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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2019

Se debera haber empezado por la cultura

Bernard Cassen
Pblico


A finales del prximo mes de mayo tendrn lugar las elecciones europeas en veintisiete Estados miembros de la Unin Europea (UE), segn las modalidades especficas de cada uno de ellos. Es la yuxtaposicin de esas veintisiete representaciones nacionales salidas de las urnas la que constituir el Parlamento Europeo.

La composicin de esta asamblea dar lugar a dos lecturas distintas: la primera, nacional, ser la medida, pas por pas, de las relaciones de fuerzas polticas del momento; la segunda, europea, determinar el permetro de las coaliciones entre grupos parlamentarios establecido al da siguiente del escrutinio, especialmente para la eleccin de los presidentes del Parlamento y de la Comisin. Estas dos instituciones, a las que hay que sumar el Banco Central Europeo (BCE) y el Tribunal de Justicia de la Unin Europea (TJUE), encarnan la dimensin federal de la construccin comunitaria, estando representada la dimensin intergubernamental por el Consejo.

El principal problema que plantea esta arquitectura es la extrema debilidad de su base popular, que contrasta con la amplitud de los poderes de sus componentes. Es cierto, por naturaleza, en el caso del BCE y del TJUE, respaldados por su independencia estatutaria. Sucede lo mismo, ciertamente en menor grado, en el caso de la Comisin Europea, cuyos miembros tambin son nombrados por los Gobiernos, pero puede ser objeto de una mocin de censura por parte de los eurodiputados: algo que nunca se ha producido.

El Parlamento, que s se elige por sufragio universal, pretende ser el depositario de una soberana europea que trascendera las fronteras nacionales en el seno de la UE. No obstante, las condiciones de su eleccin en veintisiete escrutinios diferentes, el creciente nmero de abstencionistas y, sobre todo, la ausencia de derecho de iniciativa legislativa monopolizado por la Comisin hacen que esta ambicin sea totalmente irreal. En lugar de hacer como si existiera un verdadero espacio pblico europeo comn del cual se sentiran partcipes los ciudadanos del Viejo Continente, hay que construirlo coordinndolo con los espacios pblicos nacionales. Se trata de un objetivo que no prejuzga en absoluto las instituciones ni el contenido de las polticas europeas. Podran apropirselo tanto los europestas ms convencidos como los partidarios de la salida de la UE y del euro. En efecto, a todos les interesa que Europa, con independencia de su configuracin global la UE es solo una de sus posibilidades, sea una zona de paz y de buena vecindad.

A este respecto, hay que restaurar, en todos los mbitos, las relaciones bilaterales que permiten intercambios bastante ms fructferos que aquellos que se pueden tener en reuniones en las que participan ciudadanos de 10 o 12 pases. Incluso aunque pueda parecer paradjico, no hay nada ms europeo que un debate entre letones e italianos o entre irlandeses y griegos. En una UE con 27 miembros, existen 702 combinaciones de dilogos bilaterales. Son muchos ladrillos potenciales para edificar una casa comn de geometra variable y, por ello, mucho ms slida y duradera que unas instituciones rgidas cuya principal funcin es hacer del culto al mercado la religin de Estado de la UE. Si hay culto, debe ser a la diversidad y, en particular, a la diversidad cultural en el sentido amplio del trmino. Al imaginar porque se trata de pura imaginacin que Jean Monnet hubiera declarado realmente que si la construccin europea tuviera que rehacerse, comenzara por la cultura, habra enunciado entonces lo que debera ser una evidencia: la cultura es la base de cualquier proyecto poltico europeo.

  Bernard Cassen, Fundador de ATTAC y director general de Le Monde diplomatique

Le Monde diplomatique en espaol

Fuente: https://blogs.publico.es/dominiopublico/27492/se-deberia-haber-empezado-por-la-cultura/

 



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