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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2019

Qu hicimos mal?
Las polticas sociales y la semilla del odio

Guillermo Oglietti y Camila Vollenweider
CELAG


Qu hicimos mal? Las polticas sociales y la semilla del odio

 

Los gobiernos populares que dieron a luz la dcada ganada tambin contribuyeron, sin buscarlo, a engendrar el clima social que posibilit la victoria de figuras como Jair Bolsonaro, Mauricio Macri y otros articuladores del odio. Los avances de la dcada ganada fueron importantes. Las polticas sociales que aplicaron los gobiernos progresistas fueron revoluciones dentro del sistema, dentro del capitalismo. Se hicieron cambios redistributivos, necesarios en la regin ms desigual del planeta, cambios en el alcance de los derechos humanos, indispensables por la tradicin autoritaria de la regin y cambios desarrollistas, requeridos para revertir el atraso productivo. Pero, en general, no hubo un desafo al capital. Fue una poca de orden y estabilidad despus de mucho tiempo de incertidumbre y desorden neoliberal en el plano poltico y econmico.

A todas luces, no hay correspondencia entre el carcter de las polticas implementadas y el odio engendrado. A simple vista, las transformaciones realizadas no justifican el crecimiento del odio que hoy asola la regin y cunde en votos conservadores y antiprogresistas.

El avance electoral de quienes representan fuerzas conservadoras y neoliberales es un fenmeno multicausal. Sabemos que la democracia es una institucin muy frgil, indefensa; frente a la informacin sesgada de medios que comunican a favor de sus intereses; frente a la manipulacin en las redes sociales; frente a la moral de candidatos Pinocho que saben que no tendrn que rendir cuentas por sus promesas; y frente al apoyo de algn culto religioso para promover un candidato o del Poder Judicial para proscribirlo. Estas y otras razones inciden en la explicacin del deterioro de la democracia liberal como instrumento de representacin de las mayoras y se hallan detrs del triunfo electoral de Mario Abdo, Macri y Bolsonaro, y de la permanencia de Lenn Moreno en el cargo.

Sin embargo, en esta nota intentamos especular sobre algunas de las razones que explican por qu las posturas ms incorrectas, las ideas ms extremistas, a veces desopilantes y antiderechos, colonizaron fcilmente el imaginario de muchos ciudadanos. No basta con afirmar que los ciudadanos fueron engaados, porque una mentira efectiva requiere que alguien est predispuesto a aceptarla. As, en esta nota, tratamos de pensar sobre esta predisposicin.

Partimos de la hiptesis de que algunos preceptos humanos, atvicos y profundos en nuestra psiquis, han servido de base argumentativa para impulsar el odio. Nos basamos en un artculo de Bowles y Gintis traducido recientemente al castellano en el nmero 2 de la revista www.propuestasparaeldesarrollo.com . [1]

Si hay algo innato en el ser humano, es la tica redistributiva, es decir, la predisposicin a compartir una parte de nuestro ingreso, incluso con absolutos desconocidos. Es una preferencia moral grabada en los genes, desde pocas prehistricas. Esta predisposicin es uno de los valores morales generados por la evolucin que le permiti al ser humano prosperar frente a otras especies, individualmente mucho ms fuertes que nosotros, pero que no tuvieron ninguna posibilidad frente a la fuerza de la organizacin colaborativa de los humanos. La seleccin por grupos fue la estrategia evolutiva que dio el xito a los humanos, es decir, no se trata de la supervivencia del individuo ms apto, sino del grupo ms apto.

Existen innumerables experimentos controlados [2] que comprueban que esta predisposicin a compartir la tienen por igual todos los pueblos y culturas humanas, aunque no todos los individuos. El homo economicus , el nico personaje de la novela neoclsica, es apenas un actor ms en el repertorio de la sociedad. Aproximadamente una cuarta parte de los individuos parece ajustarse a la caracterizacin egosta del homo economicus , el 75% restante tiene diferentes grados de predisposicin a compartir. Posiblemente existan individuos puramente altruistas, es decir, que estn dispuestos a compartir ante cualquier circunstancia, sin embargo, el individuo ms comn es el que tiene una predisposicin a compartir condicionada.

Sabemos que los individuos estn ms dispuestos a compartir mientras menor sea la distancia gentica. Es decir, son ms proclives a compartir mientras ms cercano sea el parentesco. Esto explica que a nadie le parezca mal subsidiar a un hijo, entregndole una herencia, por ejemplo, mientras que son ms renuentes a subsidiar a un completo desconocido. Tambin sabemos que la predisposicin a compartir es mayor mientras menor es la distancia social y cultural. Por ejemplo, es ms fcil compartir con un vecino del mismo pueblo, con alguien de la misma religin, con alguien culturalmente similar, con alguien de la misma cosmovisin y con alguien de la misma afiliacin poltica.

El genial Darwin, en el siglo XIX, anticipaba esta facultad del ser humano de tender puentes y estrechar las distancias sociales: A medida que el hombre avanza en la civilizacin, y las pequeas tribus se unen en comunidades ms grandes, el razonamiento ms simple le dira a cada individuo que debe extender sus instintos y simpatas sociales a todos los miembros de la misma nacin, aunque personalmente no los conozca. Una vez alcanzado este punto, solo hay una barrera artificial para evitar que sus simpatas se extiendan a los hombres de todas las naciones y razas. [3]

Los experimentos cientficos nos dan muchas pistas acerca de las condiciones que estimulan o desalientan esa predisposicin a compartir. Sabemos que hay ms predisposicin a compartir con alguien que tuvo mala suerte, que se enferm, por ejemplo, o con un emprendedor que fracas o, ya en menor medida en nuestras sociedades meritocrticas, con alguien que naci en un hogar pobre que no tuvo suficientes posibilidades. Por el contrario, no estn de acuerdo en compartir con los percibidos como holgazanes, ni con delincuentes, ni con egostas parasitarios.

Es muy revelador el experimento denominado juego sobre Bienes Pblicos, que consiste en que los participantes reciben un dinero y tienen dos opciones, donarlo a un pozo comn o quedrselo. El administrador del juego recibe las donaciones al pozo comn, las duplica y luego las distribuye en partes iguales entre los todos los participantes, hayan o no donado. Si todos contribuyen al pozo, cada uno recibir el doble de lo originalmente recibido. Si ninguno dona, recibirn solo el dinero original, mientras que cuando algunos donan, los que no aportan se aprovechan de la predisposicin a distribuir de los dems (son llamados free riders, o parsitos en castellano) y recibirn el dinero original ms su parte del pozo comn duplicado. La solucin que brinda mayores ingresos al conjunto, es que todos cooperen. La solucin ms eficiente para cada uno es no contribuir y recibir, adems, su parte del bote comn aportado por el resto. [4] El resultado de las partidas sucesivas del juego, es que los participantes egostas no donan, mientras que los cooperativos comienzan donando, pero al percibir que algunos parasitan a los cooperativos, dejan de hacerlo. Lo hacen slo para evitar la injusticia que generan los individuos egostas. La moraleja del juego es que la predisposicin a contribuir inicial es socavada por los mismos individuos egostas que no aportan y se aprovechan parasitariamente de los esfuerzos de la cooperacin del resto.

Esta es una caracterstica evolutiva de los seres humanos. Los estudiosos de la evolucin especulan que, para los primeros grupos humanos o tribus, la tarea productiva de la caza y la recoleccin era tan importante para la supervivencia del grupo como la tarea de evitar el parasitismo de los individuos egostas. Despus de todo, si muchos parasitan a los cooperativos, sin duda, sera malo para la supervivencia del grupo.

Los experimentos modernos analizados apuntan a la misma hiptesis. Si bien la predisposicin a compartir es un rasgo universal que explica el xito del Estado de Bienestar moderno (de acuerdo con los autores citados), el hecho de que la predisposicin est condicionada tambin explica que el Estado de Bienestar haya perdido gran parte del soporte popular original. Porque si los ciudadanos perciben que las polticas alientan conductas parasitarias o antisociales de parte de los grupos favorecidos por la ayuda, pues le retiran en consecuencia el soporte a esas polticas.

El razonamiento es como sigue: Para producir mejor, es mejor cooperar, para cooperar, es mejor compartir (redistribuir) porque el reparto estimula la cooperacin, y para compartir hay que asegurarse de que todos contribuyan de algn modo (que nadie parasite). Aqu, al fin, llegamos al meollo de la cuestin.

Nuestra hiptesis es que el descuido de los gobiernos progresistas de la regin ha estado en el diseo institucional de las polticas redistributivas y otras polticas sociales. Proponemos que una parte significativa de la poblacin tuvo la percepcin, a veces real, a veces no tanto, de que las polticas pblicas ms o menos masivas aplicadas durante la dcada ganada incubaban conductas socialmente inaceptables o parasitarias. En particular, aquellas que beneficiaron a los sectores ms desfavorecidos con los que el comn de los incluidos poco se identifica- y cuyas exigencias fueron percibidas como insuficientes, en tanto los adultos beneficiados con capacidad de cooperar socialmente slo deban abocarse a velar por sus intereses, podramos decir, privados (como velar por la escolaridad o la vacunacin de los hijos). Asimismo, dado que la exigencia para la inclusin en dichos programas era, justamente, la exclusin social, normalmente eso se percibi como un crculo vicioso que desincentivaba la participacin productiva, tal vez un eufemismo de devolucin social de la ayuda. Estos programas tambin fueron desacreditados, en ocasiones, por la inclusin en ellos de personas que no formaban parte del grupo de los excluidos, entendindolos como injustos y permeables al abuso.

Las consignas electorales que auparon el xito electoral de la derecha en Argentina y Brasil, se basaron en expresiones de rechazo a estas conductas parasitarias, encarnadas en los planes sociales, en los vagos que creaban los partidos de izquierda, en los hijos que proliferaron los programas como la asignacin universal por hijo junto a otros planes recibidos en funcin del nmero de hijos [5] o los programas Bolsa Familia y Bolsa Escola en Brasil.

Note el lector que no es necesario que los programas sociales efectivamente hayan estimulado conductas parasitarias. De hecho, los estudios acadmicos disponibles sobre polticas como el programa Bolsa Familia y la Asignacin Universal por Hijo, concluyen que no estimularon la natalidad ni desincentivaron la participacin femenina en el mercado de trabajo. [6] Por el contrario, estos programas fueron exitosos, reconocidos y generaron beneficios sociales en trminos de salud y escolaridad de los infantes. Sin embargo, apenas basta con que sea posible que alguien se aproveche del programa, o que existan algunos ejemplos de parsitos (aunque sean estadsticamente insignificantes), para que puedan deslegitimarse los programas y polticas sociales que tanta estabilidad y beneficios aportaron a la regin.

Los intereses polticos conservadores, los neoliberales y sus medios de comunicacin tuvieron una tarea fcil explotando esta predisposicin a castigar las conductas parasitarias para cambiar fcilmente la percepcin sobre estas polticas y desacreditar a los partidos que las promovieron. Engendraron odio apoyndose en esta predisposicin innata. En las dcadas ganadas por venir tendremos que tener en cuenta que, si bien el diseo de las polticas sociales debe priorizar el impacto sobre el bienestar y el crecimiento, tambin deben ser creativas y tener en cuenta para su diseo esta predisposicin innata contra lo que se percibe como parasitismo. Slo as lograremos hacerlas perdurar y evitar que sean utilizadas como semillas del odio.

Notas:

[1] Bowles, S. y Gintis, H. (2000). Reciprocidad, inters propio y Estado de Bienestar. Traduccin del artculo original publicado como Reciprocity, self-interest, and the Welfare State. Nordic Journal of Political Economy. 26(1), 33-53. Revista Propuestas para el Desarrollo, ao II, nmero II, pginas 163-184. http://www.propuestasparaeldesarrollo.com/inicio/index.php/ppd/article/view/49/95

 

[2] Estos experimentos consisten en recreaciones de situaciones de la vida real llevadas a cabo con individuos seleccionados al azar e involucran premios y costos para los participantes, habitualmente en dinero, como el juego del Dictador (en este juego se le da dinero a un individuo y se le pide -sin obligarlo- que redistribuya el dinero recibido con otro participante (la mayora regala sumas que van entre el 20%-60% del dinero recibido). En el juego del Ultimtum (que es igual al anterior salvo que si al receptor de la redistribucin el monto le parece injusto, puede rechazarla, en cuyo caso, ninguno de los dos recibe dinero) habitualmente se comparte entre 40%-50% y los repartos por debajo del 30% habitualmente son considerados injustos y rechazados. Queda claro que cuando el receptor de la transferencia la rechaza por considerarla injusta, solo tiene prdidas, por lo que no encaja con el perfil del homo economicus .

[3] Darwin, C. (1871) The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex (Primera edicin), Londres (p.83).

[4] Es un dilema del prisionero iterado.

[5] Defiendo el rgido control de la natalidad Quien no tiene condiciones de tener hijos, no debe tenerlos (Bolsonaro, 1993). Las personas se acostumbran a la ociosidad, en el nordeste, usted no consigue ni una persona para trabajar en su casa (debido al programa Bolsa Familia) (Bolsonaro, 2012). Un hombre y una mujer con educacin en Brasil difcilmente querrn tener un hijo para engordar un programa social (Bolsonaro , Folha). No podemos hacer discursos demaggicos, apenas conseguimos recursos del gobierno para atender esos miserables que proliferan cada vez ms por la nacin (Bolsonaro, Folha). El hijo de Bolsonaro, Carlos, lleg a proponer que solo puedan ser beneficiarios del Bolsa Familia quienes se sometan a la ligadura de trompas o la vasectoma. Tienen ms hijos porque les van a pagar 400 pesos por quedar embarazada (Chiche Duhalde, Argentina) etc. y etc.

[6] Los siguientes artculos llegan a estas conclusiones:

http://cdsa.aacademica.org/000-061/1117.pdf , http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0034-71402012000400004&script=sci_arttext&tlng=es , http://www.ie.ufrj.br/images/pesquisa/publicacoes/discussao/2017/tdie0192017rocha.pdf .

Fuente: https://www.celag.org/que-hicimos-mal-politicas-sociales-semilla-odio/



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