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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2019

Espaa, un reino en descomposicin (II)

Manuel Ruiz Robles
Rebelin


La crisis del rgimen de la Transicin

En mi reciente intervencin como presidente federal de Unidad Cvica por la Repblica, en la Asamblea General de la citada asociacin, el pasado 3 de noviembre, afirm:

Durante estos ltimos aos, los trabajadores y clases populares, hemos visto fracasar el pacto social que posibilit la Constitucin de 1978, cuyas promesas de bienestar y de libertad han resultado bien efmeras y finalmente vanas. Cuarenta aos despus de su promulgacin, nos encontramos con una precarizacin creciente; un paro de larga duracin; ms de cuatro millones de personas al borde de la indigencia; la hucha de las pensiones, desvalijada; los pensionistas, abandonados a su suerte; la sanidad y la educacin, recortadas y privatizadas; las mujeres, oprimidas y explotadas por un patriarcado que domina tradicionalmente las relaciones sociales; los jvenes estudiantes, sin un futuro digno; los migrantes, que huyen de las guerras provocadas por la voracidad imperialista, maltratados criminalmente; el pueblo cataln, apaleado y amenazado; las crceles del Estado, con presos polticos, cuando no en el exilio.

A lo anterior es necesario aadir que el albacea del dictador y ltimo jefe de la dictadura -el rey Juan Carlos, hoy rey emrito- tiene una grave responsabilidad poltica en la llamada Transicin, no solo por su inviolable y vitalicia posicin en la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas, heredadas de la dictadura franquista, sino tambin por su desmedida fortuna, presuntamente obtenida por medios ilcitos.

Los presuntos delitos de la monarqua estn empezando a ser debatidos por la opinin pblica, lo que est generando un creciente rechazo a la incomprensible impunidad del rey. Prueba de ello es la reciente querella contra el rey emrito y la aristcrata Corinna presentada por Izquierda Unida y el PCE.

Por otro lado, el enorme terremoto financiero iniciado hace 10 aos, con su epicentro en el corazn del imperio, ha erosionado la confianza en los polticos del establishment, que han proseguido con sus polticas neoliberales de recortes sociales, acelerando la crisis del Rgimen del 78, cuyos pilares monrquico-franquistas se estn resquebrajando.

Por si todo esto fuese poco, la irrupcin poltica de la muy franquista y monrquica VOX, amparada por las simpatas que suscita entre lo ms retrgrado de los funcionarios civiles y militares, es especialmente peligrosa para la democracia por su estrategia de proselitismo judicial, militar y policial. El ondear de banderas borbnicas (la bicolor) y los gritos de viva el rey! en la noche electoral que les dio doce diputados en el Parlamento de Andaluca, es el preludio de lo que se avecina.

El fascismo ha emergido abiertamente en la arena poltica con el pretexto del independentismo cataln. La realidad es que VOX ha salido de las entraas del ncleo duro del rgimen, pues el franquismo sigue anidando en el Ejrcito, en la Guardia Civil, en la Judicatura, en la Polica, en el Clero -castrense y no castrense- as como en la Familia Real y sus aledaos, siendo la expresin de los ms rancios valores medievales de la Corona y de la Iglesia catlica, apostlica y romana.

El engendro que estn alimentando desde los plats de TV, incluido un conocido programa de La Sexta, es la misma bestia que asol Europa en los que aos 30 del siglo pasado, aunque ahora presente un look postmoderno, vista ropas de Armani y utilice tcnicas de marketing poltico.

Este espectro de tiempos pasados ha recobrado vida propia y acta con absoluta autonoma respecto a su partido matriz, el PP, buscando alianzas con otros neofascismos europeos emergentes. La felicitacin de Marine Le Pen, lideresa del ultraderechista FN francs, a Santiago Abascal, lder de VOX, no deja dudas al respecto.

El desastre electoral en las reciente elecciones autonmicas andaluzas ha sido propiciado por las polticas neoliberales impulsadas por la derecha que habita el PSOE, representada por Susana Daz y el sector felipista, lo que ha originado una fuerte abstencin entre el electorado de izquierdas. Muchos simpatizantes y militantes del PSOE le han vuelto la espalda a Daz, restando apoyos al rgimen.

La demonizacin por parte del rey, el 3 de octubre pasado, de los representantes democrticos del pueblo cataln, ha incidido negativamente en el imaginario popular, siendo por tanto uno de los factores que ms ha contribuido a la irrupcin de la ultraderecha en el Parlamento de Andaluca.

La crisis del Estado espaol

La falta de respeto a la soberana popular -que siempre han manifestado los Borbones, instigadores de dictaduras y contiendas civiles, cuando sus intereses se han visto seriamente amenazados- no es ajena a la grave situacin por la que atraviesan nuestro pueblos, puesta en evidencia por el grave conflicto que enfrenta a las instituciones democrticas de la Generalitat de Catalunya con el Rgimen del 78.

Si tenemos en cuenta, adems, que lideres polticos catalanes, muchos de ellos relevantes cargos electos, se encuentran en prisin preventiva, y otros en el exilio, desde hace ms de un ao, pendientes de procesos judiciales de carcter poltico, y que varios de ellos iniciaron una huelga de hambre, poniendo en riego su vida, es evidente la grave crisis de Estado en la que nos encontramos.

La intervencin del rey en la celebracin de la llamada Pascua Militar ha puesto a su vez de manifiesto la falacia de sus pretensiones, muy lejos de la realidad social y de la verdad histrica. En particular, puso especial nfasis refirindose a la bandera del Reino de Espaa, que es en realidad la bandera bicolor borbnica, reinstaurada por el golpe militar fascista del 18 de julio de 1936 e impuesta por la dictadura franquista, seriamente contestada por amplios sectores populares, siendo por tanto smbolo de opresin y no de unidad como pretende .

Un hecho ms que corrobora la situacin de emergencia democrtica es el reciente manifiesto franquista contra el Gobierno de Espaa, que preside el socialista Pedro Snchez, promovido por un nutrido grupo de generales y almirantes, que hasta ayer ocupaban la cpula militar, hoy en retiro o en la reserva, secundados por ms de mil oficiales. Los generales y almirantes ms caracterizados de esta farsa palaciega estn o han estado muy relacionados con la Casa Real, lo que hace incomprensible que el discurso del rey del pasado 6 de enero no hiciese la menor mencin a un asunto tan grave, poniendo en evidencia sus querencias al encubrirlos de hecho con su silencio, pues no en vano es jefe de las Fuerzas Armadas (Art 62.h de la CE78), adems de jefe del Estado (Art 56.1 de la CE78), y, por tanto, supuestamente responsable del ordenamiento constitucional (Art 8.1 de la CE78).

Una estrategia democrtica de salvacin nacional

La ruptura con el franquismo no se llev a cabo por las fuerzas opuestas a la dictadura que pactaron la Transicin y, en consecuencia, su aparato de Estado se integr intacto en la nueva legalidad.

Judicatura, Ejercito e Iglesia siguen siendo pilares fundamentales de una monarqua franquista que cierra el paso a cualquier avance autnticamente democrtico, poniendo en riesgo el futuro de las clases populares y de los derechos de los pueblos.

Frente a una monarqua de origen ilegtimo, que se torna amenazante, es urgente aunar voluntades en torno al movimiento republicano emergente, amplio y diverso, apoyando los derechos sociales y nacionales, pues solo desde la libertad y el respeto al derecho de autodeterminacin de los pueblos es posible construir la deseable unidad. Exijamos, pues, el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado espaol y la libertad de los presos polticos, hoy en las crceles del reino.

El rgimen del 78 es irreformable en sus aspectos ms esenciales para los intereses populares, y su Constitucin un seuelo escasamente democrtico, sin posibilidad alguna de constituir un instrumento poltico apto para transformar la realidad en favor de las clases populares expoliadas y de los derechos de los pueblos, puestos en riesgo por un rey que se complace en un pasado imperial impresentable.

La estrategia democrtica frente al rgimen de 78, nacido del franquismo, ha de ser rupturista para ser efectiva, y ha de articularse como un poder compartido entre las fuerzas opuestas a la monarqua. Ese gran pacto democrtico habra de proyectarse en torno al bloque poltico y social que posibilit el ascenso del socialista Pedro Snchez al Gobierno de Espaa, al que habran de adherirse los sectores del PP y de Ciudadanos que aspiren a formar parte de una derecha democrtica republicana, so pena de unir su suerte a la de una monarqua irreversiblemente franquista, incompatible con un estado de derecho.

De no llevarse a cabo este proceso constituyente de salvacin nacional, la involucin autoritaria en curso es muy probable que siga su avance, con la consiguiente descomposicin del Reino de Espaa, pues es improbable que un rgimen autoritario, y menos an una dictadura militar, fuese viable hoy en un pas de la Unin Europea.

Por todo ello es cada vez ms necesaria la abolicin de la monarqua y con ella el franquismo que la acompaa, que parasita peligrosamente las instituciones del Estado; en particular sus Fuerzas Armadas, Judicatura y Polica.

Aunemos, pues, voluntades; enarbolemos con orgullo todas las banderas de las naciones y pueblos del Estado, que han de ser smbolos de unidad democrtica, aunadas por la bandera tricolor, pues sin la necesaria unidad estratgica dejaramos inerme a nuestros pueblos a los pies del enemigo, que hoy como ayer no es otro que el fascismo. Un fascismo amenazante que regresa, porque nunca se fue.

Manuel Ruiz Robles es Capitn de Navo de la Armada, portavoz del colectivo de militares demcratas Anemoi, Presidente Federal de Unidad Cvica por la Repblica (UCR), antiguo miembro de la Unin Militar Democrtica (UMD).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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