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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2019

La amenaza del FBI

Agustn Moreno
Cuarto Poder


El fascismo est ah, no se crea ni se destruye, se transforma. Ahora se habla indistintamente de fascismo a secas, neofascismo y ultraderecha. El mundo ha cambiado tanto que formalmente es difcil un fascismo como el de los aos 30 del siglo pasado, pero los discursos tienen muchos rasgos comunes y las diferencias pueden estar en factores como el grado en el uso de la violencia o la agresividad nacionalista. Tambin hay un neofascismo que Antonio Mndez llama fascismo de baja intensidad (FBI), aunque esta versin renovada la centra ms en el mercado, en lo econmico y en lo meditico, que en el Estado. Ya Pasolini, en sus Escritos Corsarios, deca que la civilizacin del consumo es una civilizacin dictatorial. En suma, si la palabra fascismo significa la prepotencia del poder, la sociedad del consumo ha realizado muy bien el fascismo. Podramos decir que el FBI est a medio camino entre el neoliberalismo autoritario y el fascismo clsico, y se inclinar hacia un extremo u otro en funcin de las circunstancias.

Cuando el capitalismo ve peligrar su tasa de ganancia, recurre a las crisis econmicas para recuperarla. Los efectos sociales son conocidos: paro, devaluacin salarial, acumulacin por desposesin o privatizacin de lo pblico, recorte de derechos sociales y laborales, y limitacin de las libertades para frenar las protestas. Si no son suficientes las medidas neoliberales anteriores, a veces se recurre a la solucin autoritaria. El fascismo es la receta del Estado capitalista para las situaciones extremas. En el siglo pasado, son conocidos los casos de Italia y Alemania, pero hay otras formas totalitarias como las sangrientas dictaduras latinoamericanas.

Actualmente se observa una dinmica de avance hacia gobiernos autoritarios en Hungra, Ucrania, Austria, Filipinas, Brasil de crecimiento de la ultraderecha con el UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional francs, la Liga Norte italiana, Alternativa por Alemania y la aparicin de Vox en Espaa; y de elementos fascistoides como Trump. Es un fenmeno global. Y el capitalismo no hace asco a estas frmulas. Se puede ver en las reacciones de grandes empresas y bancos saludando el triunfo de Bolsonaro, un tipo admirador de Pinochet y de la dictadura que hubo en Brasil, que anuncia medidas antisociales, de persecucin de todo pensamiento crtico y de vasallaje a EEUU.

Dada la contradiccin cada vez mayor entre capitalismo y democracia, como seala Noam Chomsky, a las lites econmicas les gustan las dictaduras si no pueden controlar el sistema poltico a su favor. Y cuando ven peligrar sus intereses, pueden utilizar alguna forma de fascismo para crear un clima de intimidacin sobre la clase trabajadora y los sectores progresistas. Los neofascistas actuarn como los tontos tiles del capitalismo, para que las empresas aumenten sus beneficios a costa de la poblacin.

La paradoja es que el fascismo, aunque est alentado por el capitalismo, tambin es capaz de recabar apoyos entre sectores sociales que son precisamente las vctimas del sistema: desempleados, autnomos, pequea burguesa y entre lo que se conoca como lumpenproletariado. Apoyos que son necesarios, si no intenta llegar al poder por la va de la coercin. Como dira David Harvey, su estrategia ser buscar la construccin del consentimiento, con un espectro de la poblacin suficientemente grande para implantarse o ganar las elecciones. Este consentimiento se construye a partir del malestar social, con prcticas de socializacin cultural enraizadas en las tradiciones, con el miedo y con el uso de los medios de desinformacin masiva. Por ejemplo, sobre viejos valores tradicionales (creencias religiosas, sobre el pas, bandera y smbolos, y la defensa de los roles habituales del hombre y la mujer). Pero sobre todo, moviliza los miedos al otro, a los migrantes, a la izquierda, a que el sistema se desplome, para enmascarar otras realidades.

Si el neofascismo presentase el fondo de su proyecto poltico como lo que es: la restauracin del poder de las lites, no tendran gran apoyo popular; pero si manipula y monopoliza conceptos como libertad (las libertades individuales), patria, familia, orden y tradiciones, s puede conseguir la adhesin de significativos sectores de la poblacin. Luego, si logran acceder al poder, se mantienen con el uso del aparato del Estado a travs de la persuasin, la cooptacin, el soborno, la amenaza, la represin y el clientelismo. Desde el poder les ser ms fcil mantener el clima de consentimiento.

La dura crisis econmica de 2008 ha mostrado las vergenzas del dficit democrtico en la Unin Europea y ha derivado en brutales consecuencias sociales por las polticas de austeridad: desempleo, inseguridad laboral, recortes salariales, privatizaciones, debilitamiento del Welfare State. En paralelo, se ha producido una positiva modernizacin social: mayor igualdad entre hombres y mujeres, y respeto a la diversidad sexual; algo que genera incertidumbre en sectores de la poblacin que ven moverse su mundo de falsas creencias. Estos avances sociales se convierten en excusas para el destape de la ultraderecha, que cree que ha llegado el momento de exponer sin complejos sus ideas y sus antivalores.



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