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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2018

Mito, realidad y actualidad de la leyenda negra

Esteban Mira Caballos
Rebelin


Ha escrito recientemente Richard L. Kagan, profesor de la universidad Johns Hopkins, contradiciendo a Elvira Roca, que la Leyenda Negra ha desaparecido casi del todo. En realidad solo pervive en la propia imaginacin de los espaoles debido a una serie de motivos internos.

De hecho, desde mediados del siglo XX hay una amplsima simpata en universidades europeas y americanas hacia la civilizacin hispnica. Morel Fatio, maestro de Marcel Batailln, escribi que a Espaa se le deba amar por haber cerrado el paso a los rabes, por haber salvado a la cristiandad en Lepanto y por haber implantado la civilizacin europea en el Nuevo Mundo. Sus palabras resultan desmedidas pero lo cierto es que tras l lleg un amplio grupo de historiadores europeos que se apasionaron con la historia del Imperio Habsburgo, creando ctedras de estudios Hispnicos en diversas universidades europeas y americanas. Entre los grandes hispanistas europeos contemporneos no podemos dejar de citar a franceses como Pierre Vilar, Marcel Batailln, Pierre Chaunu, Fernand Braudel, Bartolom Bennassar, Joseph Prez o Bernard Lavall. Ingleses, como John Elliott, John Lynch, Hugh Thomas, Paul Preston, Trevor Dadson. Alemanes como Georg Friederici, Richard Konetzke, Horts Pietschmann, Karl Kout o Michael Zeuske. Y estadounidenses como Carlos Lummis, Lewis Hanke, Stuart Schwartz o Stanley G. Payne. Tampoco faltan hispanistas blgaros Tzvtan Todorov-, hngaros Adam Szszdi-, polacos Josef Opatrn, suecos -Magnus Mrner- e inluso isaraeles -Tzvi Medin o Benzion Netanyahu-; son slo algunos ejemplos. El historiador francs Pierre Chaunu escribi hace ya varias dcadas: No se puede pensar sobre Espaa sin amarla, no se puede estudiar el pasado de Espaa sin interpretarlo No disimulamos nuestra simpata.

En pleno siglo XXI, la temtica de la Leyenda Negra vive un nuevo resurgir, pero no parte de las potencias opositoras al imperio hegemnico, como en el siglo XVI, sino de algunos intelectuales espaoles. xitos sorprendentes como Imperiofobia y Leyenda Negra de Mara Elvira Roca Barea y otros que han proliferado a su sombra. Y aunque Richard L. Kagan afirma no tener respuesta para este resurgir la explicacin parece clara: se trata de un instrumento poltico para reforzar la conciencia nacional espaola en un momento en que la unidad del Estado est cuestionada.

Durante demasiado tiempo una parte importante de la historiografa espaola se ha empeado tozudamente en negar la crudeza de las campaas militares del imperio en vez de negar la Leyenda Negra. Obviamente, los espaoles ni inventaron las guerras de conquista, ni desgraciadamente fueron los ltimos en perpetrarlas. La destruccin del ms dbil a manos del ms fuerte ha sido una prctica recurrente desde la aparicin de la civilizacin hasta pleno siglo XXI. Las consecuencias del posicionamiento de los que aludan a la Leyenda Negra, para en realidad defender la Leyenda Blanca, ha sido acallar cualquier crtica al pasado; fuimos maravillosos, y cualquier cosa negativa que se pueda decir es fruto de la Leyenda Negra. Y sin la posibilidad de crtica la ciencia histrica pierde todo su sentido.

Ya hace casi medio siglo que ngel Losada advirti que la nica va para replicar la Leyenda negra era asumir las verdades que contiene y contextualizarlas, para de esta forma demostrar que los espaoles actuaron igual que otros pueblos europeos en la Edad Moderna. En mi opinin sta es la clave. La Leyenda Negra solo desaparecer del todo cuando todos reconozcamos sin problemas los excesos que realmente se produjeron en el sometimiento del Nuevo Mundo. No se trata de acusar a los espaoles de los males pasados y presentes de Hispanoamrica, ni tampoco de disimular o ablandar con falsos discursos lo que all ocurri. Qu potencia colonial a lo largo de la Historia no ha practicado la guerra a sangre y fuego? La historia de la humanidad es por desgracia la crnica de la imposicin del ms fuerte sobre el ms dbil. Y esta percepcin no es nueva, ya en el siglo I a. C. el historiador griego Dionisio de Halicarnaso aseguro que esta dinmica constitua una ley de la naturaleza que nada ni nadie podra cambiar. Y es que la guerra ha sido una constante en la historia de la humanidad, pues prcticamente todas las sociedades han compartido esa alternancia entre la guerra y la paz. En este sentido ha llegado a escribir Robert Ardrey, con grandes dosis de pesimismo, que el hombre se diferenci del chimpanc cuando durante miles de aos de evolucin hizo del hecho de matar una profesin. Y es que paradjicamente, como escribi Michael Nicholson, la guerra es una actividad genuinamente humana, una de las ocupaciones favoritas de la humanidad. Efectivamente, a lo largo de la historia han existido multitud de personas que han sostenido que las guerras eran tan inevitables como necesarias. Por poner un ejemplo concreto, el escritor del Siglo de Oro Francisco de Quevedo, sostena que la guerra era inexcusable para conseguir la paz y de paso frenar la soberbia de los turcos y extirpar la idolatra de los indios. Y aunque obviamente no estamos en absoluto de acuerdo con este determinismo lo cierto es que encontramos enfrentamientos blicos desde la misma Prehistoria. De hecho, se han localizado pinturas rupestres del Mesoltico, con ms de quince mil aos de antigedad en las que se pueden observar pequeos grupos tribales en pleno combate arrojndose flechas. Pero sin salir del continente americano, los tanos, procedentes del continente y mucho ms evolucionados, haban irrumpido siglos atrs en las Antillas Mayores, arrinconando a los macorises y siboneyes hasta convertirlos en residuales. Estos vivan de la caza y la recoleccin en un estado casi paleoltico y quedaron al borde de su extincin. Cuando los espaoles llegaron a las Antillas exterminaron a los tanos en medio siglo, pero a su vez estos estaban comenzando a ser desplazados en determinadas reas por los belicosos caribes que estaban en proceso de expansin, afectando particularmente a la isla de Puerto Rico.

Como ha escrito Ricardo Garca Crcel no se puede estar a favor ni en contra de la Leyenda Negra porque como su propio nombre indica no se trata ms que de eso, es decir, de leyenda. Tanto la Leyenda Negra como la Blanca parten de la manipulacin de datos y abocan a conclusiones parciales y tendenciosas que no son ms, como deca Moreno Fraginals, que una sola gran mentira.

 

Para saber ms:

 

GARCA CRCEL, Ricardo: La Leyenda Negra. Madrid, Alianza Universidad, 1992.

----- El demonio del Sur. La Leyenda Negra de Felipe II. Madrid, Ctedra, 2017.

KAGAN, Richard L.: Por qu la Leyenda Negra? Por qu ahora?, Cuadernos de Historia Moderna N. 43 (1), 2018.

MIRA CABALLOS, Esteban: Mito, realidad y actualidad de la Leyenda Negra (en preparacin).

MOLINA MARTNEZ, Miguel: La leyenda negra revisitada: la polmica contina, Revista Hispanoamericana. Revista Digital de la Real Academia Hispano-Americana de Ciencias, Artes y Letras N 2, 2012. Disponible en http://revista.raha.es/ (Fecha de consulta 31-5-2018).

RODRGUEZ PREZ, Yolanda y SNCHEZ JIMNEZ, Antonio (edis.): Espaa ante sus crticos: las claves de la leyenda negra. Madrid, Iberoamericana, 2015.

VILLAVERDE RICO, Mara Jos y Francisco CASTILLA URBANO: La sombra de la leyenda negra, Mara Jos Villaverde Rico y Francisco Castilla Urbano (Dirs.), Madrid, Tecnos, 2016.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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