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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2019

Africanos, nada que tolerar

Javier Lpez Astilleros
Rebelin


Sekou es un maliense alto, elegante, de mirada digna y directa, a veces desafiante. Es as como le haban enseado a mirar a los otros en Mopti, ciudad en la confluencia de los ros Bani y Nger. Pertenece a los fulbe, tal vez la etnia nmada ms grande del mundo.

Sekou no tuvo mucha suerte, a pesar de haber alcanzado Espaa. La polica marroqu le rompi dos vrtebras, y le moli la espalda a porrazos al intentar saltar la valla fronteriza de Ceuta. El resultado fue que con apenas 30 aos, ya no puede coger peso. Sufre dolores crnicos que le han dejado medio postrado.

En nuestro pas cuidaba de una gran obra de pisos. Viva en un contenedor de transporte de mercancas. El constructor subcontrat para la vigilancia a un espaol, y ste subarrend al africano el servicio. Cobraba 400 a tiempo completo, es decir, 24/7/365.

El contenedor tena el inconveniente de que en invierno sus paredes se helaban. Era como una pequea nevera que trataba de calentar con un pequeo radiador.

Se lavaba en un bidn de agua fra, que tambin tena la peculiaridad de congelarse en las duras noches de invierno. Cuando abrieron un nuevo mdulo de la obra, pudo trasladarse con un colchn a una pequea habitacin de un garaje.

El maliense se vesta con elegancia, sobre todo en los das de fiesta. Era habitual verle en vaqueros, con camisas de botones que le caan hasta la cintura, y unos zapatos blancos relucientes que contrastaban con el color negro de su piel.

Segn las autoridades municipales, y los planes estatales de inmigracin, Sekou necesita integrarse en la sociedad espaola. Y lo cierto es que su espaol es perfecto. Adems es un demcrata convencido. Es un tipo simptico, afable, y nada conflictivo. Pero necesita integrarse.

Personas como Sekou son las que debemos de tolerar para que las cosas vayan bien, aunque es innecesario hacerlo con quien pretende ser como nosotros. El maliense solo tiene una opcin que no le asegura el xito: una mmesis perfecta de nuestros usos y costumbres, lo cual le puede convertir en un bufn.

En realidad no hay que tolerar las diferencias de quines pretenden ser iguales o parecidos. Ni tan siquiera es necesario tolerar a los que son radicalmente diferentes por voluntad propia.

Es mentira que existan o hayan existido sociedades uniformes, aunque polticamente se imponga esa igualdad cultural.

En realidad, en muchos casos integracin es equivalente a sumisin y servilismo.

Las estatuas tambin mueren es una de las obras ms interesantes del cineasta Chris Marker, fallecido en el ao 2012.

Es un conjunto de intuiciones y reflexiones certeras sobre frica y el colonialismo. Cuando el hombre muere, se vuelve historia. Cuando las estatuas mueren, se vuelven arte. Segn Marker, esta alquimia de la muerte se denomina cultura. No es la nica definicin sobre cultura, trmino caracterizado por una multiplicidad de significados.

Es cierto que toda cultura es algo muerto, con lo cual algo inerme no puede causar ningn dao. Cualquier inmigrante que viene a Europa, termina por aniquilar algo vivo en su interior, para transformarlo en lo que se conoce como cultura. Es entonces cuando el inmigrante se ve representado en los museos o en los informativos, para su sorpresa y escarnio.

Si no es necesario integrar a nadie, tampoco es necesario soportarlo.

Sin embargo la tolerancia parece el motor que estabiliza nuestras sociedades. Y que las mantiene en un estado de paz relativa.

Seala Marker en su documental sobre frica que los muertos son las races de los vivos. Y que las estatuas de los negros eran como races, que no estaban hechas para los cementerios. Son los muertos los que poseen el conocimiento. Y que el blanco proyectaba sus demonios sobre los negros como una forma de liberarse de ellos. Esa es la alquimia del poder.

No hay nada que tolerar, porque lo extrao e improbable es la uniformidad. Es del todo ridculo un imperio confesional, como lo es una estructura poltica uniformadora. No se puede negar un derecho as. Pero la tolerancia no es necesaria, y menos en nombre de una estructura fsil como es la cultura. Han venido aqu, tras renunciar a un modo de vida que les mantenan vivos, y lo han sustituido por otro que asimilarn sus hijos.

Solo los inmorales pueden rechazar la inmigracin, esos necios que no comprenden el mundo en su plenitud. No es necesario tolerar ni cuestionar las diferencias, mientras no vayan contra la dignidad humana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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