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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2019

Cuaderno de postcrisis 14
Postales de fin de ao

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


De lo global

Acaba el ao con nuevas incertidumbres en las bolsas. Aunque las bolsas son el espacio financiero-especulativo por excelencia, lo cierto es que casi todas las grandes crisis se manifiestan en primer lugar all. Es difcil saber hasta qu punto se trata de un terremoto local de corto alcance o del avance de un nuevo cataclismo. Los grandes centros de prediccin piden calma, aseguran que los fundamentales (o sea sus modelos tericos) solo indican un desaceleracin del crecimiento. Pero si algo aprendimos de la crisis de 2008 es que estos modelos suelen ignorar elementos cruciales de la vida econmica y fallaron estrepitosamente en la crisis anterior. Tampoco hay evidencia de que hayan sido sustancialmente cambiados en los ltimos aos. La mayora de economistas que anunciaron el posible desastre y ofrecieron interpretaciones tericas convincentes siguen en la periferia del mundo acadmico.

Y es que cambiar el sistema a fondo implicaba introducir transformaciones radicales en el sistema financiero. Y ms bien se hizo lo contrario. Apuntalarlo con una poltica monetaria heterodoxa que dio a los grandes bancos dosis inmensas de liquidez que les permitieron tapar sus agujeros y evitar la quiebra. Una poltica que ha tenido diferentes efectos colaterales que ahora podran volver a pasar factura. Como un crecimiento de la deuda global que, como explic Steve Keen, durante un perodo puede provocar sensacin de estabilidad, pero a largo plazo puede generar otra crisis de la deuda. Y si esta se produce podemos entrar en una situacin insospechada, puesto que la expansin monetaria anterior se trata de una respuesta posiblemente irrepetible. (Buena cosa sera que todos los grupos de economistas alternativos se pusieran a pensar en ofrecer una propuesta para que fuerzas de izquierda y movimientos sociales tuvieran una respuesta ms contundente y clara que la ocurrida en 2008). Con la deuda, adems, han vuelto a crecer los activos especulativos seguramente sobre nuevas modalidades (aunque en el plano local ha renacido la emisin de cdulas hipotecarias, que fue uno de los instrumentos txicos que protagonizaron el anterior crack). Pero, al mismo tiempo que obtenan liquidez, los bancos han presenciado una cada del nivel de intereses de tal magnitud que afecta a su propia rentabilidad. Como ha recordado en un sugerente libro James K. Galbraith (El fin de la normalidad. La gran crisis y el futuro del crecimiento, Traficantes de Sueos, Madrid, 2018) los bancos actuales son inmensas estructuras con un elevado coste de mantenimiento, y la prdida de mrgenes afecta gravemente a su rentabilidad. Por ah pueden apuntarse movimientos que una vez ms desestabilicen al sistema.

A esto sin duda hay que sumar muchos otros factores. Persisten los desequilibrios comerciales y las desigualdades de renta, otra importante causa de inestabilidad. Y tampoco puede perderse de vista como causa de tensin la incidencia de la accin poltica (el proteccionismo de Trump, el Brexit, la Unin Europea, etc.). Para los marxistas ortodoxos esto es secundario porque lo que predomina es la dinmica autnoma del capitalismo (y su inapelable tendencia a la cada de la tasa de ganancia). Para los economistas neoclsicos ortodoxos el papel del Estado se limita a una fuente externa de problemas en un sistema (el mercado) tendente a la autorregulacin. Considero que ambas posiciones son igualmente inadecuadas. Por una parte porque el capitalismo real siempre ha necesitado al Estado ejerciendo mltiples funciones (regulacin, inversiones bsicas, orden social, moneda etc.). Por otra porque el peso de la accin econmica del Estado es hoy tan importante que obviamente las polticas pblicas inciden en el funcionamiento de la economa real. De hecho son parte de la misma y por tanto su incidencia es un elemento ms de creacin de estabilidad o inestabilidad. Y el acceso de mucho loco al poder poltico, as como el mantenimiento de visiones nacionalistas estrechas (por ejemplo entre los pases que lideran la Unin Europea), son una amenaza global. Resumiendo la situacin, crece la incertidumbre y proliferan los riesgos. Aunque es difcil determinar con certeza si va a estallar una nueva tormenta global.

Como podr percibir el lector, me he limitado a comentar los aspectos que podramos llamar de economa convencional. Algo que deja fuera de campo los principales problemas de la economa global: las desigualdades enormes, la pobreza, la crisis ecolgica. Esto requiere indudablemente de otros enfoques y otras polticas. Y estas de momento siguen ocupando un campo marginal en la agenda poltica (como ha vuelto de poner de relieve la cumbre de Katowice) porque chocan tanto con los intereses de los grandes grupos de poder econmico como con las creencias de buena parte de las lites intelectuales y con las inercias que genera la sociedad (que como comento en otra nota ms bien estn alimentado corrientes polticas reactivas). Cambiar la agenda exige un esfuerzo titnico. Y lo peor de todo es que, de producirse una nueva recesin, lo ms probable es que este debate an se hunda ms en un segundo plano.

a lo local

El ao en Espaa acaba de forma contradictoria. Con un porvenir gris oscuro. Con una derecha envalentonada que bloquea el presupuesto (con la inestimable colaboracin de sus tericamente rivales incondicionales, los independentistas catalanes).

Y con slo unas pocas medidas positivas que reflejan la poca solidez del Gobierno de Snchez y el poder que siguen ejerciendo los grandes grupos econmicos.

Las buenas noticias son fundamentalmente tres: el aumento del salario mnimo a 900 euros, la actualizacin de las pensiones y el decreto sobre arrendamientos. Menos da una piedra, aunque estas las medidas tienen tambin su parte oscura.

El aumento del salario mnimo era necesario. Su importancia en la estructura salarial siempre ha sido pequea. Aunque no hay datos completamente fiables, las estimaciones consideraban que afectaba a menos de un 3% de asalariados, aunque es posible que en tras la reforma laboral de 2012 este porcentaje haya crecido. De hecho, segn la encuesta de estructura salarial los ingresos ms bajos estn asociados al empleo a tiempo parcial. Hay adems bastante literatura acadmica que muestra que el impacto del aumento del salario mnimo sobre el empleo y el resto de salarios es mnimo o nulo, lo que explica que hasta una organizacin conservadora como la OECD haya aprobado la medida.

Pero como, casi siempre, las medidas progresivas tienen sus agujeros. En este caso dos. El primero es que realiza un tratamiento diferenciado del salario de las trabajadoras de hogar y los trabajadores agrarios por horas: los dos colectivos con salarios ms bajos (y que son excluidos de las estadsticas oficiales). Se fija un nivel salarial que no garantiza alcanzar un salario de 900 euros en 14 pagas en el caso de trabajar a jornada completa (o de percibir una renta proporcional en el caso de una jornada menor). Con ello se quiebra el principio de que el salario mnimo debe garantizar un suelo bsico de ingresos a todo el mundo y se sigue marginando, aunque sea moderadamente, a la gente que est en la cola de la estructura salarial.

La otra cuestin afecta a mucha ms gente. El bajo nivel del salario mnimo espaol siempre ha tenido ms que ver, al menos desde la transicin, con el gasto social que con los salarios. La razn de ello es que una gran parte de las ayudas sociales estaban indiciadas al salario mnimo. Fijando este se fijaba una parte importante del gasto social. Mantenindolo bajo se garantizaba que el gasto social no creciera mucho. Cuando en 2004 el Gobierno Zapatero negoci la actualizacin del salario mnimo, se acept que en lugar del salario mnimo muchas prestaciones se fijaran atendiendo a otro ndice, el IPREM (ndice Pblico de Prestaciones Econmicas Mltiples). El valor del IPREM era inferior al del salario mnimo. El objetivo era que el salario mnimo sirviera fundamentalmente para regular las condiciones salariales y el IPREM para el gasto social (al ser menor, se pensaba que sera ms fcil aumentar el salario mnimo). Durante aos el IPREM ha variado de forma parecida al salario mnimo, aunque su nivel es sensiblemente inferior (en 2017 representaba el 72,5%). Lo que ocurri en 2018 y vuelve a ocurrir ahora es que el IPREM queda congelado y representar menos del 60% del salario mnimo. O sea que la mejora solo queda para las personas con empleo; los que perciben ayudas sociales seguirn experimentando la baja aportacin de nuestro sistema de proteccin social.

Y en el caso de la vivienda la nica reforma considerable es el aumento del contrato mnimo de alquiler de 3 a 5 aos. O sea, volvemos al modelo de la ley Boyer que represent el inicio de la desregulacin. Ni un paso ms. Nada de ndices regulatorios, ni de limitaciones por zonas. Nada de una poltica fiscal. Y la cosa an puede torcerse en trmite parlamentario dadas las enormes presiones que est haciendo el nuevo lobby de los tenedores de vivienda, encabezados por Blackstone, para bloquear incluso esta medida tan moderada. Y es que no podemos olvidar que la nica poltica sectorial que se ha hecho en Espaa tras la crisis ha sido la de medidas orientadas a garantizar un buen trato a los nuevos especuladores. Para gratificarles su inestimable papel en la limpieza de los balances bancarios. La crisis de los alquileres es una fase ms de la larga crisis de la vivienda impulsada por la mayor parte de Ministros de Economa a partir de 1982 (y especialmente el tndem Aznar-Rato a partir de 1996).

Si este es todo el impulso reformista, la cosa va a tener poco recorrido. Nada de reformas estructurales en serio para atajar los grandes problemas sociales y ecolgicos del pas. Aqu sigue mandando la banca y sus adlteres.

Que el nuevo ao nos aclare las ideas y nos d fuerzas para impulsar nuevos movimientos y desarrollar una poltica de miras amplias.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-175/notas/postales-de-fin-de-ano

 



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