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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2006

Religin y poltica

Carlo Frabetti
Rebelin


La religin y la poltica siempre han estado juntas, y a menudo revueltas. Con la Revolucin Francesa, que no en vano marca el comienzo de la Edad Contempornea, la poltica intent separarse de la religin; pero era un matrimonio milenario (y, adems, de conveniencia, que son los ms estables), y el divorcio nunca lleg a consumarse.

En estos tiempos de crisis de la pareja tradicional, el contubernio Iglesia-Estado adopta formas ms variadas y verstiles; pero, como la pareja tradicional, sigue siendo la frmula dominante. Incluso en los Estados supuestamente laicos, la religin contina desempeando un papel poltico fundamental.

Histricamente, la Iglesia (me refiero sobre todo a la catlica) ha sido una poderossima fuerza conservadora, la mejor aliada del poder poltico en el mantenimiento del orden establecido. Pero en las ltimas dcadas se ha producido, sobre todo en Amrica Latina, un fenmeno paradjico, a la vez esperanzador e inquietante: la progresiva izquierdizacin de un sector de la Iglesia.

No es paradjico, sino todo lo contrario, que un cristiano sea de izquierdas. El manido tpico de que Jess fue el primer comunista puede que sea una exageracin, pero no carece de fundamento. Jess predic la igualdad y la fraternidad entre todos los hombres (y las mujeres: para ser hebreo era muy poco misgino), e identific expresamente a los ricos con los malos. No logr sustraerse del todo a la criminalizacin del sexo propia de su cultura hiperpatriarcal, pero incluso en este sentido dio algunos pasos importantes (que sus sucesores se apresuraron a desandar). Adems, hay muchas formas de ser y de sentirse cristiano (incluso Fidel Castro se ha declarado cristiano en lo social), y algunas de esas formas son perfectamente compatibles con el marxismo o cualquier otra filosofa revolucionaria.

Pero solo hay una forma de ser catlico. Hay tantas actitudes personales como individuos, por supuesto; pero ser catlico implica, por definicin, acatar la doctrina y los mandamientos de la Iglesia Catlica Apostlica Romana (ICAR), as como la autoridad del papa y de la jerarqua eclesistica. Un verdadero catlico (muchos son herejes sin saberlo) no puede aceptar la homosexualidad, ni el sexo fuera del matrimonio (y ni siquiera dentro del matrimonio puede alejarse demasiado de la rutina procreativa), ni los anticonceptivos, ni el aborto. Para un verdadero catlico, el hombre es malo por naturaleza y viene al mundo con el estigma del pecado original. Para un verdadero catlico, es dogma de fe que hay un infierno en el que los pecadores irredentos sufrirn un castigo eterno (cmo se puede pensar que un Dios justo y misericordioso sea capaz de infligir un suplicio infinito a seres de responsabilidad limitada?). Un verdadero catlico tiene que creer que individuos como Ratzinger, Wojtila o Pacelli (para limitarnos a las ltimas dcadas) fueron designados por el mismsimo Espritu Santo como infalibles vicarios de Cristo en la Tierra... (Tengo que admitir, sin embargo, que algunas de las mejores personas que conozco son frailes o sacerdotes, y recientemente he visto a algunas monjas defender los derechos de las prostitutas con ms comprensin y respeto que muchas supuestas feministas. Pero esos frailes, sacerdotes y monjas son, desde el punto de vista de la estricta ortodoxia, claramente anatematizables, y su permanencia en el seno de la Iglesia es poco menos que clandestina.)

En este contexto, un dirigente como Hugo Chvez, que declara abiertamente su religiosidad e incluso la utiliza como instrumento poltico, debera aclarar qu clase de cristiano es. El crucifijo con el que suele mostrarse en pblico est demasiado connotado como para esgrimirlo sin ms. De Constantino para ac, hemos visto a demasiados militares con la cruz en la mano como para que la imagen no despierte, en s misma, cierta inquietud. En principio, un dirigente poltico debera guardarse para s sus creencias religiosas, tanto por el bien de la poltica como por el de la religin; pero, si no lo hace, cuando menos tendra que dejar perfectamente claras la ndole y las repercusiones de dichas creencias.

Y sera bueno, dicho sea de paso, que todos los catlicos se preguntaran si lo son realmente y reflexionaran a fondo sobre lo que significa serlo. Se oye a menudo, por ejemplo, la expresin Yo soy creyente pero no practicante; eso puede decirlo un cristiano (se puede creer en Cristo y seguir sus enseanzas sin adoptar una determinada praxis religiosa), pero no un catlico, pues ser catlico significa, por definicin, acatar los mandamientos de la ICAR (adems del declogo bblico, por supuesto), y esos mandamientos incluyen una serie de prcticas obligatorias (ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar, comulgar al menos una vez al ao, etc.).

Los marxistas podemos (y debemos) colaborar con los buenos cristianos en la lucha por un mundo justo y solidario, es decir, por el socialismo. Pero la ICAR y los catlicos ortodoxos son intrnsecamente contrarrevolucionarios; ellos lo tienen muy claro, y nosotros tambin deberamos tenerlo.

La religin es el opio de los pueblos, y aunque un drogadicto pueda ser la ms valiosa de las personas (a Marx, sin ir ms lejos, lo mataron el caf y el tabaco), los narcotraficantes suelen ser criminales.



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