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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2019

Los dobleces de la moral

Carolina Vsquez Araya
Rebelin


Estamos programados para seguir un protocolo de obediencia al pensamiento ajeno.

Hoy se cierra el ao. Esta noche se realiza el ejercicio de una contabilidad obligada de avances y retrocesos, de promesas incumplidas, as como de sueos aplastados por decisiones ajenas y pasividades propias. En este lapso de das, semanas y meses transcurridos desde el ltimo recuento anual han desfilado acontecimientos que por repetidos han dejado de llamar la atencin y se han sumado a una agenda noticiosa impermeable a las emociones. En ella se suceden las tragedias y se acumulan las frustraciones, pero nada de eso cambia la perspectiva ni modifica las actitudes egocntricas de una humanidad cada vez ms centrada en sus pequeos objetivos personales.

Es as como en el variado panorama mundial han desfilado, uno tras otro, hechos que, por su enorme trascendencia, debieron poner en alerta y posicin defensiva a los pueblos afectados por ellos. Un ejemplo contundente ha sido el creciente fenmeno de las migraciones ocasionadas por el hambre y la violencia, por las guerras y el crimen organizado con su cauda de muertes injustificables de seres indefensos. Sin embargo, los ncleos ms influyentes de las sociedades desde las cuales se origina esta huida masiva manifiestan no solo indiferencia, sino encima de todo una condena moral contra quienes en su afn por sobrevivir toman el camino de la frontera.

Desde cul plataforma tica, transparente y racional se permite la sociedad juzgar las decisiones de quienes lo han perdido todo? Cul es el punto de vista desde donde se miden las responsabilidades por el xodo de quienes arriesgan su vida en una ruta plagada de amenazas? En dnde se marca el lmite del derecho humano a buscar su bienestar y el de su familia? Cundo y cmo se decidi la hegemona del poder econmico y geopoltico por sobre el derecho a la vida? Pero an as, no deja de sorprender el conformismo y la aceptacin -como si de un hecho irrebatible se tratara- de quienes permiten a un crculo de superpotencias decidir la suerte de millones de seres humanos.

Los principios y valores de nuestras comunidades humanas ya desde hace tiempo dejaron de constituir un protocolo sujeto a debate, revisiones y actualizacin. Se acepta como vlido el principio de la supremaca del poder, sin repararse en la falsedad de intenciones de quienes lo detentan. De ah surgen los nacionalismos extremos capaces de dividir a los humanos por su condicin y su origen, as como otras desviaciones de la solidaridad y la empata convertidas en actos de dudosa caridad. Desde esas posiciones extremas se predica un cristianismo a la medida de las ambiciones de los predicadores y una sumisin inducida a la medida de los intereses econmicos de los gobiernos ms poderosos y de las clases dominantes.

En una sociedad, los actos y pensamientos enmarcados en la moral son otra cosa. Equivalen al respeto por los dems, sus derechos y sus circunstancias. Reflejan algo ms que una simple actitud de tolerancia, construyendo sociedades capaces de generar desarrollo y coincidencia en la bsqueda de objetivos. Propician el bienestar con un nfasis marcado en las nuevas generaciones, las cuales representan la mejor oportunidad de consolidacin de valores en cualquier comunidad humana. Este nfasis en el desarrollo de nias, nios y adolescentes no es un acto de generosidad sino una urgente medida de supervivencia, toda vez que en ellos reside el futuro de las naciones. Abandonarlos, por lo tanto, no solo es un crimen de lesa humanidad; es el suicidio de una nacin.

 

Blog de la autora: www.carolinavasquezaraya.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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