Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2019

Pueblos de Amrica
Con la paz no se juega

Javier Tolcachier
Rebelin


Este 10 de enero, el actual presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela, Nicols Maduro, asumir de pleno derecho su segundo mandato. Derecho y mandato otorgado por ms de 6 millones de venezolanos en las ltimas elecciones, en la que venci por amplio margen al ex gobernador del Estado Lara Henri Falcn, al pastor Jorge Bertucci y a Reinaldo Quijada.

En esa eleccin votaron 9.389.000 personas, representando algo ms del 46% del total del padrn electoral. Una cifra relativamente baja para Venezuela, que suele ostentar porcentajes de participacin mucho ms altos que la mayor parte de los pases de la regin. Como parmetro comparativo, en la anterior eleccin presidencial (2013), la participacin fue cercana al 80% y, si bien no es dado comparar elecciones de distinto tipo, en la legislativa (2015), con un padrn ligeramente ms grande, vot un 74%.

En 2018, los sectores de oposicin radical decidieron no presentarse denunciando irregularidades en el proceso como adelantamiento de la fecha electoral, cortedad de tiempos de campaa, conformacin parcial del Consejo Nacional Electoral, no participacin de misiones electorales independientes (sin duda en referencia a la OEA, organismo financiado en un 60% por EEUU), la existencia de inhabilitaciones formales y de acceso igualitario a los medios de comunicacin pblicos y privados. Llamaron a la abstencin y al boycott electoral.

De haber sido as, en realidad, nada hay en estas quejas que no suceda habitualmente en las democracias capitalistas, en las que la derecha y los partidos conservadores siempre llevan la ventaja. Cuentan con medios exclusivos y hegemnicos, requisitos electorales que benefician a los partidos que representan al poder establecido, autoridades electorales afines y un aparato de propaganda electorera millonario, junto a tcnicas clientelares y extorsivas que sofocan toda voluntad democrtica. As que, a qu la queja?. O mejor dicho, por qu no se usa la misma vara para unos y otros?

Sin embargo, lo que la oposicin venezolana nunca dijo entre sus denuncias de falta de democracia- es que ella misma viene generando acciones golpistas desde el mismo 2 de Febrero de 1999, en la que Hugo Chvez Fras asumi su primer mandato presidencial. Que esos mismos sectores impulsaron el paro petrolero y el golpe de 2002, que fueron los que no reconocieron el resultado electoral en 2013. Que motorizaron la campaa La Salida (2014), cuyo nombre indica a las claras su objetivo antidemocrtico.

Que con el mismo fin se propusieron bloquear medidas estratgicas de gobierno a partir de su mayora en la Asamblea Nacional y alentaron de manera cmplice las guarimbas de 2017, las que fallaron en su propsito una vez ms golpista de incitar una insurreccin popular.

Lo que la oposicin nunca denunci fueron los intentos golpistas de minsculos grupos armados contra instalaciones del Estado o las intrigas de militares sediciosos, ni tampoco rechaz con la firmeza necesaria el magnicidio frustrado contra el primer mandatario legtimo de la nacin. Lejos de ello, pusieron en duda el hecho, llamaron a intervenir Venezuela, convocaron repetidamente a la agresin abierta contra la propia nacin y su poblacin.

Lo que la misma oposicin calla, en conjunto con los pases gobernados por la derecha y agrupados en el Grupo de Lima, es que la eleccin -como lo seal horas despus del evento la corresponsal de Pressenza Rosi Bar- se produjo en el contexto de una hiperinflacin inducida por el dlar paralelo, con un escandaloso remarque diario de precios que vuelve sal y agua el salario, un bloqueo econmico que impide el arribo de alimentos y medicinas y genera desabastecimiento y hambre en los ms vulnerables; Acaparamiento y contrabando de productos subsidiados con la intencin de generar descontento y malestar cotidiano en la poblacin; Contrabando de gasolina y dinero en efectivo hacia Colombia; Sabotaje descarado apoyado y aupado por el gobierno vecino. Y como si todo eso no fuera suficiente, con un paro de transporte el da de la votacin.

Lo que el cartel de medios privados mundiales nunca declar, es su absoluta responsabilidad en la demonizacin de gobierno de Nicols Maduro, con miles de notas insidiosas y concertadas en las que no se mencionaron las conquistas sociales, las mejoras en la salud, la educacin o la vivienda. Titulares que nunca comentaron la propuesta chavista de desconcentrar el poder, empoderando la organizacin popular en miles de comunas. Informacin parcial, que jams incluy como variable de anlisis la dignidad adquirida por el pueblo llano en tiempos de revolucin, pueblo que fue vejado durante ms 40 aos por un pacto entre partidos de la lite, que les permitieron gobernar alternativamente sin visos de democracia alguna.

Lo que la oposicin no dice, ni dir, es que ms all de las contradicciones evidentes y hasta lgicas que produce toda revolucin, su accionar ha sido monitoreado y maniobrado por agencias extranjeras, por intereses injerencistas, que no tienen que ver con los intereses de la poblacin venezolana, que comenz a tomar conciencia de su propia fuerza y sus derechos inalienables gracias al empuje del chavismo.

La democracia venezolana ha atravesado en 20 aos 23 procesos electorales, incluyendo revocatorias de mandato, elecciones de Asamblea Constituyente, municipales, regionales, legislativas y presidenciales. Con errores y aciertos ha demostrado ser fiel a la voluntad popular. Para erigirse en fiscal o juez de sus bondades o carencias, habra que contar con credenciales con las que el sistema democrtico hoy, como puede verse, no cuenta.

Lo que s nos compete y con urgencia, es alertar sobre el riesgo que corre la paz en nuestra regin y la responsabilidad de cada uno de salvaguardarla.

Los peligros que corremos

Es innegable el avance de la derecha poltica, del macartismo y los discursos de intolerancia y odio. No se puede ocultar que, entre los principales crticos del gobierno de Venezuela se encuentran exponentes de la violencia descarnada como el militarismo al acecho en el gobierno electo de Brasil o el paramilitarismo latente en la real gobernanza de la administracin Duque en Colombia. Se encuentran entre stos, gobiernos en crisis como el de Guyana, cuyo primer ministro ha sido recientemente removido por la prdida de confianza de su parlamento o gobiernos con pronstico de inestabilidad como el de Vizcarra en Per, inmerso en una estructural podredumbre institucional. Gobiernos en bancarrota como el de Macri en Argentina. Gobiernos como el de Honduras o el de Guatemala, cuya legitimidad es cuestionada abiertamente por amplios sectores del pueblo e incluso por instancias internacionales. Gobiernos notoriamente ligados a tradiciones autoritarias y represivas como los de Chile y de Paraguay. Difcilmente cabra a cualquiera de ellos el ttulo de paladines de la democracia. Mucho menos, el derecho a sumarse a la inquisicin de otros gobernantes antes de limpiar las toneladas de paja en el ojo propio.

Pero sobre todo ello, el sello que lleva esta ofensiva contra los gobiernos de izquierda de la regin, es el inters estadounidense de desterrar a la competencia china de Amrica Latina y el Caribe, de barrer con todo bloque de integracin regional e internacional que se oponga a su irracional apetencia imperial, adems de disponer a sus anchas de una enorme riqueza de recursos, que le permita recuperar terreno en la esfera econmica y geopoltica.

La Revolucin Bolivariana en Venezuela ha sido precursora de la soberana y la cooperacin intraregional. Ha desafiado junto a otros gobiernos de izquierda y progresistas al colonialismo de la OEA. Eso ha desatado una virulenta reaccin destructiva por parte del Occidente neocolonial de EEUU y Europa.

El propsito de esta reaccin no ha sido en absoluto respetuoso de procedimientos democrticos, salvo cuando stos los beneficiaban. Por el contrario, la regla ha sido infringir la legalidad, manipulando mediticamente la opinin pblica, persiguiendo y marginando opositores, financiando actores afines, convalidando elecciones fraudulentas, promoviendo activamente cambios de gobierno e invadiendo naciones independientes, como ha quedado demostrado a lo largo de toda la historia regional y mundial.

Desde esa perspectiva se ha ido asfixiando al pueblo venezolano, creando un cerco diplomtico, meditico, econmico y militar, para debilitar el apoyo popular y de las fuerzas armadas al gobierno bolivariano.

Pese a que todo esto ha alcanzado proporciones muy serias, no ha logrado desestabilizar a un amplio ncleo revolucionario, que reclama transformaciones y autocrtica, pero sigue apostando por un camino que permita profundizar las conquistas alcanzadas y retomar la senda de un mayor empoderamiento popular y consiguiente descentralizacin del poder.

Sin embargo, la actual configuracin de fuerzas polticas en la regin, la desesperacin opositora, la avidez estadounidense y cierto cansancio en parte de la poblacin por las circunstancias econmicas adversas, podran derivar en el peor escenario: escaramuzas de bandera falsa o accin mercenaria en zonas fronterizas que encendieran la chispa de un incendio difcil de apagar.

Prevenir la guerra en Amrica Latina y el Caribe

Cualquier conflicto armado en Venezuela devendra en guerra civil con incontables muertos, heridos, mutilados, la paralizacin econmica y la destruccin extendida de infraestructura.

Cualquier escenario armado en Venezuela desplazara a millones de personas, generando una correntada enorme de refugiados hacia otros pases de la regin. Cualquier enfrentamiento de esta clase provocara la catstrofe humanitaria que tanto invocan los irresponsables, que a salvo se saben en tierras extranjeras, si lo peor se desatara.

Una confrontacin blica en Amrica Latina fortalecera en todos los pases el nacionalismo y la intolerancia, producira un aumento automtico en los presupuestos y en el protagonismo militar, reduciendo an ms las posibilidades de desarrollo y de democracia. Los beneficiarios sera los mercaderes de la muerte, los fabricantes de armas y de ningn modo los pueblos.

La guerra oscurecera los conflictos sociales, dirigiendo la mirada a una confrontacin ficticia entre hermanos, beneficiando as al poder establecido.

La explosin de un evento armado desatara una peligrosa polarizacin, con la sumatoria en bandos de fuerzas aliadas, lo cual desembocara en un conflicto internacional cuya extensin es difcil de calcular. Cada estallido, en la situacin actual de intemperancia y competencia en el tablero mundial, puede escalar y producir un domin de dimensiones globales.

La derivacin de un acontecimiento tan fatdico sera el inmediato recorte de toda libertad personal y el ejercicio brutal de la violencia. Eso es lo que se est fomentando al promover la agresin, ms all de toda retrica argumental y toda declaracin hipcrita.

Cualquiera fuese el supuesto vencedor de tan mortfera contienda, el resultado sera un aumento del resentimiento, la desunin y la imposibilidad de construir bienestar social. Las guerras no traen ganadores ni democracia, slo pobreza, hambre, dependencia y deseos de venganza.

Hace falta abundar ms? S, pero en el dilogo, en el esclarecimiento, en la concertacin, en la resolucin pacfica de conflictos, en la convergencia de la diversidad, en propuestas que conlleven creacin y no destruccin. Es necesario abundar en la superacin de la injusticia, la desigualdad, la discriminacin y toda forma de violencia. Hace falta abundar desde todos los pueblos de Amrica, latina, caribea y tambin desde los pueblos del Norte, en la irrestricta defensa de la Paz. A eso estamos llamados. De eso somos responsables.

Javier Tolcachier es investigador del Centro de Estudios Humanistas de Crdoba y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter