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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2019

Prlogo del libro Las cenizas de Prometeo

Joaquim Sempere
Rebelin

Presentacin del libro el prximo 28 de enero en Barcelona. A las 18.30, calle Calbria, 66 (metro L1, parada Rocafort)


Dos siglos largos de industrialismo capitalista han transformado radicalmente el metabolismo de las sociedades humanas. La especie humana vivi hasta la revolucin industrial a expensas de la energa solar para alimentarse, calentarse y producir los objetos necesarios para vivir. La fotosntesis era el gran milagro que haca posible su existencia sobre la Tierra y lo sigue siendo. Mientras dur esta prolongada fase de su historia, la humanidad tuvo un impacto limitado sobre el medio ambiente natural. Sus tcnicas eran sencillas, con escasa capacidad para transformar ese medio. No obstante, el dominio del fuego, en los tiempos lejanos del Paleoltico, le proporcion ya un arma temible con la que produjo alteraciones importantes en la biosfera, especialmente la deforestacin de grandes extensiones, que sealaban a aquel recin invitado al festn de la vida como un intruso peligroso. Result, en efecto, un invitado destructivo para la biosfera y las otras especies vegetales y animales que contena, pero tambin para s mismo. La creativa imaginacin humana result una novedad daina en la compleja trama de la vida trabajosamente construida durante millones de aos de evolucin.

La revolucin industrial iniciada a finales del siglo XVIII en Europa occidental supuso un cambio cualitativo. La humanidad dej de contentarse con la economa circular de la naturaleza, basada en la fotosntesis y movida por la energa solar, y empez a explotar la corteza terrestre al darse cuenta de que contena cantidades enormes de combustibles y una variedad ingente de materiales, antes desconocidos, que permitan desplegar un mundo de objetos artificiales sin parangn con nada de lo conocido anteriormente. La economa circular en la que los materiales circulan sin cesar movidos por una energa sin fin, reciclndose sus residuos como recursos para volver a empezar dej paso a la produccin de residuos contaminantes en una superficie terrestre finita, cuyos tesoros empezaron a ser consumidos con voracidad. De entrada esos recursos parecieron infinitos e inacabables, hasta que, con el tiempo y con el crecimiento de la poblacin humana, se empez a percibir su agotabilidad.

Todo esto fue posible porque desde el siglo XVI haba tenido lugar lo que se conoce como revolucin cientfica, que haba aportado conocimientos nuevos y mtodos eficaces para ampliar el alcance de la intervencin humana. Y a la vez porque se impuso un sistema econmico, el capitalismo, cuya dinmica expansiva empuja al dominio creciente e incesante de todos los recursos de la Tierra y a la explotacin y alienacin del trabajo humano al servicio de la acumulacin de dinero en pocas manos.

Hoy estamos despertando del sueo. Pese a las mejoras indudables aportadas por la modernidad tanto en lo material como en lo espiritual, vemos con inquietud creciente un aumento de las injusticias, violencias y desigualdades y un planeta devastado por la ambicin humana. Desde hace unas pocas dcadas el sueo ilustrado retrocede ante un escepticismo relativista. La confianza en la capacidad de mejora de la condicin humana cede ante el cinismo postmoderno. Los experimentos sociales del siglo XX que pretendieron mejorar el mundo fracasaron, arrastrando muchas ilusiones. Fascismo y estalinismo revelaron que la modernidad era capaz de engendrar monstruos, y se llevaron por delante muchas ilusiones de progreso social. Pero esto no explica todo el cambio de clima espiritual a que estamos asistiendo. El socialismo fracas como proyecto liberador, y a la derrota militar del fascismo sigui un capitalismo globalizado que, pese a la buena prensa de que an goza en muchos ambientes, est resultando una catstrofe para la especie humana y para la vida sobre la Tierra. Con este capitalismo se han desatado tendencias perversas que desbordan todos los lmites de una vida humana equilibrada y conducen a una agresin global contra la biosfera y a unas relaciones humanas basadas en la rivalidad e insolidaridad generalizadas. Las desigualdades crecen desmesuradamente. Las tensiones blicas no amainan y se vuelven ms peligrosas que nunca, dada la potencia destructora de las tcnicas armamentsticas. Tras la segunda guerra mundial, el sueo europeo de una era de paz y equidad prspera pareci viable durante dos o tres dcadas (a condicin de cerrar los ojos a lo que estaba ocurriendo en el Sur del planeta, que se resume en una ofensiva neocolonialista de gran envergadura). Pero la prosperidad europea estaba tambin pervertida por un programa destinado a asegurar el predominio indiscutido de un orden socioeconmico basado en el poder del gran capital y orientado a su acumulacin indefinida, a cualquier precio. El precio humano ha sido mucho ms gravoso y destructivo de lo que percibe una opinin pblica manipulada. La retrica a favor de la libertad coexiste fuera de Europa con dictaduras y tiranas de todo tipo y en Europa con la aceptacin de un neofascismo rampante y con el cierre de las fronteras a los fugitivos del hambre y la guerra. La ideologa imperante es un pseudoliberalismo liberticida interesado exclusivamente en garantizar las ganancias del gran capital y la concentracin de poder en manos de una oligarqua sin consideracin alguna por la seguridad y la dignidad de las personas. Se trata de una ideologa que santifica una carrera absurda hacia la nada, que estimula el consumo por el consumo, con independencia del sentido de este consumo. Esto dibuja un panorama desolador, amenazante y angustioso. Que millones de jvenes lleguen cada ao a la edad adulta sin saber qu espera de ellos la sociedad y qu les ofrece, es una seal inequvoca de fracaso colectivo. No es de extraar que abunden las conductas antisociales, la evasin y la desesperanza, y que no haya propuestas colectivas estimulantes.

Por qu, en tal situacin, no aparecen proyectos alternativos de sociedad? Porque, como se ha dicho, otros proyectos anteriores fracasaron y porque la dominacin espiritual de los poderosos se impone. Pero tambin porque hay una compleja estructura de interdependencias difcil de transformar en un punto cualquiera sin afectar a muchos otros puntos: de ah el inmovilismo imperante y la desazn de quienes desearan cambiar, o comprenden que sera ventajoso hacerlo, pero se sienten atrapados en la telaraa paralizante de la globalizacin. El postmodernismo se puede interpretar como la reaccin de la zorra de la fbula que no puede dar alcance a las uvas y se convence de que estn verdes. Durante tres siglos hemos alimentado el fuego de Prometeo con una abundancia de combustible que nos pareca inacabable. El agotamiento de las fuentes fsiles de energa va a dejar pronto un rescoldo de cenizas donde ardi el fuego prometeico. Y de entre los males que se escaparon del cofre de Pandora, tres de ellos, la Desmesura, el Afn de Lucro y la Ambicin de Poder, han crecido cancerosamente y se han apoderado del mundo. Las promesas de mejora se han transmutado en guerras, tsunamis financieros, amenazas ecolgicas y desigualdades crecientes que generan malestar e indignacin. Pero, como dice Axel Honneth, a esta indignacin masiva parece faltarle aquel sentido normativo orientador, aquel olfato histrico para el objetivo de una crtica, de modo que la indignacin queda extraamente muda y vuelta hacia s misma; es como si al malestar reinante le faltara la capacidad de pensar ms all de lo que existe y de imaginar un estado social ms all del capitalismo. [1] En efecto, la indignacin no se traduce en proyectos de cambios ms all del capitalismo, lo cual nos deja peligrosamente desarmados ante unos riesgos que, como se argumenta en estas pginas, son una amenaza grave. Hace falta imaginar una alternativa democrtica ecolgicamente consciente, un ecosocialismo. Sin una alternativa de este tipo, los riesgos de colapso se vuelven ms peligrosos, al faltar una gua para reconstruir la sociedad o reorientar sus pasos. El texto que el lector tiene entre las manos se atreve a proponer no slo salidas genricas en la lnea de una democracia ecosocialista, sino tambin medidas ms especficas para hacer frente a los peligros de colapso y, en particular, al peligro ms inmediato: el agotamiento de las fuentes energticas que sostienen la vida humana hoy.

Desde hace poco hemos empezado a darnos cuenta de la tragedia hacia la que nos encaminamos. En 2002 el Premio Nobel de qumica Paul Crutzen invent el trmino Antropoceno para indicar que la Tierra ha sido transformada por la especie humana hasta tal punto que se puede considerar que hemos entrado en una nueva era geolgica, posterior al Holoceno, marcada por el hombre como nuevo agente geolgico. El cambio climtico de origen antrpico es el sntoma ms conocido de ello, pero hay otros. Por ejemplo, segn estimaciones hechas a finales del siglo XX, los minerales extrados de la superficie terrestre y del subsuelo, incluidos la sobrecarga desechable y los combustibles fsiles, representan una cantidad que multiplica por un factor de entre 3 y 6 la cantidad de sedimentos movidos cada ao por todos los ros del mundo. Estas cifras dan una medida del poder alcanzado por la humanidad en su relacin con el planeta.

El capitalismo lleva al paroxismo los rasgos humanos de desmesura, ambicin de poder y afn de lucro, y los combina con una tcnica muy poderosa, dando como resultado la enorme afectacin de la biosfera a la que asistimos. En muchas sociedades anteriores los rasgos morales mencionados han existido tambin, a veces muy exagerados, pero coexistiendo con sistemas de valores ticos que trataban de refrenarlos para reducir su capacidad para destruir la convivencia social. Bajo el capitalismo estos rasgos no slo no se refrenan, sino que se celebran. La costumbre y las leyes, por ejemplo, aceptan que un inversor cierre empresas viables, que dan beneficios, arruinando las vidas de cientos o miles de personas asalariadas que trabajan en ellas si en otro negocio puede obtener mayores beneficios invirtiendo en l su capital. El afn de lucro, pues, en el capitalismo no slo no se considera una lacra moral, sino que, por el contrario, se celebra como una virtud que acrecienta la riqueza en realidad, la riqueza de unos pocos en detrimento del bienestar y la dignidad de otros muchos. El capitalismo es un sistema necrfilo que antepone un valor abstracto el valor de cambio, cuantificable, de las mercancas a las personas y a la preservacin de la vida.

Sabemos cada vez mejor que, de no ser corregida, la evolucin econmica y ecolgica de la humanidad, guiada por la lgica acumulativa del capitalismo, conduce a un callejn sin salida. Sabemos que los recursos del planeta Tierra que hacen posible la vida humana son limitados y que tambin lo es la capacidad de absorber los residuos de las actividades humanas; y sin embargo, prosigue una dinmica que nos lleva inexorablemente hacia la degradacin de esos recursos, su sobreexplotacin y su agotamiento. Este conocimiento queda confinado en centros de investigacin, universidades, publicaciones de escasa difusin, medios ecologistas o alternativos, es decir, en entornos minoritarios, aunque ltimamente est difundindose con rapidez, sobre todo con las denuncias del cambio climtico. Mientras tanto, quienes toman las grandes decisiones econmicas y polticas y, por eso mismo, sealan a la inmensa mayora la ruta a seguir actan como si el conocimiento de los lmites no existiera, como si fuera una esotrica especulacin de cuatro locos con visiones apocalpticas. Y adems consiguen que este conocimiento no llegue a la gran mayora, gracias, entre otras cosas, a la manipulacin de los medios de difusin de masas.

El libro que el lector tiene entre las manos quiere trazar brevemente el itinerario que ha conducido a la actual situacin de peligro, a un metabolismo social insostenible que amenaza con catstrofes considerables. Y quiere difundir el conocimiento de los lmites. Este libro es un fruto del miedo. No me avergenza confesar miedo, que al fin y al cabo es una respuesta adaptativa que nos ayuda, a todos los animales, a detectar el peligro y tensar nuestra capacidad de respuesta frente a l. Lo malo no es tener miedo, sino dejarse paralizar por l. Por eso acepto el consejo de Honneth de superar la desconexin entre indignacin y respuesta activa, entre malestar y protesta. Mi respuesta, como la de este autor, es la democracia, una democracia social o socialismo, este ideal dado por muerto y enterrado, superado y obsoleto, por el neoliberalismo triunfante. Los fracasos de este ideal en el siglo XX no han conseguido liquidar el afn de igualdad, justicia y libertad que surge una y otra vez en muchos rincones del planeta donde se lucha contra los abusos del poder de estado y contra el big business; contra la deforestacin y la gran minera que destruye ecosistemas vitales para sus habitantes; contra el acaparamiento de tierras que deja a miles de campesinos sin medios de subsistencia; contra la especulacin con la vivienda que expulsa a la gente de sus casas; contra las condiciones laborales que dejan a los trabajadores desarmados ante la explotacin; contra los abusos financieros; contra la discriminacin de la mujer que se aade a otras violaciones de sus derechos; contra los atropellos y la prepotencia, en general, de los amos de la tierra y del capital. Es el ideal indestructible de la igualdad de todos los seres humanos, un ideal que no muere, sino que se extiende y se amplifica. Mujeres y seres humanos de piel oscura dicen basta y reclaman reconocimiento. Se rechazan las discriminaciones en todas sus formas. La desigualdad existe y aumenta, s, pero casi nadie se atreve a defender su legitimidad: ah comienza su derrota.

Los abusos sociales del gran capital se suman a la destruccin de la biosfera. Por eso la lucha contra esos abusos y por la justicia es hoy una lucha por la biosfera, por la vida, por la supervivencia nuestra como especie y por la civilizacin. En esta lucha revive el viejo grito de socialismo o barbarie. Pese a las grandes dificultades que tiene esta lucha, pongo mi esperanza de un modo que puede parecer paradjicoen los riesgos de colapso que el propio capitalismo depredador impulsa sin cesar. Entre estos riesgos destaca por su inmediatez en el tiempo el agotamiento de las energas fsiles y el uranio que mueven el mundo entero. Nuestra dependencia de esas energas, finitas y agotables, es tan enorme que su escasez provocar por fuerza desorganizaciones sociales graves, a menos que las sociedades hayan acometido a tiempo la inevitable transicin a las fuentes renovables de energa. En este sentido, la escasez de energa es un reto que puede desencallar la parlisis y empujarnos a reaccionar. Slo con la transicin energtica, como primer paso de una serie de transformaciones metablicas, podr evitarse el colapso, a condicin de que est culminada, o muy avanzada, cuando la escasez de petrleo y otras fuentes fsiles empiece a dejarse sentir sin remedio. Por eso, la transicin energtica a fuentes renovables se nos presenta como una ocasin privilegiada para acumular fuerzas y dar un vuelco poltico al callejn sin aparente salida en que estamos. Como se explica en el texto, esta transicin debera acompaarse con cambios en la industria y en las actividades agroalimentarias, y otras transformaciones en la organizacin territorial, en la investigacin cientfica y tcnica, en los estilos de vida y, por supuesto, en la cultura y los valores que guan nuestras conductas. Sin estos cambios no se detiene la carrera hacia el abismo. El metabolismo imperante es insostenible y deber ser transformado radicalmente, quirase o no, para que pueda pervivir la humanidad. Esto puede acabar con muchas rutinas y abrir una nueva poca ms prometedora.

Se estima que el agotamiento conjunto de carbn, petrleo, gas y uranio tendr lugar en la segunda mitad de este siglo, y la escasez dejar sentirse antes. Mientras tanto, los primeros pasos de la transicin energtica que ya ha empezado son demasiado lentos para llegar a tiempo. Por esto propongo un plan de choque que movilice a la ciudadana y comprometa a las administraciones y los gobiernos a adoptar medidas intervencionistas urgentes. Sin ellas ser imposible resolver el problema. Har falta una movilizacin masiva de la ciudadana y una planificacin pblica, para substituir la lenta reaccin del mercado, con una orientacin de las inversiones deliberada y urgente. El socialismo, mejor preparado, en principio, para estas polticas, reaparecer como alternativa viable en el horizonte poltico. Pero deber soltar el lastre de muchos de sus prejuicios pasados y comprender que la tarea prioritaria del momento es la transicin energtica como primer paso de la transicin metablica, para ser capaz de disputar la hegemona al poder existente.

Hay otra razn para pensar que el socialismo alguna forma de socialismo, con rasgos especficos nuevos tiene futuro: la crisis ecolgica, y la escasez de recursos que anuncia, harn imposible el crecimiento econmico. La humanidad ya ha superado, desde el decenio de 1960, los lmites de la sostenibilidad de la biosfera. Es necesario detener el crecimiento y hasta revertirlo, adoptando medidas de decrecimiento destinadas a disminuir la magnitud de la economa mundial. El capitalismo no puede sobrevivir en el marco inevitable de una economa estacionaria o sin crecimiento, y deber dejar paso a otro modelo socioeconmico. Ah tambin el socialismo tendr una oportunidad, aun admitiendo que no hay ninguna ley histrica que garantice que algn tipo de socialismo suceder al capitalismo. Pues puede ocurrir que le sucedan formas autoritarias, ecofascistas, que organicen la escasez al servicio de minoras oligrquicas. No habr salida socialista si no hay lucha y accin deliberada.

Pero para eso hay que sacar las lecciones de las experiencias del siglo XX. El socialismo del prximo futuro debe abandonar la idea de que el industrialismo es la base productiva, la herencia, de la cual partir. Al contrario, un socialismo del siglo XXI deber superar o reabsorber la fractura metablica del capitalismo industrial es decir, la ruptura del metabolismo circular de la naturaleza, en que los residuos de unos procesos se convierten en recursos para otros procesosy construir el nuevo orden social democrtico y solidario sobre la base de una economa circular y un metabolismo sano con el medio natural. Esto supondr renunciar al despilfarro de recursos y a la contaminacin masiva inducidos por la economa expansiva depredadora que se ha desarrollado durante el ltimo siglo. Se quiera o no, tendr lugar un decrecimiento econmico, una reduccin de la huella ecolgica hasta niveles de sostenibilidad; de no ocurrir esta reduccin, el colapso ser inevitable. Lo que debern hacer quienes aspiren a la justicia y a la civilizacin no es oponerse a quienes proponen gobernar el decrecimiento, sino aceptarlo para que resulte socialmente aceptable y convertirlo en una oportunidad para construir una organizacin econmica ecolgicamente viable, que respete la naturaleza y establezca con ella una dinmica de cooperacin y no de sometimiento. La nueva sociedad deber basarse en los principios de libertad, igualdad, fraternidad, frugalidad, cooperacin y empata, frente a la vieja sociedad de la ambicin de poder, la codicia y la furia, inevitablemente abocada a la destruccin tanto del medio natural como de los otros seres humanos. Una sociedad de personas iguales no slo es mejor para la convivencia humana, sino tambin ms propensa a respetar la naturaleza. Otra leccin del socialismo del siglo XX es que sin libertad y democracia no hay ni justicia ni estabilidad social, ni siquiera all donde los privilegiados recurran a la violencia contrarrevolucionaria.

La alarma ecolgica nos obliga a racionalizar la produccin y el consumo de nuestras sociedades, adoptando, cuando sea preciso, formas de frugalidad para intentar que sea viable la continuidad de la vida humana civilizada. El mensaje de la frugalidad y la autocontencin es indigesto para nuestros contemporneos, adictos a la opulencia de la civilizacin industrial y convencidos de su viabilidad indefinida en el tiempo. Es un mensaje impopular, a contracorriente de las ideas dominantes; incongruente incluso en una primera aproximacin con la evidencia cotidiana que ofrecen supermercados y grandes almacenes llenos hasta los topes de toda clase de mercancas en grandes cantidades. Amenazar con un prximo futuro de escasez parece una broma de mal gusto. Parece de sentido comn arrojar sobre esta amenaza una mirada escptica. Y sin embargo media humanidad vive o vegeta en la pobreza, lejos de la mirada de nuestros ojos de privilegiados. Y la vida de quienes tienen una mejor situacin material a menudo resulta frustrante. Por otra parte, los datos cientficos que permiten previsiones justificadas estn ah y nos dicen que la amenaza de escasez generalizada es real y, adems, inminente. La sospecha de que vivir con menos puede resultar ms satisfactorio siempre que se tengan satisfechas las necesidades bsicas es perfectamente plausible, y tiene una larga tradicin. La esperanza arraiga tambin en esta sospecha. Asumir la escasez previsible y sacar las consecuencias adecuadas es la gran tarea del actual momento histrico.

Este texto est escrito en Europa y desde un punto de vista europeo, pero trata de no olvidar que, en el resto del mundo, unos cuantos miles de millones de personas viven condiciones de privacin y precariedad a menudo insoportables, en un contexto metablico compartido con el nuestro. Que en estas pginas no se ofrezcan soluciones a sus carencias no significa que estas sociedades no sean tenidas en cuenta. Navegamos en el mismo barco y abordamos un mismo destino, aunque en condiciones distintas, como revelan las migraciones masivas hacia el Norte. Har falta una solidaridad internacionalista para salir del atolladero.

Barcelona, octubre de 2018

 

(*) Pasado&Presente, Barcelona, 2018 (coleccin Imperdibles)



[1] Axel Honneth, La idea del socialisme. Assaig duna actualitzaci, Valencia, Instituci Alfons el Magnnim, 2017, p. 19.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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