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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2019

2019: negras tormentas en el horizonte

Manuel Gari y Jaime Pastor
Viento Sur


Se va haciendo cada vez ms popular David Duke. El actual lder Gran Mago del Klan, siempre lleva traje de tres piezas. () As que evidentemente tiene la mira puesta en conseguir un cargo ms alto.

La poltica? Por qu?

S

Porque es otra manera de vender el odio. Criticar la discriminacin positiva, la inmigracin, la criminalidad, la reforma fiscal () As que el objetivo consiste en que, a pesar de todos estos problemas, los estadounidenses comunes los acepten, y que los apoyen, hasta que, finalmente, algn da l consiga que alguien que encarnes estas creencias ocupe un puesto en la Casa Blanca.

Sargento Vamos El pueblo estadounidense jams elegira a alguien como David Duke como Presidente de los Estados Unidos

Spike Lee, BlacKKKlansman

 

Te imaginas a un ricachn, parsito, racista y xenfobo, eso s con traje y modos de ejecutivo, llegando a presidente de los Estados Unidos?: Imposible. As de contundente se mostraba rindose el detective afroamericano Ron Stallworth de Colorado Springs (Colorado) en pleno auge del movimiento por los derechos civiles y el poder negro de los aos sesenta y setenta, protagonista de la pelcula de Spike Lee BlacKKKlansman 1/.Para Ron sera algo similar a que un Donald Trump cualquiera llegara a la Casa Blanca. Pues lleg. Y no slo l. Cada da ms y ms gobernantes nacionalistas neoliberales autoritarios -que guardan entre s grandes diferencias pero tambin elementos comunes- campan desde Filipinas y China, Rusia o centro Europa e Italia hasta Estados Unidos. Cuyo ejemplo comienza a tener un importante eco en partidos de derechas y de extrema derecha en ascenso que aspiran a gobernar en otros muchos pases, cuyo ltimo y dramtico episodio es la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. Todos ellos son la manifestacin de El gran retroceso -ttulo de una obra colectiva- que amenaza las libertades, pero que tambin, como plantea en ese mismo libro Nancy Fraser (2017) en esta situacin no slo hay un peligro, sino tambin una oportunidad: la posibilidad de constituir una nueva izquierda 2/.

Profunda reorientacin de la derecha mundial

Al final de los gloriosos treinta de expansin capitalista con relativa paz social que permiti el pacto social del estado del bienestar en los pases industrializados, las crisis cclicas siguen poniendo en riesgo la estabilidad y continuidad de la expansin y la acumulacin capitalistas. Ante las mismas, la burguesa encontr en las recetas anti keynesianas y neoliberales la solucin de la mano de las victorias de Reagan y Thatcher y las derrotas del movimiento obrero. Pero, tras el amago de nuevos disturbios econmicos el anabolizante fue dar rienda suelta a la financiarizacin de la economa capitalista globalizada, un incremento exponencial de la deuda mundial y la imposicin de las clnicas recetas austeritarias del Fondo Monetario Internacional (FMI). En el caso de la Unin Europea, las antisociales y rgidas normas del Tratado de Maastricht y la disciplina del euro inauguraron el declive de la legitimidad del proyecto europeo.

La oligarqua financiera e industrial en todo el mundo est reorganizando sus herramientas polticas para mantener su hegemona en un nuevo contexto posterior a la crisis de 2007/2008 y al inicio del declive como potencia econmica hegemnica de EE UU. Y lo est haciendo en un marco cambiante caracterizado por una fuga hacia delante en los procesos de desregulacin econmica, privatizacin, extractivismo (con la aparicin de un, valga la expresin nuevo neocolonialismo ecocida) pero cuya novedad estriba en la aparicin de una nueva exacerbacin de la competencia, llammosle interimperialista, lo que ha dado lugar a una nueva combinacin explosiva: globalizacin, multilateralismo y nacionalismo proteccionista. Trump no es simplemente el loco caprichoso de las fake news o de los oukase xenfobos de los twitts, es -por el momento- el modelo de gobernante para 2019, funcional para capitalismo norteamericano. Y, por extensin, son tambin funcionales los equivalentes en cada pas en su bsqueda de salida para la nueva crisis de la globalizacin capitalista de las finanzas en la sombra.

Fin de poca para la izquierda convencional

Pero con esta oleada de soluciones autoritarias de los de arriba contra los de abajo, tambin se han hecho evidentes los lmites de las soluciones populistas en franco declive en Amrica Latina y tambin han puesto al descubierto la impotencia y la inanidad de las alternativas progresistas de la izquierda socialdemcrata (reconvertida en social liberal) y del populismo de izquierdas crecientemente institucionalizado y asimilado al sistema, opciones que adolecen de falta de mordiente anticapitalista y de orientacin ecosocialista, radicalmente democrtica e impugnadora del sistema. Son frmulas que confan todo a lograr gobernar sin impulsar a la vez la auto organizacin popular, por lo que se muestran incapaces de afrontar los nuevos retos y, por tanto, devienen intiles para defender a las clases subalternas en este primer cuarto del siglo XXI.

Vivimos un fin de poca de la izquierda del sistema que no ha impulsado soluciones a los dos principales problemas de la humanidad: la desigualdad social y el calentamiento global. La creciente acumulacin de la riqueza mundial en cada vez menos manos mediante el mtodo de intensificacin de la explotacin y la expropiacin de las mayoras est originando lo que Antonio Ario y Joan Romero (2016) califican, como ya hicieron otros antes, de secesin de las lites, particularmente de los ricos 3/; secesin que atraviesa tanto las fases de expansin como las de recesin y que no es ajena a la persistencia de las emisiones de gases de efecto invernadero y al fracaso de las reuniones internacionales del clima auspiciadas por Naciones Unidas como es el caso de la Cumbre del Clima de Katowic (Polonia) recientemente celebrada pese a conocerse que -como acababa de sealar Begoa MaraTom-Gil- esta misma semana conocamos que el ritmo de crecimiento del CO2 ha vuelto a marcar un rcord en 2018, rompiendo las esperanzas de que las emisiones hayan alcanzado su pico mximo. A pesar de llevar dcadas de cooperacin internacional no parece que las Naciones Unidas nos hayan conducido a un umbral de seguridad climtica.Los compromisos que los 200 pases han puesto encima de la mesa nos llevarn a un calentamiento de ms de 3C a final de siglo 4/.

En este panorama, una vez ms, las soluciones vienen desde abajo, de quienes no esperan a que ni dioses, reyes ni tribunos les solucionen el problema. Cundo aprender la izquierda que no se necesitan hiperliderazgos sino pueblos organizados, movilizados y empoderados? Las clases trabajadoras, en las nuevas condiciones de las relaciones capital-trabajo presididas por la precarizacin, prdida de derechos y empobrecimiento, estn ofreciendo resistencias fragmentadas pero reales que se extienden por los intersticios del sistema y calan en Pekn (en defensa del salario y la salud laboral) y en Pars (chalecos amarillos), y a la vista est tambin de forma incipiente en el Estado espaol (Coca Cola, Amazon, Kellys, etc.), en forma de expresiones renovadas de la indignacin y la organizacin. Y las mujeres, especialmente las mujeres. El movimiento feminista ha sido uno de los baluartes en la lucha contra Trump y Bolsonaro y en nuestro caso ha supuesto la activacin, rejuvenecimiento y masividad de un movimiento que reacciona en la calle y con las ideas contra la violencia machista, pero que va ms all y se ha marcado como meta acabar con el heteropatriarcado y cuya dinmica anticapitalista tiene grandes posibilidades de desarrollarse frente al limitante feminismo institucional.

Spain is not different

Tambin aqu, y como se ha mostrado en las recientes elecciones andaluzas, la derecha no slo se ha fortalecido, sino que se ha derechizado. Aunque Andaluca tenga sus especificidades cabe destacar a la vista de los resultados que la crisis de rgimen no se ha cerrado. En el conjunto del Estado espaol sigue existiendo una importante volatilidad del sistema de partidos, una deslegitimacin de poderes centrales del rgimen de la reforma (monarqua y judicatura fundamentalmente) y una gran distancia entre los partidos y las instituciones por una parte y el grueso del pueblo por otra. La crisis del Estado con Catalunya, la persistencia de las aspiraciones democrticas del bloque soberanista con la lucha por la hegemona en su seno entre las distintas fuerzas que lo componen- frente a la judicializacin del conflicto continan y operan como factores desestabilizadores. En el caso andaluz y como producto de la decepcin de un amplio sector popular de izquierdas que se abstuvo, la polarizacin se ha dado intra muros del rgimen entre las fuerzas que lo defienden y mantienen, tanto en la versin PSOE, como en la PP y su excrecin Vox, o en la variante Cs. Frente a ese bloque defensor del rgimen del 78 -aunque su nuevo socio ultra derechista quiera revisarlo a fondo, por cierto en el mismo sentido que viene haciendo Casado pero con mayor crudeza posfranquista-, las fuerzas del cambio, Adelante Andaluca en concreto, pese a la ejemplar campaa realizada, no han podido movilizar a una parte de sus votantes entre las clases trabajadoras y aparecer como un polo de referencia frente al conjunto de las fuerzas del sistema porque no ha podido sacudirse el sanbenito que le llega del norte de Despeaperros.

Efectivamente, Unidos Podemos a nivel estatal ha quedado reducido a una fuerza cada da ms subalterna de las maniobras de Pedro Snchez por mantenerse en el gobierno tras la mocin de censura y en el caso de Podemos inciden cuatro fenmenos muy negativos que se han podido verificar en los meses anteriores: la paralizante dependencia del liderazgo de su secretario general que tiene, adems, competencias ilimitadas en la prctica; la prdida de pluralismo interno y ausencia de espacios de debate democrtico; la imposicin de reglamentos que atentan al principio de proporcionalidad en la representacin tanto en los rganos internos como en la conformacin de listas electorales; y la irresistible tentacin de llegar a los gobiernos sin mayor orientacin estratgica y programtica, con lo que podramos denominar un programa en mutacin continua en funcin de la alianza con el PSOE en aras de cogobernar con el mismo.

Cuanto ms se alejan las fuerzas del cambio del espritu impugnador que las inspir, hijo de la voluntad de miles de activistas del 15 M que queran ver plasmadas las demandas de las calles en los parlamentos y ayuntamientos, menos capacidad de cambio tienen. Cuanto ms se homologan al resto de partidos y se suben al tanque del mainstream, menos espacio tienen, menos entusiasmo despiertan y menos apoyos generan. El problema real a resolver es que ni la mocin de censura ni la alianza que la conform, de momento, han dado frutos en el terreno de una mejora sustancial de las condiciones de vida de las gentes: mejora de la cantidad y calidad del empleo, aumento de la masa salarial, reactivacin de los servicios pblicos de calidad. Y ello determina los lmites de la eficacia de los gestos y el discurso.

La pregunta siempre clave: qu hacer?

El impulso de nuevas redes, sean moleculares y de base, sean con mayores grados de materializacin y coordinacin de las y los de abajo es el primer puntal que hay que poner en pie para hacer efectiva la lucha contra la pobreza, la desestructuracin de la sociedad, la ideologa del individualismo (mortal para las clases trabajadoras) y la precariedad laboral. Crear espacios de encuentro y cooperacin es imprescindible para crear la textura de la resistencia social.

El impulso de la expresin autnoma de los movimientos sociales y el poner a su servicio cada uno de los hitos institucionales que se conquisten en el periodo electoral de 2019-2020 (si es que no se adelantan las elecciones generales), junto a la construccin de una alternativa municipalista participativa, democrtica e impugnadora de la ciudad de los especuladores y favorable a la ciudad de las gentes, as como la promocin de un debate sobre la Unin Europea, su deriva neoliberal y xenfoba, deberan ocupar el grueso de los esfuerzos inmediatos de las fuerzas del cambio. Sin ello las fuerzas del cambio no sern catalizadoras reales del cambio.

El impulso desde el ms absoluto respeto a su autonoma, ritmos y experiencias de un movimiento feminista capaz de hacer frente al neomachismo que reacciona agresivamente ante los avances de las mujeres y que tiene muy altas dosis de lgtbfobia, as como el trabajo por reforzar su capacidad para combatir todas las formas de discriminacin salarial, social, cultural y poltica de las mujeres, son condiciones imprescindibles para asentar un pilar bsico del bloque social contrahegemnico, el de la mitad de la poblacin oprimida y discriminada: las mujeres.

El impulso de la reactivacin de las herramientas sindicales para lograr derogar las reformas laborales, el fortalecimiento de la negociacin colectiva, la disminucin de la jornada laboral, la creacin de puestos de trabajo y el reparto del trabajo existente, puede permitir la vuelta a la escena de la clase trabajadora con un papel poltico propio.

El impulso de la demanda democrtica de un referndum sobre la forma de Estado para acabar con uno de los pilares bsicos de la transicin diseada por los franquistas e impuesta en la Constitucin de 1978: la monarqua encarnada por la familia-empresa de los Borbones, supone dar pasos reales en el desmantelamiento del rgimen, la ruptura democrtica y la exigencia de proceso(s) constituyente(s).

La cuestin de Vox

Sin despreciar el peligro potencial que encierra Vox y cuyo primer efecto es que est marcando el paso a la derecha y llenando de forma desproporcionada la agenda meditica, conviene desarrollar anlisis ms detallados que los que de forma precipitada y desde el PSOE de forma simplona se han hecho de lo que representan Abascal y sus caballeros. El partido de Abascal ha catalizado el destape de sectores exfranquistas, la expresin del malestar de una parte de las clases medias tradicionales cuyas desgracias pueden atribuir no a sus causantes sino a los sectores ms vulnerables de la sociedad, caso de la migracin, el islamismo o las mujeres, as como la bsqueda abstracta de seguridad contra los factores que atentan contra su identidad nacional, caso de la cuestin catalana, o simplemente el hartazgo ante la falta de ejemplaridad de los polticos. Pero si no acertamos en cmo pararlos, si los convertimos en el nico objetivo a batir, cosa que les refuerza, s que pueden llegar a ser peligrosos si su actual autoritarismo ultraliberal acaba conectando, cosa que todava no ha hecho, con sectores populares desesperados.

La primera cuestin a tener en cuenta es que Vox forma parte del sistema, no en vano es un desgajamiento de viejos militantes del PP (Abascal o Bardaj son paradigmticos), es hijo poltico del rgimen de la reforma, de sus concesiones, de sus tareas democrticas y antifranquistas inconclusas, de la contradiccin entre poder ser demcrata y no ser antifranquista porque no hubo ni ruptura democrtica ni proceso constituyente propiamente dicho, al reducir todo el cambio al legal alumbrado en pactos secretos. La segunda cuestin a considerar es que el principal muro de contencin del partido ultra no ser el que permiten los juegos reglamentarios institucionales, sino que ser la creacin de una amplia alianza transversal y plural con capacidad de movilizacin de masas que abarque a las organizaciones feministas, sindicales, estudiantiles y de cuanta gente lucha por los derechos nacionales, las libertades y los avances sociales. La tercera es que las formas de lucha antifascista no son nicas ni homogneas y todas ellas deben ser complementarias desde la aspiracin comn a reconstruir un tejido asociativo alternativo en nuestras ciudades, barrios y pueblos.

A modo de conclusin provisional

Parafraseando a Ulrich Beck, que afirm que cuando el orden mundial se desmorona, la gente empieza a pensar, podemos concluir que la primera obligacin que tenemos es precisamente pensar con nuestra cabeza, combatir la pereza intelectual, huir de las metforas y los paralelismos histricos simplones, analizar en concreto desde una mirada holstica y, lo que es ms importante, trazar una hoja de ruta. Ensayar, equivocarnos, corregir y avanzar. Y tanto para pensar colectivamente como para actuar de forma cooperativa y conjunta, es necesario constituir esa nueva izquierda de la que habla Fraser.

Y, en definitiva, tanto frente a Vox como frente al conjunto de las fuerzas de la derecha y a los pilares del rgimen de la reforma, la cuestin para la izquierda a construir es poner en primer lugar, frente a un neoliberalismo cada vez ms autoritario la agenda social y democrtica, factor precipitante de procesos de unidad real de las fuerzas preexistentes y cimiento fundamental del bloque contrahegemnico. Slo en ese contexto la lucha electoral puede contribuir a un proyecto ilusionante, capaz de generar un nuevo horizonte destituyente, republicano y rupturista frente a la ola reaccionaria y a la subalternidad respecto al PSOE. Esa es la base de la (re)construccin de las fuerzas del cambio que necesitamos, las que demandaban tantas y tantos activistas del 15 M y que, con ms motivos que entonces, nos toca recuperar y renovar.

Notas:

1/ En las salas espaolas titulada Inflitrado en el KKKlan

2/ Fraser, N. (2017) Saltar de la sartn para caer en las brasas. Neoliberalismo progresista frente a populismo reaccionario en AA.VV. El gran retroceso. Un debate urgente. Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia. Seix Barral, Barcelona, 2017, pp. 107.

3/ Ario, A. y Romero, J. (2016), La secesin de los ricos, Galaxia Gutemberg, Barcelona.

4/ Begoa Mara Tom-Gil, La Cumbre del Clima de Katowice, un momento para la ambicin y justicia climtica, 10/12/2018 https://blogs.20minutos.es/la-energia-como-derecho/2018/12/10/la-cumbre-del-clima-de-katowice-un-momento-para-la-ambicion-y-justicia-climatica/

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14474



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