Portada :: Brasil :: Bolsonaro: amenaza fascista en Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2019

Bolsonaro y el fascismo

Atilio A. Boron
Rebelin


Se ha vuelto un lugar comn caracterizar al nuevo gobierno de Jair Bolsonaro como fascista. Esto, a mi juicio, constituye un grave error. El fascismo no se deriva de las caractersticas de un lder poltico por ms que en los tests de personalidad o en las actitudes de su vida cotidiana, como en el caso de Bolsonaro- se compruebe un aplastante predominio de actitudes reaccionarias, fanticas, sexistas, xenofbicas y racistas. Esto era lo que medan los socilogos y psiclogos sociales estadounidenses a la salida de la Segunda Guerra Mundial con la famosa Escala F, donde la efe se refera al fascismo. Se pensaba en esos momentos, y algunos todava alimentan esa creencia, que el fascismo era la cristalizacin en el plano del Estado y la vida poltica de personalidades desquiciadas, portadoras de graves psicopatologas, que por razones circunstanciales se haban encaramado al poder. La intencionalidad poltica de esta operacin era obvia: para el pensamiento convencional y para las ciencias sociales de la poca la catstrofe del fascismo y el nazismo deban ser atribuidas al papel de algunos individuos: la paranoia de Hitler o los delirios de grandeza de Mussolini. El sistema, es decir, el capitalismo y sus contradicciones, era inocente y no tena responsabilidad alguna ante el holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

Descartada esa visin hay quienes insisten que la presencia de movimientos o inclusive partidos polticos de clara inspiracin fascista inevitablemente teirn de modo indeleble al gobierno de Bolsonaro. Otro error: tampoco son ellas las que definen la naturaleza profunda de una forma estatal como el fascismo. En el primer peronismo de los aos cuarenta as como en el varguismo brasileo pululaban en los crculos cercanos al poder varias organizaciones y personajes fascistas o fascistoides. Pero ni el peronismo ni el varguismo construyeron un Estado fascista. El peronismo clsico fue, usando la conceptualizacin gramsciana, un caso de Cesarismo progresivo al cual slo observadores muy prejuiciados pudieron caracterizar como fascista debido a la presencia en l de grupos y personas tributarios de esa ideologa. Esos eran fascistas pero el gobierno de Pern no lo fue. Viniendo a nuestra poca: Donald Trump es un fascista, hablando de su personalidad, pero el gobierno de EEUU no lo es.

Desde la perspectiva del materialismo histrico al fascismo no lo definen personalidades ni grupos. Es una forma excepcional del Estado capitalista, con caractersticas absolutamente nicas e irrepetibles. Irrumpi cuando su modo ideal de dominacin, la democracia burguesa, se enfrent a una gravsima crisis en el perodo transcurrido entre la Primera y la Segunda Guerra mundiales. Por eso decimos que es una categora histrica y que ya no podr reproducirse porque las condiciones que hicieron posible su surgimiento han desaparecido para siempre.

Cules fueron las condiciones tan especiales que demarcaron lo que podramos llamar la era del fascismo, ausentes en el momento actual, En primer lugar el fascismo fue la frmula poltica con la cual un bloque dominante hegemonizado por una burguesa nacional resolvi por la va reaccionaria y desptica una crisis de hegemona causada por la indita movilizacin insurreccional de las clases subalternas y la profundizacin del disenso al interior del bloque dominante a la salida de la Primera Guerra Mundial. Para colmo, esas burguesas en Alemania e Italia bregaban por lograr un lugar en el reparto del mundo colonial y las enfrentaba con las potencias dominantes en el terreno internacional, principalmente el Reino Unido y Francia. El resultado: la Segunda Guerra Mundial. Hoy, en la era de la transnacionalizacin y la financiarizacin del capital y el predominio de mega-corporaciones que operan a escala planetaria la burguesa nacional yace en el cementerio de las viejas clases dominantes. Su lugar lo ocupa ahora una burguesa imperial y multinacional, que ha subordinado fagocitado a sus congneres nacionales (incluyendo las de los pases del capitalismo desarrollado) y acta en el tablero mundial con una unidad de mando que peridicamente se rene en Davos para trazar estrategias globales de acumulacin y dominacin poltica. Y sin burguesa nacional no hay rgimen fascista por ausencia de su principal protagonista.

Segundo, los regmenes fascistas fueron radicalmente estatistas. No slo descrean de las polticas liberales sino que eran abiertamente antagnicos a ellas. Su poltica econmica fue intervencionista, expandiendo el rango de las empresas pblicas, protegiendo a las del sector privado nacional y estableciendo un frreo proteccionismo en el comercio exterior. Adems, la reorganizacin de los aparatos estatales exigida para enfrentar las amenazas de la insurgencia popular y la discordia entre los de arriba proyect a un lugar de prominencia en el Estado a la polica poltica, los servicios de inteligencia y las oficinas de propaganda. Imposible que Bolsonaro intente algo de ese tipo dadas la actual estructura y complejidad del Estado brasileo, mxime cuando su poltica econmica reposar en las manos de un Chicago boy y ha proclamado a los cuatro vientos su intencin de liberalizar la vida econmica.

Tercero, los fascismos europeos fueron regmenes de organizacin y movilizacin de masas, especialmente de capas medias. A la vez que perseguan y destruan las organizaciones sindicales del proletariado encuadraban vastos movimientos de las amenazadas capas medias y, en el caso italiano, llevando estos esfuerzos al mbito obrero y dando origen a un sindicalismo vertical y subordinado a los mandatos del gobierno. O sea, la vida social fue corporativizada y hecha obediente a las rdenes emanadas desde arriba. Bolsonaro, en cambio, acentuar la despolitizacin -infelizmente iniciada cuando el gobierno de Lula cay en la trampa tecnocrtica y crey que el ruido de la poltica espantara a los mercados- y profundizar la disgregacin y atomizacin de la sociedad brasilea, la privatizacin de la vida pblica, la vuelta de mujeres y hombres a sus casas, sus templos y sus trabajos para cumplir sus roles tradicionales. Todo esto se sita en las antpodas del fascismo.

Cuarto, los fascismos fueron Estados rabiosamente nacionalistas. Pugnaban por redefinir a su favor el reparto del mundo lo que los enfrent comercial y militarmente con las potencias dominantes. El nacionalismo de Bolsonaro, en cambio, es retrica insustancial, pura verborrea sin consecuencias prcticas. Su proyecto nacional es convertir a Brasil en el lacayo favorito de Washington en Amrica Latina y el Caribe, desplazando a Colombia del deshonroso lugar de la Israel sudamericana. Lejos de ser reafirmacin del inters nacional brasileo el bolsonarismo es el nombre del intento, esperamos que infructuoso, de total sometimiento y recolonizacin del Brasil bajo la gida de Estados Unidos..

Pero, dicho todo esto: significa que el rgimen de Bolsonaro se abstendr de aplicar las brutales polticas represivas que caracterizaron a los fascismos europeos. De ninguna manera! Lo dijimos antes, en la poca de las dictaduras genocidas cvico-militares: estos regmenes pueden ser salvando el caso de la Shoa ejecutada por Hitler- an ms atroces que los fascismos europeos. Los treinta mil detenidos-desaparecidos en la Argentina y la generalizacin de formas execrables de tortura y ejecucin de prisioneros ilustran la perversa malignidad que pueden adquirir esos regmenes; la fenomenal tasa de detencin por cien mil habitantes que caracteriz a la dictadura uruguaya no tiene parangn a nivel mundial; Gramsci sobrevivi once aos en las mazmorras del fascismo italiano y en la Argentina hubiera sido arrojado al mar como tantos otros das despus de su detencin. Por eso, la renuencia a calificar al gobierno de Bolsonaro como fascista no tiene la menor intencin de edulcorar la imagen de un personaje surgido de las cloacas de la poltica brasilea; o de un gobierno que ser fuente de enormes sufrimientos para el pueblo brasileo y para toda Amrica Latina. Ser un rgimen parecido a las ms sanguinarias dictaduras militares conocidas en el pasado, pero no ser fascista. Perseguir, encarcelar y asesinar sin merced a quienes resistan sus atropellos. Las libertades sern coartadas y la cultura sometida a una persecucin sin precedentes para erradica la ideologa de gnero y cualquier variante de pensamiento crtico. Toda persona u organizacin que se le oponga ser blanco de su odio y su furia. Los Sin Tierra, los Sin Techo, los movimientos de mujeres, los LGTBI, los sindicatos obreros, los movimientos estudiantiles, las organizaciones de las favelas, todo ser objeto de su frenes represivo.

Pero Bolsonaro no las tiene todas consigo y tropezar con muchas resistencias, si bien inorgnicas y desorganizadas al principio. Pero sus contradicciones son muchas y muy graves: el empresariado o la burguesa autctona, que no nacional, como deca el Che- se opondr a la apertura econmica porque sera despedazado por la competencia china; los militares en actividad no quieren ni or hablar de una incursin en tierras venezolanas para ofrecer su sangre a una invasin decidida por Donald Trump en funcin de los intereses nacionales de Estados Unidos; y las fuerzas populares, an en su dispersin actual no se dejarn avasallar tan fcilmente. Adems, comienzan a aparecer graves denuncias de corrupcin contra este falso outsider de la poltica que estuvo durante veintiocho aos como diputado en el Congreso de Brasil, siendo testigo o partcipe de todas las componendas que se urdieron durante esos aos. Por lo tanto, sera bueno que recordara lo ocurrido con otro Torquemada brasileo: Fernando Collor de Melo, que como Bolsonaro lleg en los noventas con el fervor de un cruzado de la restauracin moral y termin sus das como presidente con un fugaz paso por el Palacio del Planalto. Pronto podremos saber qu futuro le espera al nuevo gobierno, pero el pronstico no es muy favorable y la inestabilidad y las turbulencias estarn a la orden del da en Brasil. Habr que estar preparados, porque la dinmica poltica puede adquirir una velocidad relampagueante y el campo popular debe poder reaccionar a tiempo. Por eso el objetivo de esta reflexin no fue entretenerse en una distincin acadmica en torno a las diversas formas de dominio desptico en el capitalismo sino contribuir a una precisa caracterizacin del enemigo, sin lo cual jams se lo podr combatir exitosamente. Y es importantsimo derrotarlo antes de que haga demasiado dao.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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