Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2019

La batalla comunicacional: conocer el poder del enemigo y la fuerza propia

Pedro Santander
Rebelin


En esta batalla una cosa est clara: la contienda es desigual. Esa premisa hay que asumirla, analizarla, y en dicho marco estudiar y desarrollar nuestras tcticas.

Podemos conceptualizar esta desigual contienda como una asimetra estructural que en trminos de fuerza hace que las posiciones al interior del campo comunicacional sean materialmente ms favorables para los defensores del capital y del imperialismo que para nosotros. Como suele ocurrir, gracias a colusiones, cartelizacin y beneficios estatales se ha configurado una estructura concentrada y coordinada en sus diversas dimensiones, es decir, en lo digital, en lo analgico, en los medios tradicionales, en los electrnicos, etc.

Por ejemplo, Google, Amazon, FaceBook, Appel (GAFA), junto a Oath, Microsoft y Disney predominan en el entorno digital, son los gigantes de la web. En el mbito informativo, Disney, Time Warner, News Corp, General Electric, Viacom y CBS controlan el 90% de los flujos noticiosos, y Hollywood el 90% de la industria cultural.

Esa es la condicin material objetiva de la batalla comunicacional que es, como sabemos, parte de la batalla cultural. Pero no sera sta, ni por lejos, la primera vez que las fuerzas revolucionarias enfrentamos escenarios a priori desventajosos. Por el contrario, ya Marx y Lenin lo vivieron, y en difciles condiciones ambos desarrollaron una potente actividad meditico-comunicacional, centrada, sobre todo, en la creacin de diarios y en una intensa produccin de columnas, crnicas y editoriales que interpretaban la realidad y guiaban la accin. Ambos dirigentes, a pesar de las duras condiciones materiales que enfrentaban (relegacin, crcel, exilio, persecucin, pobreza, etc.) nunca dudaron de la importancia de esta batalla. Lenin la consider una forma superior de agitacin. Lo mismo Gramsci quien ejerci a partir de 1910 activamente el periodismo; hasta antes de ser apresado por el fascismo escribi cerca de 1.700 artculos. Tambin en Amrica Latina, a principios del siglo 20 y bajo condiciones igualmente desvantajosas, no cesaron en su actividad periodstica ni Carlos Maritegui ni Luis Emilio Recabarren. Este ltimo, entre detencin, persecucin y pobreza, fund ms de 15 peridicos a lo largo de Chile, convencido de que la clase obrera necesita de sus propios rganos de difusin para afrontar el combate poltico.

Como vemos, no es sta la primera vez que libramos la batalla comunicacional bajo condiciones asimtricas. Por el contrario, podemos observar una continuidad en la lucha de 500 aos que llevamos protagonizando desde que el espaol pisara esta tierra. En el Virreinato de Per, por ejemplo, los ms estrictos castigos, incluyendo azote y pena de muerte, estaban contemplados para los indios que tuvieran caballos, armas o. que supieran leer o escribir (como lo saba Tupac Amaru).

Qu implica esta asimetra estructural para nuestra lucha comunicacional?

En primer lugar, hay que entender que no podemos librar la batalla como si las condiciones fueran simtricas. Suena obvio, pero a menudo parece no serlo si observamos ciertas costumbres y rutinas en las iniciativas meditico-comunicacionales que se llevan a cabo desde nuestras filas. Considerar en serio las condiciones materiales en las cuales se libra la batalla implica evitar acciones repetitivas que podran tener ms sentido si la cancha fuese pareja.

Una de ellas es la estrategia del reflejo contrario . Durante las dos dcadas en que muchos pases de nuestro continente fueron gobernados por fuerzas progresistas, estos gobiernos fueron (y son) duramente atacados en el plano comunicacional. En ese marco, hemos podido ver que se gastan grandes cantidades de energas y recursos en negar que somos y hacemos lo que los medios hegemnicos dicen que somos y hacemos. Es decir, si los medios hegemnicos dicen que somos y hacemos X, lo comn suele ser que se reaccione desde nuestro campo contestando y demostrando que no somos ni hacemos X.

Esta desgastante dinmica es, en general, bastante intil, poco eficaz y perversa ya que nos relega a ser la cara anversa de la agenda dominante. Ocurre entonces que todos, amigos y enemigos, hablan de X, los unos afirmando, los otros negando. De este modo, la matriz impuesta por el adversario se convierte y se consolida como centro referencial nico. Y si algo ha demostrado la teora medial es que una parte importante del poder poltico de los medios reside en su capacidad de poner la agenda. Por supuesto, muchas veces es necesario referirse y responder las matrices discursivas de la derecha, pero centrar nuestras estrategias fundamentalmente en este sndrome del reflejo contrario nos impide desarrollar nuestra propia agenda, a la vez que consolida la de ellos. Claro, es bastante ms fcil ser contra-agenda reactiva que proponer una agenda activa propia. Esto ltimo requiere mayor audacia, y, sobre todo, esfuerzo intelectual y creatividad poltico-comunicacional.

Una segunda caracterstica de nuestras estrategias - relacionada con la anterior- y que tambin da cuenta de que no siempre se tiene conciencia de la asimetra estructural, es la cantidad de esfuerzos invertidos en nuestro campo en crear una profusin de emisores. Al da de hoy existen miles de emisoras comunitarias (radios y televisin) levantadas gracias al avance de los gobiernos progresistas en Amrica Latina, pero muchas de ellas repiten la agenda oficial, no son contra-hegemnicas, a menudo tienen problemas para cubrir sus espacios con contenido propio, adems, tienen mnimas audiencias, etc. Efectivamente, en las ltimas dcadas hemos podido observar un raudal de iniciativas en el polo de la produccin de discursos, pero que no se han traducido necesariamente en impacto poltico-comunicacional.

Una tercera caracterstica de nuestra batalla que vuelve poco eficiente la estrategia del reflejo contrario y a las voces que emiten desde nuestro campo, es la falta de articulacin de la mayora de las iniciativas meditico- comunicacionales. Es decir, a menudo observamos muchas voces nuestras instalando temas y tratando de levantar agenda, aunque sin coordinacin entre s. Sin embargo, considerando la asimetra, el nico modo para que la batalla comunicacional sea efectiva debe ser mediante acciones de coordinacin local, nacional e internacional. Por supuesto que esta coordinacin no tiene que ser diaria, pero s en los momentos cruciales y para gestionar acontecimientos significativos.

Esta coordinacin es, necesariamente, un asunto orgnico-poltico, no slo meditico. La derecha est claramente coordinada y articulada polticamente en el uso de sus dispositivos comunicacionales. La SIP, por ejemplo, que agrupa a los dueos de diarios y revistas de Amrica Latina es un claro ejemplo de ello; Google est coordinado con el Departamento de Estado; los Estados capitalistas, a su vez, estn coordinados para llevar a cabo una campaa contra la neutralidad en la red; los diarios de referencia, asimismo, estn coludidos con las fundaciones y centros de estudios, y as suma y sigue.

Los efectos de esta articulacin se han visto con especial nfasis en los ataques a Venezuela. Durante el 2017, sobre una muestra de 90 medios estadounidenses, se contabilizaron 3.880 noticias negativas contra este pas hermano, es decir, una media de 11 diarias, encabezadas por Bloomberg y el Miami Herald. En cuanto a las agencias, Reuter y AFP juntas renen el 91% de las noticias negativas. A su vez, el diario El Pas de Espaa mencion a Venezuela en 249! de las 365 ediciones del 2017, casi a diario y siempre negativamente. La cadena alemana Deutsche Welle public 630 noticias sobre el presidente Maduro...casi 2 diarias! Para el caso de la prensa latinoamericana son los medios de Mxico, Colombia y Chile quienes ms y peor informaron: 4.200 noticias negativas aparecieron en Mxico el 2017, 3.188 en Colombia y 3.133 en Chile. Eso s es una internacional!

Dnde est nuestra articulacin y coordinacin editorial? A pesar de la gran cantidad de emisores que objetivamente tenemos, no contamos con una red que nos permita proponer e instalar una agenda propia, instalar matrices nuestras y construir un bloque comunicacional propio que proporcione los discursos y significados necesarios para que las clases populares construyan su identidad a partir de nuestro discurso.

No contamos, como lo explicit lcidamente el Comandante Chvez en su ltima reunin ministerial, un sistema que incluya su interconexin con otro sistema o subsistema; medios comunitarios, medios populares de comunicacin, televisoras regionales, peridicos regionales, internacionales, Telesur. Cada uno anda por su lado.

No olvidar las audiencias

Pero a pesar de las debilidades sealadas en el marco de una asimetra estructural, hoy se dan varias condiciones que nos permiten maniobrar como lanchas rpidas frente a los buques corporativos. Mencionemos, en primer lugar, el creciente desprestigio que los medios tradicionales enfrentan en el mundo entero, y de lo cual dan cuentas estudios de opinin a lo largo de Occidente: se trata de un desprestigio con alcance global. Esto significa que el capital simblico ms importante de la prensa la credibilidad- est siendo erosionada por las audiencias a lo largo y ancho del planeta, audiencias que ya tienen claro que el otrora Cuarto Poder hoy, por el contrario, forma parte de las estructuras de la elite.

A ello sumemos la importancia que estn adquiriendo de manera imparable las redes sociales como herramientas de informacin. La tendencia es clara: las personas se estn informando cada vez ms en el entorno digital. Esto debilita el rol de intermediarios exclusivos que los medios tradicionales ocuparon a lo largo del siglo 20, y obliga a buscar a los actores nuevas formas de comunicacin poltica.

Se ha ido instalando lenta, pero densamente una relacin polarizada entre medios tradicionales y una parte importante de la audiencia. Esto se ha visto claramente, por ejemplo, durante el movimiento de los indignados en Espaa y en EE.UU., tambin con los chalecos amarillos en Francia, con el movimiento estudiantil chileno, etc. Los sectores sociales movilizados ni creen ni buscan a la presa tradicional.

Se abre una ventana de oportunidad. La composicin de las redes sociales favorece la comunicacin simtrica. Las millones de personas que se informan a travs de ellas y que las usan a diario quieren manifestarse y expresar su opinin sin intermediarios. Los jvenes ya no consumen medios tradicionales y las personas crticas del neoliberalismo ya sea de izquierda o de derechas- se informan mayoritariamente en las redes sociales.

Pero no se reduce la batalla al buen uso de stas y a nuestra familiaridad con el contexto digital. Se trata conocer, reflexionar y saber actuar en el polo que tenemos abandonado: el polo de la audiencia. Hubo un tiempo en que los medios tradicionales construan cierta comunidad con sus pblicos. A modo de ejemplo, en Espaa los lectores de El Pas fueron durante la dcada del 80 una especie de comunidad identificada con el antifranquismo y la democracia; lo mismo los lectores de Pgina 12 en la Argentina transicional o, durante la dictadura chilena, los auditores de Radio Cooperativa.

En la batalla comunicacional hay que actuar polticamente en y sobre ese polo, el de la recepcin, el de los usuarios, el del pueblo, e invertir parte de esa energa desparramada en crear medios alternativos sin audiencia, para conectar polticamente a los usuarios y usuarias de redes sociales entre s, a lectores de medios de izquierda, a televidentes de canales pblicos, etc., es decir, configurar un espacio pblico propio. En otras palabras: generar comunidades interpretativas, pues tambin de eso trata la batalla comunicacional.

Pero esa artista la dejaremos para el prximo artculo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter