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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2019

El ltimo juicio poltico

David Fernndez
La Directa


A Mariano Ferrer


Aviso a navegantes de la solidaridad, en tiempos de excepcin y bajo tempestades represivas, el ltimo macrojuicio poltico en el Estado espaol dur casi 18 meses, comenz en noviembre de 2005 y acab con condenas de 525 aos de prisin impuestas por la Audiencia Nacional contra 47 persones. Espejo retrovisor: en el banquillo de los acusados se sentaba la izquierda independentista vasca, poltica, civil y social, y lo que se conden fue la lucha poltica por la independencia. Y no, ni en las acusaciones fiscales ni en los hechos considerados probados no se hablaba ni de explosivos, ni de coches bomba ni de detonadores. Y s, se hablaba de movimiento popular, de diarios y revistas, de asociaciones y fundaciones. Incluso paradojas blicas de Baltasar Garzn se hablaba de desobediencia civil no violenta al servicio de ETA.

Concurra entonces la perversin de la criminalizacin colectiva del todo-es-ETA y, finalmente, desde la cocina de los aparatos policiales y judiciales, la sentencia ratific aquella tesis nacida en las profundidades del Estado. La traduccin poltica de aquella acometida judicial dio pie a ms de 239 aos de crcel contra 38 persones el Supremo rebaj algunas penas y al apartheid electoral sin el cual Patxi Lpez jams habra ganado las elecciones. (Parntesis para los inquisidores ciegos de hoy: habr que recordarles que cuando aquella izquierda vasca ilegalizada pudo volver a las urnas, lo hizo recogiendo el 25 % de los votos en las elecciones municipales de 2011, convertida en primera fuerza poltica vasca en nmero de concejales y concejalas).

De todo esto no hace tanto como para olvidarse a la ligera de toda la artillera represiva de la que dispone el Estado. De aquel juicio, del macrosumario 18/98, apenas han pasado diez aos, anteayer en trminos histricos. Ha pasado mucho menos todava si consideramos que el ltimo preso de aquel juicio recuper la libertad el ao pasado, el 4 de enero de 2018, tras pasar 11 aos en prisin. Es decir, hace justo un ao tras una represin programada, de larga duracin y en formato venganza. Qu ms da que el inventor del artefacto todo-es-ETA (Garzn) acabara desdicindose del invento aos despus: los efectos expansivos no se detuvieron nunca. Desde entonces, est claro y es bien sabido, y tras la deriva contra derechos y libertades que tanto ha costado conquistar y que tan poco cuesta ir desmontando, ha habido otras muchas causas polticas represivas. La lista extenuante agota: de Nria Prtulas a los 11 del Raval, de los indignados del Parlament a la Operacin Pandora, de los jvenes de Altsasu a Adri y Tamara Carrasco.

Pero si escarbo incesantemente en la memoria para recuperar los turbios compases de aquel juicio poltico de excepcin, mezcla gris de macartismo trasnochado e inquisicin hispnica, no es tanto similitudes y diferencias con este 2019 en que se procesan las urnas del 1-O por cmo fue todo que fue de la peor manera, sino por cmo acab. De cmo se desarroll kafkianamente queda esta seleccin de perlas elaborada por Vilaweb,[1] uno de los pocos medios que lo explic; el categrico testimonio demoledor de los observadores internacionales creamos que venamos a un juicio sin pruebas y nos hemos encontrado con un juicio sin delito o el menosprecio al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a viva voz y en medio de la sala, protagonizado por la magistrada ngela Murillo, que presida la vista oral: Con independencia de lo que diga el Tribunal de Estrasburgo, este tribunal dice que no le interesa. (Segundo parntesis: nicamente los acusados de desobediencia civil fueron absueltos finalmente por el Tribunal Supremo; quedaron absueltos exactamente nueve aos despus de su detencin cuando el proceso es el castigo, la condena haba sido de nueve aos, y nueve aos estuvieron esperando; la absolucin del Supremo uno de los ponentes era Jos Manuel Maza dice ya en 2009: La desobediencia civil puede ser concebida como un mtodo legtimo de disidencia frente al Estado, debiendo ser admitida tal forma de pensamiento e ideologa en el seno de una sociedad democrtica).

De aquel juicio, August Gil Matamala dijo premonitoriamente y en profeca autocumplida: Primero se inventaron la figura del terrorista desarmado y pronto se sacarn de la manga la figura del terrorista pacfico. Estamos ah: Jordi Cuixart, Jordi Snchez. Sin embargo, de cmo acabo todo es muy recomendable centrarse en la otra sentencia, la menos escuchada y la que naci de las resistencias en la calle. En el enrevesado ciclo vasco del momento, la experiencia solidaria de la Plataforma 18/98 consigui sumar y posicionar a la mayora social vasca contra aquel juicio enloquecido contra derechos civiles y polticos. Y el 20 de diciembre de 2007, la rueda de prensa de valoracin de las elevadsimas condenas impuestas por la Audiencia Nacional se convirti en un brutal y lcido ejercicio de reflexin social y poltica protagonizado por el veterano periodista Mariano Ferrer. Una intervencin colosal que todava resuena y que todava dura. Y que los buenos compaeros de Viento Sur tienen a bien mantener an en su hemeroteca.[2] Vale mucho la pena releerla entera aprendizajes y lecciones y autodefensas de ayer para hoy y para maana ante el juicio inminente que vendr y que busca, antes de comenzar, un castigo ejemplarizante que paralice, bloquee y perdure.

Ante la siniestra Razn de Estado que destroza toda razn, la voz libre del admirado Mariano Ferrer se alza todava, entre la lucidez y la impotencia, y todava nos susurra: construccin jurdica de un estado de excepcin sin declarar; los imputados han sufrido a modo de castigo anticipado, anterior a la sentencia, un autntico calvario vital; tenamos tres razones de peso para solidarizarnos: una, que era una buena causa, porque estas personas no deban ser sometidas a un juicio bajo la legislacin antiterrorista, porque su actividad incriminada deba entenderse como el ejercicio legtimo de sus derechos civiles y polticos y porque, si haban de ser juzgados, que lo fueran con las garantas que corresponden a ciudadanos de un Estado de Derecho; la segunda, que al defenderles nos defendamos a nosotros y a toda la sociedad (en cuanto sociedad democrtica); la tercera, que ramos conscientes de que al unirnos a esta causa nos unamos a una buena causa global, la que trata de proteger la herencia de la ilustracin y de los derechos del hombre de la embestida desencadenada contra ellos por la reaccin al 11-S de las torres gemelas.

Mariano Ferrer dijo ms cosas, muchas ms, hasta decirlo todo: Lo tuvimos claro, no podamos guardar silencio; pronto veremos que los policas escribirn directamente la sentencia; se le notaba al fiscal que no necesitaba probar su acusacin, eran los acusados quienes se vean en la necesidad de probar su inocencia; el Derecho no es el ejercicio de la Justicia, sino del poder que lo redacta. Inclua preguntas que todava no tienen respuestas: cunto tiempo y cunto esfuerzo harn falta para reconstruir la razn democrtica?, y citaba a Thomas Paine: Quien quiera salvaguardar su libertad tendr que proteger de la arbitrariedad incluso a sus enemigos, o se establecer un precedente que se volver tambin contra l.

El riesgo de la impotencia tambin asom: La sentencia sita a la Plataforma 18/98 ante sus propias limitaciones; agradecemos, de corazn, la respuesta obtenida. Demuestra que muchos han entendido que no era problema de otros, que es tambin su problema, pero ni alardearemos de los apoyos recibidos, ni vamos a llorar por los que nos han sido negados. Esta Plataforma aspiraba sin duda a llegar a ms gente, a lograr compromisos ms fuertes, pero en este pas ha sufrido y sufre mucha gente, demasiada, y respetamos el derecho de todos a administrar su solidaridad. Nosotros reconocemos nuestro lmite: nuestra denuncia solidaria ha sido insuficiente para detener este atropello.

Y concluy: No nos engaemos: el problema de fondo que se manifiesta en este despropsito judicial no se resuelve ante los Tribunales. Estamos ante un problema poltico cuya solucin tiene que ser poltica. Es el momento de subir el nivel de exigencia []. Con esta sentencia del 18/98 se redefinen los lmites de la libertad. La libertad de los condenados, por supuesto, pero no solo la de ellos. Ahora bien, no es nicamente el Tribunal el que define esos lmites. Nuestra respuesta ante la arbitrariedad es determinante. As, no es solo que la justicia arbitraria que ha producido esta sentencia sea mala en s misma, es que para ser efectiva requiere nuestra complicidad, pues esta justicia perversa nos invita a compartir su labor inquisidora, nos invita a que cada uno de nosotros haga su propia lista de justos y pecadores. Y si aceptamos que la pregunta que salva al acusado de ser condenado no es qu ha hecho?, sino qu piensa o quin es, nos convertimos en inquisidores, voluntarios de fila cero de la Audiencia Nacional. Nos situamos, en fin, en el lmite de la caza de brujas en que lo humano nos resulta ajeno.

De aquella rueda de prensa acaban de cumplirse once aos el pasado diciembre. Estas lneas parecen escritas anoche, parecen escritas hoy, parecen escritas maana. Pero en las entrelneas resistentes de aquella reflexin, entre la sal y la herida, Mariano Ferrer tambin aadi: Hacemos nuestra una frase, dicha en otro contexto, pero vlida en este: aunque nos rompan los instrumentos, hay que seguir con la msica. Y hace falta seguir: para no tener que decir nunca que no hicimos to lo posible por evitarlo.

Notas:

[1] Vase https://www.youtube.com/watch?v=GSjw0c5nyLw

[2] Vase https://vientosur.info/spip.php?article526

Fuente: https://directa.cat/el-darrer-judici-politic/

Traduccin: viento sur



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