicial con acusaciones comunicacionalmente amplificadas, que a menudo son falsas, pero que gracias a la accin meditica resultan verosmiles.

Qu tienen en comn el Tercer y el Cuarto Poder? Son los sistemas ms alejados del control social, ms an que los poderes legislativo y ejecutivo. El voto, el sufragio, las urnas no juegan rol alguno en el caso de los tribunales y de los medios, a diferencia de lo que ocurre con los otros poderes institucionalizados.

Con el uso instrumental del sistema jurdico y del meditico, las fuerzas reaccionarias locales, bajo el mando del imperialismo, han librado una batalla que les ha permitido crear condiciones de posibilidad para su retorno a la administracin poltica del Estado. En ese sentido, la hiptesis es que el imperialismo encontr en el media-lawfare un mecanismo de restauracin. Un mecanismo de poca. Es es ta la primera caracterstica de la actual batalla comunicacional: tras el desalojo de la derecha del poder Ejecutivo, gracias a la voluntad y energa popular, las fuerzas reaccionarias usan ahora los dos poderes ms autnomos respecto de la ciudadana para estructurar un mecanismo golpista de retorno . La batalla comunicacional tiene pues esas dimensiones materiales , no slo las simblicas o discursivas.

Recordemos que ante el avance de las opciones populares a partir del triunfo del Presidente Hugo Chvez a fines de los 90, partidos tradicionales como Alianza Democrtica y Copei en Venezuela, el Partido Social Cristiano de Ecuador, el Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia, el PSDB de Brasil, etctera, sufrieron debacles electorales, reconfigurndose el sistema de partidos en dichos pases. En ese marco de derrotas, el sistema de medios, consolidado por el neoliberalismo en la dcada del 80 fue la retaguardia estratgica de la derecha. Esto fue posible porque a pesar de los triunfos de gobiernos populares (progresistas, de izquierda?), a pesar de nuevas constituciones, nuevos actores sociales, nuevos discursos, nuevas legislaciones, etc. apenas se cambiaron las relaciones medios-Estado; y, salvo en Venezuela y Bolivia, tampoco se modificaron las estructuras del Poder Judicial (tambin en estas dimensiones se evidenciaron los lmites de proyectos que no supieron o no quisieron realizar los cambios estructurales).

Entonces, ante un momento de repliegue derechista, el sistema de medios acogi a la golpeada estructura poltica del bloque reaccionario. Desde que se comienza a impugnar el modelo neoliberal en nuestro continente, son los medios hegemnicos y no los partidos quienes comienzan a ejercer la direccin poltica e ideolgica de la derecha latinoamericana. Sus medios se convierten en el lugar desde el cual actan los intelectuales orgnicos de la oligarqua, desde el cual se ejerce la guerra de posiciones (socavamiento mediante lucha ideolgica), desde el cual se recupera y trasfiere a la capacidad organizativa perdida, y desde el cual se re-generan los vnculos con la base social (la audiencia).

En esa etapa de repliegue, los medios hegemnicos liberaron a diario y concertadamente dosis de ideologa, falsedades, veneno y ataques contra las fuerzas progresistas que se fueron asentando semitica y simblicamente, permeando as a una parte importante de la audiencia. Es esta la fase crnica de la batalla comunicacional y en la cual los medios tradicionales (televisin abierta y de pago, radios, prensa) juegan un papel protagnico. Es importante insistir en que esta estrategia de la derecha se ha visto facilitada por los errores de gestin, corrupcin y desconexin con las bases populares que en muchos casos han mostrado los gobiernos antineoliberales y que sirvieron para el proceso de criminalizacin de los gobiernos populares. El socavamiento de la legitimidad no slo se explica por variables comunicacionales y externas a nuestro campo, en ese sentido, vale la pena no olvidar que la praxis poltica es una variable importantsima para la potencial creacin de imaginarios.

En ese marco, la derecha comprende perfectamente la importancia vital de superestructuras como el poder jurdico y el poder meditico, y las cuida como fortalezas que permiten en tiempos difciles el repliegue primero y luego la generacin de condiciones de posibilidad para el asalto al poder. Esas superestructuras, apenas modificadas por los gobiernos progresistas, se cuidan como se cuidan las trincheras en una guerra, pues la ofensiva y el derrocamiento de cualquier alternativa popular sigue representando el aspecto central.

De la fase crnica a la fase aguda de la batalla comunicacional

La etapa de repliegue derechista en la estructura medial fue una fase de posicionamiento, es decir, de reagrupamiento, de fortificacin y, sobre todo, una fase de acomodo al nuevo contexto signado por la prdida del poder ejecutivo y legislativo a manos de fuerzas polticas de izquierda o progresistas.

Pero la derecha tiene la cuestin estratgica muy clara, el pasaje a la ofensiva siempre es cuestin de tiempo. Y si en la etapa de posicionamiento el uso de los medios tradicionales fue fundamental, en la etapa ofensiva el uso de las redes sociales (en intensa combinacin con el lawfare) cobra la mayor importancia, ms an en contextos de campaa, como lo pudimos ver en Brasil este ao y, sin duda, lo veremos el 2019 en Bolivia y en Argentina (donde ya el 2015 se pudo ver la mano de Durn Barba).

En situaciones de campaa la derecha, sobre todo la ultraderecha, est apostando hoy por las redes para la ofensiva electoral, ms que por los medios tradicionales cuyos niveles de desprestigio han ido en aumento y cuya intermediacin ya no siempre es necesaria. El modelo de comunicacin poltica apuesta por la construccin de comunidades, nodos digitales, cajas de resonancia, viralizacin, etc.

Es una tendencia que se inaugura el 2008 con la campaa de Obama, cuyo comando hace un uso poltico-electoral de las redes que marca precedente. Luego vimos a Trump en 2016 apostado por Facebook (FB) como instrumento electoral prioritario, jaqueando a Hillary Clinton quien cont con el apoyo de los medios tradicionales. Y este ao el equipo de Bolsonaro hizo un sorpresivo uso de WhatsApp (wsp) que ha dado mucho que hablar.

Entonces, de la llamada fase crnica de la batalla comunicacional antes mencionada y en la cual los medios tradicionales tienen un papel central en la diseminacin prolongada de ideologa, se pasa a la fase agudaen cuyo centro est la accin de las redes sociales y en la cual se apuesta por el efecto hipodrmico y directo de la comunicacin. Ambas fases suman. En todo caso, aclaremos que la cuestin central no es que se usen las redes, es evidente que stas se emplearn, el problema es el modo en que se opera con ellas: diseminando mentiras, destruyendo simblicamente la realidad, fabricando distorsiones y desinformacin sistemticamente, comprando ilegalmente bases de datos, etc.; y tambin cmo la izquierda reacciona y da la batalla en ese terreno.

De acuerdo a cada contexto particular se elige la red social que se priorizar. En EE.UU. ha sido Facebook. Tiene sentido, la penetracin de FB en USA es muy superior a la de wsp: el 73% de los estadounidenses usa esa red, y es sta su fuente de informacin ms importante. En cambio, con ms de 315 millones de habitantes, apenas 25 millones usan wsp. La situacin es distinta en Brasil. Aqu 93 millones de personas -cerca de un 40% de la poblacin- usa FB, mientras el uso de wsp es mucho ms intenso y extenso y llega al 70%. Hay ya varios escndalos asociados a esta red social, cuya efectividad poltica ya se haba probado en anteriores situaciones. De los poco ms de 208 millones de habitantes unos 170 millones poseen celulares, y como seala un estudio de Celag, en Brasil el 90% de esos usuarios son parte de uno o ms grupos en esta red social, lo que dinamiza la difusin electoral por medio de esta va. De hecho, la encuestadora Datafolha dio cuenta que el 40% de los votantes de Bolsonaro declar haber difundido material partidario por grupos de WhatsApp.

Con el empleo de wsp en la campaa de Bolsonaro se logr llegar directamente a lo que algunos consideran una extensin cognitiva de nuestro cerebro: los celulares. A pocas cosas le prestamos hoy ms atencin que a los telfonos celulares, hemos cambiado nuestros hbitos y costumbres en funcin de esos aparatos, gran parte de nuestra intimidad est en ellos y sta se refleja en la prctica que desplegamos con su uso. De este modo, se logr atraer la atencin poltica de muchos indignados con el sistema y convertir en activistas de campaa a quienes, en medio de su malestar, comparten su desilusin con la democracia neoliberal, desconfan de los medios tradicionales, concuerdan de que este sistema slo sirve a las elites y estn aburridos del discurso polticamente correcto.

Saber generar conexin discursiva con ese amplio ejrcito de individuos irritables que sabemos que existen en las sociedades neoliberales y saber politizar esa rabia (como la derecha ya lo est haciendo) es un desafo poltico- comunicacional clave. En ese marco la derecha le dio a wsp un uso informativo y de campaa ad hoc. Pasaron as a la fase aguda: financiamiento irregular, uso opaco de bases de datos, destruccin simblica de lo real, compra de nmeros pertenecientes a sistemas oficiales de telecomunicaciones de otros pases (como Portugal y EE.UU); creacin y administracin robtica de grupos originarios de wsp, disparos en masa, caballos de troya, etc. En esta fase se concentr toda la artillera, no slo la de wsp (aunque su rol fue fundamental); tambin se oper por FB donde Bolsonaro tena en campaa 7 millones de seguidores y Haddad apenas 1 milln; o Twitter donde Bolsonaro tiene hoy ms de 2,6 millones de seguidores, 5 veces ms que Lula y el doble que Haddad.

E sta fase aguda del uso de la comunicacin en el marco de la contraofensiva reaccionaria y de campaas electorales entraa muchos desafos para las fuerzas antineoliberales, y que deben ser considerados en las prximas contiendas electorales que se vienen. La eleccin brasilera fue un laboratorio de la derecha y lo aprendido ser implementado, sin duda, en las elecciones del prximo ao .

La necesaria revisin y reelaboracin del pensamiento crtico que esta etapa nos demanda debe incluir tambin la cuestin comunicacional. Como dice Araham Aharonian, no podemos pelear contra la inteligencia artificial y el big data con arcos y flechas, ni podemos refugiarnos en discursos que apelan a una nostalgia inmovilizadora y acrtica.

El 2019 Amrica Latina vivir elecciones presidenciales en seis pases: El Salvador, Panam, Guatemala, Argentina, Uruguay y Bolivia. La necesidad urgente de una actualizacin respecto de las nuevas tcnicas de comunicacin poltica, un anlisis del uso poltico de internet, de sus fases y del margen de maniobra que tenemos ah las fuerzas antineoliberales, as como la construccin de un know how de izquierda son prioritarios.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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