Portada :: Espaa :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2019

El ao que viviremos peligrosamente

Llus Rabell
Rebelin


Desde luego, nada resulta tan azaroso como aventurar un pronstico poltico. Sobre todo en circunstancias como las actuales, repletas de incertidumbres. No es arriesgado adelantar, sin embargo, que 2019 ser el ao que viviremos peligrosamente. Basta con echar una ojeada al mundo para encontrar motivos de desazn. Las crecientes tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, ribeteadas de una nueva proliferacin de armas nucleares; las guerras, siempre terribles y tantas veces olvidadas, de frica y de Oriente; los indicios de una recesin econmica en ciernes todo ello en el marco del crecimiento de las desigualdades sociales y del calentamiento del planeta. Sin olvidar, en un entorno inmediato, el impredecible impacto del brexit, un ascenso de los nacionalismos que tensa las costuras de la Unin Europea o la tragedia de tantos seres humanos que perecen en el Mediterrneo, tratando de alcanzar sus fronteras. Por supuesto, aqu y all, surgen luchas, esperanzas, resistencias. Pero el panorama general se antoja sombro. Cuando menos, desafiante.

En Espaa, las grandes tendencias engendradas por el desorden global se manifiestan tambin de manera vigorosa. El vendaval de contestacin que desat la crisis, siguiendo una suerte de desplazamiento pendular, ha dado paso a una fuerte pulsacin conservadora. Con el paso del tiempo, el procs ha ido cristalizando como un profundo movimiento de repliegue nacional de las clases medias. A su vez, las elecciones andaluzas anuncian el retorno de un nacionalismo espaol rancio y centralista, descaradamente reaccionario. Las encuestas ms recientes apuntan la posibilidad de una mayora parlamentaria de la derecha y la extrema derecha, con una fulgurante irrupcin de Vox en el Congreso rebasando incluso los cuarenta escaos. Ciertamente, se trata de simples estimaciones; el voto ciudadano ha de verse sujeto an a muchas variables. Pero, con mayor o menor exactitud, ese sondeo de opinin capta el eco de corrientes subterrneas que, tarde o temprano, saldrn a la superficie. A las puertas del juicio contra los lderes independentistas un acontecimiento de enorme trascendencia poltica que no slo tensar la situacin en Catalunya, sino en el conjunto del Estado, hasta el punto de que podra incluso precipitar un adelanto electoral-, las perspectivas no parecen demasiado halageas.

En semejante contexto, resulta desconcertante el debate que anuncia la direccin de los comunes acerca del modelo de Estado. El prximo 19 de enero, el Consell Nacional de Catalunya en Com debera aprobar un documento de orientacin poltica algunos de cuyos trminos, filtrados a la prensa, resultan harto problemticos. Y es que, en poltica, las palabras no significan aquello que sealan los diccionarios o apunta la etimologa, sino que cubren el campo semntico que van delimitando los conflictos sociales. A veces, desvirtuando el sentido original de los vocablos; otrora, confirindoles unas virtualidades que rebasan las pretensiones de quienes los utilizan. Como si, al desplegar una bandera, un viento huracanado la empujase, arrastrando con ella al portaestandarte.

El recuerdo de las aciagas jornadas de septiembre de 2017 en el Parlament debera ponernos en guardia. Rara vez la invocacin de una repblica, asociada en nuestra cultura progresista a la idea de impetuosos avances democrticos y sociales, sirvi para envolver un proyecto tan regresivo. El diseo institucional que perfilaba la Ley de Transitoriedad distaba mucho de asemejarse a la arquitectura de un Estado de Derecho, con su preceptiva separacin de poderes. De hecho, podramos identificar ms valores republicanos en la denostada Constitucin del 78, monarqua parlamentaria incluida, que en el proyecto populista de aquella Repblica Catalana una ensoacin cuyos artfices aspiraban eventualmente a materializar como un paraso fiscal mediterrneo. Y no como resultado de una prfida intencin, sino como el lgico destino de una regin europea, hipotticamente escindida de un Estado de la Unin, en el marco de la globalizacin.

Pero la direccin de los comunes se ha mostrado siempre renuente a hablar de aquellas jornadas y parece no haber aprendido nada de ellas. Qu sentido puede tener, en un contexto de polarizacin que lleva camino de exacerbarse en los prximos meses, hablar de elaborar una constitucin catalana? O un proceso constituyente, connivente pero no subordinado a una dinmica similar a escala de toda Espaa? Aparte del soliloquio del juez Vidal, el nico esbozo de constitucin catalana conocido fue el de la Ley fundacional del 7 de septiembre. Cabe esperar que no sea se nuestro referente. Pero, es posible que vea la luz otro proyecto, distinto, democrtico, en la actual situacin? Asistimos acaso a una irrupcin en la escena poltica de la clase trabajadora y de amplios sectores populares que cuestione de algn modo el orden existente? En absoluto.

En estos momentos, un proceso constituyente difcilmente podra ser ms que un montaje de la ANC y de mnium, articulando con mayor o menor xito el campo independentista. En suma, un proyecto pensado para la mitad del pas, excluyendo al resto y, singularmente, al grueso de la base social tradicional de las izquierdas. Con una lgica aplastante, la ANC ha replicado a los comunes: si quieren una constitucin catalana, que apoyen la independencia. Efectivamente. En la vida real, el relato acerca de ese mirfico proceso aleja a Catalunya en Com de los cimientos sobre los que debera afianzarse y la sita irremediablemente bajo la fuerza gravitatoria del independentismo.

El confuso planteamiento de una perspectiva republicana confederal, no hace sino abundar en esa tendencia. Tericamente, una confederacin resulta del acuerdo entre Estados soberanos. (Podramos decir que la UE es, en cierto modo, una confederacin. Y, justamente, la necesidad de su desarrollo democrtico; la superacin de las lacras del dumping social, los parasos fiscales y de la presin de las grandes corporaciones; la aplicacin de polticas medioambientales En una palabra: la consolidacin de la Unin como un espacio de progreso, exigira una decidida transformacin federal: un Parlamento mucho ms efectivo, un presupuesto comunitario ambicioso, un plan conjunto de transicin ecolgica, la unificacin de criterios tributarios). Pero, en la extasiada contemplacin de la redondez de su ombligo, algunos razonan en sentido opuesto al pulso de la historia.

La sociedad espaola no est a punto de emprender ningn proceso constituyente, superador de la Constitucin de 1978. Ms bien corre el riesgo de una involucin conservadora de la mano de una derecha radicalizada. Ni siquiera tiene sentido abrir ahora un debate sobre monarqua o repblica. El repliegue de las clases medias que, en Catalunya, se ha configurado entorno a la idea de la independencia, encuentra su correlato espaol en la defensa de la unidad de una nacin idealizada, y ambos se retroalimentan. Hasta cundo seguiremos ignorando la leccin de Andaluca? Una parte de la izquierda espaola en las filas de Podemos y de IU parece ilusionarse con la hiptesis de que el conflicto cataln propicie una ruptura del orden constitucional bautizado como el rgimen del 78-, abriendo un perodo de cambios sociales. Sin embargo, el desbordamiento que se percibe es de signo reaccionario. Cmo podra ser de otro modo en un momento de marcada debilidad del movimiento obrero y de potente eclosin de los nacionalismos?

Una vez ms: no hay atajos. La izquierda debe enfrentarse a los problemas en la vida, no tratar de resolverlos en su imaginacin. Hoy por hoy, se trata de generar los escenarios en que puedan llegar a debatirse las soluciones a las crisis institucionales y territoriales que en estos momentos es imposible siquiera abordar. Y estamos lejos. Cualquier planteamiento que alimente la ilusin de reactivar el procs, ampliando su base, sera de una absoluta irresponsabilidad por parte de la izquierda.

No ser fcil en la atmsfera de tensin que se avecina. (Y no habr atisbo de solucin al conflicto cataln mientras los dirigentes permanezcan en prisin). Pero las izquierdas deben tratar de frenar cualquier huida hacia adelante por parte del independentismo, al tiempo que unen sus fuerzas frente a las pretensiones de reconquista de las derechas coaligadas. Llegar el momento de discutir soluciones de fondo. Sin duda, stas pasarn por reformas constitucionales de tipo federal; necesitarn un reconocimiento ntido de la realidad plurinacional de Espaa y debern encontrarle acomodo Abundan las propuestas al respecto. Ese no es el problema. Lo que faltan son las condiciones para debatirlas y dotarlas de un consenso social suficiente. En Catalunya como en el resto de Espaa. A eso debera consagrar sus esfuerzos la izquierda, si no quiere verse arrastrada por la vorgine de un ao que viviremos peligrosamente.

Blog del autor: https://lluisrabell.com/2019/01/04/el-ano-que-viviremos-peligrosamente/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter