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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2019

Afganistn y el portazo de Trump

Guadi Calvo
Rebelin


El talibn sigue aprovechando a fondo la desconcertante poltica norteamericana respecto a Afganistn y ms all de las cumbres que ha mantenido con autoridades norteamericanas, rusas e iranes, sigue golpeando en caliente y afianzndose en sus posiciones no solo polticas sino y fundamentalmente, militares.

La banda integrista ha terminado el 2018 como el ao ms exitoso desde la invasin norteamericana de 2001. A lo largo de ao pasado los insurgentes demostraron estar mucho mejor equipados y entrenados.

A lo largo de 2018 los muyahidines han lanzado ataques masivos contra capitales provinciales como Farah y Ghazni, logrando tomarlas por algunas horas y despidi el ao con un asalto contra el Ministerio de Salud Pblica en pleno centro de Kabul, el lunes 24 de diciembre, con un saldo de 43 muertos. Mientras se confirman que las bajas civiles a lo largo del 2018 superan a las de todos los aos anteriores desde 2001.

La peligrosidad de las acciones terroristas en la capital ha obligado que el personal estadounidense tenga prohibido cruzar la calle que separa la embajada de otras oficinas civiles. Todo el personal norteamericano que va o viene del aeropuerto de Kabul a la embajada debe ser trasladado en helicpteros, fuertemente artillados y escoltados ya que calles kabules son siempre inciertas a la hora de la seguridad.

Histricamente en invierno, el talibn se ha replegado para descansar y reagruparse en Pakistn a esta altura del invierno. Est visto que este ao no est siendo as y los ataques se continan sin intermitencias, hecho que ha sorprendido al ejrcito afgano que esperaba un ritmo menor de incursiones terroristas.

El primer da del ao los muyahidines lo iniciaron con una serie de ataques coordinados en el norte del pas, donde tambin tienen presencia varios pelotones del Daesh Khorasan.

En la provincia de Sar-i-Pul, a lo largo de la carretera que une su capital, Sar-i-Pul con la provincia de Jowzjan, en el asalto contra el municipio de Sayad, desde tres puntos distintos, murieron siete policas y otros ocho resultaron heridos. Adems el raid, continu con ataques a puestos de seguridad y aldeas pequeas dejando un total de 29 muertos, todos miembros de las fuerzas de seguridad, y ms de un centenar de heridos. El ataque ms importante se concentr contra los pozos petroleros cercanos al pueblo de Qashqari, aunque los insurgentes no pudieron tomarlos, siendo repelidos por la polica.

Al tiempo que ms efectivos policiales se acercaban para dar asistencia a sus camaradas atacados, la columna, en la que viajaban varios jefes de inteligencia provincial, fue emboscada por comandos del talibn. De este ataque no se ha logrado conocer el nmero de bajas.

Mientras tanto en la provincia de Balkh, tambin al norte del pas, los talibanes atacaron un puesto de seguridad en el distrito de Chemtal, donde asesinaron a seis policas e hiriendo a otros siete, apoderndose de todas las armas y equipos de ese puesto.

Este jueves tres, dos ataques contra puestos de control en la zona de Lodinyano en el distrito de Marghab dej 18 muertos y dos heridos, en un ataque que dur casi tres horas, los muyahidines adems capturaron un mortero, una pistola, tres ametralladoras PKM, cinco rifles y otros insumos militares.

Este tipo de operaciones menores, pero continuas se estn dando a lo largo de todo el pas, desde hace meses y parecen haber recrudecido desde el anuncio del presidente Trump del retiro de la mitad de los 14 mil efectivos que los Estados Unidos mantenan en el pas centroasitico.

La orden de Trump ha producido importantes remezones en el interior de la Casablanca (Ver: GC, EE.UU.: El ltimo ladrido del Perro Rabioso) . Finalmente Donald Trump ha dispuesto lo que haba propuesto incluso antes de la campaa electoral que era salir de Afganistn, aunque en los primeros dos aos cedi a las imposiciones del establishmen t , tanto del complejo militar-industrial como de los propios generales que insisten en continuar la guerra ms larga que ha librado Estados Unidos en su historia.

Donald Trump, aparentemente, est ahora dispuesto a regalarles el conflicto a las naciones vecinas como Pakistn, Irn, e incluso a Rusia, China e India, dando un portazo hasta ahora bastante confuso y oportunista, muy al estilo del rubicundo presidente.

La verdad, en una guerra de mentiras.

En los trminos en que se suele manejar el magnate neoyorquino, Afganistn ha resultado un psimo negocio, con ms de 2.500 estadounidenses muertos, una inversin que supera en dlares actuales, al Plan Marshall, de 840 mil millones gastados en combatir una insurgencia cada vez ms fuerte, en ayuda humanitaria que no drena a quienes lo necesitan y una reconstruccin imperceptible. Aunque quizs el gasto ms intil haya sido los 8 mil millones de dlares en la lucha contra el narcticos, sin lograr no solo disminuir la produccin de opio y herona, sino que ao tras ao supera sus propios records.

Afganistn produce cerca del 95 por ciento del opio y la herona del mundo, siendo la principal fuente financiamiento de los insurgentes, repercutiendo incluso en los propios Estados Unidos que est viviendo una verdadera epidemia de opioides donde cada da, por cada milln de norteamericanos, se consume ms de 50 mil dosis habiendo dejando 70 mil muertos en 2018, cuando desde 1999 a 2017 haban sido 700 mil.

Para el razonamiento de Trump, seguir invirtiendo en la guerra contra el talibn sera estpido, ms all de lo que le dicten los estrategas del Pentgono. Prueba de ello ha sido la rugiente salida de James perro rabioso Mattis, un general veterano de Irak y Afganistn, quien fue suplantado interinamente por su segundo, Patrick Shanahan, quien nunca ha servido en las fuerzas armadas y su carrera la ha transitado en el sector privado como ejecutivo de la Boeing. Mattis a das de su despido declar que la presencia de Estados Unidos era para evitar que una bomba se disparara en Times Square.

Con la degradacin de las posiciones del Ejrcito Nacional Afgano (ENA), la polica nacional y las provinciales, que han sufrido unas 28 mil bajas en los ltimos tres aos, sumado al repliegue de las fuerzas estadounidenses, queda bien a las claras que el gobierno del presidente Ashraf Ghani, depende ms de la voluntad del mullah Hibatullah Akhundzada, lder de los talibanes, que de sus socios occidentales y que de l mismo.

De los cien mil militares norteamericanos en Afganistn a mediados de 2010, pronto no llegaran a siete mil y posiblemente se sigan reducindose. En el peor momento de Kabul, ya que cada vez es ms fuerte la versin de que cuando se hablaba que las tropas afganas reportaban 314 mil hombres, hoy se sabe que el nmero real se aproxima a solo a los 77 mil, ya que muchos soldados han desertado, sus jefes prefieren no informarlo para seguir cobrando sus sueldos, y son constantes las noticias que soldados y policas han entregado a los insurgentes sus unidades y compaeros.

Afganistn, que tiene un desempleo del 40 por ciento y una tasa de pobreza del 55, el servicio militar voluntario y pago, es una excelente salida laborar para los hombres que en su mayora provienen de las regiones ms pobres y remotas del pas cuya tasas de analfabetismo es de un 35 por ciento, lo que provoca un muy bajo desempeo en combate, sin otra conviccin que el sueldo a fin de mes, cuando la tropa del talibn est mucho mejor pagada y sus convicciones en general son muy profundas.

Nuevos datos confirman que el incremento de los muyahidines en los ltimos cuatro aos estara alcanzando a los 80 mil combatientes. Al tiempo que controlan cerca del 70 por ciento del pas, a pesar de los nmeros anteriores que hablaban de un territorio partido en un 60 a 40 entre el poder central y los talibanes. La realidad marca que los gobiernos provinciales que responden a Kabul en verdad controlan solo sus capitales y algunos sectores circundantes, mientras que las reas rurales de la mayora de las 34 provincias estn en manos de los insurgentes. Sin la presencia fsica de las tropas de la coalicin occidental, las fuerzas afganas no logran mantener el control de los distritos que dicen haber quitado a los talibanes, por lo que este extemporneo portazo de Trump habr obligado al presidente Ghani a recordar los padecimientos mortales de su antecesor Mohammad Najibul.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en frica, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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