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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2018

In memoriam. Osvaldo Bayer

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


La muerte de Osvaldo Bayer ha generado una oleada de recordatorios, a los cuales ni se me ocurri sumarme, pensando, como siempre, que ya todo estaba dicho o que en todo caso, a quien le podra interesar otra recordatoria ms.

Y sin embargo, repensndolo, a las 48 horas, leyendo algunas despedidas, me di cuenta que probablemente tenga yo algo que decir, por lo menos algo de todo lo que nunca queda dicho.

As que tejo aqu algunos hilos con el Osvaldo que conoc, que modific mi vida.

Conoca a Osvaldo siendo lector de Los Vengadores de la Patagonia trgica. Y en 1975, estando yo trabajando en una editorial que empezaba a conocer las amenazas de los comandos restauradores, vi que por las condenas de muerte para los de las listas negras de la Triple A, Osvaldo, como muchos otros, optaban por el exilio.

Peculiar el de Osvaldo, reencontrndose con sus races teutonas, instalndose precisamente en la tierra de sus padres.

Poco despus, con la dictadura instalada a pleno en Argentina, me toc iniciar mi propio exilio. Por la prensa anarquista me enter de un largo reportaje de la revista inglesa Freedom a Osvaldo. All, en ingls, obviamente, Osvaldo narra su encuentro con Che Guevara. 1960. Momento que se vivi como eclosin revolucionaria. Junto con otros argentinos y argentinas esto no es poltica de inclusin de gnero− particip de una visita no turstica a Cuba cuyo objetivo principal era conocer al compatriota. Osvaldo cuenta el embeleso de todas o casi todas las visitantes ante la gallarda figura. Que todos esperan ansiosamente hasta que hace su ingreso a la sala donde la delegacin argentina espera. Osvaldo cuenta que el Che no se sienta, al contrario deambula entre mesas y sillas y plantea el qu hacer. Hay que armarse para luchar; cuando dos o tres se decidan, se trata de sorprender a un polica en la calle, inmovilizarlo y arrebatarle el arma. Una vez, dos veces. Teniendo ya un par de pistolas, el ncleo revolucionario se puede plantear copar un pequeo destacamento, de uno o dos policas. Y as, progresivamente, a medida que el grupo se nutra con nuevos ingresos y ms armas arrebatadas, se podrn encarar objetivos mayores y ms difciles, hasta estar en condiciones de enfrentar a militares

Osvaldo cuenta que lo escucha y no puede dar crdito a la fbula. Entonces, en el medio del silencio arrobado, sobre todo de las mujeres, Osvaldo ensaya una pregunta, la pregunta tpica de un pas futbolero; Y los contrarios, no juegan?

Osvaldo cuenta que desde su altura, el Che lo mir y le contest displicente: −son todos mercenarios. Con lo cual cerr el debate. Que nunca tuvo lugar. Porque recordaba que fue la nica pregunta del encuentro. El reportaje de Freedom fue de 1979.

Pasaron los aos y Osvaldo y tantos otros, como yo, terminamos el exilio.

En uno de mis ltimos intentos de publicar en Suecia haba yo escrito (en sueco) Mito y realidad de El Hombre Nuevo y enviado a la revista de cultura Fenix. Y cuando me iba del pas que tan clidamente me acogiera (valga la paradoja climtica), sin haber logrado que lo publicaran, otro refugiado, paraguayo, que haba aplicado sus energas en Holanda al Instituto de Historia Social, de Amsterdam, me recomend muy entusiastamente que me pusiera en contacto con Osvaldo Bayer, regresado a Buenos Aires. Que realmente vala la pena, insisti.

As que reinstalado yo a mi vez en Buenos Aires, us los datos de mi amigo y le alcanc a Osvaldo Bayer mi miniensayo, sobre el Hombre Nuevo.

Pas un ao. Sin noticia alguna. Y un buen da, ya debamos estar con la URSS en harapos, me llega devuelto el sobre con Mito y realidad Mir atentamente. Prolijamente cerrado. No saba si haba llegado a leerlo o no. De cualquier modo, no haba comentario alguno.

Pese a la ancdota recordada en Freedom, tuve la impresin que Osvaldo se encuadraba en la izquierda, las izquierdas, duras y puras; ciegas, sordas, mudas.

En 1993, Osvaldo inaugura la primera ctedra (libre) de derechos humanos en las universidades argentinas. Un mojn histrico.

Yo le haba perdido la pisada. Y en 1998, Osvaldo me convoca para cubrir el rea de Ecologa en la ctedra que l preside. Sorpresa mayscula (y no slo ma, sino de otros que contaban ser elegidos para tal tarea).

Lo que yo imaginaba frialdad, que me habra cortado el rostro ante un texto incmodo o impresentable, no se compaginaba con esta invitacin donde con mucha simpata, ponderaba mi labor. Me dijo simplemente que lea mis artculos sobre ecologa.

La nocin de hombre nuevo, como la misma URSS, haban quedado atrs [1] estbamos en 1998.

Cuando aos despus, me decid a preguntarle por el destino de Mito y realidad del hombre nuevo (que por cierto permaneca, y permanece, indito), no tuve respuesta. Evidentemente, no le interesaba comentar el punto.

Trabajando juntos, y conociendo ahora los reportajes que a menudo le hacan en Argentina, ms de una vez le propuse que sacara a luz su experiencia cubana, con el Che en 1960. A mi modo de ver, revelaba un grado de madurez que Osvaldo con sus 33 aos entonces, ya tena (por algo haba quedado solo entre veinteaeros y veinteaeras deslumbrados durante aquella visita).

Nunca coment mis expectativas, pero aos, muchos aos despus, apareci aquella visita de 1960 en sus entrevistas argentinas. Sent que haba dado como un paso poltico.

Me parece que fue luego que sufriera la degradacin que le impusiera Hebe de Bonafini retirando su nombre del caf de Madres de Plaza de Mayo y seguramente luego que se tuviera que retirar, en un mar de hostilidad, de la Universidad de la misma organizacin.

En la lista extenssima de tomas de posicin que tuvo Osvaldo, siempre del lado de los perseguidos, recuerdo una particularmente, enfrentando con mucha valenta los sentimientos patrios de argentinos y chilenos: reivindicar el territorio patagnico cis- y trasandino para los mapuches.

Tuve el inmenso honor de tener un prlogo suyo para mi libro Futuros: contra una visin autoindulgente del desastre planetario.

Se solidariz, como con tantos antes, con un perseguido desaparecido en democracia: Santiago Maldonado, lo cual habla de su enorme compromiso.

Su hijo Esteban a la hora de su muerte lo presenta tal cual viva y estaba en el ltimo tiempo, con la bonhoma y los proyectos de siempre, y sus cuentas pendientes, como dice su hijo, para debatir con di Giovanni o el Gallego Soto o Wilkens

Lo haba visto hace 4 o 5 meses. Lamento estar ahora lejos; lejos de Marcelo, su sucesor en la ctedra, y de tantos otros compaeros, a quienes ahora apenas saludo con estas lneas.


Notas

[1] Salvo para las paredes de la facultad. Donde seguan proliferando con igual virulencia que antes los carteles y afiches de poder rojo, poder proletario, dictadura de clase y otras consignas y consignismos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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