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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2019

De pie frente a los inquisidores

Mario Wainfeld
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Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quin es.

Jorge Luis Borges. Biografa de Tadeo Isidoro Cruz


Hctor Timerman fue, sin agotar el recuerdo, periodista y director de medios, exiliado, militante del ARI de la diputada Elisa Carri, judo practicante. Hijo de Jacobo, una figura paterna tremenda (supone uno) sea para emular o sea para diferenciarse. Los aos finales de sus vidas los acercan y antes que estos el momento en que supieron quines eran. En ambos casos se lo hicieron conocer sus enemigos: quienes los persiguieron, rociaron con acusaciones penales y brulotes falsos, torturaron en contextos diferentes por cierto... pero no del todo.

Hctor Timerman, que se fue a los 65 aos de su edad, quedar en la historia por su desempeo como Canciller. Asumi en 2010 cuando ya llevaba 57, una vida hecha podra imaginarse. Quedar por el Memorndum de entendimiento con Irn, ya interpretan sus amigos, compaeros, adversarios y enemigos.

No hay unanimidad con lo que viene aunque es difano para quien quiera ver: quedar por la persecucin a que fue sometido, por los vejmenes que le propinaron contrariando principios humanitarios primordiales... previos a (y fundantes de) las garantas judiciales tambin vulneradas.

Quedar, pues, como una vctima del antiperonismo cerril que no respeta vidas ni derechos desde hace ms de 60 aos.

Por lo tanto, no queda otra que centrar esta nota en el Memorndum, en las vendettas de los poderosos. Y en la entereza con que Hctor Timerman atraves los ltimos aos, afectado por un cncer terminal. Tal el ncleo de su semblanza, su ejemplo que deja empequeecidos a los verdugos de cuello y corbata que hicieron ms cruel su trnsito final.

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El Memorndum opina ahora y opin en su momento este cronista fue una decisin poltica equivocada. Es un punto de vista acerca de medidas que toma cualquier gobierno, en tantos momentos. De ah a considerarla un crimen media un abismo que es casi idntico al que separa a la democracia del autoritarismo maquillado o las dictaduras segn los casos.

Uno piensa que era errada porque se propona algo valioso pero irrealizable a la vez. Valioso, hacer avanzar la atrancada investigacin sobre el atentado a la AMIA.

Irrealizable, conseguir que los iranes concernidos declararan de modo vlido para la legislacin argentina.

Los Estados no entregan casi nunca (o nunca) a sus nacionales a los tribunales de otros pases para ser sometidos a juicios con condenas graves. Los mecanismos articulados lucan de entrada (como fueron) incumplibles en la maraa de pasos que establecan. Estaba escrito, de antemano, que los trmites se frenaran en algn recodo del camino. Fue al comienzo porque Tehern no aprob el Tratado que, se supone, tanto lo favoreca. El acuerdo no produjo ninguna consecuencia importante ni perturb el letargo de la investigacin.

Una decisin poltica legal aprobada por el Parlamento. Tal vez equivocada, como tantas que toman los gobiernos cotidianamente. Equivocada, aadimos, para ciertas percepciones. Discutibles, siempre. Son los riesgos de la democracia, que deben sustanciarse mediante sus mecanismos de divisin de poderes, cambios de autoridades, participacin ciudadana y cien etcteras.

Atenta contra la democracia la tendencia irrefrenable a judicializar decisiones polticas lcitas. Criminalizarlas, convertir al adversario en un delincuente. La regresin se agrav con cargos penales difamatorios que no se aplicaban desde la Revolucin Libertadora.

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En esta misma edicin se publican notas de los colegas Ral Kollmann y Martn Granovsky a las que se remite para buscar ms rigor y precisiones. Para esta columna vale rescatar como realidades-smbolos dos hechos: las alertas rojas de Interpol y el proceso seguido contra Timerman, en especial su presentacin espontnea a declarar.

Los mitos sobre el levantamiento de las alertas rojas provienen del Departamento de Estado, los periodistas argentinos que fungen de voceros, parte de la dirigencia comunitaria juda. Kollmann los refut en una labor impecable: consiguiendo una y otra vez el testimonio calificado de Ronald Noble, ex director de Interpol. Los cultores del relato dominante se ne fregan de los hechos, del periodismo bien hecho: el poder produce ese tipo de milagros. La sanata persiste.

La impunidad de los autores del atentado (iranes o no, no est probado ni es sabido) existi desde 1994. Cont con complicidades del gobierno menemista, de autoridades de la DAIA, de integrantes del Poder Judicial. El Memorndum se suscribi muchos aos despus, transcurrido un lapso que usualmente hace imposible avanzar con la pesquisa. Sobre todo si hubo actores calificados encubriendo, borrando huellas, escondiendo pruebas.

El proceso a Timerman, empezando por el cargo de traidor a la Patria sentenciado en primera instancia y revocado por la Cmara Federal, revela la catadura de la mayor parte del Poder Judicial. La prisin preventiva a un hombre que casi no poda moverse: una sevicia indignante.

Timerman quiso declarar, defender su postura, explicarla. Hacer que constara en ese expediente amaado, conducido a control remoto desde poderes polticos nativos y forneos. Sus pginas trascendern a los magistrados, habr pensado. Le puso el cuerpo a un trmite que tena que ser respetuoso, atento a su condicin humana, a su estado de salud. Los responsables de preparar el acto cancherearon, no adoptaron recaudos mnimos. Un gesto republicano y una rutina tribunalicia se transformaron en una variante de tormento, que sus Seoras miraron pachorrientos.

Se escribi un nuevo captulo de la confrontacin moral entre el acusado y los inquisidores, un clsico de la historia humana. Enaltece a Timerman, incrimina moralmente a quienes lo pusieron en el banquillo.

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El cuento de Borges sobre Tadeo Isidoro Cruz le inventa una biografa al sargento Cruz, quien enfrent a la partida policial que integraba porque se negaba a matar al gaucho Martn Fierro. En ese instante supo quin era, para siempre.

Jacobo Timerman, un protagonista potente de trayectoria sinuosa, lo comprendi cuando fue sometido a cautiverio y torturado por la dictadura militar. Desde entonces puso su enorme talento a confrontar con todas las dictaduras.

Hctor, tal vez, se fue percatando de modo algo ms paulatino. Primero con la estigmatizacin de la dirigencia comunitaria, el odio de la derecha. Habr cerrado el crculo con la persecucin judicial-poltico-meditica que ayer se prolongaba con impudicia.

El mundo, en una de esas, fue y ser lo que deca Discpolo. La poltica internacional, sospecha uno, es en promedio peor. Estados Unidos, el gendarme del planeta, est gobernado por un facho confeso, violento, racista, misgino. Su antecesor, Barack Obama, mand matar a Osama Bin Laden violando la soberana de otro pas. Orden arrojar el cadver al mar sin reconocerle el derecho de sepultura conforme su religin. Se hizo televisar mientras miraba el asesinato en vivo por circuito cerrado. Ostenta el premio Nobel de la Paz. Obama es moderado y encantador comparado con el actual presidente, Donald Trump.

La mayor potencia del planeta que carece de legitimidad o autoridad moral y domina solo por prepotencia armada y econmica se sinti desafiada por la poltica exterior argentina, desde mucho antes que el Memorndum. Lo us de pretexto. Actu de consuno con el macrismo que se preparaba para relevar a Cristina Fernndez de Kirchner. Negarle la visa a un moribundo que buscaba atencin mdica: el imperio contraataca.

Timerman pag con su salud haber revistado en un gobierno popular. Sobrellev la barbarie ajena, defendi sus actos, estuvo a derecho. Muri tempranamente con dignidad, en buena medida pagando por sus ideas, valores y creencias. Los debates sobre otras peripecias de su existencia quedan relegados. En su despedida, se sabe quin es, quin fue, por qu lo martirizaron.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/165455-de-pie-frente-a-los-inquisidores



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