Portada :: Brasil :: Bolsonaro: amenaza fascista en Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2018

Entender lo que pas en Brasil y poner las barbas (o el maquillaje) en remojo

Aram Aharonian
Rebelin


La mayor proeza de Jair Bolsonaro no fue haber vencido en las elecciones, sino haber impuesto su agenda en toda la disputa electoral. Y entonces nos llenamos de preguntas. Por qu en un pas de 14 millones de desempleados, con una recesin sin seales claras de reversin, en proceso acelerado de desindustrializacin, y con servicios pblicos enrumbados hacia el colapso, la agenda electoral se volte hacia una pauta claramente moralista y despolitizada?

La respuesta est en cmo el propio PT decidi encarar el enfrentamiento en las urnas. Lula busc controlar el timn de la jornada al colocarse como candidato hasta los 44 minutos del segundo tiempo, o sea hasta mediados de setiembre, sin indicar un vice o un plan B, y por eso no prioriz la lucha poltica abierta. Lula deleg tcitamente la direccin de la campaa a sus abogados, que presentaron acciones encima de acciones en una conmovedora confianza en el sistema judicial brasileo.

No se cuestion al gobierno de facto de Michel Temer y el poder fctico oculto en la campaa electoral, sino se mostr a Lula como vctima injusta de un proceso fraudulento, haciendo de la condicin del expresidente el centro de la campaa, en lugar de los problemas concretos vividos por la mayora de los brasileos. En lugar de un juzgamiento de Temer y sus reformas regresivas, Lula centr en s mismo la cuestin. Su tctica fue transformar las elecciones en un plebiscito sobre s mismo, dice el acadmico Gilberto Maringoni.

Esa opcin fue acompaada de otra: la nostalgia de los buenos tiempos, cuando Brasil creca y los salarios tambin; el pas era respetado en el mundo, y el futuro pareca radiante. La nostalgia tiende a ser unidimensional. Escogemos qu recordar y escogemos qu olvidar. A diferencia de mirar crticamente el pasado para entender el presente la nostalgia tiene los dos pies en el idealismo.

As, los pilares de la campaa petista hasta el final de la primera vuelta electoral fueron la victimizacin y la nostalgia, en sentimientos fuera de la poltica y la confrontacin. Y si el centro de todo iba a ser Lula, faltaba una pieza en el rompecabezas. El raciocinio se volvera redondo con el mantra Haddad al gobierno, Lula al poder, un mal adaptado slogan recogido de la campaa de Hctor Cmpora (Cmpora al gobierno, Pern al poder) a la presidencia de la Argentina, en 1973.

Y transform a Fernando Haddad, el verdadero candidato, en un mero biombo suyo, dejndolo en la sombra hasta despus de iniciada la campaa. Haddad no particip de debates, actos ni entrevistas hasta finales de septiembre, lo que dificult mucho la fijacin de su nombre en la politizacin de la campaa. Increble; no hubo ataques a Jair Bolsonaro.

El PT opt por despolitizar la campaa. Cuando Jair Bolsonaro sufri el supuesto atentado el 7 de septiembre reality show mtico y milagroso de dejarlo con vida y sin mancharle la camisa-, la campaa cambi de rumbo. Hospitalizado y con su vida en riesgo, l tambin se convirti en vctima y Lula perdi la primaca y exclusividad en esa condicin

Sin poltica, valindose de miedos y preconceptos arraigados en la poblacin, Bolsonaro adicion un ingrediente ms, el antipetismo, uno de nuevo tipo: una repulsa popular al partido, diferente a su versin conservadora y de derecha, que vea en el ascenso de los pobres un problema a ser vencido, que sensibiliz a los hurfanos del proprio PT, las vctimas de la depresin de 2015-16, promovida por el desarrollismo de Dilma y su conservador ministro de Economa Joaquim Levi.

Ellos formaron la masa de decenas de millones que se sumaron al desempleo y cayeron en el discurso fcil de la propaganda fascista y de sus respuestas simples para problemas complejos. Claro, tambin est Ciro Gomes y su vergonzosa omisin en la lucha, y el uso criminal de whatsApp y las redes digitales, herramientas que precisamos comprender ms profundamente.

El progresismo brasileo cuenta con el ms importante lder popular de la historia brasilea, un candidato Fernando Haddad que se agigant en la jornada y lderes de primera lnea, como Guilherme Boulos. Y en la segunda vuelta logr unir a la izquierda, a los demcratas, parte de los liberales, a los nacionalistas y a los que luchan por un Brasil socialmente justo. Hoy el progresismo llora para poder tomar tomar aliento, entender racionalmente lo que aconteci y volver a la accin.

Encarar la bestia-fiera fascista exige cohesin y comunin de propsitos: un programa, y la construccin de cuadros preparados para la gestin. Hace falta saber bien quin es el enemigo y enfrentarlo directamente. Ya no quedan dinosaurios salvadores de la civilizacin.

Pero s hubo durante la campaa un fenmeno que llam la atencin: la movilizacin de masas que gener el feminismo. El 29 de septiembre en 50 ciudades del pas cientos de miles de mujeres se movilizaron con la consigna #eleno (l No), en lo que fue una de las movilizaciones ms multitudinarias y federales de la historia brasilea. Pero en su inmensa mayora, las mujeres de carne y cuerpo que adquieren voz pblica son blancas, universitarias de profesiones liberales, artistas. El feminismo en Brasil no es plebeyo, no parte de las necesidades, sufrimientos y esperanzas de las mujeres del Brasil profundo.

Exceptuando a las mujeres del nordeste brasileo, al resto de ellas las convoc Bolsonaro. El feminismo se les presenta como la otredad, como el intento desmedido de la izquierda progresista por imponer los valores de las minoras (simblicas) sobre la construccin identitaria tradicional. Sobre las buenas costumbres y los valores de la gente de bien.

El plan econmico de Bolsonaro le es funcional y redituable a los grandes bancos, los agroexportadores, conglomerados y corporaciones transnacionales y, aunque con ciertas inquietudes, a la gran industria nacional (los paulistas). Segn el socilogo Max Weber, hay all una accin racional-econmica con arreglo a fines econmicos.

Bolsonaro y todo aquello que lo rodea, expresa pblicamente el esquema de valores de la familia tradicional, heteronormativa, burguesa y blanca. Hasta los obreros afrodecendientes lo votaron. Unos, por estar en contra del programa de educacin sexual, que el PT impondra en las escuelas, otras porque el comunismo de Manuela (la vice de Haddad) era opuesto a la fe en dios.

La mscara de Bolsonaro sonriente y con lentes de sol que usaron sus adeptos durante la campaa, les permite esconderse, no ser ellos, o al menos estar amparados en un nuevo sentido comn imperante, que habilita cualquier tipo de racismo y odio sobre el otro-otra, y la voluntad de suprimir al oponente del espectro poltico y pblico. Racionalidad con arreglo a valores, seala la sociloga Camila Matrero, de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Expuestos los tipos de racionalidades que pueden motivar a las inmensas mayoras (sectores populares, clases medias) a votar en pos de un proyecto neoliberal que los afecta directamente como clase, es necesario pasar de Weber a Antonio Gramsci y su valioso aporte: el problema de la hegemona.

Gramsci escribe los Cuadernos de la crcel, desde la derrota de la Revolucin en Italia, pero no es derrotista. Intenta descifrar sus causas, comprender el proceso histrico por el cual estando dadas las condiciones objetivas para la revolucin (lase: la necesaria estructura de clases), se pierde. Va preso. Gana el fascismo. Siguiendo a Gramsci nos hacemos la misma pregunta. Por qu gana el fascismo?

Para ello es necesario avanzar ms all de los planteos clsicos como la injerencia del imperialismo o los epocales como el poder judicial y meditico ya que est el establishment televisivo y periodstico que jug de manera indirecta o tmida en favor de Bolsonaro. Est lo coyuntural (en las anteriores elecciones dieron su apoyo a Dilma) y al mismo tiempo particular de la sociedad brasilea como el fenmeno social masivo y en ascenso- que constituye la doctrina evanglica.

De lo que se trata, para el campo de las izquierdas, es de dejar de echar culpas hacia afuera y mirar las falencias propias, que, al fin de cuentas, son las nicas sobre las que se puede operar de cara al futuro. Si hay un territorio especfico de acumulacin de poder para la izquierda, el progresismo, lo nacional popular, es en las entraas de la bestia, en la conciencia y voluntad de los sujetos postergados, oprimidos, hambrientos.

Y, en el caso brasileo, antes de perder la eleccin, el PT perdi a su sujeto y eso bast para que las fuerzas de derecha, el partido militar, los CEOs, ganaderos, sojeros y ciertos evanglicos lleguen al poder por el voto popular.

Brasil no tuvo un estallido de trabajadores sublevados en busca de su lder como el 17 de octubre de 1945 en Argentina, o un Caracazo (1989), o un Bogotazo (1948). No sucedi en los momentos de auge de movilizacin popular en la regin y tampoco sucedi cuando encarcelaron a Lula, lder popular por aos en Brasil. El PT, no construy un sistema de ideas hegemnico slido y la batalla -por ahora, dijera Hugo Chvez- la ganaron sus adversarios.

Aram Aharonian es periodista y comuniclogo uruguayo. Magster en Integracin. Fundador de Telesur. Preside la Fundacin para la Integracin Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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