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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2019

Por qu se impone la ultraderecha?

Marcelo Colussi
Rebelin


Por supuesto que hay luchas de clase, pero es mi clase, la clase rica, la que est haciendo la guerra, y la estamos ganando. Warren Buffett, multimillonario estadounidense

Con suma preocupacin puede verse como, en estos ltimos aos, las tendencias polticas dominantes se han venido inclinando poderosamente hacia la derecha en todo el mundo. El fenmeno parece instalado con mucha fuerza, y nada hace pensar que en lo inmediato pueda revertirse. Por el contrario, parece extenderse.

Ello, por supuesto, no quita que las mismas poblaciones que han elegido en las urnas a esos candidatos de ultraderecha, se vean perjudicadas por las polticas que los ungidos aplican, y que consecuentemente protesten. Lo curioso es cmo, pese a que la situacin econmico-social dominante en la mayor parte del mundo no es buena (o es desastrosa), los votantes se inclinan por propuestas tan antipopulares.

Sin caer en el simplismo, o peligro ideolgico, de afirmar que las poblaciones son ignorantes en trminos polticos, podran proponerse cuatro elementos para explicar el fenmeno, sin dudas interactuantes entre s:

1. Crisis general del sistema capitalista

El sistema capitalista global viene sufriendo una crisis desde hace ya una dcada, que golpea fundamentalmente en el Norte, pero tambin con repercusiones en los pases capitalistas perifricos. La crisis financiera desatada en el 2008 an no ha terminado, y la supuesta reactivacin econmica no llega. Eso no significa que sea una crisis terminal. Para la principal economa del mundo, Estados Unidos, el negocio de la guerra es siempre una vlvula de escape: inventar guerras en cualquier parte, lejos de su territorio obviamente, lo que le permite reconstruir los pases destruidos (ganando por ello) y mover su complejo militar-industrial, ariete dinamizador de su economa domstica. Para las potencias europeas y para Japn, los embates de la crisis son ms profundos.

Por otro lado, el traslado de buena parte de su parque industrial a los pases pobres del Sur (aprovechando los bajos salarios de all, las exenciones fiscales, la falta de controles ambientales y de trabajadores sindicalizados) ha dejado empobrecida a su propia poblacin trabajadora. Para las compaas multinacionales no hay problemas, sino por el contrario: mayores ganancias. Pero para los asalariados nacionales (obreros industriales, clase media), ese traslado s ocasiona prdidas. Es obvio que el capitalismo est hecho a la medida de las empresas y no de los trabajadores. Como respuesta a esa crisis, el discurso poltico busca chivos expiatorios en los migrantes indocumentados (latinoamericanos para Estados Unidos, africanos para Europa). Ante la crisis, la respuesta visceral y emotiva que pone la causa de los males en esos ilegales que quitan puestos de trabajo es una salida rpida: hay que levantar muros para frenar las migraciones. De ah a posiciones fascistas, racistas y xenofbicas, un paso.

El paso est dado, por ello los triunfos electorales en muchos pases del Norte, con una marcada carga anti-inmigrantes. Lo que pareca increble algunos aos atrs, es ahora una cruel realidad. El neonazismo no est muerto. Evidentemente la manipulacin de las masas es fcil, y hoy da las tcnicas ad hoc son super eficientes.

2. Consecuencia del neoliberalismo imperante

En los pases del Sur las polticas neoliberales hace ya unas cuatro dcadas que se vienen implementando. Es decir: proyectos de absoluto beneficio para los capitales (nacionales y globales), que postran totalmente a la clase trabajadora, sojuzgndola y chantajendola en forma continua (tener trabajo es ya un privilegio, y hay que cuidarlo a toda costa, por lo que debe agacharse la cabeza y aceptar cualquier condicin laboral). A su vez, esas polticas profundizan la dependencia del Sur respecto a las economas prsperas del Norte, aumentando a niveles impagables las deudas externas, con una continua transferencia de riqueza que posterga por dcadas el desarrollo, o simplemente lo impide.

Pero aunque parezca increble, esas polticas absolutamente antipopulares que, por supuesto, han recibido y siguen recibiendo el rechazo de los pueblos, en forma violenta muchas veces, tambin han calado en la conciencia colectiva. Con una prdica interminable sobre la ineficiencia del Estado como administrador, endiosando hasta niveles supremos la calidad de la empresa privada (engaosamente, por supuesto), una poblacin desesperada y falta de proyecto poltico (por la ausencia de organizaciones de izquierda con verdadera fuerza), puede caer fcilmente en la manipulacin y apostar por discursos mesinicos, profundamente conservadores.

La tendencia actual, en buena medida mediada por las iglesias evanglicas fundamentalistas de ultraderecha, es buscar respuestas efectistas, viscerales, que prometen soluciones casi fantsticas con una confusin de base que permite creer en salidas mgicas (la mano dura para terminar con la delincuencia, un discurso de ribetes moralistas que pone como chivo expiatorio a la corrupcin la corrupcin es efecto y no causa). Todo eso permite el triunfo de propuestas de ultraderecha, contrariamente a lo que parecera indicar la lgica.

3. Manipulacin fabulosa de las masas

Todo lo anterior, en el Norte y en el Sur, responde a una ingeniera social magistralmente trazada por los grupos de poder, Estados Unidos a la cabeza. El manejo de las masas alcanz niveles increbles con las modernas tcnicas de psicologa social-publicitaria y mercadotecnia, y la manipulacin logra verdaderos milagros. La masa (lo cual hacer recordar a la masa de panadera, por lo maleable que resulta), segn el psiclogo de las multitudes Gustave Le Bon, es Una agrupacin humana con los rasgos de prdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitacin, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo [ por lo que ] la multitud es extremadamente influenciable y crdula, careciendo de sentido crtico. Evidentemente, esa caracterizacin estaba en lo cierto, pues hoy vemos cmo los grupos dominantes, sin el ms mnimo pudor, apelan a las ms increbles mentiras para mantener engaado al pblico. Y por cierto, lo consiguen con muchsima eficiencia.

Los medios masivos de comunicacin, las redes sociales que posibilita el internet con los net centers o troll centers operando (mentiras organizadas), la promocin inmoral de lo que hoy da se ha dado en llamar con total tranquilidad y desvergenza fake news (noticias falsas), mantienen el mundo de la llamada post verdad. Ya no hay verdades, eso no importa; lo nico que cuenta es el efecto que se consigue con un mensaje. Y aunque se hable de desarrollo y evolucin de los pueblos, todos somos bombardeados a diario con innmeras mentiras, grotescas, burdas, pero que a la postre dan resultados. Para el caso, no hay pueblos evolucionados y cultos que saben identificar las manipulaciones: todos caen bajo el mismo rasero.

La Guerra Fra, en trminos ideolgicos, no ha terminado, sino que contina al rojo vivo. El ms visceral anticomunismo, absolutamente primitivo en trminos de racionalidad pero efectivo en trminos polticos, no est fro: est enormemente caliente. Para muestra estos dos sencillos ejemplos: buena parte de la clase media antichavista de Venezuela cree a rajatablas que en las lmparas ahorradoras de procedencia cubana facilitadas por el gobierno bolivariano a la poblacin hay instalados micrfonos! (sic). Y el Senado estadounidense fue convencido por el lobby guatemalteco (exponente de las mafias empresariales-polticas-militares que manejan el Estado) que la Comisin Internacional contra la Impunidad en Guatemala CICIG, financiada por el mismo Estados Unidos, es comunista, cuando en realidad se trataba de una instancia que investig parte de los ilcitos de esos grupos de poder (recontra sic).

En el Norte con la prdica anti-inmigrante, en el Sur con la cantinela anti-corrupcin (el problema de los males sociales seran los malos funcionarios que roban del erario pblico), esa proliferacin infinita de mentiras ha logrado que los electorados terminen aprobando propuestas mesinicas de ultraderecha.

4. Crisis en las propuestas de izquierda

El anticomunismo al que nos referimos, aunque pueda parecer burdo, es una absoluta realidad, cruda y brutal. Y lo peor de todo: con evidentes efectos. Como lo dice el epgrafe citado, obviamente que hay lucha de clases. Y estn al rojo vivo. Todo el siglo XX fue una brutal demostracin de ello. La Guerra Fra que domin buena parte de las pasadas dcadas fue una expresin de ello. Sucede que con la cada del Muro de Berln la derecha dio un golpe enorme. No mortal, pero s que dej fuera de combate por un tiempo todas las propuestas de transformacin.

En ese sentido, el ideario de izquierda, que obviamente no ha desaparecido ni dejado de tener validez (porque si hay clases enfrentadas, la izquierda es la expresin de una de esas clases: la clase trabajadora), hoy da fue adormecido. La reversin de esos dos grandes procesos histricos que fueron la revolucin rusa y la china, permiti a la derecha sentirse victoriosa. De ah que declar su triunfo, el fin de las ideologas y la terminacin de los conflictos interclasistas. Pero la realidad, siempre tozuda, muestra que ello no es as. De todos modos, las izquierdas han quedado muy golpeadas, y su propuesta en la actualidad no parece encontrar mayor eco.

No caben dudas que la lucha ideolgica, en este momento, tiene como ganador al capital. Las ideas socialistas, las ideas de transformacin revolucionaria de la sociedad, hoy estn desacreditadas, y la derecha se encarga muy bien de remarcarlo.

Por otro lado, los gobiernos progresistas habidos en Latinoamrica en estas ltimas dcadas no pudieron pasar de propuestas capitalistas redistribucionistas, sin tocar los cimientos bsicos de la sociedad. Las fuerzas del capital supieron reacomodarse, y el discurso poltico de derecha tom nuevamente la supremaca. Si bien hay reaccin popular, descontento, expresiones antisistmicas por todos lados, esos fermentos no encuentran de momento una direccionalidad racional que permita modificar el sistema dominante. Hasta se podra decir que los gobiernos de centro-izquierda que conocimos ltimamente, donde tambin se dieron hechos de corrupcin, funcionaron como una mala propaganda para el ideario de transformacin social, para el campo popular. Ello, arteramente utilizado por la derecha, propici la aparicin de estas respuestas ultras. El agotamiento de los reformismos permiti la contraofensiva hiper conservadora y fundamentalista. No hay en este momento una claridad ideolgica que muestre el camino para los sectores populares, lo cual no significa que las injusticias hayan terminado (por tanto, el discurso contestatario de izquierda sigue teniendo vigencia). La cuestin es encontrar esos caminos.

Qu hacer entonces?

Quedarse llorando este retroceso no sirve. En todo caso, hay que reconocer que en este momento las propuestas de izquierda siguen estando golpeadas, sin rumbo claro. Pero reconocer eso es justamente lo que podr ayudar a encontrar ese rumbo, por ahora ausente.

El campo popular est desconcertado, hipcritamente manipulado, conquistado por los grupos neoevanglicos que funcionan como monumentales instrumentos de control social y freno a la protesta. El embobamiento a travs de los medios de comunicacin y las redes sociales es proverbial. Cmo es posible que se pueda hablar con toda impunidad de post verdad? Obviamente la lucha ideolgico-cultural est muy bien manejada por las fuerzas del capital. Ante todo ello no se puede oponer sino una frontal lucha ideolgica, para rescatar la verdad. El ideario socialista no est muerto; en todo caso, como dijera Frei Betto, El escndalo de la Inquisicin no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducir a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana .

Por todo ello, la lucha sigue. Y la verdad, aunque se quiere empaar con fake news y post verdades, ah est presente, esperando la justicia.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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