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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2019

Contra la megaminera, el pueblo iluminado

Balbino Labrego
El Salto

Surge poco a poco, sin hacer ruido, pero cuando una minera pone el pie en tu municipio, ya no hay vuelta atrs. O ests con ellos o ests contra ellos.


Touro manifestacin opinin

  PABLO SANTIAGO 

 

La amenaza de la minera en un pueblo no surge de un da para otro, es un mal que va germinando poco a poco, silenciosamente. Mucho antes de que el boletn oficial de turno anuncie el inicio de la fase de informacin pblica de un proyecto de explotacin, las empresas promotoras ya llevan mucho andado.

Normalmente todo comienza con una pequea empresa local, que se hace con la concesin de los derechos mineros y, con ello, tambin con la complicidad y favores de los gobiernos locales y autonmico. En muchos casos, podra decirse que el gobierno municipal llega la convertirse en una corporatocracia, en la que quien ostenta el poder, los alcaldes y concejales, toman decisiones favorables a determinadas corporaciones en detrimento del pueblo. Estos gobiernos, normalmente regidos por alcaldes con poca formacin y an menos escrpulos, van sucumbiendo a los encantos de la minera, que les vende humo a precio de oro, o el metal que se precie segn el yacimiento objeto de explotacin. Y, a medida que estas empresas aumentan su control sobre la toma de decisiones en los municipios en los que pretenden instalarse, las administraciones sern menos capaces de resistirlas y defender a sus propios ciudadanos.

Cuando la pequea empresa ya est asentada es cuando empieza a trabajar en el nuevo proyecto de explotacin, para lo cual se aliar con una multinacional con ms experiencia en el sector y, sobre todo, con ms solvencia financiera. Juntas crearn una nueva empresa, que no har mucho ruido hasta que el proyecto sea pblico, normalmente cuando la mayora de la gente est de vacaciones, con agostosidad probablemente.

Lo primero que intentan estas compaas en cuanto sale a la luz el proyecto de explotacin minera es buscar la licencia social, la aprobacin de la comunidad local, y para eso emplearn todo tipo de estrategias, en las que no escatimarn recursos econmicos. Desde charlas informativas en las que tratarn de vender el proyecto como la nica y gran oportunidad de crecimiento del entorno, que generar cientos de empleos directos y seguramente miles indirectos, no sin antes convencer al vecindario de que el suyo es un ayuntamiento en declive, y ellos estn aqu para venir a salvarlos de la ms absoluta miseria.

Primero ofrecen empleo local en la empresa concesionaria o en otras afines, y as van allanando el terreno, embaucando a una parte de la poblacin, a la que adems amenazarn con posibles despidos por una supuesta falta de trabajo si la mina no consigue la autorizacin para operar.

Pero las empresas de este tipo, aunque lo intenten, no pueden comprarlo todo. No pueden comprar las voluntades de las vecinas y vecinos afectados por sus proyectos extractivos, que se vern en el deber de organizarse para defender lo suyo, las tierras, el medio, el agua, sus modos de vida, totalmente incompatibles con la minera especulativa y txica, en todos los sentidos de la palabra. As surgen estas plataformas vecinales, que en los siguientes meses o aos en el peor de los casos se tendrn que enfrentar ineludiblemente a las tretas de la minera para salirse con la suya.

Ahora ya no hay vuelta atrs, ya hay dos pesos en la balanza: de un lado la minera, junto con la corporacin municipal a la que domina y los empleados de la misma que ya no tienen eleccin, y del otro el resto del vecindario organizado para tratar de impedir que la empresa consiga explotar la mina.

Pero hay un elemento ms, la Administracin que decide sobre el proyecto; en qu lado se posiciona?, a quin debe defender primeramente? La respuesta puede parecer tan sencilla como decir que la Administracin debe seguir la ley, ms la realidad parece ser muy distinta en la mayor parte de los casos. No es inusual que los departamentos de Minas o Medio Ambiente miren para otro lado cuando reciben quejas sobre las sospechosas actividades de estas empresas, o que pongan mil y una trabas administrativas a los afectados por la posible futura explotacin a la hora de acceder a determinada informacin sobre el expediente.

Cuanto mayor sea la fuerza social que consigan las organizaciones ciudadanas, ms agresiva ser la campaa de lavado de imagen de la promotora. Primero intentarn desacreditar a sus opositores, tratando de vincular en todo momento su postura contraria a la mina a cuestiones ideolgicas y partidistas. Los tacharn de iluminados, agitadores profesionales, ecoloxetas, alborotadores y todo lo que se les vaya ocurriendo. Pero normalmente esa campaa de desprestigio no les es suficiente, pues esos grupos sociales, aun sin ser expertos en el mbito de la minera o del medio ambiente, no tienen ms remedio que trabajar a destajo para proteger sus propias vidas ante la amenaza de la minera destructiva. Es por eso que la empresa intentar venderse como una industria sostenible, respetuosa con el medio y con el resto de actividades econmicas, y para eso necesitan la complicidad de grandes medios de comunicacin, a los que no dudarn en pagarles caras publirreportajes a doble pgina en los que contar las bondades de sus planes para la comunidad.

Algo habitual en estas campaas de las mineras es la contratacin de personas estratgicas, conseguidores de voluntades y de la tan ansiada licencia social. As, no es raro que formen parte de su plantilla concejales de un partido favorable al proyecto o presidentes de alguna asociacin influyente en el entorno.

La empresa nunca tratar de mejorar el proyecto presentado ante la Administracin, pues tiene muy calculado cul es la forma ms barata de conseguir los mayores beneficios posibles, y cualquier adaptacin a la legalidad o al menor dao a las personas y al medio ambiente le supondr perder ganancia, que es lo nico que busca. Las inversiones que har antes de conseguir el s de la Administracin sern solamente para hacerse con el mximo apoyo popular posible. Como mucho presentarn informes firmados por tcnicos con cierto renombre, seguramente del mbito universitario, que siempre parece dar cierto cach a cualquier estudio tcnico.

Pero las multinacionales mineras tienen la billetera grande y la conciencia pequea, y todo les parece poco en su afn por conseguir el vil metal, por lo que no escatimarn en gastos y organizarn visitas guiadas de todo tipo al yacimiento, sobre todo de escolares, a quienes puedan hacer ver que toda la labor que realizan es ejemplar y respetuoso con el medio. Y si en la zona hay algn club deportivo con cierta categora no han tardar en intentar patrocinarlo, ofrecindole una suculenta cifra de dinero que de otro modo les sera muy difcil de conseguir, y cada vez que ese equipo salga al terreno de juego lucir el flamante nombre de la empresa en la camiseta, y as se vender como una gran entidad que apoya y fomenta la vida saludable y los valores deportivos. Cualquier cosa sirve para comprar sociedad.

Hasta dnde estn dispuestas a llegar estas empresas con la especulacin minera? Tienen lmite sus intentos de manipulacin? Por qu los gobiernos permiten que estas entidades los manejen a su antojo? A cambio de qu?

Sin duda, una vez que una minera pone el pie en tu municipio, ya no hay vuelta atrs, o ests con ellos o ests contra ellos, lo que viene siendo contra la destruccin, contra la contaminacin, contra la explotacin de tus recursos y de tu modo de vida, contra el dao a la salud. Si ves la minera llegar preprate, porque te va a tocar luchar.

Balbino Labrego, activista contra el proyecto minero de Touro-O Pino

Artculo original publicado en O Salto Galiza .

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/mineria/touro-megamineria-pueblo-iluminado



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