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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2019

La batalla comunicacional, aprovechar y ensanchar las grietas del adversario

Pedro Santander
Rebelin


La batalla comunicacional que, en definitiva es una batalla cultural, no slo se define en los medios de comunicacin. Igualmente importante en esta lucha son los discursos que se vuelven legtimos y hegemnicos pues las fuerzas en pugna tambin se constituyen discursivamente.  

El discurso ultraderechista ya est instalado. Emergi velozmente y se ha erigido en fuerza poltica y discursiva en Europa, Estados Unidos y Amrica Latina. Tpicos que como el odio al diferente y el amor a las dictaduras parecan cosa del pasado hoy forman parte de programas de gobierno y candidaturas presidenciales. Discursos que hasta hace poco parecan inconcebibles hoy se extienden con fuerza y popularidad. Este despliegue de discursos que muchos crean imposibles y que, de hecho, lo eran hasta hace poco, da cuenta de profundidades en la vida social que vale la pena tratar de comprender.

Tres hiptesis al respecto:

a) Hay una disputa por la hegemona dentro del bloque dominante. sta responde a un reordenamiento de las correlaciones de fuerza al interior de dicho bloque. La tensin ocurre entre los defensores del neoliberalismo clsico-tecnocrtico y del neoliberalismo de ultraderecha, y se expresa en los discursos de ambos bandos.

b) El discurso ultraderechista se muestra efectivo para resolver (por ahora) las tensiones de clase que el mismo neoliberalismo ha creado globalmente al enriquecer a los ms ricos como nunca en la historia. Asimismo, la discursividad neofascista ha sido eficiente para canalizar la extendida rabia social que ha sido creada por el propio neoliberalismo, lo que permite dirigir dicha ira contra otros y no contra el sistema. Esta eficiencia discursiva ha permitido generar conexin narrativa con sectores medios y populares, lo que da rditos electorales.

c) La disputa al interior del campo dominante es una oportunidad para la izquierda de recobrar su identidad de clase, de articularse globalmente y de reconectar y repolitizar lo social. Para ello hay que aprovechar comunicacional y discursivamente la pugna intra-bloque.

Luego de unas cuatro dcadas de implementacin global del neoliberalismo podemos distinguir tres corrientes discursivas que lo conforman y que se han ido estructurando con el tiempo: el neoliberalismo progresista, el neoliberalismo clsico-tecnocrtico y el neoliberalismo de ultraderecha. Por supuesto, las tres tienen en comn una serie de cosas, la principal de ellas es que no cuestionan el rol central del mercado en el ordenamiento social. Su defensa de sociedades cuya institucin principal sea el mercado es esencial, un irreductible.

No obstante, hoy podemos ver ciertos lmites en la narrativa neoliberal, y en ese marco emergen diferencias y tensiones, cada vez ms notorias, que dan cuenta de un disputa por la hegemona al interior del bloque dominante.

Al hablar de neoliberalismo progresista (denominacin acuada por Nancy Fraser) nos referimos a esa izquierda socialdemcrata que tras la cada del Muro se hizo liberal y culturalista. La que levant el discurso de la Tercera Va, del capitalismo con rostro humano mientras promova las privatizaciones de empresas pblicas, la cooptacin de los movimientos sociales y la desmovilizacin de la militancia poltica y sindical. Para seguir manteniendo cierto aire progre reemplazaron su identidad clasista y la crtica estructural contra la sociedad capitalista por un discurso culturalista, identificndose en clave postmoderna con luchas de reconocimiento identitario, sintonizando as con una minora ilustrada. A este progresismo le ha venido bien apoyarse en este tipo de temas, as mantuvieron cierta aura de izquierda sin tener que enfrentarse a las dinmicas capitalistas, lo cual es siempre es ms complicado. Plantar cara al poder tiene costos, y hay que tener valor para hacerlo. Su deriva como no poda ser de otro modo- ha sido la ms pattica: se ha visto relegada cada vez ms a la irrelevancia, tanto de sus partidos como de sus lderes, hablamos de tipos como Tony Blair, Gerhard Schrder, Ricardo Lagos, Felipe Gonzlez o Enrique Cardoso. Claro, como suele ocurrirle a la socialdemocracia, cuando abjura de su identidad clasista y reniega de un proyecto de sociedad distinto al capitalismo entra en un terreno en el cual va perder (y a perderse). En el contexto actual, eso signific hacerse dbil frente a los neoliberales clsicos cuyos discursos se impusieron globalmente.

Cuando hablamos del neoliberalismo clsico nos referimos a los herederos del Consenso de Washington, los hijos de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Francis Fukuyama. Esta discursividad pone en el centro la defensa del orden democrtico-liberal y la difusin a escala mundial de los valores democrticos y civilizadores. Su performatividad discursiva tiene dimensiones globales gracias a la accin comunicacional de las corporaciones mediticas que posee; fundamentalmente dispositivos tradicionales como cine, diarios, televisin, radios y editoriales. Son stos los medios a los que apuesta y los que usa polticamente. Segn su concepcin, no podra haber democracia sin capitalismo, considerndose ambos intrnsecamente inseparables. Su discurso es pseudo - cientificista, y en ese marco consideran sus ideas como tcnicas y objetivas en base al saber de la ciencia matemtica y econmica. En esa lnea, apoyados entusiastamente por los neoliberales progresistas, promovieron un individualismo hedonista y competitivo, y a travs de un discurso polticamente correcto y de centro-centro, incentivaron la apata poltica de los sujetos, la despolitizacin de la sociedad y el descrdito del eje poltico izquierda-derecha. Slo existira un centro gravitacional: el centro. Esto porque de acuerdo a las tesis de Fukuyama se concibe la democracia liberal como el fin de la historia evolutiva de la humanidad y de los antiguos enfrentamientos ideolgicos. Este discurso imposibilista y anti-utpico, que enfatiza la ausencia de alternativas vlidas al neoliberalismo y califica como irracionalidad oponerse a los postulados del mercado, ha sido hasta ahora el hegemnico y el que ha gobernado ampliamente en las ltimas dcadas.

Sin embargo, sus postulados, su estilo y su comunicacin poltica defendidos por dirigentes como Macri, Piera, Aznar, Santos, Merkel, Macron etc., son hoy puestos en tensin y cuestionados por lderes de ultraderecha como Le Pen, Jos Antonio Kast, Ivn Duque, y, por supuesto, Trump y Bolsonaro, en el marco de una disputa por la hegemona al interior del bloque dominante. No casualmente hemos escuchado recientemente a Madeliene Albright, ex Secretaria de Estado, advertir contra ese peligro del autoritarismo y calificarlo, sin tapujos, de fascismo". A su juicio, la democracia, en EE.UU. y en el mundo, est en peligro y los gobiernos libres "estn en franca recesin, en decadencia, en total retroceso, completamente asediados" (https://www.publico.es/internacional/democracia-pierde-brillo-2018.html).

Efectivamente, el neoliberalismo de ultraderecha, de ser una excepcin perifrica ha pasado a ubicarse en la centralidad del tablero y ya est alterando los trminos discursivos del debate poltico, tanto en su contenido, como en su forma. Hoy confronta al neoliberalismo clsico-tecnocrtico en relacin con qu lenguaje usar en la comunicacin poltica y con qu significados construir sentido comn. Lenguaje y sentido comn . las bases para la formacin del discurso dominante, por eso sostenemos que se trata de una disputa interna por la hegemona, es decir, por el modo de direccin del bloque histrico.

El neoliberalismo de ultraderecha levanta dicotomas con el discurso clsico-tecnocrtico, tanto en el terreno econmico por ejemplo, desglobalizacin versus globalizacin- como en el doctrinario liberalismo valrico versus ideologa de gnero. En ese sentido, destaca la impugnacin que hace del lenguaje polticamente correcto, estilo que ha sido propio del neoliberalismo clsico. Hemos escuchado a sus mximos dirigentes como el mismo Trump decir no tengo tiempo para el lenguaje polticamente correcto. Esta conviccin la repiten lderes de ultraderecha en Europa, USA y Amrica Latina, de manera coordinada, y bajo ese mantra no temen decir cosas que hasta hace poco eran consideradas tab y que fundamentan su discurso clasista, racista y misgino, o sea, su discurso de odio. De este modo tensionan estilo apoltico, neutral, asptico del discurso neoliberal clsico, estilo que responde a una visin fukuyamista que propugna el fin de todo antagonismo.

Ha sido pues el discurso de la ultraderecha el que ha posibilitado un retorno de los sustantivos fuertes (como peda de Sousa Santos a la izquierda), frente a los dbiles que han sido propios de la usanza discursiva tecnocrtica. Palabras como ideologa de gnero, basura marxista; adoctrinamiento ideolgico, limpieza, los buenos y los malos etc. pueblan este discurso. Paradojal y dialcticamente han facilitado un retorno de trminos que la teora poltica liberal-individualista quera eliminar, pues, antagnicamente, tambin se estn revitalizado conceptos como supremacistas, fascismo, nazismo, ideologa del odio, extrema derecha, etc.

Una de las consecuencias del discurso polticamente incorrecto y los sustantivos fuertes usados por la ultraderecha es que se ha vuelto a repolitizar el discurso pblico. A su vez, se ha revitalizado el sentido poltico del eje izquierda derecha. De este modo, se est haciendo trizas un esfuerzo de 40 aos de los neoliberales tecncratas (secundado por los progres) por destruir y diluir esas distinciones clsicas. Hablamos de dcadas en que se fue construyendo un imaginario en el cual no hay ni izquierda ni derecha, todos seran de centro. Alguien puede an sostener eso a la luz de Le Pen, Salvini, Bolsonaro o Trump? Acaso hay alguna mejor categora que ultraderecha para referirlos? No la hay.

De este modo, el neoliberalismo tras pasar por sus formas progresistas y tecncratas, repone el vnculo con su origen autoritario y extremista: no olvidemos que su engendramiento es el Chile de Pinochet.

La izquierda

 

Si hay derecha y ultraderecha, es porque hay izquierda. Carecen de sentido los discursos que afirman que el eje derecha izquierda est obsoleto, si as fuera, cmo clasificar a Bolsonaro o a Trump? Paradjicamente, la ultraderecha con su discurso de odio y su disputa contra el centrismo radical tecnocrtico abri un espacio discursivo a la izquierda, pues se ha cristalizado el mapa poltico y objetivado las posiciones al interior del mismo. Es, por lo tanto, el momento para reafirmar con la mayor fuerza posible, a travs de todos los canales, con conviccin y ruido la existencia y la necesidad de una izquierda, como categora y como realidad poltica. Se acab el tiempo del discurso polticamente correcto. Frente a la frustracin social que el neoliberalismo ha provocado, las explicaciones tecnocrticas, aspticas, abstractas pierden performatividad. El discurso ha vuelto a politizarse.

Por ahora, el neoliberalismo encontr con el discurso extremista un mtodo para canalizar la rabia y tensin social, y evitar que dicha rabia se dirija al sistema que la causa. Pero al hacerlo ha debido asumir una posicin anti-elite que, si bien le ha dado resultados electorales, objetivamente ha tambin reforzado el odio social hacia los ricos y ha politizado lo social.

El conflicto de clases est ah y es inocultable. En este momento se presenta (an) distorsionado y se atena aglutinando sectores populares contra otros sectores populares en una infinita lista de odio. En ese marco, debemos observar que la extrema derecha habla crticamente acerca de las consecuencias concretas de una globalizacin con pocos ganadores y muchos perdedores, mientras la izquierda se ha dedicado, sobre todo, a hablar abstractamente de las causas.

No obstante, ste puede ser nuevamente el momento para la izquierda si sabe conjugar discursivamente consecuencias y causas. Hay un histrico sentido de separacin de los pueblos frente a las clases dominantes que debe ser activado en una lgica anti-capitalista. Amplios sectores del pueblo no estn dispuestos a aceptar el clasismo, el racismo y el machismo, ese rechazo cohesiona y la re-politizacin de lo social abre espacios discursivos para poner lo estructural en el centro de la agenda.

Para ello decirse, rafirmarse y mostrarse de izquierda es hoy urgente. No olvidemos lo que Gramsci nos ensea: si los sectores dominados no cuentan con una discursividad propia, construirn su identidad a partir del discurso dominante. Ah est hoy una de nuestras tareas en el marco de la batalla comunicacional.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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