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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2018

Es normal un comportamiento depresivo ante un trauma diario, como vivir bajo la ocupacin. Pero los palestinos no siempre se sienten cmodos ante ello
Puede que el demonio haya entrado en mi mente: abordar la depresin en Palestina

Megan Giovannetti
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos.


El lunes 26 de noviembre Ramzi Abu Yabis, de 32 aos, iba en coche al trabajo en Hebrn a travs de la Zona C de Cisjordana, que est bajo control militar israel. En un incidente que las autoridades israeles calificaron de ataque pero su familia afirma que fue un accidente, su coche choc e hiri a tres soldados israeles. Abu Yabis recibi un disparo mortal. Segn se ha informado, cuando recibi el disparo se le neg la asistencia mdica a este enfermero y padre de dos hijos. Las autoridades todava no han entregado el cuerpo a la familia para enterrarlo.

Abu Yabis era el director del departamento de enfermera de la Sociedad rabe de Rehabilitacin en Beln, adems de amigo y colega del dr. Ibrahim Khmayes, director del Hospital Psiquitrico de Beln. Hoy es el da despus de la muerte de Abu Yabis y el dr. Khmayes parece estresado. La gente entra y sale de su despacho haciendo preguntas, esperando verlo. Est claramente ocupado pero tambin un poco trastornado. El dr. Khmayes admite que hoy le est afectando el asesinato de su colega. Estamos hablando de salud mental en Palestina, especficamente lo referente a la depresin, la ansiedad y el estrs postraumtico, y parece que el que propio dr. Khmayes los padeciera. Las condiciones generales, como el asesinato de familiares o amigos, afectan a cualquiera, afirm el dr. Khmayes tranquilizadoramente.

El Hospital Psiquitrico de Beln es el nico de este tipo que hay en toda Cisjordania y atiende a entre 20 y 30 pacientes a la vez. El hospital se dedica a casos graves, como esquizofrenia y trastorno bipolar, y deja los casos menos graves, como la ansiedad extrema, la depresin de leve a moderada y el estrs postraumtico, en manos de consultorios privados.

En toda Cisjordania solo hay 22 psiquiatras que atienden a una poblacin de aproximadamente 2.5 millones de personas. Sin embargo, segn se ha informado, Palestina tiene uno de los ndices ms altos de comportamiento depresivo de Oriente Prximo y el norte de frica, una regin que tambin tiene los ndices de depresin ms altos del mundo. Los factores que ms contribuyen a estos ndices extremos de comportamiento depresivo son la guerra y los conflictos geopolticos en muchos pases de la regin de Oriente Prximo y el norte de frica.

Pero el conflicto en Palestina es muy diferente de los que tienen lugar en otros pases de la regin. No se trata de un gran estallido de acontecimientos, seal la dra. Samah Jabr, directora de la unidad de salud mental del Ministerio de Sanidad. Hay algo insidioso que daa a la gente todo el tiempo sin que se le preste mucha atencin, de modo que su resistencia mental a la ocupacin puede verse daada a veces.

En un artculo indito que la dra. Jabr escribi para la unidad de salud mental del Ministerio de Sanidad cita un informe de YMCA de 2014 que censaba 148 organizaciones que ofrecen tratamiento psiquitrico y apoyo psicosocial en Cisjordania. La prestacin de estos servicios se reparte entre 109 ONG, varios ministerios, la UNRWA y la Sociedad de la Media Luna Roja, consultorios privados y organizaciones internacionales.

La primera clnica comunitaria de salud mental se estableci hace 14 aos con ayuda de la Unin Europea a travs del Ministerio de Sanidad. Actualmente hay una clnica en cada ciudad y tres en Hebron.

Para la dra. Jabr y el dr. Khmayes los altos ndices de comportamiento depresivo o ansioso entre los palestinos es una reaccin completamente normal a los traumas diarios de vivir bajo la ocupacin. Dicho esto, por qu faltan servicios de salud mental en Cisjordania? Y, si es tan normal, por qu nadie habla de ello?

Por lo que se refiere a la salud mental en general en Palestina, el dr. Khmayes admiti que el mayor reto al que se enfrentan los profesionales de salud mental es superar el retraso a la hora de aplicar un tratamiento o la falta de este debido al estigma social.

Desafiar el modo de pensar de la sociedad

A falta de profesionales, te las tienes que arreglar exclam Faris*, de 30 aos. Pero primero tienes que entender que tienes un problema. Recostado en una silla en su casa del pueblo de Beit Sahour, cerca de Beln, con las manos entrelazadas detrs de la cabeza, Faris reflexiona acerca de su larga trayectoria luchando durante dcadas contra la depresin. Desde que tena 14 aos Faris ha luchado contra los ataques de pnico e importantes episodios depresivos. Si echa la vista atrs puede encontrar muchos desencadenantes: la muerte de su abuelo, la destruccin de la segunda Intifada, las restricciones para viajar con un pasaporte palestino e incluso su gentica. Pero le cost muchos aos, cientos de libros y varios foros en internet antes de poder adquirir este razonamiento deductivo. En realidad, yo era cristiano admiti Faris. Aunque es del pueblo de Beit Sahour, un pueblo cristiano, ahora es un ateo convencido. Cuando empez a tener ataques de pnico, recuerda que los asociaba con la idea de que puede que el demonio haya entrado en mi mente y de que como tengo el demonio dentro de m ahora Dios nunca me perdonar.

Para Faris, el alejarse de la mentalidad conservadora y religiosa de su comunidad unido a la autoeducacin fue clave para su bienestar mental. Si me hubiera quedado encasillado en lo que se supona que me iba a quedar nunca habra entendido este tipo de cosas, afirm.

Un estigma en todos los frentes

Ahmad Faisal Abu Yabes, enfermero del Hospital Psiquitrico de Beln, explic que cuando se admite a un paciente nuevo el miembro ms importante de la familia del paciente hace todo lo posible para asegurarse de que la enfermedad de su familiar se mantiene en secreto. Simplemente tiene miedo de los vecinos concluye Yabes. Miedo al estigma, a ser juzgado por su sociedad, su comunidad.

Faris, cuyo padre pas mucho tiempo entrando y saliendo del Hospital Psiquitrico de Beln, comparte este sentimiento. En base a su experiencia Faris tiene la impresin de que ms que ser un lugar para ayudar a los pacientes el hospital es un lugar en el que las familias pueden ocultar a sus seres queridos. Faris cree que este estigma est profundamente arraigado en el mundo rabe en general, cuya sociedad es colectiva y est orientada a la familia. Cada individuo es considerado parte de una familia, cada persona es considerada dentro del mbito colectivo de la sociedad. De modo que si tienes un problema, entonces es un fallo de la familia, explic Faris. Puso el ejemplo de un primo que estaba enamorado de una chica de Beit Sahour. La familia de la chica los oblig a romper porque saban que el padre de Faris tena problemas con su salud mental.

Actualmente no hay la menor duda de que hay algn tipo de estigma asociado a la enfermedad mental grave, declar a Middle East Eye la profesora Rita Giacaman, directora del Instituto Birzeit para la Comunidad y la Salud Pblica. De hecho, Giacaman afirm que se trata de una preocupacin bastante prctica ya que la gente tiene miedo a estas enfermedades que tienen un componente gentica. Pero eso afecta a la minora de la poblacin, sigui Giacaman. No hay que estigmatizar a la mayora de la poblacin porque no tienen enfermedades mentales graves. La mayora de los casos de depresin y ansiedad en Palestina ni son ni deben ser tratados como enfermedades mentales, afirm.

Entender la situacin palestina

La enfermedad mental asume que el problema est dentro de una persona, explica la dra. Jabr. El sufrimiento psicosocial tiene mucho que ver con el contexto. En otras palabras, la enfermedad mental es intrapersonal, mientras que el sufrimiento psicosocial es interpersonal, lo que hace que esta forma de sufrimiento dependa de las relaciones del individuo con otras personas y el entorno. Si tratamos como enfermas a las personas que tienen un padecimiento psicosocial estamos matando sus capacidades, concluye rotundamente la dra. Jabr.

En opinin de Giacaman, como la sociedad confunde la enfermedad mental con el padecimiento psicosocial, el resultado es la estigmatizacin en todos los frentes. A consecuencia de este estigma los palestinos que padecen el trauma de la guerra evitan por lo general el tratamiento y la terapia. Y generalmente el tratamiento y la terapia no tienen por qu consistir en medicacin, seal.

Una practica comn de los psiquiatras en Palestina, que tienen poca experiencia de psicoterapia, es prescribir una medicacin y limitarse a enviar al paciente a un terapeuta, que son pocos y estn muy distanciados entre s en Cisjordania.

El padre de Faris iba al psiquiatra, pero no era ms que un traficante de drogas, afirm Faris framente. Resulta significativo que atribuya la adiccin a las drogas de su padre (y la muerte provocada por esta adiccin) al problema de la prctica actual de los psiquiatras en Palestina.

Giacaman cree que esta prctica de utilizar demasiados medicamentos tiene mucho que ver con los efectos de la ayuda internacional y la influencia de las empresas farmacuticas occidentales. Afirma vehementemente que en muchas sociedades en vas de desarrollo la gente no identifica la depresin de la misma manera que lo hace el mundo occidental. El sistema de salud mental palestino debe desarrollar servicios que sean especficos para los palestinos, en vez de digerir la totalidad de los conceptos occidentales, afirma Giacaman. Cree que es necesario desarrollar mtodos que puedan ayudar a las personas a dar sentido a las experiencias traumticas.

Encontrar soluciones colectivas

Giacaman cree que los palestinos que padecen las condiciones psicosociales de la guerra no necesitan ver a un psiquiatra o a un profesional de salud mental, porque no estn mentalmente enfermos. La gente rechaza un tratamiento individualizado [porque] es estigmatizador. Segn Giacaman, el mejor mtodo para aliviar el sufrimiento de la gente es las discusiones en grupo, compartir experiencias con otras personas que haya pasado por situaciones similares. Segn la experiencia de esta profesora, los palestinos prefieren abrirse a amigos y familiares, y hablar con ellos mejor que hacerlo con profesionales.

Giacaman habla muy bien del Centro Palestino de Asesoramiento, que tiene cinco sedes por toda Cisjordania y que, segn ella, hace un gran trabajo con grupos especficos, como los hijos de los presos polticos.

La dra. Jabr seala adems que en las prximas semanas el Ministerio de Salud, en coordinacin con la Organizacin Mundial de la Salud, prepara un trabajo conjunto con las escuelas locales para evaluar el nivel de comprensin de problemas psicolgicos bsicos. Representantes de los estudiantes y consejeros escolares se reunirn con profesionales de salud mental para obtener una formacin bsica sobre intervenciones de salud mental (como observar el comportamiento, los factores desencadenantes y cmo actuar respecto a ellos). Sin embargo, el reto es que muchos palestinos reprimen su sufrimiento debido al estigma social y al temor a ser juzgados.

Faris cree que en gran parte la depresin es la sensacin de desconexin, de soledad y de no ser comprendido, de modo que solo con que un individuo tuviera alguna persona a la que pudiera abrirse, gran parte del sufrimiento se aliviara.

Faris, or su parte, es afortunado. Dado que su familia nuclear tiene experiencia de problemas mentales, est bastante abierta a discutir acerca del bienestar mental. De hecho, su casa se ha convertido en una especie de refugio para la familia ms amplia y los amigos en el que pueden aliviar sus problemas mentales.

Creo que parte de la solucin del problema aqu, en Palestina, es que quienes conocen este tipo de problemas los discutan libremente de manera que animen a otras personas a abrirse, afirma Faris.


* Se ha cambiado este nombre para proteger la intimidad.

Megan Giovannetti es una periodista freelance que trabaja en Jerusaln.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/in-depth/features/maybe-devil-got-my-mind-tackling-depression-under-occupation-233013015

 

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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