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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2019

Noventa aos de insurgencia creadora y heroica

Alexis Capobianco
Rebelin


Este ao (2018) se cumplieron 200 aos del nacimiento de Karl Marx y 100 de la Reforma de Crdoba, tambin se cumplen 90 aos de una obra fundamental del pensamiento latinoamericano que es en gran medida consecuencia del pensamiento de Marx y del movimiento de reforma universitaria: los Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana de Jos Carlos Maritegui (2010).

En 1923 Maritegui retorna a Per, tras un exilio forzado a partir de 1919 en Italia y otros pases europeos por sus desavenencias con el gobierno de Legua, que poco tiempo antes haba clausurado su peridico La Razn, el cual se haba transformado en una tribuna que apoyaba las luchas de trabajadores y del movimiento de reforma universitario. A su retorno de Europa, vendr transformado en un marxista convicto y confeso segn sus propias palabras. En Italia estuvo en contacto con el grupo de socialistas que editaban la revista Ordine Nuovo, entre los cuales se encontraba Antonio Gramsci, y que sern el ncleo fundamental en la formacin del Partido Comunista Italiano. Ordine nuovo se opona fuertemente a los dogmatismos economicistas, predominantes en la Segunda Internacional, que visualizaban el socialismo como una especie de subproducto del desarrollo de las fuerzas productivas, concepcin que conduca a una actitud pasiva y a la renuncia en la prctica a los objetivos estratgicos socialistas. Maritegui adoptar una visin radicalmente crtica de todos los mecanicismos que conducan a la negacin prctica y terica del papel activo del ser humano en la historia, anloga a las que defendan los integrantes de Ordine Nuovo.

En Per fundar en 1926 la revista Amauta (nombre de los educadores en el Imperio Inca y que le ser adjudicado como sobrenombre a su fundador), esta revista ser uno de los ms claros ejemplos de lo que con Gramsci podramos llamar organizacin de la cultura (Escorsim, 2006) y construccin de una concepcin contrahegemnica, lo cual en Maritegui no se disociaba -como tampoco se disociaba en Antonio Gramsci- de la construccin poltica de las herramientas necesarias para transformar la realidad con un objetivo estratgico socialista. Fue un intelectual y terico pero tambin un hombre prctico, un revolucionario, que colocaba en un lugar central el problema cultural. En una editorial de 1927, cuando la ruptura con el APRA (Asociacin Popular Revolucionaria Americana) de Haya de la Torre se torna definitiva, sostendr que el socialismo en Amrica Latina no debe ser calco ni copia, sino creacin heroica (Maritegui, 2003). Y los Siete ensayos son uno de los ejemplos ms claros en este sentido, no sern la aplicacin dogmtica de formulas marxistas prefabricadas a la realidad peruana, sino que constituirn un dilogo fecundo entre teora y prctica, entre la realidad concreta del Per y las categoras propias del marxismo. Es un conjunto de ensayos interpretativos que apuntan a la transformacin radical del Per. Interpetacin y transformacin se constituan en una unidad dialctica en el caso del Amauta, lejos de todo teoricismo puramente interpretativo, pero tambin de un practicismo antiintelectual y hostil a la teora, sentido este ltimo en el cual muchos han interpretado la onceava tesis sobre Feuerbach de Marxi, lo cual suele conducir a un olvido de los objetivos estratgicos. Pero Maritegui, junto con la Tesis XI, seguramente tena muy presente la frase de Lenin de que sin teora revolucionaria no hay movimiento revolucionario.ii

Los Siete Ensayos agrupan un conjunto de estudios sobre temticas diversas, que abarcan desde la economa a la cultura y el arte. Comienzan con un estudio de la formacin econmica y la historia econmica del Per, para despus abordar el problema de la tierra, el problema del indio, la religin, el centralismo y el regionalismo, la Instruccin Pblica y la Literatura. Su objetivo es comprender la totalidad histrica concreta del Per, un estudio concreto de la realidad concreta, en el cual la prioridad del ser social sobre la conciencia, no supone una subestimacin de lo que Marx denomin superestructural, sino que, por el contrario, su obra nos muestra la importancia central que para Maritegui tenan los elementos no especficamente econmicos, muchas veces despreciados por diferentes variantes economicistas del marxismo. Esto era absolutamente coherente con su crtica al mecanicismo y su defensa del papel activo del ser humano en la historia, el cual se realiza, precisamente, a travs de las mediaciones, polticas, culturales, etc, es decir, a travs de la denominada superestructura, que no era visualizada por el como una especie de epifenmeno pasivo.

No es la intencin de este artculo una exposicin detallada de los Siete Ensayos ni mucho menos, tan solo intentar sealar algunas de las ideas que considero ms relevantes de una obra que es infinita para pensar no solo el Per, sino a Nuestra Amrica, nuestro presente y los posibles futuros que podemos recorrer.

La formacin econmica peruana

En el primer ensayo, Maritegui realiza un estudio de la formacin econmico-social peruana y sus complejidades especficas. En la misma identifica diversos tipos de relaciones: capitalistas, comunitarias y semifeudales (denominacin despus muy criticada pero que era de uso general en la poca y que denominaba a las relaciones que algunos ms tarde llamaran semiserviles). Seala a las relaciones capitalistas como hegemnicas (Quijano, 2007) en esa formacin, a la cual conceba como totalidad y no como una serie de compartimentos aislados, esto lo distancia -y no solo en el plano terico- de Haya de la Torre. Este ltimo conceba a la sociedad peruana como feudal, de lo cual derivaba la necesidad de una revolucin capitalista dirigida por las clases medias. Maritegui, por el contrario, al sealar el carcter hegemnico de las relaciones capitalistas, y al visualizar que ese carcter se seguira desarrollando -y que en el caso de los pases de la costa atlntica de Sudamrica el carcter capitalista era mucho ms marcado- reconoce a la clase trabajadora como el principal sujeto de los cambios en el Per y en Amrica Latina, y no a la burguesa o clases medias como sostena Haya de la Torre. De esta manera, el Amauta pona a la orden del da la perspectiva de una revolucin socialista. Pero el carcter creador de su visin lo hace reconocer otro potencial sujeto revolucionario: los pueblos indgenas. El carcter comunitario de su forma de vida los haca proclives al socialismo desde la perspectiva mariateguiana. Esto ltimo lo conduce a la conclusin de que no era necesario pasar por una etapa capitalista agraria, sino que las comunidades indgenas podan transitar directamente hacia el socialismo, lo cual lo acercaba objetivamente con la perspectiva que haba desarrollado Marx hacia el final de su vida en torno a las comunidades agrarias rusas y su posible pasaje directamente al socialismo, sin ninguna necesidad de etapas capitalistas intermedias. Estas ideas de Marx estaban en escritos no publicados, que Maritegui no poda conocer.

Asimismo, Maritegui concibe un posible desarrollo capitalista -que remedara a las potencias centrales- como inviable. En la etapa imperialista, estaba excluido del horizonte histrico latinoamericano el desarrollo capitalista, llegamos tarde, nuestro lugar en el capitalismo era subordinado y dependienteiii. La nica opcin viable para superar ese carcter subordinado y dependiente era para Maritegui el socialismo, en un posible proceso de revolucin democrtica y antiimperialista -dirigida por la clase trabajadora- que condujera hacia el socialismo.

Maritegui desarolla una visin histrica que pone en cuestin toda intepretacin mecanicista del marxismo, no extrapola ni universaliza la sucesin de modos de produccin que Marx y Engels haban planteado para Europa, rechaza el evolucionismo propio de la segunda internacional -que tena una suerte de expresin criolla en Haya de la Torre- para los cuales no era viable ninguna transformacin socialista, sino que haba que esperar y subordinarse al desarrollo de las fuerzas productivas o del capitalismo. El Amauta seala, adems, el carcter utpico de un desarrollo capitalista al estilo de las potencias centrales en el marco de la etapa imperialista, por ms que este se presente como la nica opcin realista, es en el fondo la ms utpica -por irrealizable- de las opciones. Asimismo, en su visin de la historia hay alternativas, no hay un nico desarrollo histrico posible. Amrica Latina sigui una va de desarrollo que algunos llamarn despus prusiana u oligrquica del capitalismo, en otro momento tal vez podra haber seguido una va de desarrollo capitalista no oligrquica, pero hoy esa otra posibilidad, ya consolidadas las estructuras econmicas y en plena etapa imperialista, se ha tornado histricamente inviable.

El Amauta nos aporta bases crticas para muchas de las teoras que predominarn a posteriori, para los liberalismos econmicos ms extremos pero tambin para las diferentes formas de desarrollismo. Su pensamiento es una alternativa y una fuente para la crtica a los marxismos dogmticos que extrapolan recetas, que sostienen rgidas interpretaciones economicistas y niegan el papel del ser humano en la historia. Tambin nos aporta herramientas para poner en cuestin las visiones que -en forma explcita o implcita- visualizan el horizonte histrico como clausurado, que no conciben un mundo ms all del capitalismo, para todas las diferentes visiones del fin de la historia, que la mayor parte de las veces no se formula en forma explcita, como en el caso de Francis Fukuyama, pero que es aceptado implcitamente en la teora o en la prctica. El desarrollo del marxismo en forma creativa y no dogmtica que realiz Maritegui, su rechazo al economicismo y su valoracin de los aspectos subjetivos y culturales, as como su afirmacin del ser humano como sujeto activo en la historia y no mero objeto pasivo de la misma, son parte del entramado terico-crtico desarrollado por el peruano que resulta un aporte fundamental para seguir pensando y transformando nuestra realidad.

Del problema del indio y el centralismo al problema de la tierra

En el ensayo sobre el problema del indio, al cual ya hemos aludido, podemos ver una concepcin que intenta ir ms all de lo sintomtico, yendo a las races ms profundas, que Maritegui identifica con el problema de la tierra, o la expropiacin violenta que los pueblos originarios padecieron en la conquista y que luego se prolongara en la Repblica. Denuncia el Amauta las teoras racistas, tan en boga en la poca, como as tambin las explicaciones que reducan toda la problemtica indgena a factores culturales, con sus correspondientes soluciones, que iban desde el blanqueamiento de la poblacin hasta medidas de carcter meramente pedaggico o administrativo, que aunque estuvieran bien intencionadas estaban condenadas al fracaso, porque no atacaban la raz del problema. Cabe sealar que aunque Maritegui se centrara en una causa econmico-estructural no significa que despreciara las problemticas culturales, por el contrario, el seala que las formas de vida propias de los indgenas los transformaban en potenciales sujetos de una revolucin socialista, y que el liberalismo y su ideologa individualista propietaria entraba en contradiccin con sus formas de vida y visin del mundo.

Maritegui pone el nfasis, cuando analiza el problema del indio y otras problemticas, en el factor econmico, lo cual era imprescindible sealar en un momento en que las bases estructurales eran soslayadas o negadas, lo cual impeda encontrar los caminos para las soluciones reales. Los anlisis sintomticos, que no van a las races ms profundas de las diversas problemticas sociales, son una constante de las teoras hoy dominantes en el campo de las ciencias sociales, porque invisibilizar las causas fundamentales de los problemas es en parte su funcin ideolgica, se haga esto en forma consciente o inconsciente. De esta manera, nos podemos encontrar con anlisis de cuestiones como la educativa o poltica en los cuales se asla al campo educativo o poltico de la totalidad social y no se visualizan sus problemas o crisis en su interrelacin con los elementos estructurales de esa totalidad.

En el anlisis de Maritegui del problema del indio, nos encontramos, como venimos diciendo, con una visin que intenta ir ms all de lo sintomtico y que concibe la sociedad no como una serie de compartimentos aislados, sino como una totalidad contradictoria y dinmica, constituyendo un modelo para pensar la realidad y sus potenciales transformaciones alternativo al de las tendencias hoy hegemnicas.

Asimismo, hemos podido ver en estos ltimos aos como la receptividad de los pueblos indgenas a la ideologa socialista, o hacia luchas potencialmente anticapitalistas, no era una mera hiptesis especulativa de Maritegui. Desde el levantamiento del Ejrcito Zapatista en Mxico, hasta las luchas de los pueblos orginarios en Bolivia en defensa de los bienes comunes, contra el neoliberalismo y por un socialismo comunitario, as como tambin las diversas luchas que protagonizan pueblos como el Mapuche, entre otros, en defensa de las tierras comunitarias y contra las dinmicas expropiadoras del gran capital son un testimonio prctico de las tesis del Amauta.

El problema del indio conduce al problema de la tierra. Con respecto a este ltimo, realiza un tratamiento histrico, en el cual seala como se fue consolidando desde la colonia una estructura latifundista que no fue modificada en la Repblica y que constituye uno de los grandes problemas del Per, que podemos hacer extensivo a toda Amrica Latina y que llega hasta nuestro presente.

El carcter de la propiedad agraria en el Per se presenta como una de las mayores trabas del propio desarrollo del capitalismo nacional. Es muy elevado el porcentaje de las tierras, explotadas por arrendatarios grandes o medios, que pertenecen a terratenientes que jams han manejado sus fundos. Estos terratenientes, por completo extraos y ausentes de la agricultura y de sus problemas, viven de su renta territorial sin dar ningn aporte de trabajo ni de inteligencia a la actividad econmica del pas. Corresponden a la categora del aristcrata o del rentista, consumidor improductivo. Por sus hereditarios derechos de propiedad perciben un arrendamiento que se puede considerar como un canon feudal. El agricultor arrendatario corresponde, en cambio, con ms o menos propiedad, al tipo de jefe de empresa capitalista. Dentro de un verdadero sistema capitalista, la plusvala obtenida por su empresa, debera beneficiar a este industrial y al capital que financiase sus trabajos (Maritegui, 2010)

Pero este carcter feudal o semifeudal que seala Maritegui de la propiedad de la tierra, no lo conduce a pensar que era necesario una reforma agraria de tipo liberal que impulsara un desarrollo de carcter capitalista, sino que para l ese tiempo ya haba pasado y haba que apuntar a nuevas soluciones, ms cuando exista una base de relaciones comunitarias:

Congruentemente con mi posicin ideolgica, yo pienso que la hora de ensayar en el Per el mtodo liberal, la frmula individualista, ha pasado ya. Dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carcter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo prctico en la agricultura y la vida indgenas. (Maritegui, 2010).

Los problemas de tenencia y renta agraria que plantea Maritegui tienen absoluta actualidad, lo cual no quiere decir que no haya habido importantes transformaciones a nivel agrario, entre otras el gran desarrollo del agro-negocio y la apropiacin de porciones cada vez mayores de tierras por grandes corporaciones transnacionales, La apropiacin privada de la renta de la tierraiv por unos pocos propietarios conlleva, entre otras consencuencias a nivel econmico y socialv, a la concentracin de la riqueza en pocas manos, la imposibilidad de volcar esos recursos en salud, educacin, vivienda, o un desarrollo autnomo del pas, la dependencia e inestabilidad econmica, etc., a lo cual se suman importantes efectos negativos para el medio ambiente.

En el ensayo regionalismo y centralismo hay una continuidad fuerte con los ensayos sobre el problema del indio y el problema de la tierra. El centralismo es una caracterstica de la estructura poltica peruana, al cual se contrapone un regionalismo que muchas veces no es ms que una expresin de intereses feudales en la terminologa de Maritegui, el federalismo que se reclama crtico al centralismo no es un federalismo democrtico sino conservador. El Amauta nos plantea una relacin de oposicin y complementareidad entre el centralismo de las clases dominantes urbanas y el regionalismo propio de los gamonales, que son la expresin de los intereses feudales a nivel local. Maritegui no niega la excesiva centralizacin, con todos sus problemas derivados, pero eso no le impide ver que el regionalismo no es una alternativa real a ese centralismo, puesto que solo reclama ms poder para los gamonales. Es necesario para Maritegui un nuevo regionalismo, que considere la estructura dual del Per, caracterizada por una sierra semifeudal y comunitaria y una costa capitalista, dejando de lado divisiones administrativas que tienen un carcter artificial. Propone un regionalismo que coloque en un lugar central el problema del indio y por tanto el problema de la tierra, es decir, que formula como alternativa lo que podramos llamar un regionalismo o federalismo democrtico, que democratice tanto la estructura econmica, a travs de la reforma agraria, como la estructura poltica.

Tambin este ensayo interpela nuestro presente. El problema del centralismo es comn a muchos pases de Amrica Latina, si no es que a todos. En nuestro pas vemos comnmente propuestas de descentralizacin compartibles en gran medida, pero tambin otros reclamos e invectivas en las cuales se expresa un localismo autoritario propio de oligarcas regionales, como todos aquellos que se oponan a la ley de 8 horas para los trabajadores rurales porque la realidad del campo es diferente y no es como en Montevideo. Pero, asimismo, en la mayora de los reclamos justos no se suele ir a una de las causas ms profundas de la centralizacin, que es precisamente la que seala Maritegui: la estructura de la propiedad de la tierra, con grandes concentraciones en pocas manos, en el marco de un capitalismo dependiente y subordinado en la divisin internacional del trabajo, orientado a satisfacer las necesidades del mercado mundial, todo lo cual ha sido un gran obstculo a un desarrollo local, menos centralizado y macroceflico. La superacin del centralismo parece poco viable si no se transforman esas estructuras econmicas, las medidas administrativas o polticas pueden permitir ciertos procesos parciales de descentralizacin, pero su alcance es limitado en tanto esto se hace en el marco de una estructura econmica que tiende permanentemente a fortalecer los procesos centralizadores.

La religin, la educacin, la literatura y otros menesteres revolucionarios

En el ensayo sobre la religin, Maritegui toma distancia de las concepciones antirreligiosas que identifican religin con oscurantismo, su visin del fenmeno religioso es ms compleja, desarrollando al respecto una perspectiva materialista histrica.

Comienza analizando la religin del Tawantisuyo. La misma era a su juicio materialista y expresaba formas de vida propias de las comunidades indgenas, donde estado e instituciones religiosas no se diferenciaban, se acercaba ms a un cdigo moral que a una religin con preocupaciones metafsicas, estaba centrada en el ms ac y no en el ms all.

La conquista trae el catolicismo, religin que era expresin para Maritegui del mundo feudal, a diferencia del protestantismo y -particularmente- del puritanismo, que eran expresin del capitalismo ascendente. Maritegui retoma las tesis de Marx y Engels sobre la relacin entre reforma protestante y capitalismo, vnculo que ser desarrollada tambin desde otra perspectiva por Max Weber. La diversidad de religiones entre la Amrica conquistada por Espaa y la Amrica conquistada por los anglosajones se relaciona, para Maritegui, con los diferentes tipos de conquista, de colonizacin y de sociedades que se conformaron en una y otra Amrica: feudal o semifeudal en la Amrica Hispnica y capitalista en la Amrica Anglosajona.

En el anlisis mariateguiano del fenmeno religioso, se expresa con gran claridad que el Amauta no conceba la relacin entre base econmica y fenmenos superestructurales de una forma mecnica, sino que propona una interrelacin dialctica, en que la base econmica, como haba sealado Engels en su momento, determinaba solo en ltima instancia, pudiendo desempear el ser humano un rol activo.

Tras las revoluciones de independencia, se conforma una repblica basada en el credo liberal pero que mantena el carcter catlico del estado, revoluciones que no acabaron con la feudalidad, tampoco podan desarrollar estructuras polticas o ideologas absolutamente coherentes con el credo liberal tericamente adoptado. Esta cuestin pesa en nuestro presente, y se expresa cuando vemos la importante incidencia de las instituciones religiosas (y sobre todo de sus sectores ms conservadores) en la poltica latinoamericana, o a estados liberales que sistemticamente niegan -en la mayora de nuestro continente- un derecho tan liberal como es el de poder decidir sobre el propio cuerpo en el caso de las mujeres.

En su ensayo sobre la Instruccin pblica, podemos encontrarnos tambin con esa dialctica que permea todo su pensamiento y la afirmacin del papel activo del ser humano en relacin a la historia y a las diversas estructuras en que se encuentra inmerso. Si bien sus escritos sobre educacin de 1924 y 1925 expresan una concepcin fuertemente reproductivista, para la cual las instituciones educativas parecen ser maquinarias sin fisuras que imponen la concepcin ideolgica dominante sin resistencia alguna, en su ensayo sobre educacin de 1928 nos encontramos con una visin mucho ms matizada, donde se pueden visualizar contradicciones, luchas y diversas tendencias en las instituciones educativas. Desde mi perspectiva, Maritegui introduce en este ensayo una concepcin sobre la educacin mucho ms compleja tanto de sus concepciones iniciales, desarrollada unos pocos aos antes, como as tambin de algunas visiones que se desarrollaron a posteriori, que no tomaron en cuenta las diversas dimensiones del fenmeno educativo y tendieron a reduccionismos economicistas que anulaban lo que Marx llam el lado activo, desconociendo que el ser humano puede transformar las circunstancias y la educacin de la cual es producto (Marx, SF). En 1928, Maritegui, visualiza la educacin como un campo de la lucha de clases, y al movimiento de reforma universitaria como una expresin de las transformaciones del Per y Amrica Latina en general, con el ascenso de nuevos sectores sociales que se enfrentan a las viejas oligarquas, y tambin de los cambios de poca, con el trasfondo de la revolucin rusa y otras grandes transformaciones a nivel mundial.

Los estudiantes no son simples objetos pasivos modelados por las instituciones educativas, sino que devienen sujetos activos que se acercan a los trabajadores y a la revolucin. Las vanguardias estudiantiles, se aproximarn a las reivindicaciones colectivas o sociales. Lo cual impulsar en las aulas la corriente de la revolucin universitaria y el predominio de la tendencia izquierdista en la Federacin de Estudiantes(2010)

Pero adems las instituciones mismas se transforman, escapan a la lgica de hierro propia de las teoras reproductivistas ms mecnicas, pudindose visualizar en ellas el conflicto entre tendencias conservadoras y tendencias renovadoras y democratizantes, lo cual se expresa muy claramente en algunos pasajes:

Si el movimiento renovador se muestra precariamente detenido en las universidades de Lima, prospera, en cambio, en la Universidad del Cuzco, donde la lite del profesorado acepta y sanciona los principios sustentados por los alumnos: creacin de la docencia libre como cooperante del profesorado titular; adopcin del sistema de seminarios y conversatorios; supresin del examen de fin de ao como prueba definitiva; consagracin absoluta del catedrtico universitario a su misin educativa; participacin de los alumnos y ex-alumnos en la eleccin de las autoridades universitarias; representacin del estudiantado en el consejo universitario y en el de cada facultad; democratizacin de la enseanza.., (2010)

En su ltimo ensayo, que Maritegui denomina Proceso de la literatura peruana, podemos visualizar claramente la relevancia que para el Amauta tena la cuestin cultural y el arte en particular. Aunque el peruano no pudo haber ledo los desarrollos tericos ms relevantes de Gramsci, puesto que estos fueron redactados en la crcel y fueron editados tras la muerte de Maritegui, si podemos visualizar una importante convergencia entre la concepcin gramsciana de hegemona y los anlisis y la prctica de Maritegui. El peruano era consciente que en el terreno de la literatura y el arte se libraban batallas fundamentales, pero esto no lo llev a una concepcin que transformara al arte en un simple instrumento de la poltica, como sucedi a posteriori con el realismo socialista en la Unin Sovitica.

Los escritores podan contribuir con el movimiento revolucionario aunque este no fuera un objetivo consciente de los mismos. La literatura y el arte son visualizados por Maritegui como un factor activo, la literatura indigenista en el Per posiblemente prepara el terreno para la socializacin de la tierra, como lo hicieron los Mujikistas en Rusia, y Nada importa que al retratar al mujik tampoco importa si deformndolo o idealizndolo el poeta o el novelista ruso estuvieran muy lejos de pensar en la socializacin (2010). Tambin los artistas podan transformarse en sujetos activos y conscientes de la revolucin como podan serlo los trabajadores, los estudiantes, los indgenas, las mujeres, etc. Csar Vallejo es el ejemplo ms claro que plantea en los Siete Ensayos: Vallejo siente todo el dolor humano. Su pena no es personal. Su alma est triste hasta la muerte de la tristeza de todos los hombres (2010) Palabras que recuerdan lo que el Che dira a sus hijos casi 30 aos despus: ... sean siempre capaces de sentir en lo ms hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad ms linda de un revolucionario.

Para Maritegui la revolucin necesitaba del arte, pero, a mi juicio, esta necesidad no poda devenir para el Amauta en imposiciones autoritarias al mundo del arte, para decirlo en trminos gramscianos: Maritegui pareca plenamente consciente que en la construccin de un bloque de poder y cultural contrahegemnico no se podan utilizar mtodos coactivos, que tan altos costos tendran despus en muchos procesos de transformacin revolucionaria y que siguen siendo un gran obstculo hoy a la hora de construir alternativas. Maritegui nos propone mtodos de construccin consensual y democrticos y rechazar siempre el personalismo o el caudillismo, para l Amauta el fin no justifica los mediosvi.

Los ensayos de Maritegui son una obra abierta e inconclusa, el mismo sostena que pretenda seguir reescribindolos mientras estuviera vivo. Hoy, 90 aos despus, es a los latinoamericanos que apuntamos a una transformacin revolucionaria a quien nos corresponde seguir colaborando con su re-escritura, que es tambin la creacin heroica del socialismo en Nuestra Amrica. Para continuar por este camino trazado por el Amauta, deberemos seguir repensando nuestra realidad para transformarla, apostando, adems, a la construccin de una contrahegemona portadora de valores alternativos y superadores de los hoy predominantes, donde arte y literatura deben cumplir un rol esencial, lo cual supone superar estrecheces sectarias y dogmatismos varios (tan ajenos al Amauta), tejiendo alianzas entre todos los sujetos del cambio. Tambin ser necesario someter a crtica resignaciones varias, temores paralizantes y negaciones del papel activo del ser humano en la historia y ser, adems, como planteaba Maritegui (1950) radicalmente imaginativos:

...cul es la primera condicin de la genialidad? Es, sin duda, una poderosa facultad de imaginacin. Los libertadores fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo...La realidad sensible, la realidad evidente, en los tiempos de la revolucin de la independencia; no era, por cierto, republicana ni nacionalista. La benemerencia de los libertadores consiste en haber visto una realidad potencial, una realidad superior, una realidad imaginaria.

Notas:

i Los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Marx, (SF).

ii Un artculo sobre los Siete ensayosa propsito de sus 90 aos que me result muy interesante y con el cual coincido en cuestiones sustantivas es el de Miguel Mazzeo (Octubre, 2018), pero sin embargo en el mismo se repite lo que es a mi juicio un viejo error que consiste en contraponer, o por lo menos establecer una distancia sustantiva, entre Maritegui y el leninismo: ... la presencia de Maritegui y sus Siete ensayos tambin se puede explicar por el hecho de que se trata de una obra que ha sobrevivido a la crisis de los socialismos reales y al agotamiento de la matriz clsica de una izquierda (del leninismo en general) que busc reducir toda la vida a un ordenamiento sistemtico. No coincido, en primer lugar, porque Maritegui se autoconsideraba un leninista, y -en segundo lugar- porque esa tendencia que seala Mazzeo es de un un leninismo dogmtico, que no le hace justicia ni a Lenin ni a otros leninistas como Gramsci, Lukcs, el Che, Fidel, Ho Chi Minh y tantos otros.

iii A Norteamrica capitalista, plutocrtica, imperialista, slo es posible oponer eficazmente una Amrica latina o bera, socialista. La poca de la libre concurrencia en la economa capitalista ha terminado en todos los campos y todos los aspectos. Estamos en la poca de los monopolios, vale decir de los imperios. Los pases latinoamericanos llegan con retardo a la competencia capitalista. Los primeros puestos estn ya definitivamente asignados. El destino de estos pases, dentro del orden capitalista, es de simples colonias Maritegui, (2003)

iv En las recientes movilizaciones de Un solo Uruguay, el tema de la renta de la tierra fue absolutamente ignorado en sus reclamos, se hablaba de las mochilas que implicaban los costos laborales o los impuestos del estado, pero sin embargo no apareci ninguna mencin a esta mochila que es tal vez la ms pesada de todas. La composicin heterognea de este movimiento, que agrupaba desde pequeos productores a grandes terratenientes, que aunaba en un solo puo tanto a arrendatarios como a propietarios, tal vez sea una de las causas de esta omisin. Tambin el carcter sagrado que para muchos tiene la propiedad privada, aunque sean pequeos propietarios que tienen que arrendar otros terrenos para producir, funciona como un verdadero obstculo ideolgico para la asuncin de este problema. Sin embargo, la renta de la tierra fue introducido como invitado al debate, contra las intenciones de los dirigentes del movimiento Un solo Uruguay y de la derecha poltica, pero tambin de aquellos sectores del progresismo que prefieren eludir toda discusin que pueda poner en cuestin la propiedad privada. Aquietadas las aguas, ha ido progresivamente pasando al olvido, como tambin algunos tibios planteos de reforma agraria que se haban comenzado a hacer. Sin embargo el problema sigue ah, como tambin la necesidad de impulsar un cambio profundo de las estructuras agrarias.

v Este problema ha sido abordado en profundidad en diversos artculos para el caso uruguayo en el portal de Hemisferio Izquierdo: los grandes nudos problemticos que condicionaron la capacidad de captar y canalizar la renta agraria hacia la transformacin de la estructura econmica pueden sintetizarse en dos: la estructura de propiedad de la tierra y la dinmica tecnolgica del sector agropecuario. La primera conform un campo concentrado y despoblado, encauzando el grueso de la renta hacia unos pocos terratenientes y empresarios rurales criollos y extranjeros, y con ellos hacia destinos inciertos (probablemente consumo suntuario, inversiones inmobiliarias y de cartera dentro y fuera del pas), claramente sin efectos dinamizadores duraderos sobre el resto de la economa. La dinmica tecnolgica del agro, por su parte, ha potenciado en algunos perodos (como el actual) y limitado profundamente en otros la capacidad de generar renta. El problema del agro no parece estar tanto en los lmites que su estructura agraria impone al cambio tecnolgico y la eficiencia productiva, como durante mucho tiempo entendi parte importante del pensamiento de izquierda, como en el hecho de que el poder econmico, social y poltico de los dueos de la tierra bloquea las posibilidades de re-direccionar la renta hacia fines socialmente valiosos: potenciar de manera eficaz las capacidades productivas y creativas del pas. Narbondo (Julio, 2017). Otro artculo que aborda este problema es el de Oyhantabal, G. (2016, Noviembre)

vi En su carta a la clula aprista en Mxico sostiene Maritegui (2013): No creo con Uds. que para triunfar haya que valerse de todos los medios criollos. La tctica, la praxis, en si mismas son algo ms que forma y sistema. Los medios, an cuando se trata de movimientos bien adoctrinados, acaban por sustituir a los fines. He visto formarse al fascismo. Quines eran, al principio los fascistas? Casi todos elementos de la ms vieja impregnacin e historia revolucionaria que cualquiera de nosotros, socialistas de extrema izquierda, como Mussolini, actor de la semana roja de Boloa; sindicalistas, revolucionarios, de temple heroico (Maritegui, 2013)

REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS

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Maritegui, J.C., (2003). Aniversario y balance. Recuperado de https://www.marxists.org/espanol/mariateg/1928/sep/aniv.htm

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Maritegui, J.C. (2013). Carta a la clula aprista de Mxico. Recuperado de http://www4.pucsp.br/neils/revista/vol-17-n-30/port/carta-mariategui.pdf

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Publicado originalmente en Hemisferio Izquierdo: https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/12/07/Noventa-a%C3%B1os-de-insurgencia-creadora-y-heroica

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