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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2006

La guerra contra Irn
Por quin doblan ahora las campanas?

Eduardo Montes de Oca
InSurGente


No importa que sus tropas no hayan traspuesto las fronteras de su territorio, ni que jure solemnemente que el programa nuclear propio tiene y tendr una esencia, un fin pacficos. No importa incluso que, en el hipottico y por diversos analistas descartado caso de que se decidiera a enriquecer uranio con fines militares, no pueda competir en buena lid con un Israel provisto de 200 ojivas atmicas, segn clculos conservadores

Irn es el infierno en el mesinico discurso de George Walker Bush, juez tronante y oportunista, porque el mandatario gringo -quin lo llamara tonto?- se ha gastado el tino de aprovechar en su campaa contra Satn ciertas apasionadas declaraciones de Ahmadineyad, el flamante presidente iran. De acuerdo con el comentarista Miguel ngel Llana (sitio web Rebelin), ste ha revuelto las tripas de Occidente al preguntarse en voz alta por qu, si los europeos afirman que quemaron a seis millones de judos en la Segunda Guerra Mundial, y encarcelan a quien lo niegue, ha de pagar el pueblo palestino un crimen que no ha cometido.

A puro codazo en los riones los asesores de George Walker deben de haberle echo entender que, como a la oportunidad la pintan calva, hay que asirse de ella con fuerza cuando nos pasa por el lado. Ya lejana, no hay dios que obre el milagro de implantarle unos largos cabellos de donde agarrarla en nuestro favor. Y Bush, ni corto ni perezoso, ha respondido al aviso.

Cmo? Contribuyendo con su gritera a que gobiernos aliados se solivianten tras la aseveracin de que Europa y sus cristianos han de ser, como responsables, los que cedan un trozo de su tierra, o de los Estados Unidos, para que los judos establezcan su pas, y no a expensas del extermino del pueblo palestino, al cual se le ha impuesto el Estado ficticio de Israel, con su rgimen sionista.

Con afectacin de esteta decadente, George junior habr escuchado la filpica de Ahmadineyad contra un rgimen que debe desaparecer, como el apartheid o el racismo, y habr redo socarrn cuando ste propuso un referndum donde participen ciudadanos palestinos adscritos a todas las ramas del Islam, cristianos y judos, para que decidan el Gobierno que regente a Palestina, que cuenta con cinco millones de judos, cinco millones de rabes y otros cinco millones de refugiados en el exilio.

Pero soslayemos la cuestin de si llevaba o no razn en su radicalismo el estadista iran, pues aqu se trata de asuntos de mayor peso histrico, asuntos que deben airearse decididamente para que no queden en un plano secundario, ante la nube de polvo levantada por los polticos del Viejo Continente y la Amrica pragmtica. S, porque Admadineyad es el pretexto a mano. La gota que rebosara la copa de aquellos que desde hace tiempo buscan la justificacin de un encontronazo con la Repblica Islmica de Irn, a la que asedian sin descanso.

Recordemos someramente una saga que incluye el aliento y el apoyo, con el suministro de toda clase de armas, las qumicas tambin, a un Saddam Hussein beligerante, en aras de salvaguardar el laicismo de Iraq, sin reparar en que, desde 1989 hasta 1988 duracin de la guerra irano-iraqu-, sirvi de punta de lanza, de quintacolumna a un imperialismo liderado por USA, como siempre, y empeado en desangrar vidas y recursos de dos pases cuya revolucin no era nada favorable a los intereses estadounidenses y europeos. Iraq, por la nacionalizacin del petrleo; Irn, tambin por el rechazo a la invasin cultural de Occidente y su compromiso con una tica propia, en lo poltico y lo social, que pona en entredicho la actitud de las monarquas y regmenes vecinos. Ah, y ltimamente por pretender alterar el sistema econmico mundial utilizando el petroeuro en lugar del petrodlar.

Si en aquella ocasin el Reino Unido, Francia, Alemania, integraban el selecto grupo de los proveedores de Saddam, hoy figuran entre los de voz ms estentrea en la crtica del demonaco Admadineyad. Voz tendida como velo sobre las habituales agresiones militares contra las plataformas iranes de petrleo, las sanciones econmicas estipuladas en la ley D Amato, condenada por las Naciones Unidas inclusive.

Son los mismos

Un colega lo ha dicho, en sntesis ejemplar: Fracasada otras opciones desestabilizadoras utilizadas durante varios aos por las administraciones norteamericanas, la de Bush se ha empleado a fondo en la guerra psicolgica contra Irn, esgrimiendo los falsos argumentos de que es soporte del terrorismo, su presumible programa para la fabricacin de armas de destruccin masiva y su influencia en importantes sectores de la comunidad chiita en Iraq.

En este coctel de diatribas e impugnaciones, la acusacin de que Irn constituye una amenaza nuclear representa la variante ms peligrosa, porque sera la que justificara la opcin blica contra el Estado persa. Tan peligrosa, que est provocando recelo hasta entre quienes, paradjicamente, integran el mencionado coro altisonante.

Y el peligro es verdadero, seores. Sobre todo por lo que corresponde a Israel en el embrollo. Si en las agencias internacionales, en gran parte de los mandos castrenses estadounidenses, en la opinin pblica, en la industria petrolfera mundial y hasta en ciertos sectores de la administracin de Bush la oposicin a la embestida viene encontrando sitio respetable, nunca antes se haba anunciado una guerra inminente con tanta publicidad y descaro como el prximo ataque de Israel contra Irn, en el decir del conocido politlogo James Petras.

Porque el rgimen sionista trina por convertirse en la mano castigadora de Dios. El debate entre las lites de poder no se centra en la posibilidad de ir o no a la guerra, sino en el sitio en que discutir los planes de la contienda y en el calendario para el inicio. Todos los altos mandos israeles han pronunciado la fecha de finales de marzo como plazo para lanzar un ataque militar contra Irn. La idea implcita en esa fecha es la de aprovechar el tiempo que queda para intensificar las presiones en EE.UU. y forzar la cuestin de las sanciones en el Consejo de Seguridad. La tctica es chantajear a Washington con la amenaza de la guerra o nada y presionar a Europa (principalmente a Gran Bretaa, Francia, Alemania y Rusia) para que apruebe las sanciones () La fecha coincide tambin con la presentaciones en Naciones Unidas del informe de la Agencia Internacional de Energa Atmica sobre el programa en Irn. Agencia que, por intermedio de su director, Mohammad El Baradei, ya ha informado no haber encontrado prueba alguna siquiera del intento de producir armas nucleares.

Por ello, el gabinete hebreo corre desalado. Claro, no puede permitir que se impongan criterios como los emitidos por el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, Daniel Halutz, que en su momento neg categricamente una amenaza inmediata. Por su parte, los funcionarios del Partido Laborista se obcecan en que la propaganda belicista del premier, Ariel Sharon, y el nacionalista Likud no son ms que recursos electorales. Y ojal que as sea, porque, en opinin del destacado analista, el resultado principal de la arremetida sera una escalada masiva de la guerra en todo el Oriente Medio. El nico beneficiario? Israel, que cosechara la eliminacin de un adversario militar en la zona.

Beneficiario relativo, eso s. La victoria sionista no pasara de prrica, pues desestabilizara a los gobernantes de la regin anuentes a los dictados de USA, arderan en tropel los pozos petrolferos y habra gran nmero de bajas en las tropas invasoras de Iraq, lo que supondra el encabritamiento de la opinin pblica norteamericana, entre otras desgracias para Sam, el inefable To.

Ahora, titulbamos el epgrafe son los mismos por la sencilla razn de que, como bien expresa Petras, los intermediarios europeos en este entuerto han creado un falso problema, al evadir la cuestin de que si Iraq posee o no armas atmicas o las fabrica, concentrndose en la capacidad para producir energa nuclear y provocando confusin entre uranio enriquecido y amenaza nuclear. Con ello, unos de manera consciente (Gran Bretaa?) , otros siguiendo una lgica errnea, estaran tratando de imponer a Irn que acepte limitar su soberana, lo que conllevara que su poltica energtica no pueda hacer frente a la terrible contaminacin de la atmsfera de sus ms importantes ciudades con fuentes de energa ms limpias, o forzarlo a rechazar el arbitrario addendum al Acuerdo de No Proliferacin y entonces propagar a los cuatros vientos el rechazo iran como prueba de la intencin satnica de crear bombas atmicas para dirigirlas contra pases pro occidentales.

As las cosas, qu importancia tiene que el anatematizado programa atmico cuente con un fin pacfico? Irn es el infierno, y Admadineyad, el Prncipe de las Tinieblas. Cul ser el prximo paso de Bush el salvador?



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