Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2019

Crisis de direccin o crisis de dirigentes?
Las comunas como fase superior de la felicidad humana

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Con el surgimiento de la Revolucin Bolchevique, y la Unin Sovitica, el mundo experiment (tambin) una transformacin cultural y comunicacional que sacudi todos los cimentos histricos. Por negarlas o combatirlas, por valorarlas y seguirlas en todos los mbitos de la teora o de la prctica, se dej sentir un viento nuevo que conmocion las formas de pensar y hacer poltica en su sentido ms amplio- y de transformar al mundo. Un pueblo organizado de mil maneras (obreros y campesinos) decidi no seguir siendo oprimido y una clase opresora no pudo seguir oprimiendo. Cambi el rumbo, cambi la direccin y cambiaron los dirigentes. Qu fall?

Haba que remover instituciones y costumbres, preconceptos y definiciones, instauradas por la ideologa de la clase dominante como ejes rectores de la vida y del papel de cada persona en su relacin con la riqueza toda y especialmente con la riqueza producida por el trabajo. Haba que sacudir escombros y telaraas, momias y creencias tan hondas como la parlisis fatalista y de resignacin que se generaba en pueblos acosados por una guerra econmica de saqueo y privacin escoltadas con armas y represin permanente. Incluso armas ideolgicas. Haba que construir un imaginario social nuevo (o dicho de otro modo actualizar la historia de las luchas emancipadoras) con seres humanos dispuestos a rehacer en su cabeza, su corazn y su panza un modo distinto de relacionarse para producir lo que necesitamos todos y distribuirlo para el bien de todos. Cambiar la direccin de todos los beneficios.

Haba un programa y un partido con un marco (digamos provisionalmente filosfico) que organizaba democrticamente todos los esfuerzos con rumbo a una sociedad sin clases sociales. Sin opresores y sin oprimidos, donde adems de modificar el modo de produccin, tendra que cambiar las relaciones de produccin en manos de personas dispuestas a ser felices -con toda la dificultad que ello implicaba- en una realidad sometida histricamente a todas las infelicidades. O, dicho resumidamente, tomar una direccin nueva realmente nueva- para la humanidad y para el planeta. Claro que no sera fcil y claro que no sera rpido.

La sola idea de tomar una direccin distinta para los seres humanos y todos sus hbitat, que a muchos pareca imposible, utpico, mesinico o locoy a otros pareca esperanzador, deseable, posible y realizable; exigi claridad meridiana en el qu hacer y en el cmo hacerlo. Exigi -y exige- mucha precisin en el orden de las prioridades y los plazos, en la profundidad y en la amplitud de las transformaciones. Exigi y exige un cambio de raz en la mentalidad y una disposicin proactiva a toda prueba. Exigi y exige desarrollar instrumentos capaces de movernos hacia delante en la ciencia, en las artes, en la teora y en la praxis. Era imposible transitar hacia la nueva direccin con un mapa del pasado a menos que tal mapa sirviera, crticamente, para recordar a dnde no debera irse. En ese campo de exigencias nuevas se tens fuertemente la relacin entre la direccin y los dirigentes. Y el problema nos dura hasta la fecha.

En algunos lugares (y frentes ideolgicos) el concepto direccin se entiende como un genrico que incluye, necesariamente, a los dirigentes. Pero la prctica ha demostrado que, entre el proceso que implica la creacin de una sociedad donde lo ms importante sea el bienestar de la sociedad misma y la integridad tico-poltica de los dirigentes; entre lo que se dice y lo que se hace es decir del dicho al hecho, hay un trecho plagado con problemas de orden muy diverso, incluyendo el de identificar con minucia los verdaderos intereses y compromisos de los dirigentes para alcanzar los objetivos marcados por la direccin del programa revolucionario. Muchas desviaciones, muchas traiciones, muchas limitaciones -de todo tipo- han demorado y frustrado el avance del trayecto.

Se cuentan a raudales los reformismos, los conciliadores, los disfraces, las revolturas ideolgicas y las guerras meditico-psicolgicas diseadas principalmente para demorar, abortar, deformar y asesinar todo aquello que implique pasos (as sean pequeos) en la direccin emancipadora. Algunos dirigentes descarrilaron el viaje y quemaron el mapa de lo nuevo. Lo viejo no superado y lo nuevo que no termina de nacer. En esa disputa (explicada as muy apretadamente) nos hemos visto inmersos muchas dcadas y eso nos ha costado vidas y recursos incalculables expresados en daos severos a la naturaleza misma y a la especie humana en su totalidad. Los enemigos de la nueva direccin, en sus delirios propagandsticos han dado por muerto todo lo que suene a transformacin y, as, dan por muerto el marco filosfico, sus logros incipientes, sus beneficios y aporteshan llegado a dar por muerta la historia misma.

Pero lo esencial del rumbo nuevo no pueden borrarlo. Est en vivo en la revolucin permanente que el pueblo trabajador despliega en cada una de sus rebeldas y revoluciones (grandes o pequeas) que no resienten ms el sometimiento a una clase que nos depreda y nos deprime, que nos expolia y nos humilla. De esa revolucin permanente que ocurre en miles de mbitos distintos, ms visibles o menos, de esa lucha pertinaz e incesante esperamos el nacimiento de los dirigentes de nuevo tipo, de los que no traicionen y de los que hagan, de la direccin marcada por el pueblo trabajador, un arte nuevo de la dirigencia. Que manden obedeciendo, que no quepa en su cabeza, ni en su corazn, otra premisa que seguir el rumbo que se mandata desde las bases. Que sean vasos comunicantes para la creacin de una cultura y una comunicacin de lo comn, de lo comunitario, de las comunas como fase superior de la felicidad humana.

No se trata de un simple conflicto de intereses porque est en juego la degradacin, la desmoralizacin y la ruina de los pueblos. Es una situacin de vida o muerte para la clase que representa el nico futuro viable de la Humanidad. La contradiccin entre dirigentes y direccin comprende peligros inaceptables que no pueden ser resueltos con simples concesiones ni espejismos de unidad de coyuntura. Si los dirigentes no responden a la direccin marcada por las bases, y no se producen cambios, el pueblo trabajador queda expuesto a peligros histricos cada vez mayores, como el neo-fascismo. Un antdoto necesario es que la direccin transformadora, mandatada por la comunidad de las bases, sea la cultura y la comunicacin que profesen los dirigentes permanentemente. No aceptemos otro camino.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter