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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2019

Qu tiene que ocurrir para que la tendencia feminista se revierta en Espaa?
La tendencia y la normalidad: la vuelta del machismo

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Primera pregunta: cmo se ha podido generar en un sector no desdeable de la poblacin espaola la ilusin de que el feminismo hace las leyes, controla a los jueces, manipula las estadsticas, reprime o persigue a los hombres, ideologiza a las mujeres e impone una especie de totalitarismo polticamente correcto -y ello en el momento en que ms avances se han hecho, y ms prometedores, en el camino de la igualdad de gnero?

Segunda pregunta: cmo se ha podido generar en otro sector social no desdeable la ilusin contraria de que, frente al machismo estructural, el feminismo ha conquistado las calles, convencido a las mayoras, asentado un consenso discursivo hegemnico y cruzado un umbral de cambio sin retorno que asegura la liberacin planetaria -y ello en el momento en que Europa entera se desplaza hacia la ultraderecha y Espaa, segn las encuestas, vira muy deprisa hacia una mayora absoluta de la trinidad PP/Cs/Vox?

Creo que estas preguntas, y sus respuestas, son inseparables. La primera est incluida en la segunda y viceversa. Por qu el neomachismo reflota arrastrando consigo a personas y grupos que hasta ahora aceptaban la normalidad feminista, estaban dispuestas a un esfuerzo pedaggico o repriman al menos -con ms o menos empeo y ms o menos conciencia- sus prejuicios y atavismos? Al contrario de lo que pretende la visin militante ms panglossiana, no se trata, en mi opinin, de una reaccin dialctica que vendra en realidad a demostrar nuestros progresos; demuestra ms bien hasta qu punto los progresos ms speramente conquistados pueden retroceder en pocos minutos.

Lo normal, tras varios milenios de patriarcado, es ser machista; y si es verdad que una combinacin de luchas histricas y feliz laicismo antropolgico han generado en nuestro pas una tendencia esperanzadora, no es menos cierto que, porque lo normal es ser machista, esa tendencia cubre un magma cuntico, potencialmente descarriado, compuesto sobre todo de indiferencia, conformismo e inhibicin. Ello sin olvidar las dinmicas intrnsecas a las tendencias; la ventaja de generar una es que toda tendencia se acompaa siempre, por su propio impulso interno, de una especie de inercia estadstica que suma unidades por contigidad, pero que las pierde de la misma manera, y a velocidad superior, en el mismo momento en que esa tendencia se invierte. Toda tendencia, por as decirlo, tiene vocacin de mayora; y por eso es tan importante cuidarlas y protegerlas: porque en todo cambio de tendencia est siempre presente la posibilidad de un vuelco mayoritario, y tanto ms si la tendencia de pronto frenada se ha activado trabajosamente contra la historia misma. En pocas palabras: el momento en el que todo el mundo quiere ser feminista es ms engaoso que el momento en el que todo el mundo vuelve a ser machista. Por eso es fundamental saber aprovechar el momento del engao, con cuidado maternal y pedagoga textil, para consolidarlo como realidad social irreversible.

Qu tiene que ocurrir para que la tendencia feminista se revierta en Espaa? Tres cosas.

La primera es que la experiencia de la complejidad -econmica, laboral, ecolgica, moral- apabulle materialmente a mucha gente, encerrada en mrgenes de maniobra vital y mental cada vez ms estrechos: la desorientacin -de la que hablaba hace unos das Jos Luis Villacaas en un excelente artculo induce la bsqueda de orientes firmes y concretos, todos los cuales estn siempre en el pasado.

La segunda es que clases intelectuales y dirigentes polticos autoricen desde la esfera pblica a decir sin complejos lo que todo el mundo piensa; e incluso alimenten la idea de que esta vuelta al pasado -a los orientes concretos y firmes- es una expresin de rebelda transformadora. Por eso, tan importante es defender la incorreccin poltica en el arte, el sexo y la escritura como exigir correccin poltica a las instituciones. Todas estas reversiones histricas comienzan cuando un seor normal, a veces bajito y con bigote, se sube a un plpito pblico y le dice a la gente normal: sed vosotros mismos. Hace unos das Sonia Guajajara, lder indgena brasilea, recordaba este desplazamiento del eje discursivo en Brasil: muchas personas, dice, mantenan el odio dentro del armario, repriman su racismo y su fascismo, pero ahora esos discursos resultan avalados por la autoridad mxima del pas, que incita al odio y a la violencia. Hace falta siempre un discurso pblico autorizado para que muchos hombres y mujeres que quieren ser feministas -tarea bastante fatigosa- quieran de pronto ser machistas -cosa mucho ms fcil y placentera, sobre todo para los hombres.

Pero es necesario un tercer factor coadyuvante, y es que el feminismo represor, manipulador y autoritario no sea slo el falso mueco de paja al que golpean las clases intelectuales y los dirigentes polticos arriba citados. A travs sobre todo de las redes se ha caricaturizado de modo abyecto el primer verdadero humanismo de la historia -el que quiere completar la Humanidad integrando en ella la mitad silenciada y excluida- pero hay que reconocer, por muy provocador que pueda sonar, que cierto feminismo, minoritario pero de gran visibilidad, ha facilitado la tarea de esa minora neomachista vociferante. Es el feminismo que he llamado izquierdista porque se mueve entre el triunfalismo, el puritanismo y el elitismo identitario (o sectarismo vanguardista).

Un feminismo del 99% no puede decirle a las mujeres no militantes que estn casadas con un terrorista, no puede criminalizar sus fantasas sexuales y no puede despreciar sus opciones estticas, la msica que escuchan o su ternura hacia el imbcil que aman; no puede, en definitiva, obligarlas a salir sin parar -como ahora se dice- de su zona de confort, confortablemente poblada de hijos, tareas domsticas y penalidades laborales. Tampoco ese feminismo del 99% puede fundar su verdad liberadora en torno a la victimizacin y al margen del Derecho, esa pequea chapuza protectora que hay que disputar y mejorar. Hay muchas mujeres -y muchos hombres- que quieren ser feministas y a las que el feminismo no se lo pone nada fcil.

El odio machista -y racista- del que habla Sonia Guajajara, y que todos omos ya crepitar de cerca, se puede interpretar como una defensa personal frente a una verdad a cuya altura no logramos estar. Como demostr el 15M, como demostr el primer Podemos, como demostr el tsunami movilizador feminista, la gente prefiere ser buena, justa y razonable. Pero a veces no se es capaz. Pues bien, la nica situacin en que podemos permitirnos a nosotros mismos obrar -y votar- contra nuestros principios presupone y requiere odiar muy intensamente, por encima o por debajo de la moral, los objetos que nos recuerdan nuestra insuficiencia o nuestra flaqueza tica (los inmigrantes, las feministas, los ecologistas, los comunistas).

Hay que tener mucho cuidado con no aadir demasiada presin moral all donde todas las otras presiones -econmicas, laborales, civilizacionales- nos muerden los tobillos; porque si los ciudadanos sublunares se sienten demasiado presionados a ser morales y alguien con autoridad pblica los libera de ese trabajo excesivo y les autoriza a ser racistas, machistas o ultranacionalistas, la culpa reprimida se transformar rpidamente en agresividad poltica y el alivio psicolgico en agradecimiento electoral. Despus de miles de aos de patriarcado, lo normal es seguir siendo machista; y un feminismo del 99% debe contar en todo momento con esa normalidad acechante que est esperando su momento real y que por eso mismo no puede ser slo reprimida -sin que al normalizador se lo reciba como a un liberador y un rebelde. Liberador y rebelde, pero a la altura de los sujetos interpelados, debe ser -y percibido como tal- el humanismo feminista y sus propuestas de renormalizacin del mundo.

Los tres factores de reversin de la tendencia feminista ya estn presentes en Espaa: una complejidad articulada de efectos materiales y mentales devastadores; una clase intelectual y unos partidos polticos dispuestos a alimentar sin complejos el neomachismo reactivo; y un feminismo caricaturizable (feminismo chic, lo llama Amaya Olivas) que no siempre ha sabido aprovechar el momento del engao para asentar una nueva normalidad universal menos ajustada a los dictados de la Historia y ms a los deseos de bondad, justicia y sensatez de las mujeres y hombres de nuestro pas. Qu quiere decir esto? Que, por desgracia, una vez ms, no vamos ganando; y que la lucha feminista por la igualdad y los Derechos Humanos, la libertad sexual y la justicia social, tiene an muchas jornadas -muchas- por delante.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2019/01/13/santiago-alba-rico-vuelta-machismo-vox-feminismo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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