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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2018

De Salvini a Bolsonaro y Vox
Qu hay detrs de la ultraderecha?

Cristina Mas
Lucha Internacionalista


El triunfo del capitn Jar Bolsonaro en las elecciones de Brasil es el ltimo proyecto ultrareaccionario que llega al poder con un programa xenfobo, machista, autoritario y neoliberal. La lista es cada vez ms larga: Donald Trump en los Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, Recep Tayip Erdogan en Turqua, Vktor Orban en Hungra, Rodrigo Duterte en Filipinas, Heinz- Christian Strache en la vicepre- sidencia de Austria.... En otros pases la ultraderecha no ha llegado a tocar poder, pero tiene suficiente peso para marcar la agenda poltica: el UKIP en el Reino Unido, el Frente Nacional en Francia (11 millones de votos en la segunda vuelta de las presidenciales del ao pasado) o Alternativa por Alemania (92 diputados en el Bundestag). Los ritmos y las caractersticas del avance de la ultraderecha dependen de la situacin de la lucha de clases en cada pas, pero es evidente que ms all de las particularidades nacionales hay una dinmica global que tenemos que saber analizar y comprender.

Un capitalismo en crisis

El auge de la ultraderecha hoy se explica en primer lugar por otra dinmica global: la crisis sistmica del capitalismo. Diez aos despus del estallido de la crisis de 2008, la clase trabajadora y los sectores populares slo han visto hundirse sus condiciones de vida. Y desde los gobiernos, los grandes partidos socialdemcratas o conservadores- han respondido con privatizaciones al servicio del capital financiero, recortes de los servicios pblicos y de la proteccin social, y con ms represin.

El problema no es nuevo, es un sistema agotado en el sentido que slo puede crecer en base a una gran destruccin, y que lo hace con la rapia de los recursos del planeta, al dictado de los intereses del capital financiero. Lenin ya defina la fase actual como una poca de guerras y revoluciones, y justamente esto es lo que estamos viendo, tambin con el consecuente desplazamiento forzado de poblaciones que la ultraderecha convierte en argumento para atizar el miedo al inmigrante.

Esta crisis ha dejado al descubierto los lmites de la democracia burguesa y sus instituciones, que a los ojos de todo el mundo no gobiernan para la mayora sino en defensa de los intereses del capital financiero. Se mire por donde se mire, desde los rescates de la banca, hasta las polticas de austeridad para salvar el sacrosanto pago de la deuda de los estados, hasta la privatizacin de la sanidad, los gobiernos socialdemcratas y conservadores- gobiernan para los bancos. Son ellos quienes dictan las polticas y no por casualidad sino porque todo el sistema econmico, hoy, depende de ellos, por encima de otros componentes del capital.

Esto tambin trae emparejado el problema de la corrupcin, que no es sino que la otra cara de este capitalismo podrido. Esto ha supuesto una inmensa deslegitimacin de las instituciones de la democracia burguesa: en estos aos se ha visto claro como de nada serva el principio de una persona un voto, ni los grandes partidos tradicionales, ni siquiera los grandes aparatos sindicales. Crece el rechazo a los grandes partidos y las instituciones a travs de las cuales se han aplicado las polticas neoliberales y que han servido para vehicular la corrupcin.

Todo este malestar de abajo no encuentra respuesta en una nueva izquierda, que se empantana con polticas imposibles de moderacin que tratan de paliar la situacin evitando una ruptura para no enfrentarse con los capitalistas y las instituciones del estado. La extrema derecha aprovecha el hecho que no hay una alternativa de la izquierda a la desesperacin obrera y popular, para denunciar demaggicamente a banqueros y polticos, a la burocracia de la UE, a alentar el miedo con la xenofobia y haciendo renacer el gran nacionalismo opresor... Un discurso amplificado por las redes sociales, con mensajes simples y rpidos, en un momento en que los viejos medios de comunicacin estn tan desacreditados como los partidos y las instituciones porque, en manos de los bancos, tambin han tapado las vergenzas del sistema.

El capital financiero y los gobiernos abren la puerta

Con todas las condiciones a favor, los proyectos de ultraderecha necesitan an otra cosa para salir de la marginalidad: el dinero de sectores del capital financiero que se preparan esta carta por si un da no tienen bastante con los aparatos de control tradicional. Es cuando defienden la necesidad de un liderazgo fuerte ante el caos, la corrupcin, la inseguridad, la depauperacin de las clases medianas y la crisis institucional. Es el que en la teora marxista se denomina bonapartizacin: un endurecimiento del estado, y el recorte de libertades democrticas -derechos de reunin, manifestacin, expresin, organizacin- para aplicar los planes de choque que tienen que venir.

Y no tenemos que olvidar que son los mismos gobiernos (tanto socialdemcratas como de derecha) los que aceleran esta deriva reaccionaria con sus polticas. Las leyes de extranjera, las medidas de excepcin justificadas en el antiterrorismo, la exaltacin de la unidad nacional, las privatizaciones, los recortes.... normalizan un discurso y una lgica poltica que despus la ultraderecha slo tiene que llevar hasta las ltimas consecuencias, dentro de un marco que se ha creado desde los partidos tradicionales.

Volvemos al fascismo?

Todas nos referimos coloquialmente a la ultraderecha como fascista, porque queremos aislarla y dejar claro nuestro rechazo. Pero realmente estamos hablando de un regreso al fascismo como el de los aos 20 y 30? Es un debate abierto dentro de la izquierda y es importante precisar los conceptos, porque no podremos ganar si no sabemos a qu nos enfrentamos. El fascismo es una forma particular de autoritarismo que no se distingue por su brutalidad (hay dictaduras militares igualmente sanguinarias y represoras) sino porque es un rgimen de combate al que la burguesa recurre cuando se ve acorralada por una amenaza revolucionaria. Y tiene bsicamente dos caractersticas que lo distinguen: su capacidad de movilizacin de las masas pequeoburguesas y el hecho de que impone un mtodo de guerra civil contra las organizaciones de la clase trabajadora. Es lo que Trotsky defini como la extirpacin de todos los elementos de la democracia proletaria dentro de la sociedad burguesa. No es la opcin preferente de la burguesa, precisamente porque esta necesidad permanente de movilizacin lo con vierte en un rgimen de choque que no puede perdurar muchos aos: el fascismo es un movimiento con cierta autonoma al cual las burguesas recurrieron mientras no podan reconducir la situacin a formas de dominacin ms estables de tipo dictatorial.

No creemos que el fascismo est a la orden del da, sino que vamos a regmenes cada vez ms duros, de tipo bonapartista, y por eso preferimos hablar de extrema derecha o de fascistizacin del discurso poltico.

La radiografa europea

Desde hace unos veinte aos la ultraderecha en Europa vive un auge electoral sin precedentes desde los aos 30. En las ltimas elecciones al Parlamento Europeo, en 2014, la extrema derecha se impuso en el Reino Unido (con el UKIP), Dinamarca (el Partido del Pueblo Dans) y Francia (Frente Nacional). En 2016 el Partido de la Libertad de Austria estuvo a punto de ganar las presidenciales y despus de las legislativas de 2017 entr al gobierno junto con la derecha. En septiembre del mismo ao, Alternativa por Alemania coloc 92 diputados en el Bundestag. En Francia Marine Le Pen perdi las presidenciales ante Macron, pero con 11 millones de votos en la segunda vuelta, el doble que su padre en 2002. La lista de los que tocan ya poder se completa con Matteo Salvini, ministro de Interior y hombre fuerte de Italia, y Vctor Orbn, que gan las elecciones de abril en Hungra.

Ms all de las particularidades de cada pas, todos ellos comparten elementos clave de su discurso: la crtica a unas lites corruptas, traidoras y parsitas; la denuncia a estructuras de la democracia burguesa; el gran nacionalismo, o un discurso tnico o identitario; el fundamentalismo religioso (se habla mucho del radicalismo islmico pero menos del ultracatlico como el Tea Party, del apoyo de la iglesia evanglica a Bolsonaro, o del sionismo de los ultraortodoxos en el gobierno israel); la glorificacin del pueblo como un todo homogneo, borrando las diferencias de clase; la construccin del enemigo exterior (ya sea el inmigrante, el musulmn, el judo). En muchos casos tambin hay machismo, homofobia, exaltacin de la familia tradicional y rechazo al derecho al aborto. Todo ello envuelto tras un gran lder salvador.

La particularidad espaola

En el estado espaol todava no tenemos grupos de ultraderecha con un impacto electoral tan significativo. Lo que hemos visto es un giro ultra del PP y de Ciudadanos, sobre todo en cuanto a la cuestin catalana y a la inmigracin. Esta excepcin espaola se explica por la impunidad con que se cerr la transicin al rgimen del 78. Nunca hubo una ruptura con el franquismo, que naci como un movimiento fascista (con la Falange como instrumento de movilizacin de masas) y que se consolid en el poder como una dictadura burocrtica-militar bonapartista. La monarqua fue la lnea de continuidad que preserv el aparato del estado y Alianza Popular (y despus el PP) la lnea de continuidad poltica para blanquear el Movimiento. A diferencia de otros estados europeos, a excepcin de pequeos grupos (Democracia Nacional, Espaa 2000, Falange...), la ultraderecha no se organiza por fuera sino como un ala del PP. No ha sido hasta ahora, con la crisis y el inicio del proceso de descomposicin del PP, que surge VOX. Su mitin con miles de asistentes en Vista Alegre (Madrid) es toda una seal de alarma.

Combatirla en la calle y en los barrios

Hay un sector de la izquierda que nos dice que ante el giro hacia la extrema derecha lo que tenemos que hacer es aferrarnos a las instituciones burguesas. Esta explicacin confunde los trminos histricos y la secuencia causa-efecto. El giro hacia la extrema derecha surge porque estas instituciones burguesas han sido el instrumento para el empobrecimiento y la represin. La polarizacin social que impone la crisis y el rechazo popular a gobiernos e instituciones son la base de su intento de canalizar el odio popular fuera de estas instituciones. Es por eso que defenderlas, con el argumento de que lo que viene es peor sera un error. Otra cosa es la defensa de todas y cada una de las libertades democrticas: aqu es donde hace falta un frente comn y unidad de accin. Pero para hacer frente a la ultraderecha hay que levantar otro camino por la ruptura popular con unas instituciones caducas.

El otro debate tiene que ver con quien situamos como enemigo: son fundamentalmente los grupos fascistas? Es lo que nos planteamos por ejemplo cada 12 de Octubre en Barcelona donde cada ao convocan su concentracin. Pero mientras unos centenares de neonazis se manifiestan all, hace aos que PP, Ciudadanos, Sociedad Civil Catalana y otras plataformas arrastran miles de personas en movilizaciones por la Hispanidad en el centro de la ciudad. Pensamos que son los estados y las polticas de los gobiernos quienes allanan el camino para la irrupcin de la extrema derecha y finalmente del fascismo. La ley de extranjera y las expulsiones en caliente, sentencias como la de la Manada o el discurso contra Catalunya del PP, Ciutadans y el PSOE generan el espacio sobre el cual la ultraderecha se construye, y slo tiene que presentarse como el que de verdad est dispuesto a aplicar la misma poltica hasta el final. Por eso, la tarea central hoy es luchar contra estas polticas y los gobiernos de turno responsables, por el derecho de autodeterminacin y el resto de libertades democrticas, contra la monarqua, por los plenos derechos de los trabajadores y trabajadoras migrantes. Parando estas polticas paramos a la ultraderecha.

Y esto slo se puede hacer planteando polticas que den respuestas reales a los problemas de la gente y necesariamente tienen que ser de ruptura: porque no se pueden satisfacer las necesidades sociales mientras se contine pagando la deuda de los bancos, no se puede acabar el paro sin recortar el tiempo de trabajo sin reduccin de sueldo, no se puede salir de la crisis sin nacionalizar la banca y no se puede resolver el problema de la corrupcin y de los derechos de los pueblos sin romper con el rgimen del 78.

Queda todava un cuarto problema en la accin transformadora y es a quien nos dirigimos y dnde trabajamos. La mayora de la izquierda ha abandonado el trabajo en las fbricas, en los barrios obreros, que muchos dan por perdidos ante la oleada naranja. No! Sin ir a la base, a trabajar cada da codo con codo buscando respuestas de fondos a los problemas reales no se puede combatir una ultraderecha que, si nadie la para, se traga nuestra gente.

Fuente: http://luchainternacionalista.org/spip.php?article3471

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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