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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2019

La cara oculta de la luz

Miguel Casado
Rebelin


Cuenta Malcolm Lowry en Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, el viaje a Mxico que est en el origen de Bajo el volcn, y cmo, cuando alguien quera venderles algo, su mujer le disuada diciendo: Nosotros no somos americanos ricos, nosotros somos canadianos pobres. Y he recordado la frase, expropiacin incluida del nombre continental, ahora que relea a Margaret Atwood (Ottawa, 1939). Quiz se parece ms cada vez lo que ocurre con la literatura americana al monopolio de hecho que desde hace dcadas impone entre nosotros su cine: la proporcin entre las traducciones, el carcter de noticia que adquiere el menor movimiento de uno de los muchos nombres que se suponen fundamentales, aunque sean de palabra volandera. Y el lugar secundario que se reserva, pese a premios y reconocimientos, a figuras como Atwood, que han conseguido mantener la narrativa en un espacio casi abandonado hoy por la mayora de sus autores, crticos y lectores: el espacio del arte.

Los diarios de Susanna Moodie , libro de poemas de 1970, funda el mundo de Atwood en la extraeza: la voz de una mujer que emigr a Canad en la primera mitad del XIX abre el dilogo, que ser luego permanente, entre una normalidad, posible por el borrado de la memoria, el olvido necesario de toda raz, y una extraeza que se polariza en una lengua ajena y una naturaleza tan incontrolable como asediada. Y, en medio de ambos polos, la percepcin y la conciencia de quien, no cesando de construirse a s misma, se reconoce en el desamparo de lo real: si abrieran bien los ojos aunque fuese un instante / a estos rboles, a este extrao sol / se veran rodeados, atormentados, invadidos / por ramas, por races y zarcillos / y por la cara oscura de la luz / lo mismo que estoy yo. Y, as, cara oscura de la luz, otro de sus libros de poemas se titula Luna nueva. La percepcin y la conciencia se sienten, en esta escritura, indistintas de la lengua. Como en La novia ladrona, donde se observa a tres mujeres de conductas y personalidades estereotipadas, incluso en su intimidad misma, segn variados cdigos culturales, y una peculiar sutileza verbal va poco a poco logrando que se perfile su singularidad. O como en la retrica post-revolucionaria de un personaje de Resurgir, los jirones desgastados y colonizados de los discursos adheridos a su piel como sarna o lquenes. Es aqu el de la lengua un trabajo simultneo de extraamiento y apropiacin, capaz de desnudar la existencia y de nombrarla, como si trajera de los poemas el peso de las frases en medio de un silencio que rehsa redondearlas.

Incluso en un mundo tan excepcional y violento como el de El cuento de la criada, la dinmica que hace invisible la normalidad no cesa de hilarse: As vivamos entonces? Pero llevbamos una vida normal. Como casi todo el mundo, la mayor parte del tiempo. Todo lo que ocurre es normal. Incluso lo de ahora es normal. Y, aunque la reflexin se hace difcil en ciertas condiciones, queda la percepcin, la observacin continua y casi obsesiva, un olor que de pronto sobresalta, algo que estuvo en un mundo anterior quiz como en la memoria de los emigrantes, suspendidos entre una tierra perdida y otra no encontrada, memoria de la que esta mirada viene, ms all de la biografa. Y, as, una experiencia personal aparentemente limitada, compuesta apenas de detalles cotidianos, sin acceso a panoramas generales, es la que dibuja en El cuento de la criada una opresiva sociedad futura, Gilead (o no tan futura: escrita en 1985, sorprende reconocer, a manera de grmenes ponzoosos, tantos elementos que estn en nuestro presente), establecida en los actuales Estados Unidos, modelo de control teocrtico y proscripcin de la libertad, en la estela de Orwell. El fundamentalismo del Estado islmico o los talibanes o del cristiano tea party, el robo de nios en Argentina o Espaa, la moral formal y doble de las sociedades catlicas, algunas nuevas tecnologas, asoman avant la lettre en esta turbia sntesis. Pero, sobre todo, la forma en que se articula la opresin sobre las mujeres.

En el primer momento del golpe que impuso el nuevo estado, se cortaron sus cuentas bancarias y se las despidi de sus trabajos; la nueva sociedad se cimenta en la servidumbre de las mujeres y en un cuidadoso lavado de cerebro (que tanto recuerda al de la franquista Seccin Femenina), en su explotacin como mano de obra para los trabajos peligrosos y como mquinas para la reproduccin de la especie. La voz de Atwood es sin duda feminista y cada una de sus frases deja resonar los siglos de desigualdad; pero, ms en concreto, quiz su aportacin clave sea mostrar cmo el antagonismo hombre/mujer es el principal de los que atraviesan a la especie, transversal a los antagonismos sociales e inconmensurable con ellos. Nunca esquemtica, esta capacidad suya para situar los problemas en otro lugar del establecido resulta, entre todas sus virtudes, la ms fuerte y perturbadora.

En Resurgir, la que tengo por su novela mayor, con zonas de particular intensidad, hay numerosos focos de conflicto el nacional, con la sensacin de invasin americana en Canad, el poltico, el generacional, el que opone lo rural y lo urbano, el de la insercin o la exclusin social que resultan desplazados, vueltos del revs, cuando los horada el antagonismo de gnero, y el otro, igualmente inconmensurable, que opone civilizacin y naturaleza. El cambio de ritmo final, una aceleracin brutal e inesperada, deja a la protagonista sometida a la irrupcin de formas de conciencia que la iluminan y devastan a un tiempo: su sbita comprensin de la estructura familiar, el desplazamiento de las preguntas por la maternidad, el amor o la culpa hacia un espacio de compleja libertad y posesin de s, la opcin por una animalidad en la intemperie que su cuerpo no puede asumir se suceden con el impacto de fuerzas que deciden la vida, con un ritmo que corta la respiracin. La apertura del final no pala nada, no atena los conflictos ni las decisiones, pero hace visible una va de construccin de la conciencia y funda un espacio de resistencia que se puede compartir. Como aquella frase grabada con la ua, en el fondo del armario de la narradora de El cuento de la criada, herencia de la criada reproductora que la precedi: Nolite te bastardes carborundorum, no dejes que los bastardos te carbonicen, te consuman.

Lecturas.-

Malcolm Lowry, Oscuro como la tumba donde yace mi amigo. Traduccin de Carlos Manzano. Barcelona, Bruguera, 1981.

Margaret Atwood, Los diarios de Susanna Moodie. Traduccin de Lidia Taillefer y lvaro Garca. Valencia, Pre-Textos, 1991.

, Luna nueva. Traduccin de Luis Marigmez. Barcelona, Icaria 1999.

, El cuento de la criada. Traduccin de Elsa Mateo Blanco. Barcelona, Seix Barral, 1987.

, Resurgir. Traduccin de Ana Poljak. Barcelona, Muchnik, 1994.

, La novia ladrona. Traduccin de Jordi Mustieles. Barcelona, Ediciones B, 1996.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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