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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2019

Hacia una tica sin fronteras
Dictmenes sobre el neonazi-fascismo

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin


Alguna vez se supuso, no sin alguna ingenuidad, que despus de la Segunda Guerra Mundial se creara, contra el nazi-fascismo, un consenso mundial tan poderoso que no hara mayor falta desarrollar vigilancia contra cualquier rebrote posible. Pero nos equivocamos de origen y por subjetivismos diversos. El nazi-fascismo no se derrota slo con buena voluntad. Ni slo con discursos. Slvese aqu cualquier perogrullada aparente.

El campo de batalla contra el nazi-fascismo comprende un espectro muy amplio de terrenos objetivos y subjetivos dnde nos asedia, con la fuerza bruta, desde el asesinato inclemente e incluso el genocidio... hasta todas las formas del odio de clase y de raza; todas las formas del racismo y las intolerancias y todos los supremasismos. Eso incluye el supremasismo del poder adquisitivo, el de la banalidad cosmtica, el del consumismo y el de las verdades absolutas de sabelotodo individualista y compulsivo.

El nazi-fascismo aprendi a disfrazarse de legalidad y normalidad para deslizarse en lo cotidiano bajo la forma de sentido comn, de costumbre y de tradicin. Se alimenta con todas las herencias autoritarias y con una red de complejos, inhibiciones y represiones psicolgicas ancestrales que actualiza -y profundiza- segn las coyunturas histricas. As se nos aparece bajo la forma de modelos burocrticos de gobierno tanto como bajo la forma de costumbres populares o herencias morales familiares. Tiene ribetes de edad y de gnero adems de dominios abigarrados en el campo de la esttica y de los placeres. No est a salvo ni el arte, ni la ciencia, ni la poltica ni la filosofa.

Empantanado en su propia historia el nazi-fascismo es una forma histrica del individualismo actualizada por la ideologa burguesa como principio de superioridad de clase. En el nazi-fascismo se coagulan todas las formas anteriores del delirio de grandeza y el poder expresado como petulancia de iluminados o bendecidos. Es un aparato de guerra ideolgica desplegado para convencer a la clase oprimida de su inferioridad esencial y su determinacin fatal al plano de la subordinacin.

Tal aparato de guerra ideolgica no se contenta con reprimir salarios, cuerpos ni consciencias, quiere convencer, quiere la dominacin absoluta de la voluntad por medio de principios de auto-negacin y auto-cancelacin. Que el pueblo oprimido se resigne a saber que es inferior en todo y para todo, que no tiene derechos y que debe agradecer aquello que se le da. As sean sueldos mseros, vida miserable, educacin o cultura miserables y filosofa de un destino de miseria que ni antes, ni ahora ni maana admite cambios. Por lo dems, tal totalitarismo burgus de la miseria debe ser productivo, debe dejar ganancias y debe ser hereditario. Ese es el plan de la clase dominante... esa es la ideologa de la clase dominante. Y no pocas veces los oprimidos creen que es suya.

El nazi-fascismo en tanto que aparato ideolgico asumi, a partir del siglo XX, formas dinamizadas por las guerras econmicas causantes de genocidios en todo el mundo. En la forma burguesa de la mercanca, se instalaron dispositivos ideolgicos persuasivos (ellos les llaman diseo, publicidad, seduccin) empeados en convertir el poder de consumo en expresin de superioridad disfrazada de bienestar y progreso burgus. Para ellos no es suficiente adquirir y vender objetos, hay que comprar en ellos esa subjetividad que ilusiona al comprador con ascensos sociales cuya verdad se determina segn el costo de la mercanca, el volumen del consumo y la solidaridad propagandstica del comprador convertido en promotor de la ideologa que lo oprime.

Todo eso envuelto con colores, melodas, placeres y pasiones de probado xito en el mercado. No importa el dispendio ni cunto haya que mentir o defraudar. La ideologa de la clase dominante y el nazi-fascismo, como uno de sus productos preferidos, goza de absoluta impudicia e impunidad. En todas las cosas que no se pueden adquirir, hay una moraleja de superioridad e inferioridad que se hace presente tambin en aquello que s se puede adquirir. Que quien concentre propiedad se sienta superior. Se trata de un sentido comn que habita en el alma del capitalismo y en el que la mercanca opera como transmisora de dispositivos ideolgicos diseados para garantizar sobrevida al sistema que la produce.

Una buena parte de los focos depresivos crnicos en las sociedades contemporneas, es la acumulacin de frustraciones e impotencias determinados por el sistema de consumo burgus y sus formas de exclusin o marginacin contra aquel imposibilitado para comprar. Es una guerra de exterminio psicolgico desplegada minuto a minuto. La superioridad burguesa se permite practicar toda forma de desprecio (liminal o subliminal) contra la clase trabajadora, en todos los rincones de su hacer y su pensar. Una clase subordinada en los salarios y en los valores, es el sueo de la explotacin total donde el esclavo colaborativo jams protestar porque aprendi que slo los opresores saben cmo conducir al mundo y como ordenar las vidas de todos. Y si, para eso, hay que desplegar hordas criminales, fraudes polticos, golpizas y matanzas que salvaguarden a la burguesa y a su sistema de opresin, no habr lmite al dispendio ni valor humano que los frene. Ese es nuestro desafo.

Los pueblos tienen que derrotar al nazi-fascismo aniquilndolo. Si alguien pens que fue una pesadilla hoy ya extinta, se equivoca, est ms vivo que nunca porque el capitalismo lo incub y no ha dejado de cultivarlo. Pero no se lo derrota ni aniquila slo con enunciados, es necesaria la organizacin de las bases obrero-campesinas e indgenas capaz de incorporar a su agenda de clase una determinacin de teora y de prctica, en combate permanente, con accin directa sobre todos los focos objetivos y subjetivos del nazi-fascismo en las proximidades y en la distancia. No importa si tales proximidades parecieran distantes o las distancias parecieran prximas, como resultado de las manipulaciones ideolgicas de la clase opresora. Lo ms prximo es la comunidad organizada para su emancipacin, aunque la pinten muy distante y lo aparentemente distante esta metido en nuestras cabezas disfrazado de propio. As, en la Guerra Simblica como en la Guerra Econmica, hay que salir victoriosos. Nos va la vida en eso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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