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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2019

Cordones sanitarios frente a VOX?

Sabino Cuadra Lasarte
Rebelin


Tras el pacto PP-Ciudadanos y los iniciales trapicheos de stos con VOX a fin de asentar en Andaluca unas instituciones netamente de derechas, hay quienes critican a aquellos por no crear como en otros pases (Francia, Suecia,....) un cordn sanitario en torno a ese partido, Vox, que dicen amenaza la propia democracia y sus libertades. As, Rafael Simancas, portavoz adjunto del PSOE en el Congreso, ha calificando esto de vergonzante pues supone dar legitimidad a los herederos del franquismo, es decir, a Vox. Pero adjudicar a VOX la herencia franquista es algo ms que un simple error de apreciacin.

Cuando algunos afirmamos que durante la llamada Transicin no hubo ruptura democrtica, no nos referimos a algo poltico-conceptual, sino a algo mucho ms material. Hablamos de que todo el entramado poltico-policial-militar-eclesial-judicial-econmico del franquismo pas intacto al nuevo rgimen, reconvertidos sus miembros, eso s, en fervientes demcratas.

Me refiero en primer lugar a Juan Carlos I, designado por Franco sucesor suyo en 1969, quien entonces reconoci la legitimidad poltica surgida del 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes pero necesarios para que nuestra Patria encauzase de nuevo su destino. Y a pesar de eso, la Constitucin le nombr Jefe de Estado, otorg el mando supremo del Ejrcito y regal una inviolabilidad civil y penal absoluta.

A mencionar tambin los miles de fascistas del Movimiento, Falange, Frente de Juventudes, Sindicato Vertical, Seccin Femenina..., nombrados a dedo y trasvasados luego a los nuevos espacios democrticos, sin ser ninguno de ellos cesado por su complicidad con el criminal rgimen franquista. A recordar igualmente la conversin del Tribunal de Orden Pblico en la moderna Audiencia Nacional, la de la siniestra Brigada Poltico-Social franquista que paso a dirigir la nueva Polica Nacional y el grueso de aquella jerarqua militar, uniformada ahora con ropajes constitucionales y de la OTAN.

En otro mbito, los banqueros y empresarios que financiaron el golpe del 18 de julio fueron premiados con unas leyes sindicales y laborales con las que sobreexplotaron a la clase obrera durante dcadas. Una clase que hizo su agosto con el uso y abuso de la mano de obra esclava formada por 400.000 prisioneros polticos que levantaron carreteras, pantanos y obras pblicas. y luego se convirti en la moderna casta empresarial que hoy copa el IBEX-35.

Finalmente es preciso sealar a esa Iglesia que a pesar de haber bendecido el golpe militar-fascista del 18 de julio calificndolo como Cruzada y apoyado durante cuarenta aos la Dictadura, mantuvo la gran mayora de los inmensos espacios de poder que posea (religiosos, educativos, asistenciales, civiles...) a cambio de dar sus ms santas bendiciones a aquella Transicin.

No es casualidad por ello, sino todo lo contrario, que la derecha estatal que hemos conocido en las ltimas dcadas, es decir, el PP, sea heredera directa de la Alianza Popular de Fraga y naciera tras fagocitar este partido a la UCD reformista de Surez, que no al revs. Y as fue que el PP se ciment sociolgica y polticamente sobre el espectro ms derechoso y franquista de todos los que apostaron por aquella gatopardiana Transicin. Por eso es que nunca ha existido desde entonces en el Estado espaol una derecha que fuera mnimamente liberal o democrtica (de republicana, mejor ni hablamos).

Tras las pasadas elecciones andaluzas y el ascenso de VOX mucha gente, con razn, ha sealado la influencia que en ello ha tenido la era Trump y el importante ascenso del fascismo europeo. Bastante menos se ha hablado, sin embargo, del poder que todos esos cientos de miles de personas a las que antes nos hemos referido han seguido manteniendo en distintos espacios polticos, policiales, administrativos, episcopales, militares y mediticos, permitiendo la continuidad de un franquismo que ahora emerge electoralmente. Espacios stos en torno a los cuales, durante los ltimos cuarenta aos, los franquistas recauchutados han tejido pacientemente nuevas redes de poder.

La Transicin neg la ruptura democrtica y ahora el viejo franquismo llama de nuevo a nuestras puertas. Pero no es solo VOX quien golpea con sus aldabas, como afirma Rafael Simancas. Reclamar hoy al PP y Cs que pongan un cordn sanitario en torno a Vox es pedir peras al olmo, pues el ADN de estos tres partidos es comn. Por eso, los cordones sanitarios que pondrn sern en torno a los de siempre: los independentistas, la izquierda alternativa, el sindicalismo de confrontacin, la juventud insumisa, las feministas..., pero no para VOX, ni para los varios cientos de generales, almirantes y coroneles en la reserva (los de servicio activo no han enseado an la patita) que acaban de reivindicar hace solo unos meses la figura de Franco, sin que ningn fiscal haya iniciado actuacin alguna contra ellos por apologa del terrorismo.

Por supuesto, no pretendemos hacer tabla rasa de estos tres partidos, PP, Cs y VOX, y decir que todo es lo mismo. No, no se trata de eso. Si Cs y VOX han surgido en los ltimos aos de la mano de importantes centros de poder econmico, empresarial y fctico, ha sido porque el PP, sacudido por la crisis y la corrupcin, estaba siendo incapaz de tapar las grietas que se estaban abriendo en el edificio institucional nacido en la Transicin. Para rebaar hoy a fondo el plato, mejor utilizar tres cucharas ms pequeas, que una sola grande, parece decir el IBEX 35 y el generalato.

El franquismo, aunque invisibilizado en gran medida, siempre ha estado presente durante estos aos agrupado en torno a distintas fundaciones, crculos privados, selectos clubs, salas de oficiales y reducidos grupos fascistas. Pero hoy ha saltado a la calle, a los medios y redes y comienza a entrar tambin en las instituciones. Es preciso por ello hacerle frente en todos y cada uno de estos espacios. Pero la estrategia a levantar no pasa por situar a la extrema derecha de VOX como referencia central en esta tarea, sino por situar de nuevo sobre la mesa la exigencia de aquella ruptura democrtica y social que nos rob la Transicin. La lucha contra el nuevo franquismo y la extrema derecha no pasa pues por recuperar su espritu, sino por romper amarras con aquello que aquella dej atado y bien atado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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