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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2019

Otra mirada sobre la poesa de Juan Gelman

Mario Goloboff
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Para llegar a lo que es hoy, a cinco aos de su fallecimiento, una obra inmensa en la que hablan, y escriben, como en un extendido palimpsesto, mltiples voces soterradas, superpuestas, argentinas, americanas y mundiales, el primer libro de poemas que publicaba Juan Gelman, Violn y otras cuestiones (1956), tena que ser, necesariamente, de continuidad (algo secreta y hasta inconsciente) y de ruptura: lo primero, con la gran poesa latinoamericana, encabezada por Csar Vallejo y por Pablo Neruda (y, antes, por Jos Mart y por Rubn Daro); lo segundo, hacia un costado de la diferencia, con la torre de marfil y las poticas de espaldas a la sociedad; hacia el otro, con las polticas del realismo ingenuo, la denuncia expresa, la versificacin masiva y hueca; el cantar, deca Nikola Vaptzarov, vocinglero y entusiasta.

Ral Gonzlez Tun lo saluda, en un prlogo fraternal, donde afirma, militante y proftico (retomando un epgrafe de Shelley), que los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo; lo elogia por su contenido principalmente social, por sus saludables vientos de afirmacin civil, y le transmite, implcito, el legado de no cesar en la poesa poltica, aunque integrndose con las grandes voces del arte, de la literatura universal. Violn y otras cuestiones es un libro primero, juvenil y, al mismo tiempo, maduro: recoge aquel mandato, pero comienza a elaborar el lenguaje personal que lo distinguir despus. Empiezan a ingresar, sujetas a una modulacin particularmente afectiva, las voces diversas, colectivas, de lengua e identidad confusas, impuras, en las que hablan lo bajo, lo marginal, el loco, el nio (Corazn de madera, ojo pintado, / gira el caballo de la calesita), el inmigrante (con los dedos del hambre en la mejilla), el expulsado. En el mtico sello de Manuel Gleizer, el libro fue el primero en publicarse a instancias de El pan duro, grupo que vio la luz en 1955 con una lectura de poemas en el teatro La Mscara (y que integraron Juana Bignozzi, Hugo Ditaranto, Guillermo Harispe, Rosario Mase, Hctor Negro), proponindose, con palabras del propio Gelman, la poesa como actitud, la poesa en contradiccin con un mundo que, por su propia esencia, niega toda poesa. Y entendendo la vanguardia, habida cuenta de la entrada e influencia tempranas del Surrealismo en nuestra batalla cultural, como aventura permanente del espritu /.../ no injertacin de lo externo traducido de lo nuevo.

Siguieron El juego en que andamos (1959), Velorio del solo (1961) y Gotn (1962), una poesa de sesgo intimista sumada a lo que en otras pocas daba en llamarse realismo crtico. Su potica se afianza y se matiza a lo largo del tiempo, ya en las apcrifas traducciones de Clera buey (1971) (Traducciones I. Los poemas de John Wendell (1965-68), Traducciones II. Los poemas de Yamanokuchi Ando (1968)) o en Traducciones III. Los poemas de Sidney West (1969) (falsa evocacin de la Spoon River Anthology, de Edgar Lee Masters, y Les chants de Maldoror, de Lautramont), ya en el dilogo con los textos, urdido, enriquecido, siempre ficticio, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jess, los grandes msticos espaoles, los alemanes Eckhardt, Hildegarde de Bingen u holandeses, y con los autores de tangos que son verdaderos msticos argentinos. Ya en los textos que va publicando a partir de 1979, dedicados al tema de la represin dictatorial, los asesinados y desaparecidos, especialmente Notas y Carta abierta, en Si dulcemente (1980), citas y comentarios (1982), La junta luz (1985), Carta a mi madre (1989).

Esta enorme tarea literaria parece perseguir la conjuncin de valores de otras culturas con la nuestra o, mejor, una re-culturacin, muy latinoamericana y argentina, de expresiones externas, y una lengua que combine (como el habla argentina) la mezcla de lenguajes, sus impurezas (lo a-gramatical, lo a-morfolgico, lo impuntuado, el desorden), propias de sociedades cosmopolitas, as como sus mezclas, la transgresin de los gneros: ...pertenezco a la gran patria de la lengua castellana -declar-, a su visin, su sonido, sus silencios, sus continentes y sus islas, sus maneras de estallar en el odio y el amor. Todos nosotros somos hablados por esa lengua, y lo extraordinario es que otras lenguas, las lenguas del exilio, desembocan en el gran ro del idioma de los argentinos, ensanchndolo, sumndole camalotes que descienden del Po, del Dniper, o del Vstula, cambiando el color de sus aguas con limos que la lengua arrastra y deposita en la profundidad de su aventura, una aventura que nunca acabar. Buscaba en las fuentes del idioma las autnticas versiones del espaol perdido, no solo el del siglo XVI sino ms all, en la poesa judeo sefarad, donde, como afirmaba, se encuentra ese castellano en estado naciente y las palabras conservan un candor como intocado, o tal vez nos parece ahora despus de tantos siglos.

Sus ltimos libros (Valer la pena, Pas que fue ser, Mundar) ahondan en una poesa ms abstracta y conceptual, donde la figura del poeta va tornndose transparente, atravesada, casi sin rozarla, por la luz; verso en el cual se es hablado o se es escrito: Al fondo, / el ser que es haber sido lee / lo que el tiempo escribi. Se trata de una suerte de coronacin, de trabajo sobre un depsito geolgico. l mismo sostena que la poesa es lenguaje calcinado, y algunas veces sus metforas, cuando hablaba de la tarea potica, han sido materiales, arcillosas, correntosas, minerales.

Tal vez a esta suma convenga poco la expresin tan acudida de la intertextualidad. Las imgenes del depsito, del aluvin, la idea de lo que est debajo de la lengua, corresponden ms bien a algo ligado al palimpsesto, textos escritos sobre una escritura anterior, borrada, pero de la que quedan huellas, y donde lo que se ve prevalece, aunque no oculta totalmente lo primero: dibaxu (1994), se titula coincidentemente uno de los libros donde da forma potica a tales ideas. Recupera aqu una vieja tcnica de los poetas hebreos del siglo XIII del Al-Andalus y a la vez el aluvin de citas y alusiones deja de ser efecto para convertirse en la sustancia misma del poema.... Y, por otra parte, porque esa herencia recuperada, esos orgenes siempre actualizados, esas huellas presentes, ocultas y mostradas, van convirtiendo el obrar potico con la lengua en un trabajo, ya no de individuos aislados sino colectivo y, a lo largo de un muy largo tiempo, de pueblos y naciones.

Mario Goloboff: Escritor, docente universitario.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar

 


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