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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2019

Texto para Sare Antifaxista sobre Rosa Luxemburgo, en el 100 aniversario de su asesinato
Rosa la roja en Euskal Herria

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


El terreno de la legalidad burguesa del parlamentarismo no es solamente un campo de dominacin para la clase capitalista, sino tambin un terreno de lucha, sobre el cual tropiezan los antagonismos entre proletariado y burguesa. Pero del mismo modo que el orden legal para la burguesa no es ms que una expresin de su violencia, para el proletariado la lucha parlamentaria no puede ser ms que la tendencia a llevar su propia violencia al poder. Si detrs de nuestra actividad legal y parlamentaria no est la violencia de la clase obrera, siempre dispuesta a entrar en accin en el momento oportuno, la accin parlamentaria de la socialdemocracia se convierte en un pasatiempo tan espiritual como extraer agua con una espumadera. Los amantes del realismo, que subrayan los positivos xitos de la actividad parlamentaria de la socialdemocracia para utilizarlos como argumentos contra la necesidad y la utilidad de la violencia en la lucha obrera, no notan que esos xitos, por ms nfimos que sean, slo pueden ser considerados como los productos del efecto invisible y latente de la violencia.

Rosa Luxemburg: Una vez ms el experimento belga. Debate sobre la huelga de masas. PyP. N 62. Cartago. Argentina 1975, p. 110.

Al poco de sublevarse el fascismo internacional en el Estado espaol en julio de 1936, se form el batalln de gudaris comunistas Rosa Luxemburg, en la Euskal Herria que resista a la desesperada tras perder la estratgica ciudad de Irn. Poco antes comunistas vascos haban formado la Columna Thlmann en honor al miembro del Partido Comunista Alemn detenido en 1933, torturado y entonces todava encarcelado, pero asesinado en 1944. Tambin crearon el batalln Karl Liebknecht en honor del revolucionario asesinado con Rosa . Estas y otras decisiones poltico-militares muestran tanto la conciencia comunista e internacionalista que arraigaba en el proletariado y en el campesinado vasco, y a la vez su entronque esencial con los derechos nacionales de su pueblo.

El batalln Rosa Luxemburg se form con la llegada de cientos de voluntarios que saban perfectamente los riesgos que asuman, tras una batalla en la que la desproporcin de medios entre el fascismo y la libertad era absoluta en beneficio de la burguesa. El batalln es famoso por su herosmo y por su enorme nmero de bajas de entre sus 1400 voluntarios: segn nuestros datos, fue el ltimo en salir del infierno de Artxanda. Que nosotros sepamos, y asumiendo la posibilidad de error, estamos ante probablemente la nica unidad militar con el nombre de la militante asesinada en Berln a comienzos de 1919 por tropas que obedecan las rdenes de la socialdemocracia y que se integraran en el nazismo en 1923.

La disciplina, coherencia y moral de lucha del comunismo vasco adscrito a la Internacional Comunista era reconocida por todas las fuerzas antifascistas, incluidos por el pequeito grupo trotskista que tambin luchaba por la libertad nacional, aunque conocan la persecucin creciente de sus camaradas en la URSS, que no tardaran en practicarse en Catalunya contra el POUM y otras corrientes desde mayo de 1937. De igual modo, los anarquistas, tambin sabedores de las disputas histricas con los comunistas, mantenan sin embargo una confianza mutua en la lucha contra la invasin fascista. Para verano de 1936 era ya conocida la excomunin desde 1925 de la revolucionaria polaca por la Internacional Comunista, como veremos.

Entonces, nos preguntamos: qu vieron aquellos disciplinados comunistas que mataban y moran en defensa del socialismo y de la libertad vasca, en una militante aborrecida por la III Internacional que, adems, relativizaba mucho la independencia de las naciones oprimidas? Qu escritos de ella, sobre ella y contra ella podan haber ledo, teniendo en cuenta que los de su autora fueron retirados en la URSS en la segunda mitad de la dcada de 1920 y que el aplastamiento en sangre de la revolucin alemana dificult en extremo la difusin de sus ideas? Si todo lo relacionado con la historia del Partido Comunista de Euskadi est bajo tres candados: el de la represin franquista y las falsedades burguesas incluidas aqu el inters del PNV por silenciar el decisivo papel de los batallones que no eran de su ideologa; el de las purgas del PC de Espaa contra la desviacin nacionalista; y el de la amnesia impuesta por el eurocomunismo obsesionado por aniquilar toda memoria de lucha, con el batalln Rosa Luxemburg hay que aadir una cuarta: la simbologa de su nombre. Slo muy recientemente se ha empezado a estudiar su heroica e impresionante historia.

Desde su origen, las y los comunistas luchaban tanto contra la burguesa autctona como contra la presencia del ejrcito imperialista espaol en tierras vascas. El primer independentismo socialista prctico fue el del comunismo vasco. Aunque en el VII Congreso de la Internacional Comunista de 1935 se impuso la lnea del Frente Popular que supeditada la poltica revolucionaria a los acuerdos con la burguesa nacional-democrtica para aunar fuerzas antifascistas, ello no impidi a los comunistas recuperar la historia nacional vasca desde su verdadero contenido, el del pueblo trabajador oprimido secularmente por esa burguesa cuya corriente autonomista en lo poltico y reaccionaria en lo social, dud hasta el ltimo segundo en resistirse al fascismo: sectores del autonomismo reaccionario, sectores del PNV, se escondieron, huyeron o se sumaron al fascismo. Y los que apoyaron a la II Repblica y defendieron las libertades vascas, lo hicieron tarde, presionados por sus bases populares y a medio gas, sin movilizar los grandes recursos industriales del capitalismo vasco.

La guerra de 1936-44 ao en el que finalmente se rindieron las tropas nazi-fascistas acantonadas en Euskal Herria- fue adems de una guerra de invasin extranjera tambin y a la vez una guerra social, una guerra de clases en el seno del pueblo vasco. No podemos desarrollar ahora esta dialctica entre la lucha de clases nacional y la lucha de clases internacional en la que el nazi-fascismo y el franquismo fueron armas decisivas del capital en crisis, aunque es la base que permite comprender lo que sigue. En efecto, los y las comunistas reivindicaron la nacin trabajadora dando nombres cargados de simbologa a dos de sus batallones: Rebelin de la Sal y Gernikako Arbola.

El batalln llamado Rebelin de la Sal [1] haca honor a la sublevacin popular que se fue autoorganizando desde 1631 hasta estallar en 1634, contra el intento espaol de recortar gravemente el Sistema Foral que reconoca derechos sociales bsicos, entre ellos el control de precios asequibles en productos de primera necesidad para el pueblo trabajador como era la sal, entre otros. Aumentar el precio de la sal era empeorar las condiciones de vida y cercenar gravemente el Sistema Foral, objetivo deseado por la burguesa comercial en ascenso deseosa de integrase en el mercado estatal: la matxinada, nombre en euskara dado a las luchas de los ferrones, los trabajadores explotados en las ferreras, fue aplastada con la ejecucin de seis personas.

El batalln llamado Gernikako Arbola haca honor al ms conocido de los pueblos en los que se debatan y aprobaban leyes en el Sistema Foral. Aunque mandaba el bloque de clases dominante en cada perodo histrico y el pueblo trabajador era marginado en la toma de decisiones, pese a ello ste saba que mal que bien el Sistema Foral era menos malo que el orden imperante en el Estado espaol y por eso lo defendi mientras pudo compensar con su vida la imparable superioridad econmica y militar del Estado. Invadida la zona peninsular del Pas Vasco en 1876, el ocupante se encontr con una tenaz resistencia pacfica abierta y soterrada, y con una Administracin Foral inadaptable al sistema burocrtico espaol. Necesitado urgentemente de fondos econmicos y de paz social, Cnovas negoci con la burguesa vasca los Conciertos Econmicos, es decir, que la Administracin Foral siguiera funcionando en beneficio de la burguesa autctona, pero que sta pagase al Estado espaol un Cupo, o mejor una reparacin de guerra segn la vlida definicin hecha por el socilogo burgus Max Weber [2] en su viaje al Pas Vasco en 1898.

Al margen de estos cambalaches interburgueses, el pueblo trabajador sigui defendiendo el valor simblico de Gernika dado que representa, desde la historia social de las clases explotadas, un reducto legitimador de los bienes comunales, de las formas sociopolticas basadas en ellos, de la lengua y cultura, etc. La coherencia de los comunistas al nombrar batallones con la histrica matxinada de 1634 y con Gernika es innegable porque asuma y actualizaba en 1936-37 otra historia nacional opuesta a la burguesa tanto en su versin autctona como en la espaola, lo que explica el bombardeo de Gernika como el silencio cuando no los ataques de la historiografa capitalista al valor de lo comunal en la cultura popular vasca. Acaso no hicieron los mismo Marx y Engels al apoyar las luchas de los pueblos contra la explotacin colonial que les saqueaba sus recursos, culturas y bienes comunes?

Y tambin explica el que, una vez impuesto el nacionalismo espaol en su forma republicana en el PC de Espaa desde mayo de 1937 se pusiera en marcha una depuracin y purga de la desviacin nacionalista en los comunistas que defendan la independencia de sus pueblos [3]. Adems, el estalinismo aportaba otro argumento para las depuraciones y purgas: las ideas de Marx sobre el valor de lo comunal, sobre los modos comunales de produccin, etc., no eran importantes porque lo decisivo era que la revolucin mundial deba transitar obligatoriamente por el modelo etapista oficializado por la III Internacional. Ocurra que en Euskal Herria an en esos aos existan grandes extensiones de tierras comunales y pblicas de las Diputaciones, ayuntamientos, concejos, cuadrillas, etc.; que desde haca tiempo eran codiciadas por la burguesa apoyada por los Estados francs y espaol; que las resistencias populares para impedir su expolio y privatizacin fueron mediante toda clase de acciones incluidas guerras defensivas desesperadas.

Si debemos decir a ciencia cierta que los comunistas vascos conocan esa historia y defendan la recuperacin de las tierras comunales. No podemos decir a ciencia cierta que conocieran los largos y documentados captulos escritos sobre el particular por Rosa Luxemburg en su celebrrima obra La acumulacin del capital de diciembre de 1912 sobre todo desde el captulo XXVII hasta el final, en los que estudi minuciosamente el significado histrico de las formas de propiedad comunal, de las resistencias de sus pueblos a las invasiones occidentales, etc., Dej escritas pginas brillantes sobre el saqueo y privatizacin de los bienes comunales y de los pueblos que vivan de ellos como, por ejemplo, los que poblaban Amrica [4], pero tambin estudi con detenimiento la invasin francesa de Argelia en la que posiblemente participaran soldados vascos a las rdenes de imperialismo francs. En lo esencial, sus ideas son aplicables a Euskal Herria salvando las distancias espacio-temporales: tal vez fue posible que estas ideas junto a otras obras de ella llegaran de algn modo a los comunistas vascos.

Nunca lo sabremos con exactitud porque la praxis de Rosa Luxemburg fue sometida a una implacable censura y ocultacin primero por la socialdemocracia y la derecha alemana; pocos aos despus por el estalinismo, y por ltimo, manipulada por la derecha y el reformismo como ejemplo contra Lenin y Stalin. Incluso desde antes de la revolucin de 1905, sus ideas ya empezaban a ser aisladas dentro de la socialdemocracia, y ella misma objeto de un rechazo chovinista germnico difuso al principio aunque cada vez ms acentuado contra su identidad polaca. Cada vez de manera ms acentuada tuvo que publicar sus escritos en su partido polaco ante las dificultades tcnicas crecientes que encontraba en Alemania.

2.-

La burocracia socialdemcrata no haba llegado an a controlar el partido cuando Rosa empez a ser conocida por sus aportaciones tericas fundamentalmente en dos cuestiones decisivas: la cuestin nacional en 1896 y la crtica radical del reformismo de Bernstein en 1899. Sobre la primera, Rosa opinaba que el contexto de finales del siglo XIX haba cambiado con respecto al de la poca en la que Marx y Engels defenda la independencia de Polonia. Segn Rosa, el desarrollo capitalista haba hecho de Polonia la industria ms potente del imperio zarista creando una dependencia mutua entre la burguesa polaca y la rusa en base a la unidad de mercado, y por ello mismo entre el proletariado polaco y el ruso: se haba abierto una nueva fase de lucha de clases en la que reivindicar el derecho a la independencia polaca era romper la unidad estratgica del proletariado, escindirlo en beneficio del capitalismo. Con los aos, Rosa extendera esta tesis al conjunto de la lucha de clases mundial.

Rosa no negaba en modo alguno los derechos nacionales de los pueblos oprimidos: los defenda con ahnco, pero pensaba que su etapa histrica progresista ya haba concluido con el desarrollo capitalista. Los derechos de los pueblos slo podran resolverse en el avance al socialismo cuando sus culturas y lenguas fueran respetadas por la democracia obrera mientras se iba diluyendo el Estado y el capitalismo, y con ellos todas las opresiones. Hasta entonces las clases trabajadoras de los Estados opresores y de los pueblos oprimidos deban luchar en unidad revolucionaria contra la unidad contrarrevolucionaria del capital.

Los hechos ya haban demostraron para entonces que la opresin nacional era y es una de las fuerzas sociales ms contradictoria que existen, porque pueden hacer que la lucha de clases gire a la revolucin o a la contrarrevolucin, segn qu objetivos se marquen y qu estrategia se emplee. En este sentido, son reveladoras las palabras de Eric Blanc [5] cuando en su largo estudio sobre Rosa Luxemburg en la Polonia de 1898-1903, sostiene que sus acciones tuvieron efectos contradictorios y trgicos. Lo sorprendente es que tras acertar y aceptar que el saqueo imperialista de los arrabales [6] del capitalismo entonces desarrollado no hara sino aumentar, a pesar de esta coincidencia plena con otros marxistas, sin embarg sigui insistiendo en la no importancia de las luchas de liberacin.

Se debate mucho sobre por qu Rosa se mantuvo firme en su rechazo del derecho a la independencia, tanto que aqu no podemos ni siquiera resumir las diferentes posturas. Por exigencias de brevedad, nosotros pensamos que el problema radica en su limitada comprensin de la dialctica marxista. Aunque hay autores que no prestan apenas atencin a la dialctica en Rosa, como Gregory A. Albo [7], otros muchos s lo hacen: Mara-Jos Aubet [8], Lelio Basso, Oskar Negt [9] , han reivindicado con fuerza su dominio del mtodo dialctico sin el cual no se entienden sus grandes aportaciones. Luego veremos que Rosa Luxemburg s dominaba bien la dialctica de lo poltico, como demostr en su crtica al reformismo y en la defensa genrica de la democracia socialista; pero en otras problemticas no lo logr, como en la nacional, la teora de la organizacin, el problema de los esquemas de reproduccin del Libro II de El Capital

Raya Dunayevskaya [10] sostiene que Rosa no comprendi bien la dialctica de la historia, y por tanto no capt el potencial revolucionario del derecho de autodeterminacin. D. Bensad y Samy Nair [11], afirman que su dialctica era ms hegeliana que marxista, lo que explica las deficiencias de su teora de la organizacin revolucionaria y sus relaciones con la complejidad del proceso de concienciacin de la clase trabajadora y, por tanto, el contenido y el papel de lo poltico en todos los aspectos de la sociedad capitalista. Michael Lwy [12] tambin comenta sobre cierta ambigedad en su optimismo determinista. Leyendo el Folleto de Junius que Rosa escribi en la crcel en 1915, en especial su captulo VII, apreciamos las limitaciones de su dialctica.

Paul Mattik [13] se posiciona por las tesis de Lenin en el debate con Rosa sobre los esquemas de la reproduccin y acumulacin capitalista y sobre que el papel decisivo radica en la produccin y no en la circulacin, como sostena Rosa. Mattik aade con razn que ni uno ni otra comprendieron en profundidad el significado de la ley de cada tendencial de la tasa media de beneficio. Henryk Grossmann [14] dice que la solucin de Rosa al problema de los esquemas de la reproduccin en el Libro II de El Capital de Marx, es un mtodo cmodo de salida del callejn terico en el que ella misma se ha metido, consistente en afirmar sin pruebas que hay lagunas en esa parte de la obra marxiana. Extendiendo su crtica sobre quienes sostienen ideas parecidas a las de Rosa Luxemburg, como por ejemplo Fritz Sternberg, Grossmann les achaca no tener ninguna formacin filosfica. Aos ms tarde, Beramendi y Fiorabanti [15] sostendrn sobre este mismo problema que Rosa tena una visin del capitalismo si no lineal, s al menos unilateral.

Siguiendo con el debate sobre las deficiencias del mtodo de Rosa al estudiar los esquemas de reproduccin, Louis Gill extiende esa debilidad al grueso del marxismo de la II Internacional por su deficitaria comprensin del mtodo dialctico de Marx debido a que los imprescindibles Grundrisse [16], sin cuyo estudio es muy difcil comprender el mtodo de El Capital, fueron publicados por primera vez en 1939, y en una edicin muy corta sometida de inmediato a los avatares de la II GM, de modo que no fue hasta la dcada de 1950 cuando pudieron empezar a ser estudiados con detenimiento.

Ernest Mandel [17] no entra al debate sobre las limitaciones del mtodo de Rosa en su crtica de los esquemas de reproduccin de Marx, sino que, adems de corregir en algo a Grossmann, explica que en realidad Rosa plante una duda slo resoluble si se da un paso adelante en reflexin terica revolucionaria, entrando a debatir nada menos que la teora de la crisis capitalista. Aqu, en la decisiva teora marxista de la crisis, L. Gill reconoce que Rosa Luxemburg, si bien estaba equivocada en su crtica a los esquemas de reproduccin, conect con la teora de Marx sobre que la crisis surgen de la historicidad y transitoriedad del capitalismo [18], lo que le granje el fuerte rechazo del reformismo socialdemcrata que defenda la tesis de que el capitalismo se perpeta y que slo la reforma puede irlo cambiando poco a poco hacia el socialismo.

Mientras que la dialctica de Marx y Engels enlaza en una totalidad procesual el interior de las contradicciones nacionales, de la organizacin y de la espontaneidad, y del problema de derrumbe del capitalismo, la dialctica hegeliana de Rosa reduca esta totalidad compleja y contradictoria a un movimiento casi automtico y casi objetivista y determinista que nos recuerda al desenvolvimiento de la Idea. Norman Geras dice que la obra de Rosa ha sido interpretada como una especie de fatalismo poltico [19] porque una lectura superficial da la sensacin de un inevitable descalabro del capitalismo, pero que se trata de una tergiversacin o caricatura. Michael Lowy [20] ha escrito ampliamente sobre la filosofa de la praxis inserta en Rosa Luxemburg, confirmando con otras palabras lo tambin demostrado por Raya Dunayevskaya al asegurar sobre Rosa que: en su caso pudo decirse que el intelecto se vuelve voluntad, se vuelve acto [21].

3.-

Podemos decir que parte de las dificultades de Rosa provenientes de los lmites del mtodo que empleaba se resolvieron gracias al papel de la filosofa de la praxis en la lucha poltica, en la denuncia brillante del reformismo, que es el segundo debate, el de 1899, al que nos hemos referido arriba. En realidad Bernstein no aadi nada nuevo a los reformismos anteriores. Su mrito consiste en haberlos sintetizado de forma coherente en un nico libro. Bo Gustafsson reconoce que fue Rosa Luxemburg la que dej aclarado que Bernstein no tuvo ninguna idea nueva [22] que, como dice el autor, no estuviera ya en Lange y otros neokantianos, socialistas de ctedra, socialistas reformistas dentro de la propia socialdemocracia Para Rosa Luxemburgo la doctrina de Bernstein estaba compuesta por pedacitos de todos los sistemas posibles [23]. Nestor Kohan indica que el ataque de Bernstein a la dialctica marxista, respondido por Rosa [24], forma parte de la oposicin reaccionaria y reformista al marxismo tambin ahora mismo.

Tiene razn Mattik cuando afirma en el texto citado que las crticas de Rosa al reformismo son las ms poderosas de todas, dando a entender claramente que tampoco Lenin estuvo a su altura. Aunque ambos estaban educados en el horizonte terico de la II Internacional fue Rosa la que primero se cercior del reformismo descarado de Bernstein, y sobre todo la que primero intuy las ambigedades de Kautsky mientras que Lenin tard bastante ms tiempo. Sin duda, la gil y penetrante dialctica poltica que vertebra su clsica obra Reformismo o revolucin le permiti vislumbrar siquiera borrosamente pero desde luego antes que nadie, el fondo de determinismo economicista de Kautsky. En la cuestin crtica de la ideologa reformista sobre el avance al socialismo mediante reformas sociales, Rosa sintetiza las aportaciones de diversos autores reformistas en el bloque formado por el sindicalismo, la reforma social y la democratizacin poltica del Estado como los medios para la realizacin progresiva del socialismo [25]. Los hechos le dieron la razn.

Pero una crtica ms importante an radica aqu: Bernstein declara que la ley de la plusvala de Marx es una mera abstraccin [] un producto de la imaginacin [26]. La plusvala, dicho bsicamente, es el alimento del capitalismo, negar su existencia, reducirla a una abstraccin es negar la objetividad del capitalismo sustituyndolo por una sociedad idlica, sin explotacin ni lucha de clases. La necesidad ciega de aumentar la plusvala para aumentar el beneficio y superar la competencia interburguesa lleva al capitalismo a endurecer, intensificar y extender la explotacin asalariada, desarrollar el militarismo y recortar su propio sistema democrtico. Desde esta certidumbre terica basada en la veracidad cientfica de la ley de la plusvala, Rosa vaticin lo que sigue:

Como resultado del desarrollo de la economa mundial y de la agudizacin y generalizacin de la competencia en el mercado mundial, el militarismo y la poltica de las grandes flotas se han vuelto, en tanto que instrumentos de poltica mundial, un factor decisivo tanto en la vida interior como en la vida exterior de las grandes potencias. Si es cierto que la poltica mundial y el militarismo representan una fase ascendente en la etapa que atraviesa el capitalismo en la actualidad, entonces la democracia burguesa debe desplazarse, lgicamente, en sentido descendente [27].

La crtica del reformismo no slo era terica. Pocos meses despus de esta andanada, Rosa procede a la crtica de la prctica del reformismo francs cuando el socialista Millerand se integra en el gobierno en 1899. En un texto de 1900-1901 sobre la crisis en Francia, Rosa enumera la triloga prctica, poltica y terica de movilizacin de masas que impulsaban para arriba al socialismo francs, y despus analiza el giro al centro del socialismo que haba entrado en el gobierno centrista:

1) Sus consignas son las ms avanzadas, de modo que cuando compiten en las elecciones con los partidos burgueses hacen valer la presin de las masas que votan. 2) Denuncian constantemente al gobierno ante el pueblo y agitan la opinin pblica. 3) Su agitacin dentro y fuera del parlamento atrae a masas cada vez ms numerosas y as se convierten en una potencia con la cual deben contar el gobierno y el conjunto de la burguesa. Cuando Millerand entr en el gabinete los socialistas de Jaurs cerraron los tres caminos de acercamiento a las masas [] La primera consecuencia de la participacin socialista en un gabinete de coalicin es, por tanto, el cese de la ms importante de las actividades socialistas y, sobre todo, de la actividad parlamentaria: la educacin poltica y clarificacin de las masas [28].

Esta crtica al socialismo francs anunciaba lo que sera el reformismo alemn dentro de pocos aos y, muy en especial, es ahora mismo una denuncia del parlamentarismo reformista actual, denuncia avalada por la historia de ms de un siglo. Afirmar ahora que la actividad parlamentaria debe buscar la educacin poltica y clarificacin de las masas es poner en la picota a la totalidad de las polticas parlamentarias en Euskal Herria.

4.-

Una vez estallada la revolucin de 1905, Rosa se volc en ella: no dud en amenazar con una pistola a un impresor para que editase folletos revolucionarios, pues se negaba a hacerlo. A raz del comportamiento decididamente reaccionario de las iglesias, Rosa, indignada, escribi: Y esta es la respuesta a los ataques del clero: las socialdemocracia de ninguna manera combate a los credos religiosos. Por el contrario, exige total libertad de conciencia para todo individuo, y la mayor tolerancia para cada fe y opinin. Pero, desde el momento en que los curas utilizan el plpito como medio de lucha poltica contra la clase obrera, los obreros deben combatir a los de su derecho y de su liberacin. Porque el que defiende a los explotadores y el que ayuda a perpetuar este rgimen de miseria es el enemigo mortal del proletariado, ya vista sotana o uniforme de polica [29].

El esfuerzo terico-poltico de Rosa Luxemburg iba destinado a emancipar a la militancia del contenido reaccionario de la religin sobre todo cuando hace poltica abiertamente, pero tambin buscaba aumentar la formacin terica en un partido tan poderoso y en crecimiento como el alemn en el que en 1905 apenas el 10% de sus miembros posean algn conocimiento de marxismo, mientras que los subscriptores a la revista terica Neue Zeit no sobrepasaba el 1,5% de la militancia [30].

En verano de 1906 Rosa escribi a unos amigos que: La revolucin es magnficaTodo lo dems es un disparate [31]. Fue en este clima y en los debates que se libraban cuando escribi tambin las palabras que introducen este texto sobre el papel de la violencia y de la huelga de masas en la poltica parlamentaria. Su praxis le llevo, como antes y como despus, a la crcel. La burocracia del partido le marginaba an ms tanto por sus crticas directas como porque stas se basaban en una profunda dialctica de las lucha de clases, segn se vuelve a descubrir en esta descripcin de las fueras sociales que es ms vlida hoy, en el complejo capitalismo actual, que en el ms simple de hace 112 aos:

Es un fresco gigantesco y multicolor de un enfrentamiento general entre el capital y el trabajo, que refleja toda la complejidad de la organizacin social y de la conciencia poltica de cada sector y de cada distrito. La escala se extiende desde la lucha sindical ordenada de una capa selecta y probada del proletariado de la gran industria hasta la protesta informe de un puado de obreros rurales y los primeros temblores breves de una guarnicin militar agitada; de la revuelta bien educada y elegante de los trabajadores de puos almidonados y cuello duro en las oficinas de un banco hasta los tmidos murmullos de una tosca reunin de policas insatisfechos en un sucio puesto de guardia oscuro y lleno de humo.[32]

Rosa est detallando la rica y contradictoria complejidad de las dinmicas ascendentes que pueden concluir en las revoluciones, si no se cometen errores garrafales. Muestra cmo incluso sectores ms bajos de algunas fuerzas represivas pueden sumarse parcial o totalmente a ese proceso. Y es sobre este mtodo eminentemente dialctico, en el que sostiene la explicacin de la estrategia revolucionaria:

Precisamente porque el orden legal burgus ha existido tanto tiempo en Alemania, porque ha tenido tiempo de agotarse y de llagar a su fin, porque la democracia y el liberalismo burgus han tenido tiempo de morir, aqu ya ni se puede hablar de revolucin burguesa. Por eso, en el perodo de luchas polticas populares en Alemania, el objetivo ltimo histricamente necesario no puede ser sino la dictadura del proletariado [] esta tarea no puede realizarse de golpe; se consumar en una etapa de gigantescas luchas sociales [33].

Esta visin marxista era rechazada en la prctica cotidiana por la burocracia poltico-sindical. En una carta a Clara Zetkin de 1907, Rosa dice sobre los burcratas: se han comprometido por completo con el parlamento y el parlamentarismo, y cada vez que ocurre algo que trasciende los lmites de la accin parlamentaria, se sienten impotentes; no, peor que impotentes, porque hacen todo lo que pueden por obligar al movimiento a volver a los canales parlamentarios, y tildarn furiosamente de enemigo del pueblo a todo el que se aventure ms all de esos lmites [34].

En 1910 tras fuertes debates que le enfrentaron con la burocracia y le llevaron a romper con Kautsky, Rosa escribe un artculo sobre la posible vala de las lecciones de 1905 y de la Huelga General de Masas en la Alemania de entonces surcada por una nueva oleada de huelgas y de movilizaciones para ampliar a todos los sectores populares el derecho de sufragio [35], y lo lleva a la redaccin del peridico, ste le responde diciendo que la direccin del partido ha decidido no publicarlo porque lo ms importante en esos momentos es preparar la campaa electoral en ciernes.

Durante esos tiempos, mientras que la burguesa frenaba con su legalidad y con el apoyo de la burocracia socialdemcrata las luchas de izquierdas, Rosa preparaba para finales de 1912 el libro La acumulacin del capital cuya publicacin fue retrasada al mximo por la direccin del partido [36]. La burocracia saba perfectamente que el libro cuestionaba de raz la poltica socialdemcrata en todos los sentidos, y de ah su boicot. En realidad, la socialdemocracia haba boicoteado textos marxistas desde la dcada de 1870 en debates decisivos para el proceso revolucionario europeo y mundial mientras que, a la vez, creaba un marxismo [37] compatible con el capital mediante la tesis de la necesidad histrica ineluctable del socialismo, lo que anulaba el papel crucial de la conciencia revolucionaria organizada en la crucial lucha de clases diaria, cotidiana. Ese marxismo fue uno de los responsables de la traicin [38] de la socialdemocracia.

5.-

Es aqu, en este nudo gordiano de la praxis organizada que concatena polticamente todas las formas de la lucha de clases, en donde debemos introducir el debate sobre la teora del partido y de la espontaneidad en y de Rosa Luxemburg, debate artificial e interesadamente agrandado por quienes enfrentar a Rosa con el resto de fuerzas revolucionarias. Ahora debemos recordar por unos instantes lo arriba dicho sobre las limitaciones de la dialctica hegeliana de Rosa y en especial en su teora del partido porque no previ la contra-revolucin desde dentro [39] del partido, peligro mortal que Lenin siempre tuvo presente en lo esencial de su teora del partido aunque la adaptase siempre a las nuevas necesidades, mientras que: El concepto predominante de Rosa Luxemburgo un partido unificado, una internacional unificada en gran parte fue responsable de las muchas interpretaciones falsas de sus conceptos sobre espontaneidad y organizacin [40].

En los primeros debates sobre la teora de la organizacin Lenin respondi a Rosa dicindole que no haba respondido a ninguno de sus argumentos concretos que l presentaba, sino a generalidades que no estaban en cuestin, con lo que vuelve a aparecer el problema del mtodo de Rosa arriba visto en este tema: sobrevalorar lo general y abstracto. Pero es dudoso que Rosa hubiera podido leer la respuesta de Lenin porque Kautsky se neg a publicarla [41], con lo que tenemos otro ejemplo de la censura interna. Sin embargo, esas generalidades que rehuan el debate son vlidas en el presente [42] porque nos recuerdan precisamente cuestiones de derechos socialistas en la vida militante que no deben olvidarse.

No hay duda de que la tardanza en crear un partido revolucionario independiente del socialdemcrata facilit sobremanera la derrota de la revolucin alemana de noviembre de 1918, la localizacin de Rosa y Liebknecht y su asesinato. Los bolcheviques evitaron varias veces su total destruccin, y Lenin mantuvo su militancia clandestina en momentos decisivos, gracias precisamente a su forma organizativa [43].

Rosa Luxemburg fue asesinada la noche del 15 de enero de 1919 de un tiro despus de abrirle la cabeza con un culatazo de fusil. Tena 48 aos y viva en la clandestinidad. Poco antes, mientras la detenan y llevaban al coche, era insultada: comunista, juda, puta Fue una de los millares de vctimas de la contrarrevolucin dirigida por el gobierno socialdemcrata aliado con la derecha ms criminal. La revolucin bolchevique haba triunfado en octubre de 1917, siendo la chispa de otras llamaradas revolucionarias entre las que destac la alemana de finales de 1918. La burguesa alemana nunca le ha perdonado: todava en 1962 el gobierno democrtico de Alemania Federal segua justificando su asesinato [44].

Los bolcheviques loaron sus mritos, los de Karl Liebknecht y restantes comunistas exterminados desde conocer la noticia. Dos meses despus, el discurso de apertura del I Congreso de la Internacional Comunista se iniciaba honrando su memoria con las y los asistentes puestos en pie [45]. En febrero de 1922 Lenin escribi:

Rosa Luxemburgo se equivoc en el problema de la independencia de Polonia; se equivoc al enjuiciar en 1903 el menchevismo; se equivoc en la teora de la acumulacin del capital; se equivoc en julio de 1914 cuando defendi con Plejnov, Vandervelde, Kautsky y otros la unidad de los bolcheviques con los mencheviques; se equivoc en sus escritos de la crcel, en 1918 (por lo dems, ella misma corrigi, al salir a la calle, a finales de 1918 y principios de 1919, la mayor parte de sus errores). Pero, a pesar de todos sus errores, Rosa Luxemburgo fue y seguir siendo un guila; y no slo ser siempre entraable para todos los comunistas su recuerdo, sino que su biografa y sus obras completas (cuya edicin demoran demasiado los comunistas alemanes, quienes slo en parte merecen ser disculpados por la inaudita cantidad de vctimas que sufren en su dura lucha) sern utilsimas enseanzas para educar a muchas generaciones de comunistas del mundo entero [46].

Vista la historia desde el presente, Rosa Luxemburg hizo cuatro grandes bloques de crticas a los bolcheviques: el problema del campesinado; el problema nacional; el problema de Asamblea Constituyente; y el problema de la democracia socialista. De los cuatro, a nuestro entender es en el ltimo en donde Rosa tiene bastante razn aunque siempre precisando los lmites espacio-temporales. Con respecto a relaciones de Rosa con Lenin, Norman Geras afirma que sus diferencias han sido frecuentemente exageradas y que estaban unidos por muchas ms cosas [47]. Segn Mary Alice Waters las diferencias entre Lenin y Rosa fueron bsicamente tres: la cuestin nacional, la cuestin del partido revolucionario y la cuestin de la revolucin bolchevique, pero que aun as Rosa Luxemburg siempre la apoy [48].

De manera parecida a la tergiversacin de Gramsci por el eurocomunismo para justificar con su prestigio el apoyo incondicional al capitalismo, con Rosa Luxemburg la socialdemocracia y la burguesa, como la burocracia estalinista, crearon lo que se denomin luxemburguismo, que amalgamaba en diversos momentos las acusaciones de ultraizquierdismo, expontanesmo, consejismo, trotskismo, centrismo, humanismo, antileninismo,etc.

En su versin estalinista, el luxemburguismo fue condenado en el pleno del ejecutivo de la Internacional Comunista de marzo-abril de 1925, y luego sus libros retirados de la bibliotecas y de las libreras, negando la voluntad de Lenin de publicacin de sus obras completas. En 1931 Stalin arremete contra ella acusndola de oscilaciones de un extremo a otro, de la ultraizquierda al menchevismo, de haber inventado la teora de la revolucin permanente, etctera, en una breve carta sobre la historia del bolchevismo [49]. Segn diversas informaciones y a la espera de ms datos, todava a finales de la dcada de 1980 segua sin editarse la correspondencia privada entre Lenin y Rosa Luxemburg.

Qu nos aporta Rosa la Roja ahora? Una idea decisiva la encontramos en las palabras de Clara Zetkin inmediatamente despus de su asesinato: La obra de toda su vida fue preparar la revolucin [50]. Otras ideas un poco ms suaves nos las aporta Mara-Jos Aubet:

Se puede aprender algo de su legado? En la actualidad, frente a la va muerta o agnica del movimiento obrero organizado, al agotamiento de la va del comunismo estalinista pero tambin de la alternativa socialdemcrata como fuerza anticapitalista, la voz de Rosa Luxemburg nos invita a repensar nuestras herramientas de anlisis para abordar las nuevas y viejas formas de explotacin en el mundo actual. El antidogmatismo de Rosa Luxemburg, su antiburocratismo, su lealtad y fe en la capacidad revolucionaria --excesivamente naif?-- de las masas populares", su denuncia de la deriva autoritaria y de la esclerosis de los partidos socialdemcratas y su defensa de derechos fundamentales incluso en momentos revolucionarios la convierten quizs en la mejor continuadora de Marx. No hay que olvidar que ella, a diferencia de los Lenin, Trotsky, Mao, etc., se movi, actu, pens y escribi en el marco de un pas ya entonces muy industrializado de capitalismo avanzado. [51]

Adems de estas aportaciones, queremos concluir otras dos. Una de ellas es la aportacin decisiva de la praxis de Rosa a la emancipacin de la mujer trabajadora, como demuestra en su artculo de 1912 en el que, adems de preguntarse por qu no existe una organizacin de mujeres en Alemania, separa tajantemente el movimiento de las mujeres trabajadoras y el de las mujeres burguesas, defensoras del capitalismo, y expone su ideas sobre el trabajo domstico, que no produce valor, contrarias a la palabrera del feminismo acadmico, reformista [52]. Andica Cakardic [53] ha demostrado que en La acumulacin del capital Rosa destroza el feminismo burgus por no tener en cuenta el papel del trabajo domstico en el capitalismo. Por no extendernos, la obra entera de Raya Dunayevskaya demuestra el feminismo marxista de Rosa la Roja.

La otra aportacin es la del eslogan socialismo o barbarie popularizado por Rosa Luxemburg en el Folleto de Junius de 1915, de tanta actualidad en el presente. Ian Angus ha rastreado su origen que se atribua a Engels en una frase muy parecida, descubriendo que fue Kautsky en 1892 el que le dio la forma precisa en un breve textito para el programa de Erfurt diciendo que debemos avanzar hacia el socialismo o caer de nuevo en la barbarie adaptado por Rosa como avance al socialismo o regresin a la barbarie [54]. Solo cuatro aos despus, en 1919, Preobrazhenski y Bujarin profundizaron an ms con el eslogan caos o comunismo [55] : de 1915 a 1919 se haba multiplicado la letalidad de la I GM, haba estallado la oleada revolucionaria de 1917 y el capital financiero mostraba sin tapujos su odio antisocialista.

No podemos extendernos aqu en cmo la historia ha confirmado esta va suicida al autoexterminio capitalista y cmo fue denunciada por el marxismo desde mediados del siglo XIX ya est presente en el Manifiesto Comunista de 1848 al admitirse la posibilidad del hundimiento de las clases en pugna [56] -, o cmo E. Thompson conmocion la placidez intelectual burguesa y reformista con su teora del exterminismo como ltimo estadio de la civilizacin [57].

El dilema Socialismo o Barbarie que ya ha ascendido al de Comunismo o Caos, es la expresin poltico-estratgica del debate sobre el derrumbe capitalista, sobre los contextos de salto revolucionario al socialismo como antesala del comunismo. Todo indica que habremos de dar el salto en un marco mundial sometido a extremas contradicciones insolubles entre el capital y el trabajo, siendo una de ella la destruccin de la capacidad de carga y reciclaje del planeta, la catstrofe socionatural generada por la irracionalidad inherente a la ley de la plusvala que Bernstein neg que existiera, y que Rosa la Roja demostr que s exista.


Notas

[1] Juan Mari Eskubi: Matxinada de la Sal de 1634. 17 de mayo de 2011 ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128546 )

[2] Max Weber: Dos cartas sobre el Pas Vasco. Revista Espaola de Investigaciones Sociolgicas. CIS. Madrid, Octubre-Diciembre 2002, pp. 303-314.

[3] Iaki Gil de San Vicente: El nacionalismo imperialista del Partido Comunista de Espaa. Boltxe Liburuak. Bilbo, 2015, pp. 135 y ss.

[4] Sergio Abraham Mndez Moissen: Rosa Luxemburg y los pueblos indgenas de Amrica. 31 de julio de 2017 ( https://www.izquierdadiario.es/Rosa-Luxemburgo-y-los-pueblos-indigenas-de-America )

[5] Eric Blanc: Rosa Luxemburgo y el socialismo polaco (1898-1903) 6 de febrero de 2018 ( http://sinpermiso.info/textos/rosa-luxemburgo-y-el-socialismo-polaco-1893-1919 )

[6] Armando Bartra Vergs: Violencia y despojo en los arrabales del capital. 22 de septiembre de 2016. ( https://kmarx.wordpress.com/2016/09/22/rosa-luxemburgo-violencia-y-despojo-en-los-arrabales-del-capital/ )

[7] Gregory A. Albo: Rosa Luxemburgo y el capitalismo contemporneo. 20 de marzo de 2018 ( https://kmarx.wordpress.com/2018/03/27/rosa-luxemburgo-y-el-capitalismo-contemporaneo/ )

[8] Mara-Jos Aubet: Rosa Luxemburg y la cuestin nacional. Anagrama. Barcelona 1977, pp. 36 y ss.

[9] Oskar Negt: Rosa Luxemburg y la renovacin del marxismo. Historia del marxismo. Bruguera. Barcelona 1980, tomo 4, p. 280.

[10] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. Pp. 833 y ss. .

[11] Daniel Bensad y Samy Nair: El problema de la organizacin. Lenin y Rosa Luxemburgo. ( http://danielbensaid.org/Lenin-y-Rosa-Luxemburgo?lang=fr )

[12] Michael Lwy: Actualidad revolucionaria de Rosa Luxemburgo. 21 de julio de 2013 ( https://kmarx.wordpress.com/2013/07/21/actualidad-revolucionaria-de-rosa-luxemburgo/ )

[13] Paul Mattik: Luxemburgo versus Lenin. Marzo 2008 ( https://es.scribd.com/document/199832057/Paul-Mattick-Luxemburgo-vs-Lenin-1935 )

[14] Henryk Grossmann: La ley de la acumulacin y del derrumbe del sistema capitalista. Siglo XXI, Mxico 1979, pp. 270 y ss.

[15] J. G. Beramendi-E. Fioravanti: Miseria de la economa. Pennsula. Barcelona 1974, Tomo 1 Del marxismo cientfico al marxismo dogmtico, pp. 161-183.

[16] Lous Gill: Fundamentos y lmites del capitalismo. Trotta. Madrid 2002, p. 359.

[17] Ernest Mandel: El Capital. Cien aos de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Siglo XXI. Mxico 1985, pp. 143 y ss.

[18] Lous Gill: Fundamentos y lmites del capitalismo. Trotta. Madrid 2002, p. 554.

[19] Norman Geras: Luxemburg, Rosa. Diccionario del pensamiento marxistas. Tecnos. Madrid 1984, p. 470.

[20] Michael Lowy: La filosofa de la praxis en el pensamiento de Rosa Luxemburg. 7 de noviembre de 2014 ( https://kmarx.wordpress.com/2014/11/07/la-filosofia-de-la-praxis-en-el-pensamiento-de-rosa-luxemburg/ )

[21] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. p. 770.

[22] Bo Gustafsson: Marxismo y revisionismo. Grijalbo, Barcelona 1975, p. 152.

[23] Rosa Luxemburg: Reforma o revolucin. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 112.

[24] Nstor Kohan: Rosa Luxemburg y la reflexin marxista sobre el poder. 11 de diciembre de 2012 ( https://kmarx.wordpress.com/2013/12/11/rosa-luxemburg-y-la-reflexion-marxista-sobre-el-poder/ )

[25] Rosa Luxemburg: Reforma o revolucin. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 66.

[26] Rosa Luxemburg: Reforma o revolucin. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 89.

[27] Rosa Luxemburg: Reforma o revolucin. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 99.

[28] Rosa Luxemburg: La crisis socialista en Francia. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, pp. 132-133.

[29] Rosa Luxemburg: El socialismo y las iglesias. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 191.

[30] B. Gustafsson: Marxismo y revisionismo, Grijalbo, Barcelona 1975, pp. 34-35.

[31] Clara Zetkin, Lunes 15 de marzo de 2018 ( https://www.izquierdadiario.es/Clara-Zetkin-sobre-Rosa-Luxemburg-La-obra-de-toda-su-vida-fue-preparar-la-revolucion?id_rubrique=2653 )

[32] Rosa Luxmburg: Huelga de masas, partido y sindicatos. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, p. 214.

[33] Rosa Luxemburg: Huelga de masas, partido y sindicatos. Obras escogidas. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, pp. 256-257.

[34] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. p. 775.

[35] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. Pp. 792-793.

[36] Jacques Droz: La socialdemocracia alemana (1875-1914). Historia General del Socialismo. Destino, Barcelona 1979, Tomo 2, p. 64,

[37] Monserrat Galceran Huget: La invencin del marxismo. IEPALA, Madrid 1997, pp. 399 y ss.

[38] CCI: Cmo el socialismo alemn acab traicionando a los trabajadores. 3 de septiembre de 2014 ( https://es.internationalism.org/en/node/4041 )

[39] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. p. 846.

[40] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. P. 847.

[41] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. p. 842.

[42] Raya Dunayevskaya: Rosa Luxemburgo, la liberacin femenina y la filosofa marxista de la revolucin. Una triloga de revolucin. Prometeo Liberado. Mxico, septiembre de 2012. p. 843.

[43] M. Jhonstone: Un instrumento poltico de nuevo tipo: el partido leninista de vanguardia, Historia del marxismo, Bruguera, 1983, tomo 7, (I). pp. 447-456.

[44] David Arrabal Campos: El asesinato de Rosa Luxemburgo. 31 de enero de 2009 ( http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=1116 )

[45] Lenin: Discurso de apertura del Congreso. 2 de Marzo. Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986, Tomo 37, p. 507.

[46] Lenin: Notas de un publicita. Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986, Tomo 44, p. 440.

[47] Norman Geras: Luxemburg, Rosa. Diccionario del pensamiento marxistas. Tecnos. Madrid 1984, p. 471.

[48] Mary Alice Waters: Introduccin. Obras escogidas. Rosa Luxemburgo. Pluma, Colombia 1976, Tomo I, pp. 7-44.

[49] Stalin: Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo. Obras. Ediciones Lenguas Extranjeras. Mosc 1955. Pp. 95-96

[50] Clara Zetkin, Lunes 15 de marzo de 2018 ( https://www.izquierdadiario.es/Clara-Zetkin-sobre-Rosa-Luxemburg-La-obra-de-toda-su-vida-fue-preparar-la-revolucion?id_rubrique=2653 )

[51] Mara Jos Aubet: Rosa Luxemburg en el movimiento revolucionario y en la II Internacional: sus crticas a Lenin y a la revolucin rusa. 9 de noviembre de 2011 ( http://www.mientrastanto.org/boletin-163/notas/rosa-luxemburg-en-el-movimiento-revolucionario-y-en-la-ii-internacional-sus-critic )

[52] Rosa Luxemburg: El voto femenino y la lucha de clases. ( https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/mayo/12.htm )

[53] Andica Cakardic: Crtica de Rosa Luxemburgo del feminismo burgus y de la primera tentativa de la reproduccin social. 18 de septiembre de 2018 ( https://marxismocritico.com/2018/09/18/critica-de-rosa-luxemburgo-del-feminismo-burgues/ )

[54] Ian Angus: El origen del eslogan Socialismo o Barbarie de Rosa Luxemburg. 14 de noviembre de 2014 ( https://marxismocritico.com/2014/11/14/el-origen-del-eslogan-socialismo-o-barbarie/ )

[55] N. Bujarin-E. Preobrazhenski: ABC del comunismo, Fontamara, 1977, pp. 134-136.

[56] Marx y Engels: Manifiesto Comunista. Obras Escogidas. Progreso Mosc, 1978, Tomo I, p. 111.

[57] E. Thompson: Notas sobre el exterminismo, ltimo estadio de la civilizacin, y Rectificacin: Sobre las Notas. Comunismo. Madrid N 8 1982 y N 9 1983, respectivamente.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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