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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2018

Las asincronas democrticas de Argentina

Fernando Manuel Surez
Nueva Sociedad


Argentina celebra 35 aos de la recuperacin de la democracia. La figura de Ral Alfonsn vuelve al centro de la escena pblica. El hombre que asumi la Presidencia el 10 de diciembre de 1983 fue el vocero de las ms desmesuradas promesas democrticas. Tambin fue el rostro abatido de la frustracin cuando esas promesas no se cumplieron. El legado democrtico gana un renovado valor cuando las tentaciones autoritarias vuelven a asomar en el horizonte como una posibilidad.

El 31 de marzo de 2009 falleci el ex-presidente argentino Ral Alfonsn. Recuerdo haber conversado por telfono con mi padre quien muri no mucho tiempo despus y sacar el tema a colacin, sin ms, como si se tratara de una noticia cualquiera, relevante pero sin mayor carga emotiva. La respuesta del otro lado me sorprendi: con la voz entrecortada, claramente afectado, mi pap estall en llanto. Ante mi sorpresa cre que era una ms de sus bromas, me respondi lacnico: Es que el viejo se muri y nosotros nos dimos cuenta de que pas el tiempo.

Qu era lo que la muerte de ese hombre, destinado ya al bronce como padre de la democracia, representaba? Cul era ese sentimiento casi indescriptible que emerga a borbotones y lloraba quejumbroso el paso del tiempo? Cul era la razn que haca ininteligible ese sentimiento, que no tena que ver estrictamente con banderas polticas ni con una admiracin stricto sensu hacia la figura de ese lder?

La figura Ral Alfonsn representaba y an representa muchas cosas a la vez, para mi padre y para muchos como l, miembros de una generacin que asom a la poltica en esos aos que parecan luminosos por el mero contraste con el desolador paisaje sombro que los preceda. Supo dar carnadura mejor que nadie, en esa campaa electoral precipitada por la debacle militar en Malvinas, a las esperanzas polticas de una sociedad que no saba, e incluso a veces tampoco haba querido, vivir en democracia. Alfonsn fue el rostro de un proceso de repolitizacin que lo excedi, el entusiasmo democrtico pareca el sentimiento omnipresente, el jbilo no distingua signos polticos ni ideologas, la fiesta pareca ser finalmente de todos.

El 10 de diciembre de 1983 se fragu una foto para la historia; el ltimo gobernante de facto de Argentina, el general Reynaldo Bignone, entregaba la banda presidencial a un civil elegido democrticamente. Esta escena ya no se repetira, no por el ritual en s, sino por la presencia de un militar en la postal. Esto, que hoy parece un dato casi insignificante, resulta la conquista ms durable de nuestra democracia, la de cambiar de gobierno, al decir de Karl Popper, sin derramamiento de sangre. Esto resulta mdico en contraste con la esperanza que se aliment en aquellos aos con respecto a la democracia, pero no debe ser desdeado. El problema es que, como ha sealado Catalina Smulovitz, existi la ilusin de que la democracia se creaba en el instante en que ocurra esa primera eleccin.

La democratizacin, al contrario de esa ilusin primigenia, implic un proceso plural y heterogneo, en que los distintos actores polticos y sociales transitaron en temporalidades diversas. La transicin concepto popularizado en su momento y muy cuestionado despus no fue unvoca ni uniforme. La democracia, con su complemento republicano y liberal, requiere del compromiso y la articulacin de una heterogeneidad de grupos, de la reconstruccin de una confianza y, como correlato, del establecimiento de lmites muy estrictos con respecto a los modos de accin poltica, sus alcances y restricciones. El pacto democrtico, como lo bautizaron Emilio de pola y Juan Carlos Portantiero, demanda que los actores asuman la necesidad de proyectarse ms all del horizonte de sus particularismos reivindicativos y acuerden prioridad a la construccin de un orden colectivo vinculante. All radicaba el principal desafo.

Ese compromiso democrtico, que tena a Ral Alfonsn como enunciador principal, implicaba una serie de transformaciones diferentes pero estrechamente vinculadas entre s. Pero este proceso se dio de forma menos acompasada y armnica de lo que tendemos a creer, estuvo ms bien dominado por las discordancias, los vaivenes y las asincronas. Nadie se acuesta autoritario y amanece democrtico, podramos sealar parafraseando a un querido profesor. Su solucin exige nuevas formas de concebir y hacer poltica, contestara Norbert Lechner.

En primer lugar, la democratizacin estaba estrechamente ligada al respeto de los actores polticos por el sistema democrtico per se. Es decir, asumir la democracia como el nico juego posible y abandonar cualquier alternativa tctica de participacin poltica. En ese sentido, era importante el compromiso de los partidos polticos de comportarse como oficialistas responsables y opositores leales. Este compromiso no era tan fcil de obtener de los actores corporativos, como qued demostrado durante aquellos aos.

En segundo trmino, las propias organizaciones se vieron conminadas a realizar una revisin interna y reformar las reglas de su funcionamiento. Pareca contradictorio que los garantes de la democratizacin fueran organizaciones que no reflejaban un funcionamiento afn a esas premisas. Este sera un parmetro que evidenciara la capacidad de adaptacin de los partidos polticos a los nuevos tiempos y representara el principal desafo frente a los actores corporativos. No casualmente el gobierno de Alfonsn busc reformar tanto los sindicatos como las Fuerzas Armadas, con un saldo ms bien desfavorable. La frontera democrtica que quiso forjar Alfonsn sufri en este terreno su ms duro revs.

El tercer punto, ms sinuoso por cierto, tena que ver con la modernizacin poltica de los actores y, sobre todo, de las instituciones. La agenda reformista, que cont con un mpetu desigual durante los aos alfonsinistas, tena como premisa adecuar las estructuras estatales a las exigencias de una sociedad que se pretenda abierta, pluralista y dinmica. La modernizacin implicaba en trminos de la poca tanto la incorporacin de nuevos derechos como la revisin de instituciones y organismos; como norte, estaba la posibilidad de una reforma constitucional. El proyecto trunco de la modernizacin alfonsinista, ahogado por las urgencias, fue retomado en el periodo posterior por Carlos Menem, pero con un signo radicalmente diferente: una modernizacin conservadora y neoliberal.

Ral Alfonsn, el hombre que asumi la Presidencia hace ya 35 aos, fue el vocero de las ms desmesuradas promesas de la democracia, partcipe necesario de ese complejo proceso de democratizacin. Tambin fue el rostro abatido de la frustracin cuando esas promesas no se cumplieron y sus espaldas encorvadas sucumbieron bajo el peso de un pas que ofreci ms obstculos de los que l fue capaz de sortear. Alfonsn fue la primera vctima del proceso de desilusin democrtica, cuando los efmeros alcoholes del frenes se disiparon y solo qued la resaca del pasmo y la incertidumbre. Sin embargo, el proceso de democratizacin logr sembrar algunas semillas que luego seran races de un orden que, an con sus inestabilidades, mostr un vigor indito para nuestro pas. El legado democrtico, a veces visto con indiferencia, gana un renovado valor cuando las tentaciones autoritarias vuelven a asomar en el horizonte como una posibilidad. Posibilidad que, por fortuna, hace 35 aos no existe en nuestro pas. Depende de nosotros que ese tiempo que pas, por el que algunos lloraron, no haya sido en vano.

Fuente: http://nuso.org/articulo/las-asincronias-democraticas-de-la-argentina/



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