Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Siria
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2019

Siria
La frialdad de las piedras

James Snell
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez



Adems de todas las vidas segadas, el rgimen de Assad ha destruido o daado varios lugares declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en Siria. Por qu los arquelogos y los amantes profesos de este patrimonio continan tildando al rgimen de defensor de la civilizacin?

A menudo, todas las naciones miran tanto a su pasado como a su futuro. La historia nacional combina elementos mticos con lo familiar, y proporciona historias que animan y galvanizan. La historia puede unificar. Puede asombrar. Y el brillo de la civilizacin del pasado puede oscurecer o embellecer un presente que es menos edificante. Las indecencias contemporneas pueden bien esconderse entre las piedras antiguas.

Los Estados modernos de Oriente Medio estn en gran medida moldeados por su pasado. Por razones obvias. Cada nacin cultiva sentidos de la historia, destilados en ocasiones en el concepto paralelo del patrimonio. La historia y el patrimonio son frecuentemente fuentes de orgullo y, en visiones ms grandiosas, forman parte del pacto alcanzado entre el presente y el pasado. Estados sin democracia, donde la conexin entre el pueblo y el poder es artificial y opresiva, recurren a la historia y al pasado en busca de justificacin e impulso.

El mundo antiguo proporciona un particular incentivo que combina ficcin y realidad. En la Europa del siglo XX se utiliz esta tctica constantemente, con los fascistas italianos y alemanes encontrando justificacin en un pasado antiguo. Elementos similares son de uso comn en el mundo rabe moderno. Los regmenes egipcios han estado durante dcadas comerciando con su antiguo pasado para conseguir estima en cada momento. El rgimen de Bashar al-Asad ha hecho un uso especial de la arqueologa de Siria para reforzar su imagen y atractivo ante naciones extranjeras.

Sus tcticas pueden apreciarse en un reciente artculo sobre la reapertura del Museo Nacional de Damasco. El artculo, que aborda en apariencia asuntos alejados del presente, incluye citas de un experto polaco que habla de la liberacin de Palmira, el lugar que alberga las ruinas de una antigua ciudad semita y romana por la que el rgimen y el Estado Islmico (Daesh) han estado combatiendo repetidamente. No es irrazonable celebrar que ese Lugar Patrimonio Mundial de la UNESCO haya sido recuperado de la presencia del Daesh, una organizacin conocida por su iconoclasia destructiva y su disposicin a utilizar ruinas antiguas para rituales profanos ante los medios. Pero considerar que la nueva ocupacin de Palmira por parte de Rusia y el rgimen es pura liberacin parece demasiado.

Las batallas en Palmira le hicieron al Estado de Asad un sinfn de favores. Cuando el Daesh destruy partes de las ruinas y utiliz su anfiteatro romano como lugar para el asesinato-espectculo, hizo que todos y cada uno de sus supuestos oponentes fueran contemplados en brillante contraste con tan manifiesta barbarie.

Con los combates en Palmira, un nuevo nivel de riesgo permiti que el lugar no solo estuviera presente en la prensa global, sino que constituyera tambin una impronta de la campaa general contra el Daesh. Civilizacin por un lado y salvajismo por otro luchando por un territorio arruinado y antiguo. La eventual recuperacin de Palmira por parte del rgimen -despus de varios falsos intentos- provoc el jbilo de algunos crculos prominentes. Boris Johnson, secretario de relaciones exteriores de Gran Bretaa, recientemente dimitido, un supuesto clasicista que entonces era alcalde de Londres, escribi una columna para el Daily Telegraph con un ttulo que inclua las palabras Bravo por Asad, instando a la despiadada tirana a seguir adelante.

Que el rgimen destruyera gran parte de Palmira en sus esfuerzos por recuperar la ciudad fue un hecho que nadie recogi. Pero la importante destruccin del patrimonio sirio por parte de Asad -con el bombardeo que hizo pedazos la Ciudad Vieja de Homs y gran parte del histrico Alepo; los daos causados en la fortaleza de los cruzados, que figura en el listado de la UNESCO, el Crac des Chevaliers; el Lugar Patrimonio Mundial de la poca romana en Bosra al-Sham, en la provincia de Daraa; las ciudades muertas bizantinas en la provincia de Idlib; y muchos otros inestimables vestigios- demuestra que, para el rgimen, cuando el poder es la ambicin y la violencia el mecanismo, el patrimonio no es menos prescindible que las vidas de quienes residen junto a l.

Es razonable que los verdaderos entusiastas se sientan afectados emocionalmente por los destinos de sus antiguos vestigios favoritos. Cuando Khaled al-Asaad, un arquelogo sirio, fue asesinado en Palmira por el Daesh, al parecer cuando trataba de proteger sus tesoros escondidos, el disgusto ante ese crimen y sus implicaciones fue una reaccin tan natural como respirar.

Pero el hecho de que algunos en Occidente utilizaran activamente la arqueologa para influir favorablemente en la absolucin del rgimen de Asad, habla menos generosamente de esos personajes.

Puede que los fuertes no consigan realmente escribir la historia, pero disfrutan hacindose pasar por sus protectores.

En Iraq, Nnive y Babilonia enfrentaron la misma amenaza que los sitios en Siria considerados idlatras y apostticos. El Daesh destruy antigedades y lugares sagrados, vendiendo todo aquello que no destroz. Pero el rescate final de algunos de estos sitios lo lograron grupos sectarios cuyos peores excesos podran mencionarse al mismo tiempo que los propios crmenes del Daesh.

No solo cabe esperar de los arquelogos cierto grado de distancia poltica; es que es algo esencial. En tal sentido, la continuidad entre el mundo antiguo y el contemporneo se puede mantener en circunstancias de precariedad. Pero esas circunstancias no pueden aceptarse totalmente. El ministerio de antigedades de Egipto ha hecho un excelente trabajo no solo en preservacin, sino tambin en propaganda. Y uno podra argumentar alegremente que Palmira y Mosul y Alepo y Damasco son demasiado preciosas para dejarlas en manos de los baazistas y otras fuerzas sectarias que lo nico que los salva es el hecho de no hacer ondear una bandera negra.

El Daesh herman genocidio con iconoclasia y lo hizo de forma visceral. A todos los que se hicieron pasar por defensores de monumentos antiguos se les otorg un significado especial a la luz de ese esfuerzo. Pero los milicianos turcomanos y asirios que custodiaban, con armas obsoletas y poca municin, los sitios histricos en el norte de Iraq contaron con una prensa menos favorable ante su esfuerzo que el rgimen sirio.

La arqueologa es un sustituto til para diversos tipos de cultura de elite y civilizacin, y muchos occidentales cultivados consideran que el modo de civilizacin baazista es superior, en refinamiento, cuando no en actividad, al modo yihadista.

Estas historias han sido fundamentales para la propaganda exterior del rgimen de Asad, hermanada con sus intentos de ser percibido del lado de la cultura de varios tipos; los tipos que los occidentales asocian con el ocio, la paz y el refinamiento.

Esto se recogi en contraste con los opositores del rgimen, todos ellos representados, con los colores del yihadismo, como radicales y vndalos.

Una vez que Palmira fue finalmente retomada del Daesh, su teatro sirvi de espacio para la actuacin de una orquesta rusa. Pero esta asociacin con la calma es superficial, al igual que es inaceptable, y probablemente insidioso, cualquier intento de enfatizar que Siria ha vuelto a la normalidad. Porque otorga al rgimen una estabilidad que no posee y una legitimidad que no merece.

La arqueologa se ha utilizado, directa o indirectamente, como una proyeccin del poder. Los museos llenos de botines capturados son exhibiciones de poder poltico y militar, al igual que las historias confeccionadas sobre antecedentes antiguos.

Cuando Napolen se dispuso a conquistar Egipto, los acadmicos viajaron en su Arme d'Orient. Estos eruditos ayudaron al descubrimiento de la Piedra de Rosetta y otros tesoros que haban permanecido ocultos durante siglos. Pero su recuerdo atrae igualmente a cierta raza de orientalistas modernos, que han resucitado desde entonces y se han puesto al servicio de dictaduras tan dispuestas a ganar guerras de imagen como a establecer un control militar y poltico. Para cierta especie de neo-orientalistas, esos llamamientos no solo obtienen una tolerancia reticente, sino gritos de Bravo, adelante!.

James Snell es un escritor britnico. Ha colaborado con The Telegraph, National Review, Prospect, History Today, The New Arab y NOW Lebanon, entre otras publicaciones. Twitter: @James_P_Snell.

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/stone-cold

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter